Basado en: Paul F. Bradshaw, “The Dating of Christmas: The Early Church,” in The Oxford Handbook of Christmas, ed. Timothy Larsen (Oxford: Oxford University Press, 2020), 3–14.

La Verdadera Historia del 25 de Diciembre: 5 Mitos Sobre la Navidad Que Creías Ciertos.
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El 25 de diciembre está grabado en la conciencia cultural del mundo como el día de Navidad. Es una fecha que damos por sentada, un pilar inamovible en nuestro calendario anual. Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué esa fecha? La respuesta popular suele ser que la Iglesia la eligió para reemplazar una festividad pagana. Sin embargo, la historia real es mucho más extraña, compleja y fascinante. La verdad es que los primeros cristianos no mostraron el más mínimo interés en celebrar el cumpleaños de Jesús. Para ellos, el día exacto de su nacimiento tenía poca importancia frente a la creencia en su inminente regreso.
Como resultado, durante siglos, la fecha fue un misterio, un tema de intenso debate y especulación teológica entre las primeras comunidades cristianas. Lejos de ser un dato histórico establecido, se convirtió en un rompecabezas que los líderes de la Iglesia intentaron resolver utilizando métodos que hoy nos parecerían ajenos. Este artículo explora cinco de los mitos más comunes sobre los orígenes del 25 de diciembre, desvelando una historia que desafía casi todo lo que creíamos saber. Prepárate para descubrir cómo la fecha de la Navidad surgió no de un simple decreto, sino de un largo proceso de cálculo simbólico, rivalidades litúrgicas y, sorprendentemente, de lo que podría haber sido propaganda pagana.
1. Mito: Los primeros cristianos celebraban la Navidad.
Contrario a lo que se podría suponer, en los primeros años del cristianismo no había tarjetas de cumpleaños, ni pasteles, ni siquiera un día apartado para celebrar el nacimiento de Jesús. Ninguno de los escritos del Nuevo Testamento se molesta en registrar la fecha precisa. Mientras que el Evangelio de Mateo mostró interés en el lugar (Belén, para cumplir una profecía) y el Evangelio de Lucas proporcionó pistas que permitieron a generaciones posteriores estimar el año, el día específico fue completamente ignorado.
La razón de esta aparente indiferencia es fundamental para entender la mentalidad de los primeros seguidores de Cristo. Ellos vivían con la ferviente expectativa del inminente regreso de Jesús y el «fin de los tiempos». En su cosmovisión, el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra era la prioridad absoluta. En comparación con un evento tan trascendental, saber la fecha de nacimiento de Jesús tenía poca o ninguna importancia práctica o teológica.
No fue sino hasta más de un siglo después que los cristianos comenzaron a intentar calcular la fecha. La primera evidencia de estos intentos aparece alrededor del año 200 d.C. en los escritos de Clemente de Alejandría. En un pasaje notable, revela la enorme confusión y la variedad de fechas que se barajaban:
Y hay quienes han determinado no solo el año del nacimiento de nuestro Señor, sino también el día; y dicen que tuvo lugar en el vigésimo octavo año de Augusto, y en el vigésimo quinto día de Pachon [20 de mayo]. (…) Otros dicen que Él nació el veinticuatro o veinticinco de Pharmuthi [19 o 20 de abril].
Curiosamente, Clemente también menciona que «los seguidores de Basilides celebran el día de su bautismo como una fiesta». Este pequeño detalle es una pista crucial, pues establece una conexión temprana entre la celebración del nacimiento y el bautismo, sentando las bases para lo que se convertiría en la primera «Navidad» para muchos cristianos.
2. Mito: La Navidad siempre fue el 25 de diciembre.
Antes de que el 25 de diciembre se consolidara, gran parte del mundo cristiano celebraba el nacimiento de Cristo en una fecha completamente diferente: el 6 de enero. Esta festividad, conocida como Epifanía (del griego epiphaneia, que significa «manifestación» o «aparición de Dios»), fue la celebración de la natividad original en Egipto y en todo el Mediterráneo oriental.
La Epifanía no era una simple celebración del nacimiento. Era una fiesta multifacética que entrelazaba varios momentos clave en los que la divinidad de Cristo se «manifestó» al mundo. Los himnos siríacos de Efrén, escritos en el siglo IV, muestran cómo esta festividad unía magistralmente cuatro temas principales: la Natividad, el Bautismo de Jesús en el Jordán, la visita de los Magos y el milagro de las bodas de Caná. Un himno de Efrén ilustra esta poderosa yuxtaposición de los temas del nacimiento y el bautismo:
¡Bendito es tu nacimiento que conmovió al universo! (…) Se envolvió en pañales con bajeza, pero le ofrecieron regalos. Se vistió con las aguas del bautismo, y de ellas brotaron rayos. Con sus humillaciones [vinieron] sus exaltaciones. ¡Bendito sea Aquel que une su gloria a su sufrimiento!
El simbolismo de la luz era central para la Epifanía. En siríaco, la fiesta se llamaba Denha («amanecer de la luz»), mientras que en griego era Ta Phota («La fiesta de las Luces»). Esto no era solo una metáfora poética; estaba profundamente ligado a la teología. Para los primeros cristianos, el bautismo era entendido como una «iluminación», un renacimiento espiritual. La «luz» de la Epifanía era, por tanto, la luz de la revelación divina manifestada en el bautismo de Cristo, un evento que consideraban tan fundamental como su nacimiento. Aunque el énfasis variaba regionalmente —en Jerusalén, por su proximidad, se centraban en Belén y la Natividad—, durante siglos el 6 de enero fue, para una vasta porción del cristianismo, el verdadero día de Navidad.
3. Mito: El 25 de diciembre fue elegido para reemplazar un festival pagano.
La explicación más popular sobre el origen del 25 de diciembre es la «hipótesis de la Historia de las Religiones». Su argumento es simple y atractivo: la Iglesia eligió deliberadamente la fecha para suplantar o competir con el festival pagano Dies Natalis Solis Invicti («Nacimiento del Sol Invicto»), supuestamente establecido por el emperador Aureliano en el 274 d.C. Durante décadas, esta fue la explicación dominante.
Sin embargo, investigaciones más recientes han socavado gravemente esta teoría. El historiador Steven Hijmans demostró en 2003 que la evidencia de una gran celebración imperial del Sol Invicto el 25 de diciembre antes de la consolidación de la Navidad cristiana es, de hecho, «muy tenue».
Pero el hallazgo más sorprendente es el posible origen de la idea misma. La evidencia sugiere que la primera persona en vincular la celebración cristiana con un festival solar pudo haber sido el emperador romano pagano Juliano «el Apóstata». En el año 362 d.C., en un esfuerzo por revivir las religiones paganas y desacreditar al cristianismo, Juliano pudo haber argumentado que la fiesta cristiana no era más que una imitación de una celebración solar.
Esto representa una inversión histórica asombrosa. Se trata de una pieza de propaganda anticristiana que fue tan efectiva que siglos de eruditos la adoptaron más tarde como la explicación histórica. Lo que creíamos que era un hecho sobre la estrategia cristiana para opacar al paganismo podría ser, en realidad, el eco de un antiguo intento pagano por restarle originalidad y legitimidad a la Navidad.
4. Mito: La fecha fue una elección basada en la historia.
Si la teoría de los orígenes paganos es débil, ¿cuál es la alternativa? Una teoría rival, la «hipótesis del Cálculo», propone un origen que nos abre una ventana a una forma de pensar completamente ajena a la nuestra, una donde la perfección teológica y la numerología simbólica eran consideradas más rigurosas que el registro histórico.
Esta hipótesis se basa en una creencia antigua, presente en algunas tradiciones judías y cristianas, conocida como la «edad integral». Se pensaba que los grandes profetas debían tener una vida perfecta, sin fragmentos, por lo que morían en el mismo día del calendario en que fueron concebidos. Su vida, de principio a fin, debía ser una unidad completa, pues estos sistemas de pensamiento «no permitían la imperfección de las fracciones».
Los primeros cristianos occidentales aplicaron esta lógica a Jesús. Basándose en complejos cálculos sobre la Pascua, determinaron que murió un 25 de marzo. Siguiendo la teoría de la «edad integral», si murió el 25 de marzo, entonces también debió haber sido concebido en esa misma fecha. El paso final es simple aritmética biológica: una concepción el 25 de marzo resulta en un nacimiento exactamente nueve meses después, el 25 de diciembre.
Aunque esto suene extraño a oídos modernos, estudios recientes, como el de Thomas C. Schmidt en 2015, han demostrado que esta forma de pensar era coherente con la época, dando a la hipótesis del Cálculo una fuerza renovada. El 25 de diciembre no habría sido elegido por razones astronómicas, sino como el resultado de una profunda convicción teológica sobre la perfección de la vida de Cristo.
5. Mito: El 25 de diciembre fue aceptado de inmediato.
La idea de que una vez que Roma estableció la Navidad el 25 de diciembre (la primera evidencia firme data del año 336 d.C.), el resto del mundo cristiano la adoptó sin más, es completamente falsa. La difusión de esta fecha fue un proceso notablemente lento, gradual y, a menudo, conflictivo que duró más de un siglo.
La principal razón de la resistencia fue simple: muchas iglesias, especialmente en Oriente, ya tenían una celebración de la Natividad perfectamente consolidada el 6 de enero y no veían la necesidad de añadir otra. La adopción fue muy desigual:
- Norte de África la adoptó relativamente pronto, por sus lazos con Roma.
- En el norte de Italia, la difusión fue más lenta. Existe un debate sobre cuándo Milán la adoptó, pero pudo haber sido tan tarde como en la década de 380.
- Las iglesias orientales comenzaron a adoptar la fecha en la década de 380, pero no sin debate. Un sermón de Juan Crisóstomo en Antioquía en el 386 sugiere que la fiesta era una novedad reciente.
- Jerusalén y Egipto, dos centros cruciales del cristianismo, no añadieron el 25 de diciembre a sus calendarios hasta finales del siglo V.
El ejemplo más sorprendente de resistencia es el de la Iglesia Armenia. Nunca adoptó la fecha romana y, hasta el día de hoy, continúa celebrando la Natividad de Cristo el 6 de enero.
En las iglesias que sí adoptaron el 25 de diciembre, la antigua fiesta del 6 de enero se transformó. En Oriente, la Epifanía pasó a centrarse principalmente en el Bautismo de Cristo. En Occidente, se convirtió en la fiesta que conmemoraba la visita de los Magos.
Conclusión: Celebrar un misterio.
La historia del 25 de diciembre revela que la fecha que marcamos en nuestros calendarios no es un simple dato histórico, sino el producto final de una compleja evolución de teología, negociación cultural, tradiciones rivales e incluso propaganda. Lejos de ser una verdad inmutable, fue un concepto que tardó siglos en tomar forma y ser aceptado. Pasó de ser una idea irrelevante para los primeros cristianos a ser el centro de debates teológicos y luchas litúrgicas entre las grandes capitales del Imperio Romano.
El viaje desde la indiferencia inicial, pasando por las celebraciones del 6 de enero en Oriente y los cálculos simbólicos en Occidente, hasta la lenta adopción del 25 de diciembre, nos muestra que la tradición es algo vivo y en constante construcción. La fecha no es tanto una certeza histórica como un símbolo nacido de siglos de reflexión y fe.
Así que, mientras nos preparamos para las fiestas, vale la pena preguntarse: ¿qué significa celebrar una fecha cuyos orígenes no se basan tanto en la historia fáctica, sino en siglos de debate teológico, simbolismo y negociación cultural? ¿Cambia esto la forma en que vemos la tradición?
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Sobre el autor del ensayo:
Paul F. Bradshaw (n. 1945) es uno de los historiadores de la liturgia temprana más influyentes del último medio siglo. Formado en Clare College (Cambridge) y en Westcott House, combinó ministerio parroquial con docencia en instituciones anglicanas de formación teológica antes de trasladarse a Estados Unidos. En la Universidad de Notre Dame (Indiana) enseñó desde 1985 hasta su jubilación, y llegó a ser Professor of Liturgy; hoy es profesor emérito.
Su contribución se caracteriza por una aproximación histórico-crítica rigurosa: analiza testimonios textuales, prácticas rituales y contextos eclesiales para reconstruir cómo se configuraron gradualmente los ritos, los calendarios y las festividades. Ha escrito o editado más de veinte libros y decenas de artículos; además, fue editor jefe de la revista internacional Studia Liturgica durante años y presidió sociedades académicas de referencia, como Societas Liturgica y la North American Academy of Liturgy. 
Entre sus obras más citadas destacan investigaciones sobre los orígenes del culto cristiano y la metodología para estudiar fuentes litúrgicas antiguas. En el capítulo sobre la datación de la Navidad, Bradshaw aplica ese mismo método para sopesar hipótesis rivales y mostrar cómo la historia litúrgica depende tanto de evidencia positiva como de silencios documentales cuidadosamente interpretados siempre.
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