Cristo y Evangelio

N.T Wright, la Imputación y el Evangelio, Por J.V. Fesko

Debo decir que a lo largo de los años me he beneficiado mucho de los escritos de N.T. Wright. He leído mucho de lo que ha escrito, y es uno de los eruditos mas grandes en profundidad, detalle y claridad en la actualidad en su campo de estudios. Sin embargo, esto no me ciega al hecho de que hay profundos problemas en su teología bíblica.  

La imputación es quizá la doctrina más cardinal del evangelio, la medula misma de lo que nos distingue como evangélicos, y lo mas central de la reforma y de toda nuestra historia protestante. Sin embargo, la mayoría de teólogos latinos de izquierda (de tendencia marxista), y que tristemente son la vasta mayoría en nuestro contexto latino, la rechaza o en el mejor de los casos la redefine por completo. La doctrina de la Imputación se ha divido históricamente de tres maneras:

A. El esquema de imputación de Justicia: El pecado del creyente es imputado a Cristo en la Cruz del Calvario, de tal manera que Cristo pago efectivamente el pecado del creyente y satisfizo la ira de Dios. Es el centro mismo de la doctrina de la Justificación. 

B. El doble esquema de imputación de Justicia. Afirma A, pero en adición ha esto, afirma que no solo el pecado del creyente imputado a Cristo, sino que también la justicia de Cristo le ha sido imputada al Creyente, de tal manera que toda la salvación es por gracia, y aparte de sus obras. Los méritos de Cristo le son imputados al creyente. Es el centro mismo de la doctrina de la salvación y santificación. 

C. El triple esquema de imputación de Justicia. Afirma, por lo general A y B, pero además de esto afirma que el hombre se encuentra muerte en delitos y pecados de manera completa y que no puede hacer nada para su salvación. Es decir, no es que el hombre se vuelva pecado, sino que nace pecador. Nace pecador, debido a que el pecado de Adán es imputado a toda su descendencia (de manera inmediata, mediata, etc, es un debate dentro del protestantismo). 

El protestantismo evangélico por toda su historia y en su mayoría a afirmado A, B y C – aunque ha habido algunos teólogos que no han afirmado C. La Iglesia Católica Romana por ejemplo, considera herejía la negación de C, afirma A, pero redefine B. El liberalismo teológico, en su mayoría, aunque usa vocabulario similar al evangelio niegan A, B y C. El liberalismo hablaría también de justificación o imputación pero con un significado diferente al del protestantismo evangélico. 

El tema que se discute aquí es de vital importancia porque la negación de la triple imputación de justicia se esta infiltrando cada vez mas en nuestros seminarios, pastores y las redes sociales. Recientemente se ha publicado el libro de J.V. Fesko: “La Doctrina de la Imputación”. No puedo enfatizar cuan vital es la lectura de este libro para todo aquel que este en el ministerio, pues es el centro mismo del evangelio. Creo que el libro de Fesko, junto con el libro de Robert Cara: “Destruyendo el fundamento de la Nueva Perspectiva sobre Pablo”, son dos libros que deben leerse de la mano, y analizan el debate sobre la imputación desde dos ángulos diferentes. Sin embargo, soy consciente de las restricciones de tiempo que a menudo nos aquejan. Si pudiera recomendar un solo libro que todo pastor debería leer seria el de Fesko “La Doctrina de la Imputación”. Por otro lado, si estas en el seminario ahora y lees literatura contemporánea académica, encarecidamente te recomiendo que leas el libro de Cara. Un gran numero de lo publicado académicamente – y que se esta traduciendo cada vez al español por editoriales evangélicas latinoamericanas, especialmente desde finales de los 80’s hasta mediados del 2000’s sigue la Nueva Perspectiva de Pablo. Estos libros son publicados por editoriales evangélicas latinoamericanas. La publicación de un libro es necesariamente la promoción de este. Como tal, queremos traer un poco de balance al publicar estas dos obras de Fesko y Cara a la literatura que ya abunda en habla hispana. Jaime D. Caballero.

El siguiente es un extracto del libro: J.V. Fesko, Muerte en Adan, Vida en Cristo: La Doctrina de la Imputación (Lima, Peru: Teología para Vivir, 2020), 172-176:

N. T. Wright

Los planteamientos que abandonan la doctrina de la imputación se originaron en gran medida fuera de los círculos de teología evangélica conservadora. Schleiermacher y Bultmann no llevaban ningún compendio sobre categorías teológicas tradicionales, y mucho menos sobre la ortodoxia reformada. Barth era más conservador que Schleiermacher y Bultmann, aunque también es cierto que el neo en neo-ortodoxia significaba que no temía apartarse de creencias tradicionales como la historicidad de Adán, de la ley y el evangelio, del pacto de obras, y de la doctrina de la imputación. Asimismo, en el siglo veinte, dentro del círculo de estudios bíblicos, dos eruditos que se han identificado como evangélicos y que estuvieron comprometidos con la teología reformada, se han apartado de las posturas tradicionales relacionadas con la doctrina de la imputación. 

       N. T. Wright no ha tratado de ocultar su rechazo a la imputación, y Peter Enns ha tenido desviaciones significantes de la tradición reformada, a pesar de que enseñó por catorce años en el Seminario Teológico de Westminster en Filadelfia. Westminster fue, por supuesto, el seminario fundado por J. Gresham Machen (1881–1937), instituto inicialmente comprometido con la vieja escuela de la teología reformada de Hodge y Warfield.  

Con el inicio de la Ilustración un individualismo radical se apoderó de la filosofía y teología. Barth rechazó el énfasis en el individuo de Schleiermacher y Bultmann, y ofreció su propio énfasis colectivo en la elección en Cristo, así como a través de la participación o unión con Cristo.[1] Dentro del gremio del Nuevo Testamento, N. T. Wright ha nivelado las críticas de Bultmann y las aparentes conexiones entre el individualismo y clásicas formulas reformadas sobre la justificación.[2] [Vea la version en español de este libro de N.T. Wright aqui].

       En esta línea Wright rechaza la idea de imputación y argumenta que es un tema menor dentro del corpus paulino, y que ha recibido excesiva atención de parte de teólogos reformados. Por tanto, Wright rechaza la doctrina de la imputación: 

No tiene sentido que el juez impute, imparta, disponga, transporte o de alguna manera transmita su justicia al demandante o al defensor. La justicia no es un objeto, substancia o gas que se pueda enviar de un lado de la corte al otro.[3]

En vez de respaldar lo que Martin Lutero (1483–1546) y Juan Calvino (1509–64) llamaron el “intercambio glorioso”, que es cuando Dios imputa el pecado de los elegidos a Cristo y la obediencia de Cristo a los elegidos solo por la fe, Wright argumenta que la verdadera categoría paulina es la unión con Cristo.[4]

       Otros eruditos del Nuevo Testamento como James D. G. Dunn han argumentado que la justificación y, por ende, la imputación, es solo una de las muchas metáforas polifacéticas e intercambiables que Pablo utiliza. Como consecuencia, la justificación no debería influenciar mucho en la formulación de la soteriología bíblica; en lugar, la centralidad debería estar en la unión con Cristo.[5] Otros eruditos que simpatizan con Wright y Dunn argumentan de manera similar acerca de una “justicia incorporada” en vez de una justicia imputada.[6]  

       Una de las características exegéticas claves para el rechazo de la imputación por parte de Wright se encuentra en su entendimiento y definición de la palabra justicia (δικαιοσύνη). La teología reformada tradicional define justicia como equidad moral —que se adhiere a un estándar moral o legal.[7] Por tanto, la imputación de justicia en última instancia se refiere a la imputación o atribución de la obediencia de Cristo. Cristo obedece la ley y Dios imputa Su obediencia a la ley a todos los que están unidos a Él. De acuerdo con Wright, justicia no denota equidad moral, sino dos cosas diferentes: en cuanto a Dios denota Su fidelidad al pacto, y en cuanto al hombre denota membresía en el pacto.[8] Así que, cuando Pablo escribe que Dios cuenta la fe de Abraham como justicia (Ro. 4:3), el texto se refiere a que Dios cuenta a Abraham como miembro del pacto. Por tanto, Wright no acepta el concepto de imputación de justicia.  

       Wright sigue un patrón similar para la doctrina del pecado original. Admite que Pablo trata el tema del pecado original en Romanos 5:12-21. Sin embargo, Wright es reservado en su exégesis del texto. Él reconoce, por ejemplo, que “Pablo claramente creíaque había existido un primer par y que el varón, Adán, había recibido un mandato que quebrantó”.[9] Wright, no obstante, no especifica si es que Adán realmente existió. Menciona una variedad de “complejidades” sobre asuntos de ciencia y teología para explicar su reticencia acerca de Adán y del pecado original. Al final, Wright argumenta: 

El significado de lo que Pablo dice contiene dos lados: que la pecaminosidad se ha esparcido a través de la raza humana desde sus inicios y que cada individuo ha contribuido su parte en esa pecaminosidad. Pablo no nos da más pistas sobre cómo ocurre lo primero ni de cómo se relacionan ambos lados.[10]   

Considerando todo, Wright representa un cambio significante dentro de la teología de hoy en día, un giro de retorno a la exégesis de las Escrituras, y que ha mostrado prejuicio en contra del antisupernatualismo y el individualismo radical. Pero Wright no se ha escapado totalmente de las tendencias no históricas que caracterizan el pensamiento contemporáneo sobre el pecado original. Wright abraza la historicidad de Cristo y de la resurrección, por ejemplo, posición que claramente es contraria a Bultmann.[11]Para Bultmann la resurrección de Cristo es solamente otro mito sin ningún tipo de base histórica del Nuevo Testamento.[12]

       Sin embargo, cuando se trata de la historicidad de Adán, Wright parece no estar dispuesto a reconocer su existencia de manera explícita. En su comentario sobre la carta a los Romanos, Wright apenas dice que Pablo creía que Adán era un personaje histórico. Tal declaración hace que uno se pregunte si es que Wright piensa que Adán es una persona histórica. En un libro reciente, Wright parece admitir la posibilidad de que Adán y Eva sean personajes históricos, aunque no lo enfatiza: 

Así como Dios eligió a Israel del resto de la humanidad para una vocación especial, rara y exigente, quizás lo que Génesis nos está diciendo es que Dios eligió un par del resto de los homínidos para una vocación especial, rara y exigente. Este par (llámenlos Adán y Eva, si desean) habrían de ser representantes de toda la raza humana.[13]

Al calificar sus declaraciones con la palabra “quizá”, parece ser que la historicidad de Adán y Eva no es esencial para su entendimiento de culpa y pecado hereditarios. 

Sobre el autor:

John V. Fesko, B.A., M.A.Th., PhD. El Dr. Fesko es Decano Académico y Profesor de Teología Sistemática e Histórica en Reformed Theological Seminary (RTS). Es considerado uno de los teólogos más importantes de la actualidad, y autor de docenas de libros académicos.

NOTAS:


           [1] Adam Neder, Participation in Christ: An Entry into Karl Barth’s Church Dogmatics (Louisville: Westminster John Knox, 2009).

           [2] P. ej., N. T. Wright, What Saint Paul Really Said: Was Paul of Tarsus the Real Founder of Christianity? (Grand Rapids: Eerdmans, 1997), 14-15,113-34.

           [3] Wright, What Saint Paul Really Said, 98.

           [4] N. T. Wright, Justification: God’s Plan and Paul’s Vision (Downers Grove: InterVarsity Press, 2009), 135-36, 157-58, 232-33; cf., p. ej., Martin Luther, Lectures on Galatians, en LW 26:132-33, 167-68; John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. John Allen (Grand Rapids: Eerdmans, 1949), IV.xvii.2.

           [5] James D. G. Dunn, The Theology of Paul the Apostle (Grand Rapids: Eerdmans, 1998), 231.

           [6] Michael F. Bird, ‘Incorporated Righteousness: A Response to Recent Evangelical Discussion Concerning the Imputation of Christ’s Righteousness in Justification,’ JETS47/2 (2004): 253-75; idem, ‘Justification as Forensic Declaration and Covenant Membership: A Via Media Between Reformed and Revisionist Readings of Paul,’ TynB57/1 (2006): 109-30; idem, The Saving Righteousness of God: Studies on Paul, Justification, and the New Perspective (Milton Keyes: Paternoster, 2007), 60-87, 113-54;idem, ‘Progressive Reformed View,’ en Justification: Five Views, ed. James K. Beilby and Paul Rhodes Eddy (Downers Grove: InterVarsity Press, 2011), 145-52.

           [7] Westminster Confession of Faith, XI.i, XIX.ii; John Calvin, Romans & Thessalonians, CNTC (1960; Grand Rapids: Eerdmans, 1996), comm. Ro. 4:4 (pp. 84-85); Francis Turretin, Institutes of Elenctic Theology, 3 vols. (Phillipsburg: P & R, 1992-97), XVI.ii.1-27.

           [8] N. T. Wright, ‘Romans and the Theology of Paul,’ en Pauline Theology, ed. David M. Hay & E. Elizabeth Johnson (Minneapolis: Fortress, 1995), 38-39; idem, Paul and the Faithfulness of God (Minneapolis: Fortress, 2013), 774-1042.

           [9] N. T. Wright, Romans, NIB, vol. 10 (Nashville: Abingdon, 2002), 526, énfasis añadido.

           [10] Wright, Romans, 527.

           [11] N. T. Wright, The Resurrection of the Son of God (Minneapolis: Fortress, 2003).

           [12] Bultmann, ‘New Testament and Mythology,’ 8.

           [13] N. T. Wright, Surprised by Scripture: Engaging Contemporary Issues (San Francisco: Harper One, 2014), 37. Agradezco a Malcolm Maclean por informarme de esta fuente. 

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