Usted asiste a una iglesia y tiene un pastor o una pastora o varios pastores. Quizás hasta tiene ancianos y diáconos. Sin embargo, un día su pastor decide asistir a un retiro de pastores en una megaiglesia, y regresa expresando el cambio espiritual y la renovación que experimentó. De repente, el universo eclesiástico se cambia de modo notable. Él ahora empieza a hablar del «Ministerio quíntuple» y especialmente sobre el nuevo apostolado que el Señor le ha regalado a la iglesia. Proclama que el Espíritu le ha mostrado que su iglesia debe estar bajo la «cobertura» de un apóstol, y sin ello, no experimentará la bendición del Señor. El pastor ahora dice que Dios está restaurando la estructura de la iglesia mundial según Efesios 2:20 “Están edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular.”

En pocas palabras, si su iglesia no está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas actuales, no experimentará fruto espiritual. El nuevo apóstol de la iglesia local aparece al poco tiempo y promete toda una serie de bendiciones, renovación, familias restauradas, templos llenos, el mundo convertido, y, por supuesto, prosperidad. ¡Todo siempre y cuando la iglesia esté sometida a la autoridad del apóstol! Cualquier cosa que falte en su iglesia local la atenderá la presencia de un apóstol.

¿Quién decide si hay apóstoles en la actualidad?

La cuestión fundamental es ¿quién decide si hay apóstoles hoy en día? Estamos de acuerdo con la declaración de Pablo en 1 Corintios 12:11 “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, distribuyendo individualmente a cada uno según Su voluntad”; que al Espíritu Santo le corresponde tal decisión. Además, entendemos que el Espíritu opera según su propia palabra, la Biblia. Es preocupante que no todos piensen así. Un famoso apóstol centroamericano una vez dijo, «Los demás estudian la teología; ¡yo atiendo al Espíritu Santo!» ¿No cree que el mismo Espíritu nos regaló la Biblia para aprender de sus caminos? El único Espíritu nos dirige, e inspiró los Hechos y las cartas de Pablo para guiarnos. Pensemos en las preguntas más comunes que se hacen con respecto a este tema del apostolado:

Empezamos con el significado de la palabra ‘apóstol’ en las Escrituras. En el griego koiné, el idioma en que originalmente se escribió el Nuevo Testamento, se nos presentan dos palabras. En 83 oportunidades se presenta apóstolos (apóstol) y en cuatro se nos habla de apostolé (apostolado). Un ‘apóstol’ denota la persona, mientras ‘apostolado’ indica el oficio. ‘Enviar’ (apostellō) es el verbo usado detrás de ‘apóstol’ lo que significa que los apóstoles predicaron el Evangelio como viajeros. La perspectiva bíblica nos presenta alguien enviado con autoridad, pero con énfasis en quién lo envía. Es decir, el mensaje y quién lo envía es más importante que el mensajero mismo: los apóstoles, que son enviados a representar a Cristo con autoridad divina, deben reflejar no solo el poder, sino también la moralidad de Cristo.

¿Qué es la Coalición Internacional de Apóstoles (ICA)?

La Coalición Internacional de Apóstoles (ICA, por su denominación en inglés), sin embargo, define un apóstol como el nuevo líder para la iglesia: «Un apóstol es un líder cristiano, al cual Dios dotó, enseñó, comisionó y envió con la autoridad necesaria para establecer el gobierno fundacional de la iglesia dentro de una esfera de ministerio asignada; oye lo que el Espíritu dice a las iglesias y “corrige lo deficiente” para logar el crecimiento y madurez de la iglesia». También Wagner en su libro Apóstoles hoy menciona:

«Los apóstoles son apóstoles, no por ser perfectos, sino porque han cumplido con las normas de santidad y humildad que Dios ha dispuesto.… En realidad de los requisitos descriptos el primero y el ultimo, ‘carácter intachable’ que significa ser irreprensible y ‘tener un buen testimonio entre los hombres’»[1] «El orgullo es un obstáculo para el ministerio apostólico, y debemos recordar que la tentación siempre está presente, dada la cantidad inusual de autoridad depositada en los apóstoles … los verdaderos apóstoles manifiestan su ministerio apostólico mediante su humildad».[2] «… ninguna persona puede ser un verdadero apóstol sin ser, a su vez, un sirviente».[3]

Sin embargo, no hay evidencia bíblica que indique que los doce apóstoles eran los dirigentes, o la cabeza de la iglesia primitiva. Leyendo el libro de los Hechos vemos que los apóstoles no eran oficiales líderes de la iglesia sino que los había enviado Cristo para ayudar en la edificación de la iglesia, no para dirigirla o comandarla. Luego, si hay algo en este movimiento neoapostólico que haya dividido la iglesia es el abuso espiritual y económico por parte de apóstoles llenos de orgullo, de carácter tachable, y de mal testimonio.

¿Es Bíblica la Sucesión apostólica?

Otro tema tiene que ver con la sucesión apostólica: ¿eran doce apóstoles o eran más? Cristo escogió a doce para que sirvieran como sus enviados especiales representando a las doce tribus de Israel. Con la muerte de Judas, los demás siguieron el consejo del Antiguo Testamento y oraron; «la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles». Los Hechos no dan ninguna indicación de que la selección de Matías fuera un error ni de que Pablo debía ser el decimosegundo. Igualmente, no hay ninguna referencia sobre reemplazar a aquellos que iban muriendo, como, por ejemplo, Jacobo en Hechos 12:2. Además, la visión de la nueva Jerusalén en Apocalipsis 21:14 implica que el número 12 aparecía de manera constante. Cuando Pablo reclamó ser reconocido como apóstol, se consideró a sí mismo «por último, como a un abortivo», i. e., ‘nacido fuera de tiempo’ (1 Corintios 15:8), o sea, no como uno de los doce.

Es decir, sí había unas personas quienes se llamaban apóstoles, probablemente en el sentido más genérico de ‘enviado’: por ejemplo, Andrónico y Junias en Romanos 16:7; Tito y ciertos otros hermanos en 2 Corintios 8:23; Bernabé en Hechos 14:14. Ellos no escribieron el Nuevo Testamento, ni tuvieron autoridad apostólica sobre las redes de iglesias. Más bien fueron los enviados o pioneros del Evangelio. Para captar el uso de los términos, podemos hablar de los «Doce Apóstoles» (en mayúscula), más Pablo como el último, más una cantidad de ‘apóstoles’. (en minúscula).

¿Cuáles son las características de un Apóstol (en mayúscula) según la Biblia?

  1. Primero: la mejor definición de apóstol (los doce más Pablo el «abortivo») se encuentra en Hechos 1:21–22: “Por tanto, es necesario que de los hombres que nos han acompañado todo el tiempo que el Señor Jesús vivió entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día en que de entre nosotros Jesús fue recibido arriba al cielo, uno sea constituido testigo con nosotros de Su resurrección.”
  2. Segundo: Pablo enfatiza que el apóstol verdadero hace milagros (2 Corintios 12:10). En Hechos 1, Pablo también afirma que los apóstoles han visto al Señor resucitado (1 Corintios 9:1). Podemos entonces concluir de la Biblia esta definición:

Un Apóstol es un enviado especial de Cristo, a quien ha llamado de modo directo, dotándolo de un don específico; ha sido testigo ocular de la resurrección y se dedica a transmitir la doctrina de Dios. Un apóstol predica, hace milagros, es pionero, sufre mucho, es ambulante (viajero). Ha sido llamado por Dios y el Espíritu lo ha dotado con ese don.

¿Cuáles son las características de un falso apóstol según las Escrituras?

Esto es importante de rescatar, pues Pablo, en 2 Corintios 11, nos habla de los falsos apóstoles, ¿Qué características tienen los falsos apóstoles? Pablo nos describe a los «falsos apóstoles» o «superapóstoles» como aquellos que

  • Proclaman «un Evangelio diferente»
  • Tienen habilidad de palabra, pero no de conocimiento
  • Tienen que ver con el abuso al apoyo económico (2 Cor. 11:8), lo que indica que los falsos apóstoles tienen como pretensión hacer dinero, por encima de servir a la iglesia con sacrificio y humildad.

Según lo que anteriormente vimos en la descripción de un apóstol, ¿qué contraste vemos con los apóstoles de hoy en día? C. Peter Wagner, de la Coalición Internacional de Apóstoles, ha sido un impulsador muy formativo en esta área del movimiento neoapostólico. Wagner dice que Efesios 4:11 habla del ministerio quíntuple, el cual es necesario para edificar la iglesia de hoy. Wagner define un apóstol también como un líder que ejerce autoridad extraordinaria sobre cierto número de iglesias en cuanto a asuntos espirituales.

¿Por qué entonces en la actualidad hay auto-proclamados apóstoles?

En otro lugar, Wagner dice que él había decidido no incluir en su definición estos tres puntos bíblicos: señales y milagros, ver a Jesús cara a cara y fundar iglesias. A nuestro parecer, esto es un poco extraño, que él redefina ‘apóstol’ eliminando las características que Pablo solía enfatizar, y la única característica que Pedro y Pablo subrayaron: ser testigo ocular del Cristo resucitado. También, Wagner no cree que los apóstoles modernos deban revelar nuevas doctrinas; no habla de sufrimiento ni de ser viajeros. Es cierto que, ¡‘apóstol’ por definición significa ‘enviado’!, pero no enviado a conferencias, ni para ser pastor de una megaiglesia, sino a lugares sin una presencia evangélica para hacer el trabajo duro de Dios. Entonces, ¿por qué llamar a una persona ‘apóstol’, si no hace nada especialmente relacionado con los Apóstoles ni ―y se debe mencionar― con los ‘apóstoles’, en minúscula, como Andrónico y Junias?

Parece que la intención de algunos que se autoproclaman apóstoles es convertirse en los líderes de todas las iglesias. Estos apóstoles creen que las denominaciones son cosa del pasado, y que todas las iglesias deben someterse a ellos. Un famoso apóstol, por ejemplo, dice que no habría avivamiento en nuestro país hasta que todos sus pastores se sometieran a su autoridad.

¿Cuáles son algunas características de los apóstoles de la actualidad?

Finalmente, veamos algunas observaciones sobre algunos de los apóstoles de hoy:

  1. Existe un anhelo de ser reconocido como ‘apóstol’ y hay una cantidad de nuevas jerarquías de apóstoles. Si consideramos que solo hubo una docena en los primeros días ―y la mayoría murió en pocas décadas― parece haber un número desproporcionado en nuestros días y va en aumento rápidamente. Uno de los puntos de Pablo en 1 Corintios 9 o en 2 Corintios 10–12 es que el apostolado es por definición un don muy poco común, y que el don verdadero es poco deseable. Sin embargo, muchos quieren ser llamados apóstoles. Actualmente existe toda una jerarquía entre los mismos apóstoles, pues los que se encuentran arriba de la pirámide se llaman ‘generales apóstoles’. ¿Me imagino que han de existir sargentos, tenientes, y coroneles apóstoles?
  2. ‘Apóstol’ se define hoy en términos de autoridad y control, tanto como un obispo. ¿De dónde vino el concepto de tener un obispo, es decir, un pastor de un área metropolitana quien tiene control sobre las iglesias en su región? Es difícil probar el concepto de la Biblia. Sin embargo, el concepto es sumamente claro en las cartas de un padre de la iglesia primitiva, Ignacio de Antioquía (107 d. C.). Afirmó la doctrina de que estar en conformidad con el obispo es la manera de alcanzar una iglesia santificada: «… para que estando perfectamente unidos en una sumisión, sometiéndoos a vuestro obispo y presbítero, podáis ser santificados en todas las cosas» (a los Efesios 2). Esto fue un paso hacia el sistema romano; por eso, un título del papa es «sucesor de San Pedro, príncipe de los apóstoles». Es el concepto de ‘cobertura’, de que cada pastor debe trabajar bajo la autoridad de un apóstol, concepto que es paralelo a la obediencia de las iglesias al obispo. La enseñanza apostólica en la Biblia nos indica que el gobierno de las iglesias se quedó en las manos de colegios de ancianos o presbíteros o ‘vigilantes’ o ‘líderes’ (mal traducido como ‘obispo’ en algunas versiones; véase el caso de Éfeso, Hechos 20:17, 28; 1 Timoteo 3:1, 2; y el de Creta, Tito 1:5). En los pasajes claves que describen su puesto, lo valioso es ser una persona santa (¡especialmente en su vida financiera!) y de buena doctrina (véase Hechos 20:17–35; 1 Timoteo 3:1–7; Tito 1:5–9; 1 Pedro 5:1–4). Frank Viola, concluyendo de estos pasajes, nos dice que los pastores del Nuevo Testamento eran personas de un carácter moral probado, buscadores del Reino y no constructores de imperios eclesiales.
  3. Algunos apóstoles de hoy aparentan impartir nuevas enseñanzas. Cierto que muchos ‘neoapóstoles’ rechazan esta tendencia. Sin embargo, en otros casos particulares parece que inventan nuevas doctrinas, o cambian o aumentan las nuestras, especialmente en cuanto a la naturaleza de la guerra espiritual, espíritus regionales, la segunda venida de Cristo, o la manera de adoctrinar a la iglesia. En particular, unos descubrieron doctrinas del Antiguo Testamento, introduciendo al nuevo pacto doctrinas de otra época. En términos pragmáticos, la revelación de una doctrina enterrada es igual a promulgar una doctrina nueva.
  4. El apostolado moderno no tiene el vínculo bíblico fuerte con el sufrimiento físico. Los auténticos apóstoles sufren, y punto. Sí, los apóstoles de hoy se quejan que son perseguidos por quienes cuestionen su don; esta no es la persecución, sino el discernimiento de que el Señor siempre nos exige: «no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios» (1 Juan 4:1). El apóstol Pablo sufrió de una manera casi increíble, y lo mencionó como una prueba de su apostolado. Sin embargo, también habló de cosas cotidianas (1 Tesalonicenses 2:8–9). Pablo no nos habla de estar agotado por asistir a conferencias, sino por trabajar con sus propias manos, de noche y de día. La gente se burlaba de él por no tener trajes caros ni una postura autoritaria. Él nunca respondió que «yo trabajo duro y creo que el Señor quiere que yo tenga cosas caras». No se quedó en las suites presidenciales para mantener su privacidad.

Conclusión.

Todo el mundo conoce la tendencia moderna de buscar nuevos títulos para elevarse por encima de los demás. Algunos de estos apóstoles disponen de doctorados no reconocidos por ninguna autoridad académica. Por supuesto, hay algunos que ejecutan el don de apóstol en humildad, sin exigir el título. Sin embargo, los apóstoles por lo general han llegado a merecer rápidamente la reputación de ser ‘superapóstoles’ (2 Corintios 11:5). Entonces, retamos a cualquier neo apóstol que lea esto a que renuncie a su título, venda sus carros, quítese los anillos y se ponga ropa simple, a que visite a pie los barrios de su ciudad, solo, sin cámaras, sin gritos de victoria, solo compartiendo la Palabra, orando por los enfermos, alimentando a los hambrientos. Le retamos a que asuma el título de siervo de Dios con humildad.

Entonces, regresamos a nuestra iglesia, donde el pastor acababa de regresar con algo nuevo. Uno puede aprender mucho sobre un apóstol por lo que pide a su gente. Si alguien le pide su dinero u obediencia (e. g., a cambio de milagros o bendiciones), usted tiene el derecho de negarse, hasta que el líder le demuestre con la Biblia que en realidad no se trata de un ‘superapóstol’ o falso apóstol como lo menciona Pablo. La gracia de Dios no requiere dinero a cambio. Cristo es quien merece obediencia, y aunque su iglesia necesite de su apoyo económico, usted tiene el derecho de verificar que su dinero se esté utilizando sabiamente, sin enriquecer a un líder cuando hay personas necesitadas. Usted, como miembro del real sacerdocio (1 Pedro 2:9) es por definición una de las personas ungidas del Señor. Usted tiene tanto el derecho como la responsabilidad de pedir prueba bíblica. Usted no tiene que soportar insinuaciones ni acusaciones de que es rebelde contra el plan divino, nuevamente revelado. La frase «no toquéis al ungido del Señor» se aplica tanto a su persona como a cualquier cristiano.[4]

Articulo adaptado de: Osías Segura Guzmán, Riquezas, templos, apóstoles y superapóstoles: Respondiendo desde una mayordomía cristiana (Viladecavalls, Barcelona: Editorial CLIE, 2012), 173–181.

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Sobre el autor:

perfil-osias-seguraOsías Segura Guzmán. Nacido en Costa Rica, migro a los Estados Unidos. Es casado y tiene un hijo. BA, Sociologia, Universidad de Costa Rica. (DMin, ThM, MDiv.) Asbury Theological Seminary (US). Actualmente es profesor asociado de Fuller Theological Seminary y Consultor Educativo para la Oficina Central de la Iglesia Metodista de Costa Rica. Ha sido tambien pastor Asociado de la College Place First Presbyterian Church, College Place, WA, USA y Pastor Interino de Jóvenes en la First Christian Church (Disciples of Christ) Frankfort, KY. Entre los libros que ha escrito se encuentran: “Riquezas, templos, apóstoles y superapóstoles: Respondiendo desde una mayordomía cristiana.” (2012), etc.

Notas:

[1] Peter Wagner, C. Apóstoles en la Iglesia de hoy: esferas de autoridad. (Miami, Florida: Peniel, 2002), 32, 36.

[2] Ibid., 37.

[3] Ibid., 77.

[4] Osías Segura Guzmán, Riquezas, templos, apóstoles y superapóstoles: Respondiendo desde una mayordomía cristiana (Viladecavalls, Barcelona: Editorial CLIE, 2012), 173–181.