Cristo instituyo dos señales del Pacto con Dios.

Abraham recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que tenía mientras aún era incircunciso, para que fuera padre de todos los que creen sin ser circuncidados, a fin de que la justicia también se les tome en cuenta a ellos. Romanos 4.11

Cristo instituyó dos ritos que debían observar sus seguidores: el bautismo, un rito único de iniciación (Mateo 28:19; Gálatas 3:27) y la Santa Cena, un rito memorial constante (1 Corintios 11:23–26). La Iglesia occidental los llama “sacramentos”, la ortodoxa oriental los llama “misterios” y algunos protestantes que consideran que estas dos palabras tienen connotaciones negativas los llaman “ordenanzas”. Las Escrituras no tienen ninguna palabra para la categoría que forman estos dos ritos, ni para sus equivalentes del Antiguo Testamento, esto es la circuncisión de los varones como rito de iniciación (Génesis 17:9–14, 23–27) y la Pascua anual como rito memorial (Éxodo 12:1–27). Sin embargo, la enseñanza de la Biblia nos autoriza a reunir-los todos en una misma clasificación como señales y sellos de una relación de pacto con Dios.

¿Qué significa la palabra sacramento?

La palabra sacramento procede del latín sacramentum, con el significado general de rito sagrado, y en particular del juramento sagrado de fidelidad que hacía un soldado. El estudio de los ritos mismos nos da un concepto del sacramento como una acción ritual instituida por Cristo, en la cual unas señales percibidas por medio de los sentidos nos presentan la gracia de Dios en Cristo y las bendiciones de su pacto. Les comunican y sellan estas bendiciones a los creyentes, y les confirman su posesión, y éstos, al responder recibiendo los sacramentos, les dan expresión a su fe y su fidelidad a Dios. La Confesión de Fe de Westminster define (CFW XXVII.1):

“Los sacramentos son signos y sellos santos del pacto de gracia, directamente instituidos por Dios, con el propósito de representar a Cristo y sus beneficios, y para confirmar nuestra participación en Él: y también para establecer una diferencia visible entre los que pertenecen a la iglesia y el resto del mundo; y para comprometerlos solemnemente en el servicio a Dios en Cristo, en conformidad con su Palabra.”

El efecto de la recepción de los sacramentos está en que establecen una “diferencia visible entre los que pertenecen a la iglesia y el resto del mundo; y para comprometerlos solemnemente en el servicio a Dios en Cristo, en conformidad con su Palabra.” (CFW XXVII.1)

Fue un error medieval clasificar como sacramentos a otros cinco ritos más (confirmación, penitencia, matrimonio, órdenes sagradas y extremaunción). Además de que no son sello de una relación de pacto con Dios, “no comparten la naturaleza de sacramentos con el Bautismo y la Santa Cena, puesto que no tienen ninguna señal o ceremonia visible dispuesta por Dios” (Treinta y Nueve Artículos XXV).

¿Nos ayudan los sacramentos en nuestra comunión con Dios?

Es correcto considerar a los sacramentos como medios de la gracia, puesto que Dios los hace medios para la fe, usándolos para fortalecer la confianza de la fe en sus promesas y para causar actos de fe a fin de recibir los buenos dones que se están simbolizando. La eficacia de los sacramentos a este respecto no reside en la fe o la virtud del ministro, sino en la fidelidad de Dios, quien habiendo sido el que dio las señales, ahora se complace en utilizarlas. Sabedores de esto, Cristo y los apóstoles no sólo hablan del símbolo como si fuera la cosa simbolizada, sino que también hablan como si recibir el primero fuera lo mismo que recibir la segunda (por ejemplo, Mateo 26:26–28; 1 Corintios 10:15–21; 1 Pedro 3:21–22). Así como la predicación de la Palabra hace audible el Evangelio, también los sacramentos lo hacen visible, y Dios utiliza ambos medios para fomentar la fe.

Conclusión.

Los sacramentos fortalecen la fe al relacionar las creencias cristianas con el testimonio de nuestros sentidos. El Catecismo de Heidelberg ilustra esto en su respuesta a la Pregunta 75. Las palabras clave son tan seguro como.

Cristo me ha ordenado … comer de este pan partido y beber de esta copa en memoria suya, y con ello me ha dado seguridad: primero, de que su cuerpo fue … quebrantado en la cruz por mí, y su sangre derramada por mí, tan seguro como que veo con mis ojos el pan… partido por mí, y la copa compartida conmigo; y además, que con su cuerpo crucificado y su sangre derramada, El mismo alimenta y nutre mi alma para la vida eterna, tan seguro como que tomo y pruebo del pan y de la copa… que me son dados como prendas seguras del cuerpo y la sangre de Cristo.

Los sacramentos funcionan como medios de la gracia a partir del principio de que, literalmente, ver es (esto es, lleva a) creer fortaleciendo nuestra comunión con Dios. Los sacramentos no nos salvan peros si juegan un rol en mantener nuestra comunión con Dios.[1]

Por J.I. Packer.

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Acerca del autor:

pic_full_packer_jiJames Innell Packer, J.I. Packer(1926-), es un teologo ingles, perteneciente a la Iglesia Anglicana. Ha servido como profesor de Teologia en ‘Regent College’ en Canada. Es considerado como uno de los Teologos de mayor influencia en el siglo XX, y quizá de todos los tiempos. Realizo estudios en la Universidad de Oxford (MA, PhD). Fue profesor de Griego en el Seminario anglicano ‘Oak Hill’ en Londres, antes de ser profesor en ‘Regents’. Ha escrito decenas de libros entre los cuales se cuenta: “Una búsqueda de la piedad: La vision puritana de la vida cristiana”, “Conociendo a Dios”, “La vida en el Espíritu”, “Afirmado el credo de los Apóstoles”, entre muchos otros.

[1] J. I. Packer, Teologı́a concisa: Una guı́a a las creencias del Cristianismo histórico (Miami, FL: Editorial Unilit, 1998), 215–217.