Hay muy pocas doctrinas que despiertan tanta controversia o provocan tanta consternación como la doctrina de la predestinación. Es una doctrina muy difícil que requiere ser tratada con mucho cuidado y esmero. Sin embargo, es una doctrina bíblica y por lo tanto es necesario considerarla. No nos atrevemos a ignorarla.[1]

Prácticamente todas las iglesias cristianas tienen algún tipo de doctrina sobre la predestinación. Es inevitable, porque el concepto aparece claramente en la Sagrada Escritura. Estas iglesias sin embargo están en desacuerdo, a veces en franco desacuerdo sobre su significado. El punto de vista metodista difiere del punto de vista luterano, el que difiere del punto de vista presbiteriano. Aunque todos estos puntos de vista difieren, cada uno está intentando entender este tema difícil.[2] En su forma más elemental, la predestinación significa que nuestro destino final, el cielo o el infierno, ha sido decidido por Dios no solamente antes de que lleguemos allí, sino antes incluso de haber nacido. Nos enseña que nuestro destino está en las manos de Dios. Para expresar esto de otro modo: desde la eternidad pasada, antes de que existiésemos, Dios decidió salvar a algunos miembros de la raza humana y dejar que el resto de la raza humana perezca. Dios hizo una elección —eligió a algunos individuos para que fuesen salvos y disfrutaran la eterna bendición del cielo y paso por alto a otros para que sufrieran las consecuencias de sus pecados hasta el tormento eterno en el infierno.

¿Cuáles son las diferentes posturas sobre la Predestinación?

Esta definición es común para muchas iglesias. Pero para llegar al centro de la contienda corresponde preguntarse: ¿Cómo elige Dios? El punto de vista de las iglesias que no provienen de la Reforma, sostenido por la mayoría de los cristianos, es que Dios realiza esta elección en base a su previo conocimiento. Dios elige para la vida eterna a las personas que Él sabe han de elegirlo a Él. Es la noción presciente de la predestinación porque descansa sobre el previo conocimiento de Dios sobre las decisiones o actos humanos.[3]

El punto de vista de las Iglesias Reformadas difiere en tanto que considera que la decisión final para la salvación depende de Dios y no de nosotros. Según esta noción, la elección de Dios es soberana. No descansa sobre las decisiones o las respuestas previstas por Dios. Considera que estas decisiones emanan de la soberana gracia de Dios.[4] El punto de vista sostenido por las Iglesias Reformadas es que, librada a sí misma, ninguna persona escogería a Dios. Las personas caídas todavía tienen una voluntad libre y son capaces de elegir lo que desean. Pero el problema radica en que no tenemos ningún deseo por Dios y no elegiremos a Cristo hasta que no seamos regenerados. La fe es el don que surge del nuevo nacimiento.

Los escogidos se deciden por Cristo, porque Dios obro en ellos en primer lugar. Como en el caso de Jacob y de Esaú, los escogidos son elegidos únicamente en base a la soberana buena voluntad de Dios y no sobre la base de nada que hayan hecho o que hayan de realizar. Pablo nos dice:

Romanos 9.10–12, 16. Y no sólo esto, sino que también Rebeca concibió mellizos de uno, nuestro padre Isaac. Porque cuando aún los mellizos no habían nacido, y no habían hecho nada, ni bueno ni malo, para que el propósito de Dios conforme a Su elección permaneciera, no por las obras, sino por Aquél que llama, se le dijo a Rebeca: “El mayor servira al menor.”… Así que no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

¿Por qué entonces no salva Dios a todos?

Un problema polémico con respecto a la predestinación es que Dios no escoge o elige salvar a todos. Se reserva el derecho de tener misericordia sobre quien Él decida tener misericordia. Algunas personas de la caída humanidad reciben la gracia y la misericordia de la elección. Al resto, Dios las pasa por alto dejándolas en su pecado. Los que no responden al evangelio reciben la justicia. Los que lo hacen reciben la misericordia. Nadie recibe la injusticia. No hay nada que obligue a Dios a ser misericordioso hacia algunos o hacia todos por igual. Es su entera decisión definir cuán misericordioso desea ser. Sin embargo, nunca será culpable de no ser justo con alguien.[5]

Toda moneda tiene dos caras. También hay otra cara a la doctrina de la elección. La elección se refiere tan solo a uno de los aspectos de la doctrina más amplia de la predestinación. El otro lado de la moneda es la cuestión de la condenación. Dios declaró que amó a Jacob pero que odió a Esaú. ¿Cómo debemos entender esta referencia al odio divino?

¿Doble Predestinación?

La predestinación es doble. La única manera de evitar la doctrina de la doble predestinación sería el afirmar que Dios predestina a todos a ser escogidos o que no predestina a nadie ni a ser escogido ni a ser condenado. Como la Biblia enseña la predestinación con claridad en cuanto a la elección y niega la salvación universal, debemos concluir que la predestinación es doble. Incluye tanto la elección como la condenación. La doble predestinación es inevitable si tomamos a la Escritura en serio. El punto crucial, sin embargo, es:

¿Cómo debe ser entendida la doble predestinación?

Algunos han entendido a la doble predestinación como una relación de causa y efecto, en la cual Dios es igualmente responsable de que el malvado no crea y de que los escogidos crean. Esta posición sobre la predestinación se conoce como la positiva-positiva.

La posición positiva-positiva (activa-activa) sobre la predestinación nos enseña que Dios positiva y activamente interviene en las vidas de los escogidos para obrar su gracia en sus corazones y para traerlos a la fe. Del mismo modo, en el caso de los malvados, obra el mal en los corazones de los malvados y activamente les impide que se lleguen a la fe. Esta posición ha sido llamada con frecuencia el “hipercalvinismo” porque va más allá de las posiciones que a este respecto tenían Calvino, Lutero y otros pensadores de la Reforma.

La posición de la Iglesia Reformada sobre la doble predestinación sigue un patrón positivo-negativo (activo-pasivo). En el caso de los salvos, Dios interviene positiva y activamente para obrar la gracia en sus almas y traerlos a la fe salvadora. Unilateralmente regenera a los escogidos y les asegura su salvación. En el caso de los malvados, no obra el mal en ellos o impide que se acerquen a la fe. En lugar de hacer esto, los pasa por alto, deja de buscarlos, dejándolos librados a sus propios pecados. Según esta posición la acción divina no es simétrica. La actividad de Dios es asimétrica con respecto a los escogidos y a los malvados. En algunos Dios elije obrar continuamente, en otros no. Existe, sin embargo, un plano de igualdad. El malvado, que ha sido pasado por alto por Dios, está finalmente condenado, y su maldición es tan real y cierta como la salvación final de los escogidos.[6]

¿Pero, no dice la Biblia que es Dios quien endurece los corazones?

El problema se vincula a las afirmaciones bíblicas como en el caso de Dios endureciendo el corazón de Faraón. Nadie discute que la Biblia dice que Dios endureció el corazón de Faraón. Pero la pregunta sigue en pie: ¿Cómo endureció Dios el corazón de Faraón? [7] Lutero argumentaba que se trataba de un endurecimiento pasivo y no activo. En otras palabras, Dios no creó ninguna nueva maldad en el corazón de Faraón. Ya existía suficiente maldad en el corazón de Faraón para que este se inclinara a resistir la voluntad de Dios siempre que pudiera. Todo lo que Dios tiene que hacer para que alguien se endurezca es retirar su gracia de dicha persona y dejarla librada a sus propios impulsos hacia el mal. Esto es precisamente lo que Dios hace a quienes están condenados en el infierno. Los abandona a su propia maldad.[8]

¿En qué sentido “odió” Dios a Esaú?

Hay dos explicaciones propuestas para resolver este problema. La primera de ellas lo explica definiendo al odio no como una pasión negativa dirigida hacia Esaú sino simplemente como la ausencia de amor redentor. Que Dios “amó” a Jacob significa sencillamente que hizo de Jacob el objeto de su gracia inmerecida. Le dio a Jacob un beneficio que Jacob no merecía. Esaú no recibió el mismo beneficio y en dicho sentido fue odiado por Dios.[9] Esta primera explicación suena un poco rebuscada, parece querer evitar que se pueda decir que Dios puede odiar a alguien. La segunda explicación le da más fuerza a la palabra odio. Según esta segunda explicación Dios efectivamente odió a Esaú. Esaú era odioso a la vista de Dios. No había nada en Esaú que Dios pudiera amar. Esaú era un vaso solo digno de ser destruido y merecedor de la ira y el odio santo de Dios. Que el lector decida con cuál explicación se queda.

P.S. Los editores de Teología para vivir se inclinan por la primera postura, al mismo tiempo que niegan la postura hipercalvinista de doble predestinación activa-activa. La misma que es explicada con más detalle aquí. 

Conclusión:

  1. La predestinación es una doctrina difícil que debe ser tratada con delicadeza.
  2. La Biblia nos enseña la doctrina de la predestinación.
  3. Muchos cristianos definen la predestinación en función del previo conocimiento de Dios.
  4. El punto de vista de la Reforma no considera al previo conocimiento como una explicación de la predestinación bíblica.
  5. La predestinación se basa en la elección de Dios, no en la elección de los seres humanos.
  6. Las personas en su estado natural no tienen ningún deseo de escoger a Cristo.
  7. Dios no escoge a todos. Se reserva el derecho de tener misericordia sobre quien quiera.
  8. Dios no trata a nadie injustamente.
  9. La predestinación es doble; tiene dos facetas.
  10. Algunos enseñan que Dios es igualmente responsable de la elección y de la condenación. Esto es característico del hipercalvinismo.
  11. La posición sostenida por la Reforma es que la doble predestinación refleja un esquema positivo-negativo (activo-pasivo)
  12. Dios endureció el corazón de Faraón en forma pasiva, no activa.
  13. Dios odió a Esaú en el sentido de que no le dio la bendición de la gracia, o en el sentido de aborrecerlo, de considerarlo un objeto digno de ser destruido.

Tomado de: R.C. Sproul, Las grandes doctrinas de la Biblia (Miami, FL: Editorial Unilit, 1996), 185-191.

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Acerca del autor:

r-c-sproulRobert Charles Sproul (1939-). Westminster College, Pennsylvania (BA), Pittsburgh-Xenia Theological Seminary (M.Div.), Free University of Amsterdam (PhD), Whitefield Theological Seminary (PhD). Ha sido profesor de teologia en diversos seminarios en los Estados Unidos. Es un conocido teólogo y pastor americano, autor de muchos libros. Es fundador y director de “Ministerios Ligonier”, y conduce un programa de radio diario llamado ‘Renovando tu mente’. Sproul ha servido como pastor en la Iglesia de Saint Andrews en Florida (US). Actualmente trabaja con la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCA), y ha sido miembro también de la ‘Alianza de Evangélicos Confesantes’ (Alliance of Confessing Evangelicals). Es autor de mas de 100 libros, de los cuales estan disponibles en español; “Las Grandes Doctrinas de la Biblia” (1996); “Como estudiar e interpretar la Biblia”(1996); “Escogidos por Dios” (2002); “La Santidad de Dios” (1998); entre muchos otros.

Notas: 

[1] 2 Tesalonicenses 2.13–15 Pero nosotros siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, hermanos amados por el Señor, porque Dios los ha escogido desde el principio para salvación mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad. Fue para esto que El los llamó mediante nuestro evangelio, para que alcancen (ganen) la gloria de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos, estén firmes y conserven (retengan) las doctrinas que les fueron enseñadas, ya de palabra, ya por carta nuestra.

[2] Romanos 8.30 A los que predestinó, a ésos también llamó. A los que llamó, a ésos también justificó. A los que justificó, a ésos también glorificó.

[3] Juan 13.18 “No hablo de todos ustedes. Yo conozco a los que he escogido; pero es para que se cumpla la Escritura: ‘El que come Mi pan ha levantado contra Mi su talon.’

[4] Proverbios 16.4 Todas las cosas hechas por el Señor tienen su propio fin, Hasta el impío, para el día del mal.

[5] Romanos 9.14–15 ¿Qué diremos entonces? ¿Que hay injusticia en Dios? ¡De ningún modo! Porque El dice a Moisés: “Tendre misericordia del que Yo tenga misericordia, y tendre compasion del que Yo tenga compasion.”

[6] Efesios 1.3–6 Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de El. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de Su voluntad, para alabanza de la gloria de Su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado.

[7] Éxodo 7.3 “Pero Yo endureceré el corazón de Faraón para multiplicar Mis señales y Mis prodigios (milagros) en la tierra de Egipto.

[8] Judas 1:4 Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo.

[9] Romanos 9.11–13 Porque cuando aún los mellizos no habían nacido, y no habían hecho nada, ni bueno ni malo, para que el propósito de Dios conforme a Su elección permaneciera, no por las obras, sino por Aquél que llama, se le dijo a Rebeca: “El mayor servira al menor.” Tal como está escrito: “A Jacob ame, pero a Esau aborreci.”