Por J.C. Ryle

“Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos limpias, sin ira ni contienda.” (1 Timoteo 2:8)

“Los Hombres deben orar siempre.” (Lucas 18:1)

La oración es el asunto más importante para vivir la vida cristiana. Otras cosas son muy importantes; la lectura de la Biblia, guardar el día del Señor, asistir a la Iglesia, escuchar la predicación y participar de la cena del Señor. Pero ninguna de estas cosas es tan importante como la oración secreta.

La oración es absolutamente necesaria

La oración es absolutamente necesaria para nuestra salvación. Ninguno que profesa ser creyente puede ser salvo sin orar. Yo sostengo tan fuertemente como cualquier otro, que la salvación es un don gratuito de Dios. Podría hablar al pecador más grande que jamás ha vivido, aún si estuviera viejo y muriéndose, y le diría “cree en el Señor Jesucristo, aún ahora, y serás salvo”. Pero no puedo encontrar que la Biblia enseñe que alguien puede ser salvo sin pedirlo. Aunque nadie será salvo por el mérito de sus oraciones, nadie será salvo sin la oración.

No es absolutamente necesario para la salvación que uno lea la Biblia. Puede ser que uno no haya aprendido a leer o que nació ciego, y sin embargo puede tener a Cristo. Un hombre sordo, o alguien que vive en donde el evangelio no es predicado, puede ser salvo sin escuchar la predicación pública del evangelio. Pero nadie puede ser salvo sin la oración.

Hay ciertas cosas que uno tiene que hacer por sí mismo. Cada uno tiene que atender a las necesidades de su propio cuerpo y su propia mente. Nadie puede comer, beber, o dormir en nuestro lugar. Y si usted tiene que aprender algo, nadie lo puede aprender en su lugar. Y es lo mismo en cuanto a sus necesidades espirituales. Nadie puede arrepentirse en su lugar. Nadie puede venir a Cristo en lugar suyo. Y nadie puede orar en lugar de usted. Usted mismo tiene que orar.

Llegamos a conocer a otras personas en este mundo hablando con ellas. Si no hablamos con ellas no les podemos conocer realmente. En forma semejante, no podemos conocer a Dios sin orar a El, y si no le conocemos, ciertamente no podremos ser salvos por El.

Algún día, el cielo será lleno con una “gran multitud la cual nadie podía contar.” (Apo. 7:9) Pero todas estas personas cantarán a una misma voz. Su experiencia habrá sido la misma. Cada uno habrá creído en Cristo. Cada uno habrá sido lavado en su sangre. Cada uno habrá nacido de nuevo. Y cada uno habrá orado. A menos que oremos en la tierra, nunca podremos llegar a alabar en el cielo.

En pocas palabras entonces, no orar es estar sin Dios, sin Cristo, sin gracia, sin esperanza y sin el cielo. Es estar en el camino hacia el infierno.

Acerca del autor:
ryle1bJohn C. Ryle (1816-1900), teólogo y pastor anglicano, nació en una familia acomodada ingles. Fue educado en la Universidad de Oxford, donde recibió su bachiller en humanidades, y posteriormente una Maestría y Doctorado. Escribió numerosas obras en ingles, muchas de las cuales han sido traducida al español. Entre sus obras mas importantes tenemos; “Lideres Cristianos del Siglo Dieciocho”, “Pensamientos Expositivos en los Evangelios: (4 volumenes)”, “La Santidad: Su naturaleza, obstáculos, dificultades y raíces”, entre otros.

 

Adaptado de: J. C. Ryle, “Prayer” in Practical Religion: Being Plain Papers on the Daily Duties, Experience, Dangers, and Privileges of Professing Christians (London: Charles Murray, 1900). 63-97