Es difícil saber con certeza cuál ha sido la enseñanza que ha dañado más a la Iglesia en Latinoamérica, y cual de entre todos los versos en la Biblia ha sido el más mal usado, pero sin duda 2 Corintios 3:6b, es uno de los candidatos fuertes a “Versos más usados por el diablo”. “Porque la letra mata, mas el espíritu vivifica.” (2 Cor. 3.6b). Ha sido usado para aislar a la Iglesia de la Palabra de Dios, y del Espíritu Santo mismo. Esta enseñanza a ayudado a perpetrar el status quo de mucha falsa enseñanza. El diablo también cita la Biblia a su favor.

Interpretación usual del verso.

La interpretación del verso en líneas generales ha sido la siguiente: “La letra, es decir los Estudios de la Biblia (Estudios Teológicos) te alejan de Dios, mientras que la comunión con el Espíritu Santo te acerca a Dios.” Pero, ¿Cuál es el problema con esta interpretación? Tal interpretación es diabólica, y asume erradamente lo siguiente:

  1. La letra en el pasaje se refiere al estudio de la Biblia. La vivificación del Espíritu Santo se produce aparte de la Palabra.
  2. El Espíritu Santo opera de manera independiente de la Palabra. Es decir, alguien puede crecer en comunión con Dios y madurez a la semejanza de Cristo Jesús sin la renovación de su mente a través de las Escrituras.
  3. La Palabra opera de manera independiente del Espíritu. Es decir, el estudio de las Escrituras puede llevarse a cabo aparte del Espíritu Santo, de manera puramente intelectual.

¿Cuál es el peligro de tal interpretación?

A. Para comenzar es una contradicción en sí misma, debido a que esa afirmación es en sí misma una afirmación teológica. Es como el estudiante que una vez me dijo: “Yo no necesito (o tengo), una teología, solo necesito el Espíritu Santo”, a lo cual respondí: “Gracias por su contribución teológica.” Casi puedo imaginar un dialogo imaginario:

  • Pastor: “No debes estudiar la Biblia” –
  • Creyente:  ¿Por qué? –
  • Pastor: “Porque la Biblia lo dice” –
  • Creyente: ¿Cómo lo sabes? –
  • Pastor: “Por mi estudio de la Biblia”

¿Hasta qué punto una persona puede llegar a nublar el uso de su mente para no notar la contradicción?

B. En segundo lugar, no tiene nada que ver con lo que Pablo enseña en ese pasaje, sino que destruye algunas de las doctrinas esenciales del Evangelio. Es tan dañina que vacuna a las personas de siquiera poder verificar si tal interpretación dada es la correcta, condenándoles así a la mentira. Cualquier forma de cristianismo que enseñe que la persona debe desconectar su intelecto para alcanzar la espiritualidad abre la puerta a la acción demoniaca.

C. Tercero, previene el obrar del Espíritu Santo en tal persona o sistema religioso. El Espíritu Santo es libre de obrar según le plazca, sin embargo, en Su Soberanía ha elegido obrar a través de exposición de las Escrituras, “agrado a Dios salvar a los creyentes mediante la locura de la predicación” (1 Cor. 1.21) a fin de llevar a pecadores al arrepentimiento a Cristo. Y es que el Espíritu no obra en contra de la Palabra que El mismo ha inspirado, “Él no puede negarse a sí mismo” (2 Ti. 2.13).[1] Prohibir a una persona que estudie las Escrituras, usando todo su ser (emociones, voluntad e intelecto), no abre la puerta al obrar del Espíritu Santo sino a espíritus demoniacos. De esta manera se previene la madurez espiritual en la vida del creyente. ¿Puede el Espíritu obrar, aunque de manera de inusual, a través de un mal uso de las Escrituras? Si. Pero en este caso no lo hace ‘debido’, sino ‘a pesar de’.

D. Cuarto, el asumir que alguien puede comprender las implicancias éticas del evangelio aparte del Espíritu Santo, no solo es una mala teología o creencia, sobre el Espíritu Santo, sino también de la Palabra, y del Hombre. El hombre por naturaleza está muerto en delitos y pecados (Efesios 2.1-4), y tanto su intelecto, como su voluntad y emociones se aman a sí mismos en lugar de a Dios. Es decir, que un sistema teológico desarrollado aparte del Espíritu Santo, aunque pueda tener algunos destellos de verdad por la gracia común del Señor, es un sistema falso, aunque use las Escrituras. Como el mismo Atanasio diría en su obra sobre la Encarnación de nuestro Señor:

“Para el estudio de las Escrituras y el verdadero conocimiento de ellas, se necesita una vida honorable y un alma pura, y esa virtud se conforma a Cristo, para que el intelecto, siendo guiado por ese camino, obtenga lo que desea y lo comprenda, en la medida en que sea accesible a la naturaleza humana comprender acerca de la Palabra de Dios. Porque sin una mente pura y una vida modelada tras las de los santos, un hombre no podría comprender las palabras de los santos.[2]

Es decir, que no se trata de usar o no usar el intelecto, sino más bien ¿Esta mi intelecto, en el estudio de la Palabra, consagrado a Dios?

¿Qué significa entonces, ‘la letra mata, pero el Espíritu vivifica’?

2 Corintios 3.5–6 No que seamos suficientes en nosotros mismos para pensar que cosa alguna procede de nosotros, sino que nuestra suficiencia es de Dios, el cual también nos hizo suficientes como ministros (servidores) de un nuevo pacto, no de la letra, sino del Espíritu. Porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.

En 2 Corintios 3.6, letra no se refiere al estudio, mucho menos al estudio de las Escrituras. Sino que mas bien, letra (gramma) se refiere aquí a un documento, ya sea en forma de libro o manuscrito,[3] o también a un libro relativamente largo.[4] Es una referencia al Viejo Pacto en contraposición al Nuevo Pacto. Es usada en contraposición al Espíritu tres veces en las cartas de Pablo (Ro. 2.29, 7.6; 2 Cor. 3.6). Sin embargo, La ‘letra’ no se refiere a los códigos moral aquí no de la Ley, debido a que en referencia a los mismos Pablo usa un término griego diferente,[5] en adición, Pablo tiene una alta estima por el Antiguo Testamento, nunca se referiría al estudio del mismo como “mata”. Y aunque Pablo usa la frase ‘La letra’ como un sinónimo para la Ley mosaica,[6] la misma no es en sí misma mala sino que “la Ley es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno.” (Ro.7.12). Lo malo es querer usarla para obtener nuestra salvación por nuestros propios medios. Es decir, que se refiere aquí al esfuerzo humano por auto justificarse delante de Dios a través de guardar la Ley. [7] El esfuerzo humano por guardar la Ley no puede producir una renovación en sí misma, sino que tiene que ser efectuada por el Espíritu Santo.[8] Debido a que nadie puede guardar perfectamente los mandamientos de Dios, el ser humano está bajo la maldición que viene consecuencia de esto, maldición que Cristo mismo llevo en la Cruz del Calvario. La letra, es decir, los mandamientos de Dios, matan a aquellos que los quieren usar como un medio para justificarse por sus propios méritos delante de Dios.[9]

Conclusión.

Hay tres tipos de personas que están leyendo este artículo. Permítase dirigirme a cada una de ellas por separado:

  1. Aquellos para los que lo mencionado en este artículo sobre no es nada nuevo. No dividas a tu Iglesia. La Biblia también es clara que a no ser por razones muy específicas (pecado flagrante entre los líderes u herejía), las divisiones en una Iglesia no provienen de Dios. Nuestras Iglesias en Latinoamérica han sufrido mucho de parte de aquellos que pensando que hacían la obra de Dios han hecho la obra del diablo creando divisiones en Iglesias. Comparte este mensaje con humildad, enseña a otros con paciencia, ora en el Espíritu.
  2. Aquellos que desconocían el significado, pero ahora conocen. “Es inmaduro aquel que, habiéndole tomado años comprender una verdad bíblica, juzga como menos espirituales o tontos a aquellos que no lo hacen.” Solo hay una cosa peor que no saber, y es saber sin actuar. Te animo a que escudriñes las Escrituras, con todo tu ser.
  3. Aquellos que conocen el significado, pero no les importa. Juan Calvino solía decir: “Es el espíritu de Satanás el que obra de manera independiente de la Palabra, la misma Palabra a la que el Espíritu de Dios está constantemente unida.” [10] Querido amigo, si no eres parte de la solución, eres parte del problema. Si hiciste algo por ignorancia de las Escrituras, como para mi vergüenza muchas veces lo he hecho y sigo haciendo, arrepiéntete. Examínate a ti mismo, pues ¿Cómo puedes que amas a Cristo sin amar la Palabra que habla de Él?

Que Dios te bendiga,

Daniel Caballero.

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Acerca del autor:
Daniel CaballeroDaniel Caballero nació en Lima, Perú. BSc. Universidad Nacional Agraria La Molina. BA, Seminario Teológico Bautista (Lima); Postgrado en Teología, The London Theological Seminary (Londres), ThM-Teologia Histórica., Westminster Theological Seminary (PA-USA). Esta por iniciar estudios doctorales en Inglaterra sobre Historia de la Reforma (siglo XVI) y Post-Reforma (siglo XVII). Especialización en John Owen y Puritanismo ingles. Daniel ha escrito numerosos artículos sobre puritanismo, teología bíblica y cultura. Su campo de especialización es en estudios de la Reforma y Post-Reforma (Puritanismo). Ha vivido por casi siete años en Inglaterra, donde tuvo la oportunidad de profundizar estudios Teológicos. Es misionero enviado de Inglaterra para el servicio en desarrollo de educación teológica en Perú. Actualmente vive en Lima, Peru. Tiene experiencia desde muy joven en educación teológica.

Notas:

[1] Aunque en el verso se refiere a la segunda persona de la Trinidad, todas las personas de la Trinidad comparten los mismos atributos morales. Es decir, si decimos que el Hijo es fiel, también podemos decir que el Espíritu es fiel, y que el Padre es fiel y viceversa.

[2] Athanasius of Alexandria, «On the Incarnation of the Word», en St. Athanasius: Select Works and Letters, ed. Philip Schaff y Henry Wace, trans. Archibald T. Robertson, vol. 4, A Select Library of the Nicene and Post-Nicene Fathers of the Christian Church, Second Series (New York: Christian Literature Company, 1892), 67.

[3] Johannes P. Louw y Eugene Albert Nida, Greek-English lexicon of the New Testament: based on semantic domains (New York: United Bible Societies, 1996), 394. (LN 33.50)

[4] William Arndt, Frederick W. Danker, y Walter Bauer, A Greek-English lexicon of the New Testament and other early Christian literature (Chicago: University of Chicago Press, 2000), 205. (BAGD 2.c.)

[5] David E. Garland, 2 Corinthians, vol. 29, The New American Commentary (Nashville: Broadman & Holman Publishers, 1999), 163–164.

[6] Murray J. Harris, The Second Epistle to the Corinthians: a commentary on the Greek text, New International Greek Testament Commentary (Grand Rapids, MI; Milton Keynes, UK: W.B. Eerdmans Pub. Co.; Paternoster Press, 2005), 272.

[7] Colin G. Kruse, 2 Corinthians: an introduction and commentary, vol. 8, Tyndale New Testament Commentaries (Downers Grove, IL: InterVarsity Press, 1987), 93.

[8] Charles Hodge, An exposition of the Second epistle to the Corinthians. (New York: A. C. Armstrong & Son, 1891), 56–57.

[9] Ralph P. Martin, 2 Corinthians, vol. 40, Word Biblical Commentary (Dallas: Word, Incorporated, 1998), 55.

[10] John Calvin y William Pringle, Commentary on the Book of the Prophet Isaiah, vol. 4 (Bellingham, WA: Logos Bible Software, 2010), 271. (Isaias 59.21)