El presente artículo es una adaptación del siguiente articulo:

L. Baker, «TEOLOGIA BIBLICA», ed. Sinclair B. Ferguson, David F. Wright, y J. I. Packer, trans. Hiram Duffer, Nuevo diccionario de Teología (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 2005), 905–909.

Parece que el término “teología bíblica” se usó primeramente hacia mediados del siglo XVII, en contraste deliberado con la teología escolástica. Se intentó que se refiriera a una teología basada en la Biblia, a diferencia de una teología que consistía principalmente de ideas filosóficas y tradiciones religiosas.

Desde entonces, “teología bíblica” ha llegado a significar algo diferente. De acuerdo con el significado anterior, la teología bíblica era teología dogmática, basada en la Biblia o consistente con ella. El significado moderno se refiere a un estudio histórico de la teología que se encuentra en la Biblia misma. En principio, la teología bíblica es más objetiva porque su propósito es el de descubrir qué teología existe en la Biblia, sin necesariamente juzgar de antemano la autoridad de esa teología o relacionarla con una tradición religiosa en particular.

Para el cristiano que reconoce la Biblia como revelación divina, ciertamente tendrá una pertinencia sumamente práctica, tal como lo expresó Harrington: “La teología bíblica… en realidad es nuestra búsqueda a través de las Escrituras para encontrar la vida —vida eterna.”[1]

Surge un problema respecto a la validez de usar la palabra “teología” en relación con el contenido de la Biblia. Si “teología” se entiende como una presentación sistemática de la doctrina de Dios, entonces se encuentra sólo en un grado muy limitado en la Biblia. Sin embargo, en el uso convencional, la palabra frecuentemente tiene un significado más amplio y puede incluir casi cualquier referencia a la naturaleza de Dios y su actividad. En el término “teología bíblica” debemos entender este significado más amplio.

La historia de la teología bíblica

La Reforma.

“La historia debe remontarse hasta la Reforma, cuando la exégesis de un Martín Lutero y un Juan Calvino permitió que las Escrituras se abrieran y hablaran con un poder y una claridad que puso a trabajar nuevas fuerzas regeneradoras no sólo en la iglesia sino en el mundo occidental en su totalidad.”[2] Aunque parece que el término “teología bíblica” no se usaba en ese tiempo, bien podía decirse que resume los propósitos de los reformadores. Uno de sus principios fue sola Scriptura, “la Escritura sola”, y su interés principal fue el de verificar la teología de la Biblia y asegurarse que fuera la base de la teología cristiana.

Johann Philipp Gabler (1753–1826).

En el siglo XVII el término “teología bíblica” se usó con referencia a una reforma de la teología dogmática, como hemos visto, pero en 1787 Gabler propuso un nuevo enfoque, haciendo una distinción clara entre las dos. Definió la teología bíblica como una disciplina descriptiva en contraste con la disciplina constructiva de la teología dogmática: “La teología bíblica es de carácter histórico y expone lo que los escritores sagrados creían acerca de los asuntos divinos; por el contrario, la teología dogmática es de carácter didáctico y enseña lo que un teólogo en particular decide filosófica y racionalmente acerca de los asuntos divinos, de acuerdo con su carácter, tiempo, edad, lugar, secta o escuela, y otras influencias semejantes.”[3] Gabler mismo nunca escribió una teología bíblica, pero el principio que estableció llegó a ser la base para toda obra futura en la materia.

Crítica histórica.

Durante el siglo XIX el interés en la teología bíblica disminuyó debido al surgimiento de la crítica histórica. La mayoría de los eruditos se ocupaban en desarrollar el enfoque histórico-crítico de la Biblia, o en oponerse a él, y pocos se interesaban en la Biblia como un libro teológico. Varios libros que se publicaron con títulos como “Teología del AT” o “Teología del NT” de hecho eran realmente historias de la religión bíblica, no teologías. Con algunas excepciones notables (Johann von Hofman, 1810–77), el enfoque teológico de los reformadores de la Biblia fue reemplazado por uno estrictamente histórico.

Se suponía que esto era más objetivo y evitaba el prejuicio religioso. Hasta cierto punto era verdad, pero el problema fundamental fue que se interesaba sólo en los aspectos históricos de la Biblia y pasaba por alto los aspectos teológicos igualmente importantes. El resultado fue un cisma entre los eruditos bíblicos con su interés puramente histórico y cristianos comunes y corrientes que se preocupaban por el significado teológico práctico de la Biblia. Los estudiantes salían de las universidades y los seminarios preparados académicamente pero no preparados para el ministerio en la iglesia.

El “movimiento de la teología bíblica”.

Se señaló el principio de una revolución en los estudios bíblicos con la publicación en Alemania del comentario de Barth sobre Romanos. Fue seguido en la década de 1930 por la gran Theology of the Old Testament (Teología del Antiguo Testamento, 1933–39) por Walther Eichrodt y la obra programática de Wilhelm Vischer, The Witness of the Old Testament to Christ (El testimonio del Antiguo Testamento a Cristo, 1934). En el mundo de habla inglesa los escritos de H. Wheeler Robinson (1872–1945; AT) y C. H. Dodd fueron influyentes.

Se publicaron muchas obras sobre la teología bíblica en el período después de la Segunda Guerra Mundial, en lo que frecuentemente se ha llamado el “movimiento de la teología bíblica”. En relación con esto se ha mencionado una gran variedad de eruditos prominentes, tales como Rudolf Bultmann, Oscar Cullmann, Gerhard von Rad (1901–71), Joachim Jeremias (1900–79), Ernst Kasemann y Martin Buber en Alemania; Gabriel Hebert (1886–1963), H. H. Rowley (1890–1969) y Alan Richardson en Gran Bretaña; y G. E. Wright (1909–74), Paul Minear (nació 1906), John Bright (nació 1908), James Smart y John McKenzie en los Estados Unidos. Childs resumió cinco de los énfasis principales del movimiento: el redescubrimiento de la dimensión teológica, la unidad de toda la Biblia, la revelación de Dios en la historia, la calidad distintiva de la mentalidad bíblica (el pensamiento hebreo en contraste con el pensamiento griego), y el contraste entre la Biblia y su ambiente.

Es debatible si un grupo tan diverso de teólogos y teologías puede llamarse legítimamente un “movimiento”. Probablemente sólo el primero de los cinco énfasis de Childs sería aceptado por todos los eruditos nombrados arriba. Sin embargo, no hay duda de que hubo un avivamiento y un desarrollo de la teología bíblica y que tuvo un efecto revolucionario en el estudio bíblico y teológico. Aparecieron varias revistas nuevas, tales como Interpretation (Interpretación, 1947), que publicaban artículos importantes sobre la Biblia y la teología. En Alemania se avanzó ininterrumpidamente en el monumental Theological Dictionary of the New Testament (Diccionario teológico del Nuevo Testamento, 1933–79, 1964–76) de Gerhard Kittel (1888–1948), y se emprendió una serie importante de comentarios con un énfasis distintivamente teológico en 1952 con el título Biblical Commentary on the Old Testament (Comentario bíblico sobre el Antiguo Testamento). La Editorial SCM dio principio a su larga serie de “Studies in Biblical Theology” (Estudios en la teología bíblica, 1950) y se escribieron muchas obras importantes sobre las teologías del AT y del NT.

La teología bíblica en la actualidad.

No sorprende que hubiera reacciones negativas al “movimiento de teología bíblica” de parte de la erudición bíblica establecida, y esto fue especialmente verdad en los Estados Unidos. Uno de los críticos más francos durante la década de 1960 fue James Barr, quien demostró que era una simplificación exagerada el contrastar el pensamiento hebreo con el griego, y que no debía recalcar demasiado la revelación en la historia en comparación con otras formas de revelación. Childs (1970) hasta afirmó que el movimiento se había desintegrado. Sin embargo, aunque se han tenido que modificar algunos de sus aspectos, su hazaña más fundamental es válida, el demostrar la dimensión teológica de la Biblia.

La teología bíblica ha llegado a ser aceptada gradualmente como una parte esencial de la interpretación bíblica, al lado del estudio lingüístico, literario e histórico. Esto se ha dejado notar en el contenido teológico cada vez mayor en los tomos progresivos de la “New Century Bible” (Biblia del Nuevo Siglo) y “Anchor Bible” (Biblia del Ancla), y varias series de comentarios con un énfasis teológico específico (v.gr. la “Old Testament Library” [Biblioteca del Antiguo Testamento], “International Theological Commentary” [Comentario Teológico Internacional], “Interpretation” [Interpretación]).

La unidad de la Biblia

En la práctica la teología bíblica generalmente se ha dividido en teología del AT y teología del NT. Sólo pocas obras han intentado una relación de la teología bíblica como un todo (Burrows 1946; Vos 1948) o considerado temas específicos en el contexto de toda la Biblia (Rowley 1953; Bauer 1959; Bruce 1968). Por lo general el estudio de la Biblia sigue dividido en dos, con poco contacto entre la teología del AT y la teología de NT, a pesar del reconocimiento teórico que cada una hace de la importancia de la otra. Más recientemente los estudios de Gese (1977), Terrien (1978) y Cronk (1980) han renovado el esfuerzo por escribir una teología bíblica, pero en una escala relativamente pequeña. Sin duda una razón para esto es la magnitud de la tarea. Habiendo más y más información disponible y opiniones que tomar en cuenta, se hace cada vez más difícil escribir una teología de todo el AT o todo el NT, mucho menos de toda la Biblia.

Otra razón más fundamental es una persistente incertidumbre respecto a la relación entre el AT y el NT. El rechazo de Marción del AT como un libro judío sin valor para los cristianos ya no se recomienda explícitamente, pero todavía muchos cristianos tienen reservas y se sienten inseguros acerca de su uso en la iglesia. La base teológica de la relación entre los testamentos se ha expuesto en muchas obras eruditas, por medio de conceptos tales como el reino de Dios, la historia de la salvación, la promesa y el cumplimiento, la tipología, etc. Ha habido acuerdo general en que la relación es compleja, que envuelve tensión entre la continuidad y la discontinuidad, la unidad y la diversidad. Por un lado se ha reafirmado la unidad de la Biblia, junto con la importancia vital de cada uno de los testamentos que las constituyen. Por otro lado ha habido un reconocimiento más profundo de que el AT y el NT son diferentes en cuanto a su función y autoridad, y sencillamente sus teologías no se pueden combinar para crear una “teología bíblica”. Por lo tanto, una meta principal de la teología bíblica es lograr una comprensión de la Biblia como un todo que dé plena consideración tanto a su unidad como a su diversidad.

La naturaleza y el contenido de la teología bíblica

Cualesquiera que sean las críticas que puedan hacerse en contra de enfoques particulares a la teología bíblica, se ha establecido el principio esencial: la Biblia es un libro teológico y no puede interpretarse apropiadamente sin referencia a su teología. Esto no es para negar que la Biblia también contiene literatura e historia ni justificar alguna interpretación de la Biblia que las pasa por alto. El asunto es sencillamente que la Biblia contiene mucha teología, en el sentido amplio de pensamiento y enseñanza acerca de Dios y su actividad, y esta teología es de importancia fundamental para la fe cristiana. Por consiguiente la erudición bíblica necesita dar cuando menos tanta atención a la teología bíblica como a la historia y la literatura bíblicas.

El asunto de la teología bíblica es la Biblia como un todo. Esto no quiere decir necesariamente que se debe estudiar toda la Biblia a la vez, sino que cada texto y tema individual debe entenderse en el contexto del todo. Podemos estudiar la teología de los Salmos o de Pablo, el concepto del sufrimiento en Job o del Espíritu en Juan, mientras se reconoce que tales estudios se ocupan solamente con un aspecto del testimonio bíblico y necesitarán suplementarse y complementarse de otras fuentes antes de que puedan llamarse verdaderamente “teología bíblica”.

La teología bíblica desempeña un papel vital tanto en los estudios bíblicos como en la teología dogmática, y de hecho llena un vacío entre los dos. Puesto que su propósito es establecer la teología contenida en la Biblia y expresada por ella, emplea exégesis bíblica que, por medio de la crítica textual, literaria e histórica, establece la intención de textos específicos. A su vez, proporciona los materiales con los cuales la teología dogmática tiene que construir, procurando establecer la enseñanza de la iglesia. Tomando como su asunto la Biblia como un todo, la teología bíblica necesita la obra de los exegetas bíblicos sobre textos bíblicos individuales. También es esencial para la tarea de la teología dogmática de relacionar el dogma con la Biblia, la tradición eclesiástica, la filosofía, la cultura, etc.

Es importante apreciar el papel de la teología bíblica como intermediaria entre la exégesis y la dogmática. Ninguna de estas disciplinas puede existir sola ni ser omitida. Sin una exégesis a fondo la teología bíblica será superficial. Sin la teología bíblica la iglesia está expuesta a acercarse a la Biblia como una colección de textos de prueba, escogiendo los que van de acuerdo con sus intereses particulares y pasando por alto el testimonio de la Biblia como un todo. Sin la teología dogmática la Biblia seguirá siendo un libro antiguo de una cultura extranjera, no relacionada con el mundo moderno. Demasiadas veces la exégesis bíblica y la teología dogmática se han practicado independientemente la una de la otra y de la teología bíblica. Recientemente ha habido una tendencia hacia una cooperación creciente entre las tres disciplinas y esto hace esperar una comprensión mucho mejor de la Biblia y su teología, y por lo tanto de la fe cristiana, en los años venideros.[4]

Mas artículos sobre el tema aquí. 

Autor:

D.L. Baker. Tomado de: D. L. Baker, «TEOLOGIA BIBLICA», ed. Sinclair B. Ferguson, David F. Wright, y J. I. Packer, trans. Hiram Duffer, Nuevo diccionario de Teología (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 2005), 905–909.

Notas: 

[1] W. J. Harrington. The Path of Biblical Theology. Dublin, (1973), 18.

[2] J. D. Smart. The Past, Present and Future of Biblical Theology. Filadelfia, (1979), 49

[3] J. Bright. The Authority of the Old Testament. Nashville, TN, (1967), 114.

[4] D. L. Baker, «TEOLOGIA BIBLICA», ed. Sinclair B. Ferguson, David F. Wright, y J. I. Packer, trans. Hiram Duffer, Nuevo diccionario de Teología (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 2005), 905–909.