El Nuevo Testamento no tiene normas diferentes para los clérigos “profesionales” y los ancianos o pastores laicos. La razón es simple. No hay tres oficios distintos—pastor profesional, anciano y diácono—en la iglesia local del Nuevo Testamento. Hay solamente dos oficios, ancianos y diáconos. [En este artículo, usamos anciano y pastor como sinónimos]. Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, cualquier hombre de la congregación que desee pastorear al pueblo del Señor y que cumpla con los requerimientos de Dios para el oficio, puede ser un anciano pastor.

Como lo muestran las tres listas que siguen, Dios no requiere riqueza, condición social, edad madura, grados académicos superiores, ni siquiera grandes dones espirituales de quienes desean pastorear a su pueblo. Hacemos un gran daño a la congregación y a la obra de Dios cuando agregamos nuestros requisitos arbitrarios a los que Dios ha establecido. Los requerimientos puestos por el hombre inevitablemente excluyen a los hombres calificados y necesarios, del liderazgo pastoral de la iglesia. Rolland Allen (1868–1947), conocido misionero en la China e influyente escritor misionero, lamentaba en su tiempo este problema:

Estamos tan enamorados de los requisitos que hemos añadido a los dados por los apóstoles, que negamos las aptitudes de cualquiera que posee solamente estos dones, mientras pensamos que un hombre plenamente calificado es quien posee solamente los nuestros. Un joven estudiante recién salido de un seminario teológico carece de muchas de las aptitudes que los apóstoles consideraban necesarias para un líder de la casa de Dios: la edad, la experiencia, la posición y reputación establecidas, aun cuando tenga todas las demás. Sin embargo a éste jovencito lo consideramos calificado y al hombre que posee todos los requisitos apostólicos lo descalificamos, solo porque no puede volver al seminario y aprobar un examen.[1]

¿Qué requiere el Nuevo Testamento de los que dirigen el rebaño?

Para ser fieles a las Sagradas Escrituras y al plan de Dios para la iglesia local, debemos abrir el liderazgo pastoral de la iglesia a todos los hombres de la iglesia llamados por el Espíritu Santo (Hechos 20:20)[2] y que cumplen con los requisitos apostólicos. Aunque este plan pueda ser detestable para quienes tienen una mentalidad pastoral profesional, representa una mentalidad auténticamente apostólica. Según el Nuevo Testamento, los ancianos de la iglesia son todos los hombres de la iglesia local que desean dirigir el rebaño y que están bíblicamente calificados para hacerlo.

Los requisitos bíblicos se pueden dividir en tres categorías amplias en relación al carácter moral y espiritual, las habilidades y la motivación dada por el Espíritu.

Comparación de los requisitos de los ancianos/pastores
1 Timoteo 3:2–7 Tito 1:6–9 1 Pedro 5:1–3
1.     Irreprensible 1.     Irreprensible 1.     Que apaciente el rebaño de Dios, no por fuerza, sino voluntariamente
2.     Marido de una sola mujer 2.     Marido de una sola mujer 2.     No por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto
3.     Sobrio (de dominio propio, equilibrado)

 

3.     Que tenga hijos creyentes

 

3.     No imponiendo señorío sobre el rebaño, sino siendo ejemplo de la grey
4.     Prudente (sensible, de buen juicio) 4.     No soberbio
5.     Decoroso (de buenos modales, virtuoso) 5.     No iracundo
6.     Hospedador 6.     No dado al vino
7.     Apto para enseñar 7.     No pendenciero
8.     No dado al vino 8.     No codicioso de ganancias deshonestas
9.     No pendenciero (no agresivo) 9.     Hospedador
10.  Amable (indulgente) 10.  Amante de lo bueno
11.  Apacible (no contencioso) 11.  Sensible (véase prudente)
12.  No codicioso de ganancias deshonestas 12.  Justo (de conducta recta, que respeta la ley)
13.  Que gobierne bien su casa 13.  Santo (devoto, que agrada a Dios, leal a su Palabra)
14.  No un neófito 14.  Dueño de sí mismo
15.  Que tenga buen testimonio de los de afuera 15.  Retenedor de la palabra fiel, para exhortar y refutar

¿Cuál debe ser el carácter Moral y Espiritual?

La mayoría de los requisitos bíblicos se relacionan con las cualidades morales y espirituales: Irreprensible. El primer y más importante requisito es el de ser “irreprensible”. Lo que significa “irreprensible” se define por las cualidades de carácter que siguen al término. En ambas listas de Pablo de los requisitos para los ancianos, la primera virtud específica de carácter que se enumera es “marido de una sola mujer”. Esto significa que un anciano debe ser irreprensible en su vida matrimonial y sexual. Señalando el acento bíblico en la fidelidad matrimonial y la pureza sexual, Robertson McQuilkin, autor del excelente libro An Introduction to Biblical Ethics (Introducción a la ética bíblica), escribe:

Las normas de Dios sobre la sexualidad humana son tratadas en las Escrituras como las reglas más importantes para las relaciones entre las personas. En el Antiguo Testamento, la enseñanza contra el adulterio aparece segunda después de la enseñanza sobre la idolatría. En el Nuevo Testamento, tanto Cristo como los apóstoles insistieron en la fidelidad matrimonial. Pablo incluye los pecados sexuales en cada una de sus muchas listas de pecados, y en la mayoría de los casos encabezan la lista y reciben un fuerte énfasis.[3]

Desde el comienzo, Dios advirtió severamente a su pueblo contra las prácticas sexuales corruptas de las naciones paganas. Ordenó a su pueblo que fueran santos y separados de las naciones, fieles al pacto del matrimonio, y sexualmente puros. En el capítulo dieciocho de Levítico, Moisés detalla todos los pecados sexuales de las naciones paganas que pronto rodearían a Israel. Dios advierte a su pueblo contra la práctica de tales pecados:

“En ninguna de estas cosas (prácticas sexuales depravadas) os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros… Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis con ellas. Yo Jehová, vuestro Dios” (Levítico 18:24, 30).

La necesidad de mantener la pureza también se enseñó en la comunidad del nuevo pacto. Pablo escribe: “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a los santos” (Efesios 5:3, cursiva del autor).

¿Por qué es tan importante la pureza sexual en el liderazgo?

Una de las estrategias más antiguas y eficaces de Satanás para destruir al pueblo de Dios es adulterar los matrimonios de quienes dirigen el pueblo de Dios (Números 25:1–5[4]; 1 Reyes 11:1–13; Esdras 9:1, 2)[5]. Satanás sabe que, si puede profanar los matrimonios de los pastores, las ovejas lo seguirán. Los requisitos matrimoniales y familiares específicos que Dios requiere de los ancianos son para proteger a toda la iglesia. Por eso la iglesia tiene la responsabilidad de insistir en que sus líderes cumplan con los requisitos antes de servir y mientras sirven. Tiene que hacerlo. Si la iglesia local no insiste en estos requerimientos, la gente se hundirá en la árida tierra de las prácticas sexuales y matrimoniales actuales.

Lo trágico es que muchas grandes denominaciones cristianas no han aprendido nada del Antiguo Testamento acerca de las consecuencias seguras de acomodarse a las normas de conducta sexuales seculares. En casi cada gran denominación cristiana, las leyes de Dios en relación con el matrimonio, el divorcio, la sexualidad y las diferencias de género están siendo descartadas y reemplazadas por la aceptación de las prácticas humanas más corruptas. Entre los líderes cristianos, el adulterio y otros pecados sexuales han llegado a niveles epidémicos.[6]

Entre las grandes denominaciones los divorcios y nuevos matrimonios entre clérigos difícilmente se consideren como cuestiones importantes. Como la revista Time acertadamente describe el campo religioso de hoy en día:

“Las denominaciones que una vez no toleraban ministros divorciados, ahora se encuentran debatiendo si aceptar ministros que son lesbianas reconocidas”.[7]

Las otras cualidades de carácter insisten en la integridad, el dominio propio y la madurez espiritual de los ancianos. Como los ancianos gobiernan el cuerpo de la iglesia, deben tener control propio en el uso del dinero, del alcohol, y del ejercicio de su autoridad pastoral. Puesto que deben ser modelos de vida cristiana, deben ser espiritualmente santos, justos, amantes de la verdad, hospitalarios y moralmente irreprensibles frente a la comunidad de no cristianos. En el trabajo pastoral, el poseer capacidades para cultivar relaciones es un factor fundamental. Por eso los ancianos pastores deben ser amables, estables, prudentes y no disputadores. Los hombres enojosos, violentos, hieren a las personas. De modo que un anciano no debe tener un espíritu dictatorial ni ser irascible, pendenciero u obstinado. Finalmente, un anciano no debe ser un cristiano nuevo. Debe ser un discípulo de Jesucristo espiritualmente maduro, humilde y experimentado.

¿Debe la vida sexual de los lideres ser continuamente examinada?

Al examinar los candidatos para el liderazgo de ancianos, la mayoría de las iglesias se fijan en las cualidades morales personales sólo superficialmente, en el mejor de los casos. John H. Armstrong, editor de la Reformation and Revival Journal (Revista de Reforma y Avivamiento) y autor de Can Fallen Pastors Be Restored? (¿Pueden ser restaurados los pastores caídos?) expresa su frustración por la falta de preocupación que muestran las iglesias cuando averiguan las cualidades morales personales de los candidatos. Escribe:

En todos mis años de servicio en concilios y comités, rara vez he escuchado que se le preguntara a un candidato: “¿Qué hay de su vida moral?” Podríamos discutir del matrimonio de un hombre, y eso frecuentemente de una manera superficial. Prácticamente nunca he escuchado que se le preguntara a un candidato: “¿Está usted en estos momentos sexualmente puro delante de Dios?” … Sencillamente no sondeamos en profundidad el asunto del carácter probado y la pureza personal.

En una época en que la mala conducta sexual es cosa común, tanto en la cultura como en gran parte de la iglesia, siento la necesidad de preguntar: “¿Por qué no hacemos esas preguntas antes de ordenar a un hombre?” Vivimos en una época en que las estadísticas sugieren que los hábitos en la iglesia no son tan distintos de los de la población general…

En los procedimientos de examen profesional tal vez hacemos una docena de preguntas de orientación doctrinal por cada una de carácter ético o moral. No estoy rebajando las preguntas doctrinales, ya que hay demasiados pastores dudosos y poco claros en este aspecto también, pero ¿por qué ignoramos casi absolutamente el aspecto sexual, el dinero y el poder? ¿Acaso no es en estas áreas donde aflorarán la mayoría de los fracasos éticos y morales?[8]

Armstrong sigue comentando:

Hace algunos años se me pidió que presidiera una comisión en mi denominación evangélica donde las tareas incluían las entrevistas a los hombres que serían ordenados, antes de que se reuniera el consejo.… Nuestra tarea era examinar, preguntar y luego recomendar. Cada año examinábamos un buen número de hombres. Más de la mitad de ellos no estaban preparados—doctrinal y/o personalmente—según mi punto de vista. Varias veces recomendamos a la iglesia que no ordenara a un hombre.

Con frecuencia la iglesia local ignoraba nuestro consejo y procedía sin nuestra aprobación, ordenando finalmente al hombre en alguna otra oportunidad. Lo que era particularmente preocupante era lo poco frecuente que el candidato o su congregación local se molestaban en averiguar nuestras razones para no recomendarlo (cursiva agregada).[9]

 Conclusión.

En la iglesia de Dios, lo que importa no es la voluntad del hombre sino la voluntad y los planes de Dios. De manera que los únicos hombres que cumplen los requisitos para el liderazgo de ancianos son aquellos a los que el Espíritu Santo ha provisto de la motivación y los dones para la tarea. Un liderazgo bíblico de ancianos entonces, es un equipo de pastores líderes bíblicamente calificados. Un grupo de ancianos no calificados no sirve de nada en la iglesia local. Estoy plenamente de acuerdo con el consejo de Jon Zens, editor del periódico Searching Together (Buscando juntos). Escribe: “Mejor no tener ancianos (pastores) que tener los equivocados”.[10] La iglesia local debe insistir fervorosamente en los líderes bíblicamente calificados, incluso si lleva años desarrollar esa clase de hombres.

Mas artículos sobre el tema, aquí.

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Articulo tomado de: Alexander Strauch, Liderazgo Biblico De Ancianos: Un Urgente Llamado a Restaurar El Liderazgo Biblico En Las Iglesias, trans. Dante N. Rosso (Cupertino, CA; Littleton, CO: DIME (Distribuidora Internacional de Materiales Evangélicos); Lewis and Roth Publishers, 2001), 82–87; 94.

Sobre el autor:

51tvmcltjbl-_ux250_Alexander Strauch es un conocido maestro de la Biblia. Crecio en New Jersey, (USA). Casado con Marilyn tienen cuatro hijos adultos y ocho nietos. Realizo estudios en Colorado Christian University (BA), así como en Denver Seminary (MDiv.). Ha servido como pastor por cuarenta años en la “Capilla de la Biblia Littleton”, en Denver (US). Strauch ha enseñado por muchos años Literatura del Nuevo Testamento en la Universidad Cristiana de Colorado, y regularmente en el Instituto Bíblico Emmaus. Es autor de mas de una docena de libros relacionados a ministerio pastoral, algunos de ellos han sido traducidos al español, entre los cuales tenemos: “Liderazgo Biblico De Ancianos: Un Urgente Llamado a Restaurar El Liderazgo Biblico En Las Iglesias “(2001); “Ama o Muere: Cristo llama a la iglesia a despertar del sueño espiritual: Apocalipsis 2:4.” (2013); “El diacono del Nuevo Testamento: La vital importancia de su funcion de acuerdo a los principios biblicos“(2013); “Liderando con Amor” (2010), etc.

Notas:

[1] Roland Allen, Missionary Methods: St Paul’s or Ours? (1912; reimp. Grand Rapids: Eerdmans, 1962), pgs. 83, 84.

[2] Hechos de los Apóstoles 20.20 “Bien saben cómo no rehuí declararles a ustedes nada que fuera útil, y de enseñarles públicamente y de casa en casa,

[3] Robertson McQuilkin, An Introduction to Biblical Ethics (Wheaton: Tyndale, 1989), pg. 191.

[4] Números 25.1–5 Mientras Israel habitaba en Sitim, el pueblo comenzó a prostituirse con las hijas de Moab. Y éstas invitaron al pueblo a los sacrificios que hacían a sus dioses, y el pueblo comió y se postró ante sus dioses. Así Israel se unió a Baal de Peor, y se encendió la ira del Señor contra Israel. Y el Señor dijo a Moisés: “Toma a todos los jefes del pueblo y ejecútalos delante del Señor a plena luz del día, para que se aparte de Israel la ardiente ira del Señor.” Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: “Cada uno de ustedes mate a aquéllos de los suyos que se han unido a Baal de Peor.”

[5] Esdras 9.1–2 Acabadas estas cosas, se me acercaron los príncipes y me dijeron: “El pueblo de Israel, los sacerdotes y los Levitas no se han separado de los pueblos de las tierras y sus abominaciones: de los Cananeos, Hititas, Ferezeos, Jebuseos, Amonitas, Moabitas, Egipcios y Amorreos; sino que han tomado mujeres de entre las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo se ha mezclado con los pueblos de las tierras; es más, la mano de los príncipes y de los gobernantes ha sido la primera en cometer esta infidelidad.”

[6] Para estadísticas recientes ver John H. Armstrong, Can Fallen Pastors be Restored? The Church’s Response to Sexual Misconduct (Chicago: Moody, 1995), pgs. 17–27.

[7] Richard N. Ostling, “The Second Reformation”, Time (Noviembre 23, 1992), pg. 54.

[8] Armstrong, Can Fallen Pastors Be Restored? The Church’s Response to Sexual Misconduct, pgs. 78, 79.

[9] Ibid., pg. 78.

[10] Jon Zens, “The Major Concepts of Eldership in the New Testament”, Baptists Reformation Review 7 (Summer, 1978):29.