Cuando cualquiera de estas circunstancias de ser tentado intensamente ocurre, la persona entra en tentación, o tal como es llamado en Apo. 3:10, “la hora de la prueba”.[1] En tales situaciones, el poder cautivador de la tentación alcanza su máxima fuerza. Es en este tiempo, cuando la tentación es más peligrosa y más probable que pueda vencer cualquier resistencia que se le oponga. Muchas tentaciones nunca llegan a este punto y son vencidas sin gran dificultad. La misma tentación que antes vencimos, puede volver a ocurrir con renovadas fuerzas ahora como “la hora de la tentación”, y a menos que nos sea concedida “gracia” especial, nos vencerá y nos conducirá a pecar. Es probable que David fue tentado a adulterar y a matar cuando era más joven, (vea por ejemplo el caso de Nabal en 1 Samuel 25),[2] pero no fue hasta que llegó la “hora de la prueba” que estas particulares tentaciones vinieron con una fuerza y una urgencia tal que le vencieron. (2 Samuel 11)

¿Cómo podemos prepararnos para tener victoria sobre la tentación?

A menos que la persona esté especialmente preparada para una hora como ésta, seguramente caerá bajo tal tentación. Antes de que consideremos la preparación necesaria para guardarnos en contra de esto, hay dos cuestiones adicionales acerca de la prueba que debemos considerar:

  1. ¿Cuáles son los medios comunes usados para llevar la tentación a su “hora” de prueba máxima?
    1. Cuando Satanás quiere lograr que una persona “entre en tentación”, presentará la tentación particular frecuente y persistentemente a la mente. Al insistir continuamente, Satanás quiere embotar nuestra mente respecto a la pecaminosidad de la tentación. (Nos hace pensar que el pecado no es tan grave). Al principio, la tentación nos pudiera parecer como algo horrible, pero mientras que la tentación persiste, este horror disminuye y la maldad de la tentación nos parece cada vez menor que antes.
    2. Si el creyente ve a su hermano caer en pecado, debería responder odiando el pecado, pero sintiendo simpatía por su hermano caído y orando para que sea librado. Si él no responde de esta manera, Satanás usará esta debilidad como un medio para atraerle a él mismo a esta tentación. Cuando Himeneo y Fileto se desviaron de la verdad, otros cayeron en la misma manera. (2 Tim. 2:17–18).[3]
    3. La maldad de la tentación puede ser oculta por la presencia de otras consideraciones (frecuentemente consideraciones buenas en sí mismas). Por ejemplo, la tentación de los gálatas de caer de la pureza del Evangelio les prometió la posibilidad de ser librados de la persecución. El deseo de ser libres de la persecución añadió poder a la tentación de caer de la pureza del evangelio.
  2. ¿Cómo podemos saber que hemos llegado a “hora de la tentación”?
    1. Cuando Satanás trae a una persona a la “hora de la tentación”, puede ser reconocida por la presencia de una presión insistente o continua. Es como si Satanás entendiera que es “ahora o nunca” y por lo tanto no permitirá al alma ningún alivio. En una guerra, si el enemigo gana una ventaja sobre su oponente, entonces redobla sus fuerzas. En la misma manera, cuando Satanás ha debilitado la determinación de un creyente a resistirle, entonces usa todos sus poderes y sus artimañas para conquistarlo y persuadirle a pecar. Siempre que la tentación nos presiona por todos lados (de dentro y de fuera) para ganar el consentimiento de la voluntad a pecar, podemos estar seguros de que “la hora de la tentación” ha llegado.
    2. Siempre que la tentación combina el poder del temor con el poder de la atracción, la tentación ha llegado a su hora. Toda la fuerza de la tentación consiste de la combinación de estos dos poderes. Cada uno de estos poderes, por sí mismo, frecuentemente es suficiente para persuadir a la persona a pecar. Cuando obran juntos, casi nunca fallan. Encontramos ambos poderes obrando en el caso de David cuando asesinó a Urías heteo. Hubo el temor de la venganza de Urías contra su esposa (sin siquiera mencionar la posibilidad de que Urías tomara venganza de David). Y también hubo el temor de que el pecado de David fuera a ser conocido públicamente. Junto con esto, estaba presente la atracción de seguir disfrutando del pecado con Betsabé. Siempre que una persona está consciente de sentir la fuerza de estos dos poderes buscando persuadirle a pecar, “la tentación ha llegado a su hora”.

Conclusión.

Para evitar que pueda ser dañado por la tentación, el creyente debe aprender a “Velar y Orar”. Velar significa estar en guardia, tener precaución, considerar todas las maneras y todos los medios que pudieran ser usados por el enemigo de nuestras almas, para aplastarnos con la tentación. Esto involucra una vigilancia constante y diligente sobre nuestras almas, usando todos los medios que Dios nos ha dado para este propósito. En particular, incluirá un estudio por el resto de nuestros días, de las artimañas de nuestro enemigo, y también un estudio de nuestras fuerzas y debilidades, las cuales Satanás pudiera explotar para enredarnos en el pecado.

Además de velar, tenemos que orar. Este es el medio por el cual podemos recibir la ayuda divina para velar como deberíamos y así poder resistir los ataques de Satanás. Toda la obra de fe para guardar nuestra alma de tentación está resumida en estos dos deberes: “Velar y orar”.[4]

Tomado de: John Owen, “Of Temptation” in The works of John Owen, ed. William H. Goold, vol. 6 (Edinburgh: T&T Clark, s. f.), 98–101. Usado como base la obra en español: Lo que cada creyente debería saber sobre la tentacion, trans. Omar Ibáñez Negrete y Thomas R. Montgomery (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2010), 15–17.

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Acerca del autor:

john_owen_by_john_greenhillJohn Owen (1616-1683), es conocido como “El Príncipe de los Puritanos”, nació en Stadham, cerca a Oxford, Inglaterra. Desde una edad muy temprana mostro dotes espirituales e intelectuales singulares. Realizo estudios en la Universidad de Oxford, donde a los doce años comenzó a estudiar Teología, Filosofía, Matemáticas, Estudios Clásicos y Hebreo. Se dice que en su época adolescente estudiaba alrededor de 18 horas al día. John Owen es considerado por muchos como el mas grande teólogo de habla inglesa que jamás haya vivido, siendo igualado quizá solamente por Jonathan Edwards. Sin duda, Owen representa lo mas selecto y erudito del pensamiento puritano. Sin embargo, la influencia de Owen no fue solamente en el campo intelectual, estuvo también involucrado en el parlamento ingles, fue consejero de Oliver Cromwell, etc. La influencia de la teología y vida de John Owen es sin parangón en toda la era puritana. Sus escritos están profundamente enraizados en la verdad de las Escrituras. Entre sus obras mas conocidas están “Comunión con el Dios Trino”, “La muerte de la muerte en la muerte de Cristo”, “La Mortificación del Pecado”, “Comentario a Hebreos (8 volúmenes)”, “Teología Bíblica: La Historia de la Teología desde Adán a Cristo”,entre muchos otros.

Notas:

[1] Apocalipsis 3.10 “Porque has guardado la palabra de Mi perseverancia, Yo también te guardaré de la hora de la prueba (de la tentación), esa hora que está por venir sobre todo el mundo para poner a prueba a los que habitan sobre la tierra.

[2] 1º Samuel 25.32–34 Entonces David dijo a Abigail: “Bendito sea el Señor, Dios de Israel, que te envió hoy a encontrarme, bendito sea tu razonamiento, y bendita seas tú, que me has impedido derramar sangre hoy y vengarme por mi propia mano. “Sin embargo, vive el Señor, Dios de Israel, que me ha impedido hacerte mal, que si tú no hubieras venido pronto a encontrarme, ciertamente, para la luz del alba, no le hubiera quedado a Nabal ni un varón.”

[3] 2 Timoteo 2.17–18 y su palabra (conversación) se extenderá como gangrena. Entre ellos están Himeneo y Fileto, que se han desviado de la verdad diciendo que la resurrección ya tuvo lugar, trastornando así la fe de algunos.

[4] Mateo 26.41 “Velen y oren para que no entren en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.”