Predicacion

5 Lecciones sobre Comunicación de un Predicador del Siglo XIX que Transformarán tu Forma de Hablar en Público

Basado en: Jaime D. Caballero, «Introducción a John A. Broadus», en La predicación y preparación de sermones (Lima, Peru: Teología para Vivir, 2024), i-xvi. Ver aquí: https://teologiaparavivir.com/broadus-preparacion-y-predicacion-de-sermones/

En un mundo saturado de información y mensajes que compiten por nuestra atención, el desafío de comunicar ideas de manera efectiva es más crucial que nunca. Buscamos constantemente nuevas técnicas, tecnologías y tendencias para capturar a nuestra audiencia y transmitir nuestro mensaje con claridad e impacto. Pero, ¿y si la sabiduría más profunda sobre el arte de hablar en público no se encontrara en las últimas tendencias, sino en las lecciones de un teólogo del siglo XIX?

John A. Broadus (1827-1895) es una fuente inesperada de conocimiento para el comunicador moderno. Aunque su campo era el púlpito, sus métodos no eran meramente religiosos; se basaban en principios de la retórica clásica y una comprensión universal de la psicología humana. Este artículo revela cinco de sus ideas más sorprendentes y vigentes, demostrando que los pilares de una comunicación poderosa son verdaderamente atemporales.

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1. El mejor orador se apoya en los hombros de gigantes

El aclamado trabajo de Broadus, La preparación y predicación de sermones, no surgió de un vacío creativo. Fue un meticuloso trabajo de síntesis y adaptación. La génesis misma del libro es una lección: antes de publicarlo, Broadus reelaboró meticulosamente sus conferencias para un estudiante ciego, un proceso que lo obligó a refinar su enfoque pedagógico para hacerlo radicalmente accesible y comprensible. Este acto demostró que sus principios de empatía y claridad no eran solo teóricos, sino el fundamento de su práctica.

Broadus entendió que para dominar su oficio, primero debía estudiar a los maestros. Consideraba a los grandes retóricos clásicos —Aristóteles, Cicerón y Quintiliano— como sus «mentores personales». No solo los leyó, sino que aplicó activamente su sistema —los cinco cánones de la retórica (invención, disposición, estilo, memoria y entrega)— como el andamiaje para construir y presentar un mensaje persuasivo. Además, se inspiró profundamente en San Agustín, quien siglos antes ya había emprendido la tarea de adaptar la retórica para la predicación. Broadus adoptó una máxima de Agustín como guía para toda su obra:

«Agustín dice: ‘Veritas pateat, veritas placeat, veritas moveat’, ‘Haz que la verdad sea clara, haz que sea agradable, haz que sea conmovedora'».

Esta lección nos enseña que la innovación genuina no nace de ignorar el pasado, sino de construir sobre él. La verdadera maestría en comunicación implica estudiar la sabiduría atemporal, comprender sus principios fundamentales y adaptarlos con precisión a las necesidades de nuestra propia audiencia.

2. No «inventes» tu mensaje: constrúyelo durante toda tu vida

La idea moderna de la «invención» a menudo evoca una chispa de inspiración momentánea. Broadus desafiaba radicalmente esta noción. Para él, los materiales de un discurso no se crean de la nada en el momento de la preparación. Más bien, se acumulan a lo largo de toda una vida de aprendizaje, observación y experiencia.

«Los materiales principales de un sermón no son realmente inventados en el momento de la preparación; son el resultado de adquisiciones y reflexiones previas».

Para Broadus, estas «adquisiciones previas» incluían un profundo conocimiento de las Escrituras, una base en la teología sistemática, una sólida educación formal, lecturas amplias y, fundamentalmente, las propias experiencias de vida. Esta perspectiva libera al comunicador de la tiranía de la página en blanco. Transforma la comunicación de un acto puntual de «creación» a un resultado orgánico de una vida de curiosidad. Cada libro leído, cada conversación profunda y cada experiencia vivida se convierten en materia prima para el mensaje que un día necesitarás entregar.

3. El estilo perfecto es como la atmósfera: fundamental pero invisible

Cuando pensamos en «estilo» al hablar, a menudo vienen a la mente palabras elocuentes o un lenguaje ornamental. Broadus proponía una visión radicalmente diferente. Para él, las tres características más importantes del estilo eran la perspicuidad (claridad), la energía y la elegancia, siendo la primera la más crucial de todas. Su metáfora para describir el estilo ideal es una de las más poderosas que existen para un comunicador.

«La propiedad más importante del estilo es la perspicuidad. El estilo es excelente cuando, como la atmósfera, muestra el pensamiento pero no se ve a sí mismo».

Esta idea es profundamente contraintuitiva en nuestra era. Desafía el ego del orador y nos obliga a servir al mensaje por encima de nuestra propia imagen. En una época de «personal branding» donde el orador a menudo se convierte en el centro, la lección de Broadus es un llamado radical a la humildad: tu objetivo no es ser memorable, es que la idea sea inolvidable. La verdadera excelencia estilística no llama la atención sobre sí misma; se vuelve un vehículo transparente e invisible para la verdad que se quiere transmitir.

4. La verdadera espontaneidad nace de la preparación obsesiva

El método de predicación preferido por Broadus era lo que él llamaba el «discurso libre». Esto no era una improvisación descuidada, sino un discurso extemporáneo basado en una preparación previa extremadamente detallada. Broadus advertía que depender de este método sin una base sólida podría llevar a una alarmante falta de profundidad. Por ello, su lema era inequívoco: «preparación, preparación, preparación».

Perfeccionó esta habilidad en las circunstancias más difíciles. Durante su tiempo como capellán en la Guerra Civil Estadounidense, a menudo tenía que predicar frente a soldados agotados y heridos sin apenas tiempo para preparar un mensaje formal. Estas condiciones lo obligaron a desarrollar una extraordinaria capacidad para hablar desde una profunda reserva de conocimiento y convicción interna. Para el ponente de hoy, esto significa que la verdadera soltura en una sesión de Q&A no viene de «improvisar», sino de haber internalizado tan profundamente el material base que se pueden generar respuestas nuevas y relevantes en tiempo real. La preparación no es una jaula; es la plataforma de lanzamiento para la verdadera libertad creativa.

5. Por encima de cualquier técnica, la empatía es la clave

Más allá de los cánones de la retórica, la estructura del discurso o la elocuencia del estilo, Broadus sostenía que un principio reinaba sobre todos los demás: la conexión emocional con la audiencia. Creía que la empatía era el elemento más crucial de la comunicación efectiva, un punto que enfatizaba con una fuerza inolvidable.

«Si me preguntaran cuál es la primera cosa en la predicación efectiva, diría empatía; y cuál es la segunda cosa, diría empatía; y cuál es la tercera cosa, diría empatía».

En la práctica, esto significaba que Broadus se esforzaba por comprender y satisfacer las necesidades personales e inmediatas de sus oyentes. Era un maestro en el uso del pathos (la apelación a la emoción), no como una forma de manipulación, sino como un puente para conectar el mensaje con la experiencia humana de su audiencia. Este enfoque, radicalmente centrado en el oyente, anticipó principios que hoy son fundamentales en la teoría de la comunicación. Nos recuerda que un mensaje, por muy bien estructurado o elocuente que sea, si no se conecta con las necesidades, miedos y esperanzas de la audiencia, es simplemente ruido.

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Conclusión

El legado de John A. Broadus no reside en una única técnica, sino en su magistral síntesis de aparentes contradicciones: la sabiduría antigua con la necesidad moderna, la preparación obsesiva con la libertad espontánea, y la estructura rigurosa con la conexión empática. Nos recuerda que la comunicación más efectiva no nace de las últimas tendencias, sino de principios humanos inmutables. Su enfoque nos desafía a mirar más allá de lo fugaz y a construir nuestras habilidades sobre cimientos más profundos y duraderos.

¿Qué principio olvidado o «antiguo» podrías redescubrir para mejorar tu propia forma de comunicar?

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