Hace unas semanas el ministerio ‘Teología para Vivir’, en colaboración con la Iglesia ‘La Capilla de la Roca’, comenzaron una serie de sermones expositivos en 1 Juan. Cada sermón está acompañado de una exposición de la Palabra en video, el bosquejo y contenido del sermón preparado por el expositor, así como un comentario adicional de acuerdo al pasaje en cuestión. La finalidad de esto es poder ayudar y motivar a los predicadores a predicar expositivamente de las Escrituras. El comentario que se presenta a continuación, esperamos que sirva como un complemento al sermón y el bosquejo, a fin de facilitar aún más a los predicadores la preparación de sus sermones expositivos.

El Creyente ha vencido al mundo: 1 Juan 2:12-14

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El Creyente ha vencido al mundo: 1 Juan 2:12-14

1 Juan 2:12–14

  1. Les escribo a ustedes, hijos, porque sus pecados les han sido perdonados por el nombre de Cristo.
  2. Les escribo a ustedes, padres, porque conocen a Aquél que ha sido desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les he escrito a ustedes, niños, porque conocen al Padre.
  3. Les he escrito a ustedes, padres, porque conocen a Aquél que ha sido desde el principio. Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido al maligno.

Comentario.

12–14 El versículo 11 concluyó una sección en la cual el contraste entre la luz y las tinieblas se expresaba en términos de guardar el nuevo mandamiento de que los creyentes se amen unos a otros. Ahora entramos en una corta sección, que se destaca de lo que la rodea por su cuidadosa expresión en oraciones paralelas, y que es difícil de relacionar con lo que la precede y con lo que la sigue. Su contenido consiste en una serie de afirmaciones respecto al estado espiritual de los lectores que resume algo de la enseñanza anterior y hace híncapié en que es verdad en el caso de ellos.1 Al mismo tiempo, hay nuevas ideas que tienen expresión más completa posteriormente en la epístola, como por ejemplo la idea de vencer (4:4; 5:4s.). No obstante, en lo que toca al vocabulario no hay una conexión muy clara con la sección que le sigue inmediatamente (vv. 15–17), que contiene una advertencia a no amar al mundo. En el versículo 18 se inicia lo que parece ser una sección completamente nueva. Parece probable, por tanto, que los versículos 12–14 tengan la intención de darles a los lectores la seguridad de que son verdaderamente cristianos. En parte se basan en la enseñanza ya enunciada anteriormente en la epístola, y proporcionan la base para el mandato de los versículos 15–17. Haas sostiene que los versículos 12–14 no son una mera introducción al mandato, sino que tienen igual peso que él: las dos secciones dan la aplicación positiva y negativa de la parte anterior de la epístola.2 Indican la verdadera posición de los creyentes en contraste con las falsas pretensiones de los opositores de Juan, y los pone en guardia para que no caigan en la mundanalidad que inspiró a los falsos maestros (4:5).

La comprensión del pasaje en detalle es difícil. Hay cuatro problemas generales de interpretación: (1) El autor nos da dos series de tres afirmaciones paralelas, la segunda de las cuales en buena parte repite la primera. ¿Cuál es la explicación de esta repetición? (2) La primera serie de afirmaciones es introducida por «os escribo» (tiempo presente), mientras que la segunda lo es por «os escribí» o, como traduce la rvr, «os he escrito» (tiempo aoristo).3 ¿Es significativo el cambio de tiempo? (3) La palabra griega traducida como «porque» podría igualmente traducirse como «que» en cada caso. ¿Está Juan explicando por qué les escribe a sus lectores o está enunciando lo que quiere decirles? (4) Cada serie de afirmaciones se dirige en orden a los hijitos, los padres y los jóvenes. ¿Debemos entender esto literalmente, metafóricamente o de otro modo?

Tal vez lo más difícil de explicar sea la repetición de las afirmaciones en lenguaje algo diferente. Bruce piensa que tal vez tengamos dos borradores del mismo material, y que ambos han sido incorporados a la presente epístola.4 El problema es por qué el autor incluyó ambos. Es posible que utilizara alguna expresión empleada en la enseñanza oral de la iglesia y que haya incluído dos versiones de lo que constituía esencialmente el mismo material.5 Hay todavía otra teoría que se construye sobre la diferencia de «os escribo» y «os escribí» en las dos series de enunciados.

La mayoría de los escritores explican el uso del verbo en estos dos tiempos como una cuestión de variedad estilística, quizás para evitar la monotonía de la repetición de «os escribo» seis veces. En griego era posible emplear el tiempo pasado (aoristo) en una carta con el efecto del tiempo presente: el escritor se proyectaba en el tiempo hacia futuro, a la situación de los destinatarios, para quienes la redacción de la carta sería un hecho pasado. Por tanto, desde la perspectiva temporal del destinatario, el tiempo correcto sería «os escribí» u «os he escrito» en lugar de «os escribo».6 En esta forma Juan empleó un recurso estilístico para poder repetir ciertas cosas con el fin de darles énfasis. Otros eruditos han dado mayor importancia al cambio de tiempo. Es más natural entender «yo escribo» en el sentido de lo que el autor está escribiendo en ese momento: la carta entera o la parte que está por escribir (cf. 1:4; 2:1, 7, 8). «Os he escrito» podría referirse a la parte de la epístola que acaba de terminar (cf. 2:21, 26; 5:13). Brooke sugiere que Juan está pensando en la carta entera y luego en la parte que acaba de escribir, mientras que de la Potterie sostiene que el versículo 14 se refiere solamente a los versículos 12s., y la repetición es para dar énfasis.7 En la actualidad se descarta la idea de que Juan tenga en mente algún escrito anterior cuando dice «os he escrito», i.e., el Evangelio o 2 Juan.8

No cambia mayormente nuestra comprensión del pasaje el que usemos «porque» o «que» para introducir las afirmaciones de Juan. Según la primera opinión, Juan escribe la carta porque ciertas cosas son verdad de sus lectores; por lo tanto, necesitan mayor instrucción y son capaces de obedecer las admoniciones que les está haciendo.9 Esto se adecuaría a la aseveración del versículo 21 de que escribe a sus lectores porque ellos conocen la verdad. Algunos comentaristas recientes apoyan la segunda opinión y sostienen que aquí Juan está haciendo ciertas declaraciones respecto al estado cristiano de sus lectores.10 En general es preferible la primera opinión; sin embargo, tal vez los lectores del griego no hacían la nítida diferencia entre los dos usos de la conjunción que surge en la mente del gramático.

El problema general más importante tiene que ver con las palabras empleadas para describir a los lectores. En otros lugares el escritor se dirige a todos sus lectores como hijitos (2:1, 18; et al.). Aquí se dirige a ellos como hijitos,11 padres y jóvenes.

Una solución es que Juan tiene en mente a tres grupos diferentes de la iglesia. (a) Puede tener en mente literalmente a niños, jóvenes y viejos.12 Si es así, el orden en que menciona a los grupos es un tanto raro. (b) Los tres grupos pueden representar metafóricamente tres etapas de la vida cristiana: los recién convertidos, los maduros en la fe y los que están en algún estado intermedio.13 Nuevamente, el orden es extraño, y no hay nada que indique que el escritor esté desarrollando una metáfora. Una dificultad adicional, que se aplica a la mayoría de las explicaciones de estas palabras es la siguiente: aunque se puede ver que las cualidades atribuidas son apropiadas a cada uno de los tres grupos, algunas cualidades se superponen14 y todas ellas deberían ser verdad de todos los creyentes. Sin embargo, es posible vincular a los nuevos convertidos con un conocimiento reciente del perdón de los pecados, a los cristianos maduros con un conocimiento profundo de Dios, y a los jóvenes con una gran fuerza para vencer al mal.

Un segundo tipo de solución es que el escritor se dirige a todos sus lectores como sus hijos, y luego se dirige a dos grupos particulares dentro de la iglesia en general. (c) Por lo tanto los «padres» y «jóvenes» pueden representar dos grupos de dignatarios de la iglesia, más o menos equivalentes a los ancianos y diáconos de otras iglesias del Nuevo Testamento.15 (d) Otra posibilidad es que los dos grupos sean los miembros mayores y menores de la iglesia.16 Esta manera de hablar se encuentra en otros lugares del Nuevo Testamento (1 Ti. 5:1s.; Tit. 2:1–8; 1P. 5:1–5). No es muy diferente de la sugerencia anterior ya que se tendía a considerar a los hombres mayores como líderes. Una posible objeción es que no se menciona a los de edad mediana, pero en realidad no existía esta categoría en el lenguaje de la época del Nuevo Testamento; las personas eran jóvenes o viejas.17 La dificultad de estas dos explicaciones, nuevamente, es que lo que se dice de cada grupo podría ser verdad de todos, y en realidad lo que se dice de los hijos en el versículo 14a prácticamente es una repetición de lo que se dice de los padres.

(e) Dodd favorece un tercer tipo de solución y piensa que el autor simplemente usa un recurso retórico para indicar cualidades, apropiadas a los tres estadios de la vida, que deben ser verdad de todos los creyentes. Todos los cristianos deben tener la inocencia de la niñez, la fuerza de la juventud y el conocimiento de la edad madura.18

No es fácil escoger entre estas posibilidades. En general, hay más razones que recomiendan el tercer tipo de solución (e). Probablemente nuestras dificultades surjan del hecho de que el autor utilice un esquema de expresión tradicional que no es particularmente pertinente a su presente propósito. Es posible que la distinción entre los tres grupos mencionados fuera más significativa en el primer empleo del esquema, pero que el autor haya hecho uso de él más para expresar las verdades espirituales generales que deben aplicarse a todos sus lectores. En otras palabras, el material puede haber sido usado originalmente en el sentido de (c) o (d), pero aquí en la epístola se usa en el sentido (e).19

Verso 12 – Les escribo a ustedes, hijos, porque sus pecados les han sido perdonados por el nombre de Cristo.

Juan, entonces, se dirige a sus lectores como hijos, como lo hace en el resto de la epístola, para expresar la necesidad que tienen de instrucción y su condición de dependencia de Dios y de maestros como él. Son personas cuyos pecados han sido perdonados; han cumplido la condición expresada en 1:9 y, como resultado de haber confesado su pecado, conocen el gozo del perdón. El perdón, sin embargo, no depende de la confesión humana en el sentido de asegurar el favor y el perdón de Dios; es concedido «por su nombre», una frase que nos lleva nuevamente a lo que Juan ha dicho anteriormente respecto a la sangre de Jesús y su función como abogado y sacrificio por el pecado (1:7; 2:1s.),20 y a lo que dice posteriormente respecto a creer en su nombre (3:23; 5:13). Emplea el tiempo perfecto para expresar el acto del perdón. Aquí tiene en mente la conversión de sus lectores, mientras en 1:9 más bien piensa en el perdón continuo por el cual el cristiano ora diariamente.21 Si Juan tiene en mente aquí a los nuevos convertidos, es evidente lo apropiado de su afirmación. El centro de la experiencia cristiana de la conversión es la experiencia del perdón. «Nadie puede llamarse verdaderamente cristiano, en el sentido del Nuevo Testamento, si no ha recibido el perdón de sus pecados, o si no tiene conciencia de que por medio de su concesión ha ocurrido un hecho de importancia decisiva en su relación con Dios», escribió H. R. Mackintosh.22 En una época en que muchos encuentran la esencia del cristianismo en otras cosas, el «llamado» de Juan «a regresar a los fundamentos» merece que se le preste atención.23

Verso 13 – Les escribo a ustedes, padres, porque conocen a Aquél que ha sido desde el principio. Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al maligno. Les he escrito a ustedes, niños, porque conocen al Padre.

La descripción de un grupo de cristianos mayores como «padres» no tiene paralelo en el Nuevo Testmento. Cuando no se usa la palabra literalmente (e.g., Ef. 6:4), se refiere a los antepasados o ancianos ya muertos (e.g., 2 P. 3:4). Sin embargo, vemos que se usa como título de respeto para una generación mayor en Hch. 7:2; 22:1.24 En otros pasajes se designa a tales personas como «ancianos» o «viejos». Es posible que aquí se refiera a un grupo de líderes de la iglesia (ver más arriba), pero probablemente el autor tenga en mente la experiencia cristiana madura de gente mayor. Ellos conocen (literalmente, han llegado a conocer) al que es desde el principio. Esta descripción repite lo que se dijo en 2:3s. de todos los cristianos. Solamente la caracterización «al que es desde el principio» es nueva, y no es del todo seguro si se refiere a Dios el Padre o a Jesús, ya que ambos han existido desde la eternidad pasada.25 Como se menciona específicamente al Padre en el versículo es posible que debamos ver aquí una referencia a Jesús; de otra manera nos enfrentamos con una repetición sin sentido. Nadie dudaba que el Padre era desde el principio; era más significativo que Juan pusiera el acento en la pre-existencia de Jesús.26 Tal vez aquí, como en otros lugares, Juan no estaba trazando una nítida diferencia entre la experiencia de Dios y la experiencia de Jesús, ya que en la práctica están tan íntimamente relacionadas que casi no se pueden distinguir. Lo importante es que a los lectores se les debe asegurar que conocen a la Deidad. Es difícil creer que este conocimiento pertenezca sólo a los cristianos mayores, a menos que tomemos estas palabras en el sentido de mayor madurez y profundidad de conocimiento, pero no hay nada en el vocabulario empleado que sugiera tal cosa.27

Es más plausible ver una relación entre las características de los jóvenes y la cualidad atribuida a los creyentes jóvenes. La juventud se vincula no solamente con deseos poderosos que deben ser vencidos (2 Ti. 2:22), sino también con la fuerza para vencerlos (Is. 40:30, con el reconocimiento de que aun los jóvenes necesitan que Dios les dé fuerzas). Aquí se dice que los jóvenes han vencido al maligno. La forma masculina indica que la referencia es a Satanás (cf. 2:14; 3:12; 5:18s.), que es la fuente del mal y ejerce su dominio sobre el mundo, el reino de las tinieblas. Llama la atención el uso del tiempo perfecto. Ya se ha ganado la victoria, aunque todavía hay que seguir luchando. Juan tiene en mente la victoria sobre el maligno que tiene lugar en el momento de la conversión, una victoria obtenida por el poder de Jesús que conquistó a Satanás con su muerte y resurrección. Aquí, nuevamente, hay algo que debe ser verdad de todos los cristianos. Este pensamiento es nuevo en la epístola: se lo tocará nuevamente en 4:4; 5:4s., pero en su contexto inmediato prepara el camino al pensamiento de la victoria sobre las tentaciones mundanas implícito en 2:15–17. La idea de vencer la enseñanza falsa no se expresa realmente en la sección que sigue a continuación (2:18–27), pero se encuentra en 4:4, que trata el tema, y por tanto tenemos justificación al ver aquí una preparación para ese tema. Los cristianos deben ganar la victoria no solamente sobre la seducción moral y espiritual sino sobre las atracciones de la enseñanza falsa.

Ahora se repiten estos pensamientos,28 y el efecto es subrayar lo que se ha dicho anteriormente. Pero hay variaciones en la forma de expresión. Solamente la segunda afirmación reaparece sin cambios. Los hijitos,29 sin embargo, son descritos ahora como aquellos que han llegado a conocer al Padre. Lo que se enunció en el versículo 3 con un cierto elemento condicional, se expresa ahora mucho más como un hecho consumado. Naturalmente, conocer al Padre es el privilegio de un hijo (Mt. 11:25 par. Lc. 10:21), y en este sentido todos los cristianos son hijos.

Verso 14 – Les he escrito a ustedes, padres, porque conocen a Aquél que ha sido desde el principio. Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son fuertes y la palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido al maligno.

Ellos también, como padres, han llegado a conocer al que es desde el principio. Como jóvenes se dice ahora explícitamente que son fuertes, y se da la razón de su fuerza: la palabra de Dios permanece en ellos. Esta es una expresión positiva de lo que se negaba en el caso de los creyentes sólo nominales en 1:8; 2:4. La aceptación de la palabra de Dios es una fuente de fuerza espiritual que va más allá de la mera enseñanza. Si estamos en lo correcto en ver una referencia al Padre y al Hijo en las dos afirmaciones anteriores, podemos sentirnos tentados de asociar el poder de la Palabra de Dios con el Espíritu (Ef. 6:17) en una referencia implícita a las tres personas de la trinidad. Es por medio de este poder personal, subjetivo, que la victoria objetiva de Jesús sobre el maligno se convierte en una realidad para los creyentes. Aquí está la base del importante mandamiento que sigue.

Es bueno que se les recuerde a los cristianos en esta forma cuál es su posición espiritual. Demasiado a menudo tenemos que restringir tales declaraciones con ciertas condiciones: «Estamos seguros de que le conocemos si obedecemos sus mandamientos» (2:3). Naturalmente, esto es necesario para evitar la autocomplacencia y la laxitud moral. Pero es posible convertir la salvación cristiana en una posesión muy precaria que se necesita volver a poseer a cada momento; este tipo de fe carece de seguridad. Es bueno recordar que en última instancia nuestra salvación depende de la promesa y el poder de Dios, así que osadamente podemos declarar que tenemos paz con Dios y que conocemos a aquel en quien creemos. Las afirmaciones de Juan aquí tienen el propósito de despertar esa confianza entre sus lectores (cf. 5:13), pero la importancia de la seguridad cristiana es una de los temas de esta epístola que sorprendentemente ha tenido muy poco eco entre los expositores. No debemos vacilar en expresar el gozo que viene de tal conocimiento:

Cantar alegres no querrán, Los que no conocen a nuestro Dios; Mas los siervos del celeste Rey Sus gozos deben proclamar.30[1]

Adaptado de: I. Howard Marshall, Las Cartas de Juan (Buenos Aires; Grand Rapids, MI: Nueva Creación; William B. Eerdmans Publishing Company, 1991), 130-138.

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Sobre el autor:
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Howard Marshall (1934-2015),D.D. (Ashbury University); BA (Cambridge University); MA; BD; PhD (University of Aberdeen), ministro metodista Escoces, es considerado uno de los eruditos del Nuevo Testamento más importantes del siglo XX. Fue profesor emérito de Nuevo Testamento y Exegesis de la Universidad de Aberdeen en Escocia. Marshall también ocupo la catedra principal de la Asociación para la Investigación Bíblica y Teológica Tyndale, así también fue el presidente de la Sociedad Británica del Nuevo Testamento, entre otros muchos. Marshall tuvo un largo y fructífero matrimonio con Joyce, de quien tuvo cuatro hijos. Joyce fue con el Señor en 1996. Entre sus numerosas publicaciones tenemos; ‘Lucas: Historiador y Teólogo’(1989); ‘Los orígenes de la Cristología del Nuevo Testamento’ (1990), ‘Hechos’, (1980), ‘Jesús el Salvador: Estudios en la Teología del Nuevo Testamento’ (1990); ‘Un Comentario Crítico Exegético a las Epístolas Pastorales’, (1999); ‘Concordancia al Texto Griego del Nuevo Testamento’, (2002); ‘Mas allá de la Biblia: Pasando de la Escritura a la Teología’, (2004); ‘Teología del Nuevo Testamento: Muchos Testigos, un solo Evangelio’ (1994); ‘Perspectivas sobre la Expiación’ (2007), etc.

Notas:

1 Para el versículo 12 ver 1:9; para los versículo 13a, 14a y b ver 2:3; para el versículo 14c ver 1:8, 10.

2 Haas, 54; en forma similar, Schnackenburg 156s.

3 Muchas versiones traducen todas en presente. La RVR hace la diferencia sólo en las dos últimas afirmaciones: «os he escrito».

4 Bruce, 57s. Mientras Bruce considera la primera serie de oraciones como el primer borrador, que luego es elaborado en la segunda serie, O’Neill, 20–22, piensa que el autor redactó la primera serie siguiendo el modelo de la segunda, que él encontró en su fuente. El argumento de O’Neill se basa en el hecho de que el pensamiento de los versículos 12–13 es cristiano, mientras que el del versículo 14 podría ser judío (aunque tiene que enmendar el texto para hacerlo aparecer más convincente).

5 Se podría ver un remoto paralelo en la forma en que el orden del culto anglicano tradicional para la Santa Comunión incluye el Padrenuestro dos veces en versiones algo diferentes. La opinión de Bultmann (30s.) de que esta sección fue creada por el autor no contribuye a explicar su estructura repetitiva.

6 BD 334 y MH III, 73, niegan que egrapsa pueda usarse en esta forma; pero ver Schnackenburg, 159s., en sentido contrario.

7 Brooke, 40–43 (cf. Westcott, 57s., donde encontramos una explicación demasiado sutil del mismo tipo); I. de la Potterie, «La connaissance de Dieu dans le dualisme eschatologique d‘après 1 Jn. 2.12–14.» en Au service de la parole de Dieu. Mélanges offerts à M. A.-M. Charue, Gembloux, 1968, 77–99, especialmente 80s.

8 H. H. Wendt, «Die Beziehung unseres 1 Joh. auf den 2 Joh.», ZNW 21, 1922, 140–146, pensaba que este pasaje se refería a 2 Juan. Acerca de la opinión de que se refiere al Evangelio ver Plummer, 98s.; Ross, 162s. Como parte de su opinión de que Juan incorporó a esta epístola una serie de antítesis anteriores, Nauck, 125 n. 3, mantiene viva la posibilidad de un escrito anterior que ya no existe.

9 Westcott, 58; Brooke, 43s.

10 Schnackenburg, 157s.; Haas, 55; B. Noack, «On 1 John 2.12–14», NTS 6, 1959–1960, 236–241; I. de la Potterie, op. cit., 78–80.

11 Juan emplea teknion en el versículo 12 (cf. 2:1, 28; 3:7, 18; 4:4; 5:21), y paidion en el versículo 14 (cf. 2:18). Westcott, 60s., sostiene que la primera palabra sugiere parentesco y la segunda subordinación, pero probablemente la diferencia no tenga mayor significación.

12 Windisch, 115, menciona esto como una posibilidad.

13 Stott, 104s.; Bruce, 58s.

14 Con toda la buena voluntad, es difícil ver una distinción real entre 14a y b.

15 Houlden, 70s. Cf. C. Spicq, «La place ou le rôle des jeunes dans certaines communautés néotestamentaires», RB 76, 1969, 508–527 (especialmente 524).

16 Así la mayoría de los comentaristas. I. de la Potterie, op. cit., 86–91, piensa que el autor quiere decir, «todos, desde los padres hasta los jóvenes», y lista cualidades que todos los cristianos deben tener. Pero las analogías que señala de este uso inclusivo (Jer. 31:34) no son convincentes.

17 Cf. C. Spicq, op. cit. (En todo caso la expresión «edad mediana» no tiene un sentido específico en castellano y es casi un sinónimo de «mayor».)

18 Agustín, citado por Chaine, 161; Dodd, 37–39; Morris, 1263. No es necesario aducir paralelos del misticismo helénico (CorH 11.20; 13.11), como lo hace Dodd, para aceptar esta opinión.

19 Probablemente en la práctica no haya mayor diferencia entre las opiniones (b) y (e), como se ve por la forma en que Bruce, 58, expresa la esperanza de que todos los hijos de Dios lleguen a conocerlo como Padre.

20 Cf. Mt. 10:22; 24:9; Jn. 15:21; Ap. 2:3. Puede haber una referencia al perdón y al conocimiento de Dios vinculados al nuevo pacto (Jer. 31:34). I. de la Potterie, op. cit., 91–96.

21 Para este empleo cf. Lc. 5:20, 23; 7:47s.; Jn. 20:23. Windisch, 115s., nota que si la referencia es al bautismo de niños, éste no puede ser bautismo infantil porque se dice también que han llegado a conocer al Padre.

22 R. H. Mackintosh, The Christian Experience of Forgiveness, 1927, 2.

23 Es el título que la versión inglesa NEB emplea al comienzo de 1 Juan.

24 Juan debe haber tomado la advertencia de Mt. 23:9 espiritualmente y no en forma literal. Hay una diferencia entre el respeto apropiado a personas mayores y la adulación irreflexiva a un maestro particular, que es lo que Jesús condena.

25 No hay duda de que ap’ arjēs aquí debe referirse al comienzo del tiempo y no al comienzo de la era cristiana o de la experiencia cristiana de los lectores (pace I. de la Potterie, op. cit., 94–96).

26 Encuentran una referencia a Dios Stott, 97; Bruce, 58; (posiblemente Dodd, 38).

27 O’Neill, 20, quiere adoptar la lectura to ap’ arjēs (B), que se referiría a «la enseñanza antigua». Si se permite la especulación, uno podría preguntarse si el Vorlage de Juan tenía egnōkate auton ap’ arjēs. El pensamiento de que los padres habían conocido (a Jesús) desde el principio (i.e. por largo tiempo; cf. v. 7) sería apropiado, pero desafortunadamente no hay evidencia para esta conjetura.

28 El Nuevo Testamento griego inicia el versículo 14 en este punto; no así la RVR que incluye la primera afirmación de la nueva serie en el versículo 13. Además, la RVR sigue el texto griego inferior grafō en 13c.

29 Se emplea una palabra diferente de la del versículo 12. Ver la n. 11.

30 Let those refuse to sing

Who never knew our God;

But servants of the heavenly King

May speak their joys abroad.

  1. Watts, «Come ye that love the Lord».

[1] I. Howard Marshall, Las Cartas de Juan (Buenos Aires; Grand Rapids, MI: Nueva Creación; William B. Eerdmans Publishing Company, 1991), 130–138.