Satanás contra Cristo

El conflicto entre el diablo y la Semilla de la mujer fue el escenario central en la encarnación de la palabra. La venida de Jesucristo en el cumplimiento de los tiempos fue el más grande movimiento de Dios contra Satanás en la guerra espiritual. Jesús habló más sobre Satanás y los demonios que cualquier otro en la Biblia. Satanás y sus demonios liberaron su más grande furia contra Jesús, cuya humanidad libre de pecado motivó a Satanás a tentarlo de formas especiales. En el desierto de Judea, Cristo pasó del agua del bautismo al fuego de la tentación. Durante 40 días, Satanás atacó a Jesús con los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida. Tratando de tomar bajo su control la humanidad sagrada de Cristo (Mateo 4:1–11). Satanás tentó a Jesús hacia la independencia (4:3–4), la indulgencia (4:5–7), y la idolatría (4:8–10). Tentó a Jesús para que se alejara de la voluntad de su Padre, de la palabra de Dios y de la cruz. Su objetivo fundamental era hacer que la sustitución de Cristo no fuese necesaria, al ofrecerle la gloria sin la cruz, tal como le prometió a Eva gloria sin la obediencia a Dios.

Mateo 4:8–11 Otra vez el diablo Lo llevó a un monte muy alto, y Le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y Le dijo: “Todo esto Te daré, si Te postras y me adoras.” Entonces Jesús le dijo: “¡Vete, Satanás! Porque escrito está: ‘Al Señor tu Dios adoraras, y solo a El serviras (rendirás culto).’ ” El diablo entonces Lo dejó; y al instante, unos ángeles vinieron y Le servían.

Jesús se mantuvo firme, rechazando repetidamente a Satanás y sus demonios, haciéndolos huir primero de sí mismo y por consecuencia, de otras personas durante su ministerio público. Se comprometió en un ministerio de proclamación de libertad a los cautivos (Lucas 4:18). En su confrontación con los fariseos sobre la sanidad de un hombre poseído por demonios que estaba ciego y mudo, Jesús clarificó su intención de echar fuera a Satanás de la vida de las personas (Mateo 12:26). Jesús también liberó a una mujer que Satanás había mantenido atada por 18 años (Luc. 13:16).

El ataque demoniaco a Cristo en su muerte.

En Getsemaní, Satanás liberó todos los poderes del infierno. Llevó a Jesús a ponerse de rodillas, arrastrándose como gusano y sudando sangre de tal forma que el Hijo de Dios clamó en agonía: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa” (Mateo 26:39) ¡Y qué heridas en el alma experimentó Cristo por las manos del instrumento de Satanás, Judas Iscariote! Con razón dijo a las fuerzas satánicas: “Más esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas”(Lucas 22:53).

El ataque satánico continuó en Gabata, donde Cristo fue forzado a usar una capa púrpura y una corona de espinos mientras era azotado, burlado, abofeteado y magullado. Finalmente, en el Gólgota, Satanás liberó todas las fuerzas del mal una vez más. Los toros de Basán cercaban el sufrimiento del Mesías (Salmos 22:12). Cada insulto se amontonó sobre Jesús; los brutales soldados, los crueles espectadores, y los egoístas sacerdotes y ancianos con la vestidura sagrada de su oficio involucrados en la burla satánica mientras Cristo colgaba de la cruz bajo el fuego de la ira de su Padre, rechazado por el cielo y la tierra, y atacado por poderes infernales. Su insondable grito de agonía resonó a través del oscuro reino de la naturaleza: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). 

Salmos 22:12–14 Muchos toros me han rodeado; Toros fuertes de Basán me han cercado. Avidos abren su boca contra mí, Como un león que despedaza y ruge. Soy derramado como agua, Y todos mis huesos están descoyuntados; Mi corazón es como cera; Se derrite en medio de mis entrañas.

Cristo venció al diablo y sus huestes en su resurrección.

En una ocasión, Lutero pasó una mañana completa tratando de comprender esta agonía, únicamente para levantarse de sus rodillas, confesando: “Dios desamparado de Dios; ¿quién puede comprenderlo?”. Y de hecho, esa verdad es incomprensible. Pero esto es lo que sabemos: Satanás fue derrotado en la cruz, de una vez y para siempre. En Hebreos 2:14 dice: “Él [es decir, Cristo] participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”. Jesús habló de la cruz como una especie de exorcismo cósmico en Juan 12:31–32: “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo”. La victoria le pertenece a Cristo debido a su perfecta obediencia a lo largo de las más severas pruebas instigadas por Satanás.

A través de su vida, muerte, resurrección y ascensión, Cristo rompió el poder del opresor con una sola mano. Satanás perdió su sofocante gobierno sobre las naciones. El balance del poder fue regresado. En la era del Antiguo Testamento, había relámpagos de luz en la oscuridad. Pero ahora, en y por medio de Cristo, la luz amaneció. La luz permanente y la gloria de Cristo ahora sobrepasan los restos de maldad y oscuridad de Satanás.

Tras la resurrección y ascensión al cielo de Cristo, las posesiones demoníacas disminuyeron grandemente. El libro de Hechos registra algunos incidentes que generalmente se originaron cuando el Evangelio era llevado por primera vez a un lugar. Tanto Pedro como Felipe echaron fuera demonios en al menos una ocasión (Hechos 5:16; 8:7). Pablo liberó a una joven mujer de un demonio adivinador de la fortuna y echó fuera demonios en Éfeso (16:16–18; 19:11–12). Pero las epístolas del Nuevo Testamento “aunque frecuentemente hablan de la oposición satánica contra la iglesia (Romanos 8:38–39; 1 Corintios 2:8, 15:24–26; Efesios 1:20–22, 3:10, 6:12; Colosenses 1:16, 2:15)” mencionan pocas posesiones demoníacas y no dan instrucciones para el exorcismo. La posesión demoníaca no parece haber sido un problema significativo en la iglesia establecida del Nuevo Testamento.

 Efesios 6:11–12 Revístanse con toda la armadura de Dios para que puedan estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes (gobernantes) de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes.

Conclusion.

Como sea, Satanás no admitió fácilmente su derrota. Continuó hiriendo el talón de la iglesia de Cristo en otras maneras. La iglesia del Nuevo Testamento encontró la victoria en Cristo solo a través del mismo sufrimiento y las mismas heridas que experimentó el Salvador. Los Hechos nos narran la forma en que Satanás llevó problemas a la iglesia al persuadir a Ananías y Safira para romper la paz de la iglesia con una mentira (Hechos 5:3). Satanás tentó a los miembros de la iglesia en Corinto para que dejaran de controlarse en asuntos sexuales (1 Corintios 7:5). Satanás tentó a Pablo, infligió en él “un aguijón en mi carne” (2 Corintios 12:7) y evitó que Pablo viajara a Tesalónica (1 Tesalonicenses 2:18). Satanás persiguió a los creyentes en Esmirna (Apocalipsis 2:9–10) y engaña a las naciones de la tierra (Apocalipsis 20:7–8), disfrazándose de un ángel de luz para conseguir sus propósitos (2 Corintios 11:14). Sus demonios fungen como agentes de la apostasía (1 Timoteo 4:1–3), y son promotores del inicuo y del espíritu del anticristo (2 Tesalonicenses 2:9; Apocalipsis 2:18–29; 9:1–11).

1 Timoteo 4:1–2 El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, mediante la hipocresía de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia.

A lo largo de toda la oposición de Satanás, la iglesia ha seguido avanzando. A pesar de contratiempos temporales, las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, porque Jesús es más poderoso que Satanás.

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Articulo tomado de: Joel Beeke, La lucha contra Satanas: Conociendo al enemigo sus debilidades, estrategias, y derrota(Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2008), 18-20.

Sobre el autor:

joel-beeke_profile-369x424-c-defaultJoel Beeke (1952-), realizo estudios en Western Michigan University(BA), Thomas Edison College, Netherlands Reformed Theological School, Westminster Theological Seminary(PhD). Joel Beeke es pastor en la Iglesia ‘Congregacion Reformada Heritage Netherlands’ en Michigan (US), y presidente del Seminario Teologico Reformado Puritano, donde es profesor de Teologia Sistematica y Homiletica. Es también editor de ‘Puritan Reformed Journal’, y ha escrito y editado alrededor de ochenta libros y escrito mas de 2500 articulos  academicos en libros, enciclopedias, revistas teologicas, etc. Esta casado con Mary, y tiene tres hijos: Calvin, Esther and Lydia. Joel Beeke es uno de los representas de la Teologia Reformada mas conocido a nivel mundial. Entre sus publicaciones es español tenemos “La espiritualidad puritana y reformada: Un estudio teológico y práctico tomado de nuestra herencia puritana y reformada.”(2008); “La lucha contra Satanas: Conociendo al enemigo sus debilidades, estrategias, y derrota.” (2008), etc.