Quisiéramos presentar en las próximas semanas, una selección de artículos sobre algunos de los teólogos y personajes más importantes en la historia de la Iglesia Cristiana. Los artículos son básicamente una selección de lo escrito por una variedad de historiadores y teólogos disponible en español. Aunque en algunas ocasiones la información puede repetirse en algunos puntos, como es de esperance, es, sin embargo, útil ver diferentes y complementarias perspectivas sobre el tema. Asimismo, en algunas ocasiones incluiremos algunos extractos de artículos complementarios sobre el tema. Esperamos sea de ayuda y sirva como una introducción a un tema de vital importancia para la Iglesia: Su historia. Quisiéramos comenzar esta serie con el teólogo Reformado Calvinista Jonathan Edwards.

Edwin David Aponte, “EDWARDS, JONATHAN”, ed. Justo L. González and Carlos F. Cardoza-Orlandi, Diccionario Ilustrado de Intérpretes de La Fe (Terrassa, Barcelona: Editorial Clie, 2004), 163–164.

[Jonathan Edwards – (1703-1758)], fue uno de los más importantes teólogos, pastores, filósofos, y educadores norteamericanos durante el período colonial inglés y sin duda una de las figuras más significativas en el Gran Avivamiento del s. XVIII. Sus escritos todavía son influyentes en la teología, la filosofía y la literatura. Procuró identificar las características del discipulado cristiano verdadero. En consecuencia desarrolló un entendimiento intelectual de los avivamientos.

Nacido el 5 de octubre de 1703 en Connecticut, Edwards era hijo y nieto de ministros congregacionalistas y se crió en la tradición calvinista de Nueva Inglaterra. Su abuelo era Salomón Stoddard. A los 13 años comenzó sus estudios en la Universidad de Yale, y permaneció allí para dos años adicionales de estudios teológicos. En 1722 llegó a ser pastor de una iglesia presbiteriana en Nueva York, y después fue tutor en Yale por dos años. En 1726 se unió con su abuelo Stoddard en el pastorado en Northampton, Massachusetts. Edwards se casó con Sarah Pierrepont en 1727, con quien tuvo once hijos. Después de la muerte de su abuelo en 1729, Edwards llegó a ser el único pastor en Northampton, y permaneció allí hasta 1750.

Edwards creía en la necesidad de una experiencia de conversión personal y genuina. Le preocupaba la impresión de que la vida de los jóvenes y de la comunidad en general no reflejaba tal experiencia. Por ello, desde 1734, predicó una serie de sermones sobre la justificación por la fe que iniciaron un avivamiento regional que Edwards describe en su escrito Un recuento fiel de la obra sorprendente de Dios (1737). Este ensayo se leyó extensamente en las colonias inglesas y en Gran Bretaña. Edwards cuenta lo que aconteció en Northampton, lo cual alentó a otras personas a trabajar en pro de avivamientos en sus propios contextos y ayudó a preparar para el ministerio en Norteamérica del evangelista anglicano George Whitefield.

En sus sermones y escritos Edwards enfatizó su creencia que la religión verdadera depende totalmente de la gracia y soberanía de Dios. La salvación implica una conversión radical y la experiencia del perdón divino. Con ello Edwards reafirmaba la doctrina de la Reforma de la justificación por la fe. La experiencia religiosa verdadera incluía un conocimiento personal de la gracia de Dios y tenía por resultado un cambio en la vida personal.

Probablemente a Edwards se le recuerde sobre todo por su sermón de avivamiento Pecadores en manos de un Dios airado. Sus otros escritos incluyen Las marcas que distinguen la obra del Espíritu (1741) y Pensamientos respecto al avivamiento actual de la religión en Nueva Inglaterra (1743) donde defendía la autenticidad y validez de lo que acontecía en los avivamientos. Su Ensayo sobre las afecciones religiosas (1746) propugnaba la práctica de una fe verdadera.

El énfasis de Edwards en las expresiones visibles del cristianismo auténtico causó una disputa, y la congregación en Northampton le despidió. Fue entonces a una iglesia en Stockbridge, Massachusetts, que se consideraba lugar apartado y área marginal de la colonia. Allí continuó con su trabajo, sirviendo a los indios de la tribu Housatonic y a su congregación. Además escribió otros trabajos importantes, entre los que se cuentan Un examen cuidadoso y estricto de las nociones modernas sobre el libre albedrío (1754), y Defensa de la magnífica doctrina cristiana del pecado original (1758).

En enero de 1758, Edwards vino a ser el tercer presidente de la Universidad de Nueva Jersey (Princeton). Murió de viruela dos meses más tarde, y fue enterrado en Princeton.

H. Gerstner, “EDWARDS, JONATHAN,” ed. Sinclair B. Ferguson, David F. Wright, and J. I. Packer, trans. Hiram Duffer, Nuevo Diccionario de Teología (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 2005), 320–321.

Jonathan Edwards fue un teólogo y filósofo norteamericano, Edwards se crió dentro de un hogar y cultura cristianos y estudió en la Universidad de Yale. El primer período de su ministerio (en la Iglesia Congregacional, Northampton, MA, 1727–33) fue una época de relativa obscuridad, seguida de gran popularidad y éxito (1734–47), la cual terminó en rechazo (1750) y un entierro virtual en un pequeño campamento indio (Stockbridge, 1751–57), en donde realizó su obra más grande (Freedom of the Will [La libertad de la voluntad]; Original Sin [El pecado original]; End of Creation [El propósito de la creación]; True Virtue [La verdadera virtud]). Fue llamado a la presidencia de la entonces naciente Universidad de Princeton poco antes de su muerte.

De acuerdo con el pensamiento de Edwards, “nada es más seguro, como que debe existir un ser no hecho e ilimitado” (The Insufficiency of Reason as a Substitute for Revelation [La insuficiencia de la razón como substituto de la revelación]). On Being (Sobre el ser) sostenía que la existencia eterna sólo puede pensarse, y Freedom of the Will (La libertad de la voluntad) que “primeramente probamos a posteriori… debe haber una causa eterna… y probar muchas de sus perfecciones a priori”. A pesar de esto, aparte de la revelación bíblica, el hombre está “naturalmente ciego en las cosas de religión” (sermón sobre Sal. 94:8 sig.). Esto se debe en parte a lo complejo de las cuestiones metafísicas y principalmente a causa de la influencia intelectual del pecado. La Biblia demuestra su propia inspiración mediante su “brillo refulgente con la afable simplicidad de la verdad” (Observations on Scripture [Observaciones sobre las Escrituras]), así como por la verificación externa de sus autores capacitados con el poder de Dios (The Miracles of Jesus Not Counterfeited [Los milagros de Jesús no falsificados]).

Por razón natural y mediante la Escritura, Dios revela su propósito de crear el mundo para su gloria, lo que implica la bienaventuranza de su pueblo (End of Creation [El propósito de la creación]), que consiste en su benevolencia desinteresada hacia su existencia-en-general (Religious Affections: True Virtue [Los Afectos Religiosos: la verdadera virtud]). Adán fue creado recto en principio, pero cayó en tentación (no acogiéndose a la gracia eficiente que estaba a su disposición) y atrajo la ruina a la raza “constituida” en él (Original Sin [El pecado original]). A través de la obra pactada del Dios-hombre (On Satisfaction [Sobre la satisfacción]), Dios redime a los elegidos (Efficacious Grace [La gracia eficaz]), dejando a los no elegidos sin excusa con su escepticismo y juicio (The Justice of God in the Damnation of Sinners [La justicia de Dios en la condenación de los pecadores]).

Esta obra de Cristo llega a los elegidos generalmente por medio de la predicación, en la que el Espíritu despierta a la gente previamente “embotada” (Sinners in the Hands of an Angry God [Los pecadores en las manos de un Dios airado]) para “buscar” (Pressing Into the Kingdom; Ruth’s Resolution [Esforzándose para entrar al reino; la resolución de Ruth]). De los muchos llamados son pocos los escogidos. Solamente aquellos que presentan una profesión de fe y vida dignas de crédito son bien aceptados y permanecen como miembros de la iglesia, teniendo derecho a sus sacramentos (Qualifications for Communion [Condiciones para la comunión]), mientras a los otros se les ponen impedimentos o se les excomulga (The Nature and End of Excommunication [La naturaleza y propósito de la excomunión]).

Un avivamiento general que estaba ocurriendo en las colonias norteamericanas hizo que Edwards creyera que apuntaba el alba del milenio de “los últimos días” (Thoughts on Revival [Pensamientos sobre el avivamiento]) siguiéndole el juicio final, la conflagración y el infierno y cielo eternos (The Portion of the Wicked [La porción de los malvados]; The Portion of the Just [La porción de los justos]). El avivamiento que inició Edwards, además de sus efectos inmediatos, tuvo una fuerza considerable para preparar a las iglesias establecidas para su separación del estado después de la revolución norteamericana y, según algunos eruditos, en atraer a la revolución misma. B. B. Warfield pensaba que la defensa del calvinismo de parte de Edwards había demorado en un siglo la conquista arminiana de Nueva Inglaterra.

Edwards está considerado aun hoy en día como quizá la mente teológica y filosófica más profunda de Norteamérica. Sus Obras se editan actualmente por la imprenta de la Universidad de Yale (ed. P. Miller, New Haven, CT, 1957–).

A. Noll, “NUEVA INGLATERRA, TEOLOGIA DE,” ed. Sinclair B. Ferguson, David F. Wright, and J. I. Packer, trans. Hiram Duffer, Nuevo Diccionario de Teología (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 2005), 680–681.

La Teología de Nueva Inglaterra. Este es un nombre general para la tradición teológica que se extendió desde Jonathan Edwards hasta Edwards Amasa Park (1808–1900). Aunque todos los teólogos de Nueva Inglaterra se llamaban a sí mismos calvinistas, no compartían creencias del todo similares. Más bien, era un enfoque común a la teología que combinaba una moralidad práctica con la especulación filosófica y una fascinación en común por asuntos como la libertad de la voluntad humana, que distinguía a la tradición.

Los esfuerzos de Jonathan Edwards por describir y defender el avivamiento que se experimentó en la América colonial, conocido como el Gran Despertamiento, definió las preocupaciones distintivas de la teología de Nueva Inglaterra. En un grado extraordinario, Edwards unió una percepción penetrante de la experiencia religiosa, una sofisticación en el uso de la filosofía del día y una firme dedicación a las convicciones calvinistas. Sus libros tales como The Freedom of the Will (La libertad de la voluntad, 1754) y Original Sin (El pecado original, 1758) defendieron la soberanía divina en la salvación en contra de los puntos de vista contemporáneos que abogaban por acción moral autónoma. Sus obras sobre la teología práctica tales como A Treatise on the Religious Affections (Un tratado sobre las disposiciones religiosas, 1746) y The Nature of True Virtue (La naturaleza de la virtud verdadera, 1765) proporcionaron pruebas para evaluar la realidad de las experiencias espirituales. Los énfasis principales de la teología de Edwards fueron la grandeza de Dios, la dependencia total en Dios para la salvación y el valor intrínseco de la vida santa. Al promover estos temas por medio de cuidadosa atención tanto al cristianismo práctico como a la argumentación filosófica recóndita, señaló el camino para sus seguidores.

Dos de los discípulos de Edwards, Joseph Bellamy (1719–90) y Samuel Hopkins (1721–1803), proveyeron una transición a los principales teólogos de Nueva Inglaterra del siglo XIX. Bellamy defendió a conciencia la creencia de Edwards de que el ser miembros en la iglesia debía reservarse para aquellos que hacían una profesión creíble de fe salvadora. Hopkins desarrolló la ética de Edwards en un sistema completo de lo que él llamaba “benevolencia desinteresada”. Pero a medida que adoptaban las ideas de su maestro, también empezaron a cambiarlas sutilmente. Bellamy dio más énfasis a un concepto gubernamental de la expiación por medio del cual el sentido que Dios tiene de lo bueno y lo malo, en lugar de su ira, era la clave para interpretar la obra de Cristo. Hopkins llegó a considerar el pecado como una modalidad no tanto del carácter cristiano como de la acción humana.

Bibliografía importante de Edwards.

Obras: muchas ediciones, v.gr., 2 tomos (Edimburgo, 1974–75); cf. H. T. Johnson, The Printed Writings of Jonathan Edwards, 1703–1758: A Bibliography (Princeton, NJ, 1940).

El mejor estudio comprensivo, O. E. Winslow, Jonathan Edwards, 1703–1758: A Biography (Nueva York, 1940); C. Cherry, The Theology of Jonathan Edwards. A Reappraisal (Nueva York, 1966); D. J. Elwood, The Philosophical Theology of Jonathan Edwards (Nueva York, 1961); I. H. Murray, Jonathan Edwards. A New Biography (Edimburgo, 1987).[1]

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Notas:

[1] J. H. Gerstner, “EDWARDS, JONATHAN,” ed. Sinclair B. Ferguson, David F. Wright, and J. I. Packer, trans. Hiram Duffer, Nuevo Diccionario de Teología (El Paso, TX: Casa Bautista de Publicaciones, 2005), 321.