Tomado de: David VanDrunen, Los pactos divinos y el orden moral: Una teología bíblica de la ley natural (Lima, Perú: Teología para Vivir, 2023), 1-40. Ver aquí: https://teologiaparavivir.com/vandrunen-pactos-divinos-y-el-orden-moral/
4 Ideas que cambiarán tu forma de pensar sobre la «Ley Natural».
Introducción: Un anhelo universal en un mundo fragmentado.
El teólogo Alister McGrath observó una vez que «la idea de que la moralidad humana podría basarse, en última instancia, en algo inherente a la estructura del propio universo se ha negado obstinadamente a morir. Posee una cierta verosimilitud intuitiva, pese a que su definición conceptual haya resultado inmensamente difícil». Esta tensión define nuestra época. En un mundo moralmente fragmentado, la búsqueda de una ley natural que trascienda las fronteras culturales es más pertinente que nunca, aunque su existencia parezca más improbable que nunca.
¿Existe una forma más robusta y coherente de entender esta «ley natural», una que no se base en la frágil autonomía de la razón humana, como propuso la Ilustración, ni dependa de marcos filosóficos ajenos a la propia narrativa bíblica?
Este artículo explora cuatro ideas sorprendentes, extraídas de una profunda investigación teológica, que ofrecen una nueva y poderosa perspectiva sobre este antiguo concepto. Estas ideas no solo aclaran qué es la ley natural, sino que también redefinen su propósito y su lugar en el mundo.
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1. No es solo una idea católica: La sorprendente herencia protestante de la Ley Natural
Cuando se habla de «ley natural», la mente suele saltar a la teología católica y, en particular, a la imponente figura de Tomás de Aquino. Sin embargo, existe una rica y prolongada tradición de afirmación de la ley natural dentro de la teología reformada y protestante que ha sido ampliamente olvidada en el último siglo.
Figuras como Juan Calvino y confesiones de fe históricas, como la de Westminster, no solo daban por sentada la existencia de la ley natural, sino que la integraban en múltiples puntos de su doctrina. La consideraban fundamental para entender las responsabilidades morales de todos los seres humanos, la autoridad civil y el juicio final. Lejos de ser un concepto ajeno, era una herramienta teológica común. El objetivo no es solo recordar el pasado, sino usar los recursos distintivos de esta tradición—especialmente su teología de los pactos—para construir una comprensión de la ley natural más robusta y bíblicamente integrada para el presente.
Reflexión: ¿Por qué es importante este punto? Porque recupera una herramienta intelectual para muchos cristianos que podrían haberla descartado por considerarla «católica». Reconocer esta herencia compartida abre nuevas y valiosas vías para el diálogo ético, demostrando que la idea de un orden moral objetivo no pertenece a una sola tradición, sino que es un patrimonio común del pensamiento cristiano occidental. Esto no es solo una nota académica a pie de página; restablece un vocabulario compartido para el razonamiento ético entre las tradiciones cristianas que ha permanecido inactivo durante un siglo.
«La ley natural fue una característica común de la teología reformada desde la Reforma hasta principios del siglo XX, aunque en el siglo pasado perdió bastante popularidad entre los teólogos reformados, ya sea por negligencia o por oposición directa.»
2. Más allá de la Razón: La Ley Natural está anclada en Pactos Divinos
La idea moderna de la ley natural a menudo la presenta como un producto de la «razón humana autónoma», un conjunto de principios éticos que descubrimos por nosotros mismos, libres de cualquier autoridad externa. Sin embargo, un enfoque bíblico-teológico desafía radicalmente esta noción. Propone que la ley natural no es una realidad abstracta, sino que es promulgada y estructurada a través de los pactos —acuerdos formales— que Dios establece con la humanidad.
Este enfoque sitúa la ley natural dentro de la historia de la relación de Dios con el mundo, en lugar de tratarla como un sistema filosófico atemporal. Desde el pacto con la creación en Adán hasta el pacto de preservación con Noé, la ley natural se revela como parte de una relación dinámica y de responsabilidad.
Reflexión: Este cambio de marco es revelador. Significa que la moralidad natural no es algo que «descubrimos» en un vacío, sino algo que se nos da dentro de una relación de responsabilidad con un Dios personal y soberano. Rechaza la ilusión de la autonomía humana y fundamenta la ética en la realidad de que somos criaturas que responden ante su Creador, dentro de los términos que Él mismo ha establecido.
«Mi argumento fundamental en este libro es que Dios promulga la ley natural por medio de las relaciones de pacto con los seres humanos, que son gobernantes del mundo que Él ha creado.»
3. Una Ley, Dos Propósitos: La Ley Natural antes y después de la Caída
Una de las distinciones más impactantes que ofrece este enfoque es que la función de la ley natural cambió drásticamente después de la Caída. No es una ley estática con un único propósito, sino una que opera de manera diferente en un mundo íntegro y en un mundo roto.
Antes de la Caída (Pacto de la Creación): Originalmente, la ley natural estaba diseñada para guiar a la humanidad hacia un destino escatológico glorioso: una «nueva creación». Era el camino divinamente establecido para que, a través de la obediencia fiel, Adán y su descendencia alcanzaran una vida de bienaventuranza eterna. Era una ley con una meta positiva, trascendente y consumadora.
Después de la Caída (Pacto con Noé): En un mundo caído, Dios establece un nuevo pacto universal con Noé. Su finalidad ya no es la consumación, sino la preservación a través de lo que los teólogos llaman gracia común. La ley natural, «refractada» a través de este pacto, ahora tiene un propósito más modesto pero crucial: mantener un orden social mínimo, restringir el mal y permitir la coexistencia en una sociedad fracturada. Ya no ofrece un camino a la gloria, sino que mantiene el orden mientras se pospone el juicio final. Pensemos en ello como la diferencia entre las reglas de un maratón y las leyes de tráfico. Las reglas del maratón están diseñadas para llevar a los corredores a una meta gloriosa. Las leyes de tráfico, en cambio, existen en un mundo imperfecto para un propósito más modesto pero vital: evitar colisiones y mantener un orden básico para que todos puedan seguir moviéndose.
Reflexión: Esta distinción es inmensamente práctica. Resuelve la frustrante tensión entre el elevado llamado de la ética cristiana y la desordenada realidad de la vida pública. Nos permite trabajar por una paz civil «suficientemente buena» (bajo el pacto con Noé) sin la carga de creer que debemos transformar cada institución en el Reino de Dios.
4. Ni perfecciona ni restaura: Lo que la Gracia realmente le hace a la Naturaleza
La famosa fórmula de Tomás de Aquino, «la gracia perfecciona la naturaleza», ha dominado el pensamiento cristiano durante siglos. Sin embargo, un marco basado en los pactos ofrece una alternativa con matices cruciales que aclara cómo opera la gracia en un mundo caído. La gracia no actúa de una sola manera, sino de dos formas distintas y complementarias.
- Gracia Común: A través del pacto con Noé, esta gracia preserva nuestra naturaleza caída y el mundo. No la sana ni la eleva, sino que la sostiene, permitiendo que la sociedad, la cultura y las instituciones humanas continúen existiendo a pesar del pecado. Es una gracia para el «aquí y ahora» de este mundo presente.
- Gracia Salvadora: A través de los pactos de redención en Cristo, esta gracia no solo «restaura» o «perfecciona» la vieja naturaleza. En su lugar, nos hace ciudadanos de una nueva creación. Nos consuma, llevándonos a un estado final de gloria que Adán nunca tuvo; no es una simple reparación del original, sino su gloriosa finalización.
Reflexión: Esta perspectiva es profundamente liberadora. Libera a los cristianos de dos errores comunes: el retiro cínico de una cultura «sin Dios» y la creencia, que conduce al agotamiento, de que su trabajo secular debe tener un significado redentor directo. En cambio, dignifica su participación en la preservación del mundo como una tarea válida y ordenada por Dios, distinta de su identidad como ciudadanos del mundo venidero, pero compatible con ella.
«La gracia, en efecto, no destruye la naturaleza; la gracia (común) preserva la naturaleza y la gracia (salvadora) consuma la naturaleza.»
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Conclusión: Una visión para vivir en dos mundos
Entender la ley natural a través de los pactos bíblicos nos ofrece un marco más rico y coherente que simplemente apelar a la «razón» o a la «tradición». Transforma la ley natural de un concepto filosófico abstracto a una realidad histórica y relacional, promulgada por un Dios soberano que gobierna Su creación.
Al recuperar su herencia protestante (Idea 1), podemos reanclar la ley natural en los pactos divinos (Idea 2). Este anclaje nos revela su doble propósito —la preservación, no solo la consumación (Idea 3)— y nos permite entender cómo la gracia de Dios opera de manera dual para sostener este mundo mientras nos prepara para el próximo (Idea 4). Nos enseña a vivir fielmente en dos mundos a la vez: el mundo presente que Dios preserva por su gracia común y el mundo venidero que ha inaugurado por su gracia salvadora.
Sabiendo que vivimos bajo una ley natural para la preservación y una gracia salvadora para la consumación, ¿cómo cambia esto la forma en que interactuamos con nuestra cultura, nuestro trabajo y nuestros vecinos?
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Categorías:VanDrunen, David



Gracia y paz, Pastor, usted tiene una explicación sobre cómo los bautistas reformados de la confesión 1689 tratan la cuestión de los niños? la pregunta es, se los consagran, se lo presentan?
Gracias y bendiciones.
Enviado do meu Galaxy
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