04-Reforma s. XVI

Solo yo y mi Biblia, por R.C. Sproul

Las reformas, como las revoluciones, no son cosas fáciles de contener. Cuando empezamos a arrancar ladrillos del dique uno por uno, pronto nos encontramos con que el dique se rompe, y somos arrastrados por un torrente fuera de nuestro control.

Martín Lutero estaba escondido, traduciendo la Biblia al alemán para que sus compatriotas también tuvieran sus conciencias cautivas por la Palabra de Dios. Mientras trabajaba en esta tarea vital, también puso su pluma contra las espadas de Roma, y demostró ser realmente poderoso. Sus polémicas contra la Iglesia Católica Romana dejaron su huella, y pronto algunos de sus seguidores jugaron el papel de iconoclastas literales, aplastando los iconos del papado con todo el aplomo de los bárbaros.

La reforma y el surgimiento de los anabaptistas radicales

Fue esta revuelta de violencia la que sacó a Lutero de su guarida, mientras dejaba a un lado su disfraz y dirigía su prodigiosa ira contra sus amigos. No quería participar en la adoración de los ídolos de barro y madera, pero tampoco aprobaba su destrucción.

Esos lugartenientes excesivamente fanáticos no fueron los únicos que pasaron de la reforma a la revolución. La Reforma también engendró el a menudo olvidado movimiento anabaptista. [Nota: No confundir a los Anabaptistas con los Bautistas. Son dos grupos diferentes, con raíces históricas y creencias diferentes]. Cuando pensamos en la gran lucha que fue la Reforma y la subsiguiente Contrarreforma católica, a menudo nos sonrojamos por lo mucho que ambos bandos estaban dispuestos a hacer. En nuestra era relativista, nos aturde considerar que los fanáticos de ambos lados estaban dispuestos no sólo a matar por su comprensión del Evangelio sino también a morir por él. La batalla no fue un mero debate, sino una batalla literal. Pero aunque sus disputas se convirtieron en un derramamiento de sangre, aún quedaba una visión común, un compromiso común: Ambos bandos – los Católicos y Reformadores – querían acabar con los anabaptistas. Muchos anabaptistas perdieron sus vidas en la agitación, no sólo porque muchos de ellos eran pacifistas, sino porque enfrentaron la ira tanto de los que estaban comprometidos con Roma como de los que estaban comprometidos con la Reforma.

Los anabaptistas tenían mucho en común con los reformadores. Ambos afirmaban que somos justificados sólo por la fe en Cristo. Ambos negaron que la iglesia o los sacramentos son los medios por los cuales tenemos paz con Dios. Ambos negaron que Dios le haya concedido a la iglesia una tradición infalible. Y ambos afirmaron la sola Scriptura, la única fuente de verdad que puede unir las conciencias de los hombres.

¿Por qué los reformadores se distanciaron lo mas que pudieron de los anabaptistas?

¿Por qué, entonces, los reformadores y los reformadores radicales no hicieron causa común contra el monolito de Roma? Fue porque su acuerdo sobre los gritos de guerra de la Reforma era muy pobre. Los anabaptistas eran arminianos en su doctrina de salvación, compartiendo con Roma una versión de semi-pelagianismo. Pero aún más divisorio e importante era su diferente comprensión de lo que significaba la sola Scriptura. Los anabaptistas tomaron un enfoque radicalmente antihistórico de la Palabra de Dios. Estaban tan disgustados con los errores de Roma que su estrategia era desechar toda la tradición de la iglesia, toda la historia de la iglesia, y volver a la Biblia de nuevo. Los reformadores entendieron la tremenda locura y el peligro de tal enfoque.

Cuando los reformadores afirmaron la sola Scriptura, no sugirieron que se puede conocer la revelación de Dios en el vacío, que cualquier hombre equipado con la Biblia solamente puede estar seguro de afirmar la verdadera enseñanza bíblica. No trataron la historia de la iglesia como una tontería. Rechazaron el enfoque de “sólo yo y mi Biblia” con un rigor mortal. Comprendieron que aunque no había un depósito inerrante de tradición para guiar nuestra comprensión de la Biblia, había una tradición que era un regalo de Dios. Negaron que Dios había dejado de interactuar con su iglesia desde el cierre del canon hasta la Reforma. Afirmaron que Dios había bendecido a su iglesia con maestros, con eruditos y con la sabiduría expresada en los concilios y los credos. Se negaron a tratar estos buenos dones de Dios como manchados e intocables simplemente porque Roma había abusado de ellos.

Así también deberíamos hacerlo todos nosotros. Mientras que los anabaptistas fueron derrotados y se desvanecieron en la oscuridad, su comprensión de la sola Scriptura se ha convertido en la regla común de hoy en día. Parece que pensamos que la historia de la iglesia comenzó con la primera reunión de los Cumplidores de Promesas en 1990. La iglesia evangélica, si es algo, es egalitaria, en el sentido de que afirma no solo el sacerdocio de todos los creyentes sino el papado de todos los creyentes. 

“Yo y mi Biblia se mas que todos los teólogos de la historia”, ¿de verdad?

Pensamos, con “yo y mi Biblia”, puedo hablar infaliblemente. Nuestro egalitarismo se extiende no sólo a los grandes eruditos sino también a lo largo del tiempo. Pensamos que lo nuevo es tan bueno como lo viejo, tan seguro estoy como que yo soy tan bueno y sabio como cualquier otro teólogo. Puedo superar el consenso de todo el Credo de Nicea con “yo y mi Biblia”. Cuando esta actitud se une a nuestro misticismo descuidado… “El Señor me enseñó esto durante mi tiempo en su Palabra”… nuestras convicciones se vuelven irrefutables. Ya sea un gurú de la dieta que abraza el arrianismo o los torpes de la escatología que niegan el futuro retorno de Cristo, el llamado a ser fiel a los credos es rechazado como el canto de las sirenas romanas.

¡Que nunca jamás sea así con nosotros! Honramos a los reformadores no mediante el uso de la espada para los anabaptistas, sino buscando la sabiduría de los reformadores. Y habiendo hecho esto, honramos su sabiduría al buscar la sabiduría de los Padres.

Cuando afirmamos que vivimos coram Deo, ante el rostro de Dios, afirmamos también que Él está aquí con nosotros. Siempre lo ha estado. Estuvo aquí en la primera mitad del primer milenio D.C., cuando la iglesia afirmó la verdadera humanidad y la verdadera deidad de Cristo. Estuvo aquí cuando la iglesia se enfrentó a la furia del Islam y se mantuvo firme. Estuvo aquí cuando un hombre se paró no solo con su Biblia, sino sobre los hombros de Agustín y Tyndale, todos juntos descansando sobre la inerrante Palabra de Dios. Estuvo aquí cuando las grandes mentes de la época convergieron en Ginebra. Estuvo aquí aún más tarde cuando los teólogos se reunieron en Westminster. Y ha permanecido con nosotros, regalándonos con los puritanos y los pactadores; con los grandes teólogos sureños, Dabney, Thornwell y Girardieu; y con los grandes maestros de Princeton, Warfield, Alexander y los Hodges. En el último siglo, nos dio un nuevo conjunto de teólogos de Westminster en Murray, Machen, Van Til y Vos. En mi vida, nos ha dado a Schaeffer, Berkhof, Lloyd-Jones y Gerstner.

Elevar a los estudiantes y profesores de la Biblia al nivel de la Biblia es deshonrar la Biblia. Pero despreciar estos buenos dones por amor a la Biblia es despreciar a Dios mismo quien nos los dio.

Fuente: R.C. Sproul, Tabletalk Magazine, August 2001: Sola Scriptura (Lake Mary, FL: Ligonier Ministries, 2001), 4–7.

Mas artículos del autor aqui.

Mas artículos sobre el tema aquí.

NOTA: La postura Anabaptista tambien se conoce como “Nuda Scriptura” o “Solo Scriptura“, para distinguirla de la postura protestante reformada de “Sola Scriptura“, y la postura Católica Romana de “Prima Scriptura“.

Acerca del autor:

r-c-sproul

Robert Charles Sproul (1939-2017). Westminster College, Pennsylvania (BA), Pittsburgh-Xenia Theological Seminary (M.Div.), Free University of Amsterdam (PhD), Whitefield Theological Seminary (PhD). Ha sido profesor de teologia en diversos seminarios en los Estados Unidos. Es un conocido teólogo y pastor americano, autor de muchos libros. Es fundador y director de “Ministerios Ligonier”, y conduce un programa de radio diario llamado ‘Renovando tu mente’. Sproul ha servido como pastor en la Iglesia de Saint Andrews en Florida (US). Actualmente trabaja con la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCA), y ha sido miembro también de la ‘Alianza de Evangélicos Confesantes’ (Alliance of Confessing Evangelicals). Es autor de mas de 100 libros, de los cuales estan disponibles en español; “Las Grandes Doctrinas de la Biblia” (1996); “Como estudiar e interpretar la Biblia”(1996); “Escogidos por Dios” (2002); “La Santidad de Dios” (1998); entre muchos otros.

7 replies »

  1. Gracias hermanos por compartir este mensaje. Los animo a seguir publicando estos articulos.
    En mi caso, me ha ayudado a aprender un poco más. Bendiciones a todos los que conforman este equipo de la pagina web.

    Me gusta

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