07-El Largo siglo XVIII (1689-1815)

La Pertenencia como Consuelo: La Sabiduría Radical de un Clásico Olvidado de 300 Años

Basado en: Jaime D. Caballero, “Introducción a la edición en español,” en Johannes van der KempEl cristiano, propiedad de Cristo – Vol. 1: Consuelo cristiano, miseria humana y la redención en Cristo (Lima: Teología para Vivir, 2025), i–xxvii.

Lecciones contraintuitivas de un clásico redescubierto sobre la vida, la fe y la verdadera libertad.

Introducción: La Sabiduría Oculta en un Clásico de 300 Años.

En un mundo saturado de información superficial y soluciones efímeras, muchos anhelamos una sabiduría más profunda y atemporal, una que pueda anclar nuestras vidas en medio de la incertidumbre. Buscamos en las últimas tendencias, en nuevos discursos filosóficos o en guías de autoayuda, pero a menudo nos quedamos con una persistente sensación de vacío. ¿Y si la guía más relevante para nuestros desafíos modernos se encontrara en un lugar inesperado?

Esa guía se encuentra en una obra teológica de 300 años de antigüedad, escrita por un humilde pastor rural holandés llamado Johannes van der Kemp. Su libro, El cristiano, propiedad de Cristo, publicado originalmente en 1717 y recientemente traducido por primera vez al español, es mucho más que un comentario sobre un antiguo catecismo. Es un manantial de sabiduría perenne que aborda las preguntas más profundas del corazón humano.

Este libro no solo ofrece lecciones sorprendentes en su contenido, sino también en su propia historia: fue un bestseller, luego fue olvidado y «cancelado» por el espíritu de su época, y finalmente fue redescubierto por una nueva generación que buscaba una fe más auténtica y profunda.

Este ensayo se adentra en las ideas más impactantes y liberadoras de esta obra redescubierta. Desde proponer la pertenencia como la máxima libertad hasta entender la teología más rigurosa como el más cálido cuidado pastoral, las lecciones de Van der Kemp son un mapa para navegar la vida con un consuelo y una seguridad que trascienden el tiempo.

1. La Pertenencia Como el Máximo Consuelo, No Como Opresión.

El tema central que recorre toda la obra de Van der Kemp se resume en una sola palabra holandesa: Eigendom, que significa «propiedad» o «pertenencia». Para el autor, toda la vida cristiana, su seguridad y su esperanza, se fundamentan en la idea de que el creyente es enteramente propiedad de Cristo.

Esta idea se presenta como un radical antídoto a la sensibilidad moderna. Nuestra cultura valora por encima de todo la autonomía, la autosuficiencia y la libertad de ser «dueños de nosotros mismos». La noción de «pertenecer» a otro puede evocar imágenes de opresión, pérdida de identidad y sumisión forzada. Concebimos la libertad como la ausencia de restricciones, no como una entrega total a alguien más.

Sin embargo, para Van der Kemp y la tradición reformada, este concepto es la fuente del «único consuelo». La clave está en entender a quién se pertenece. No se trata de la propiedad de un tirano o un amo caprichoso, sino de la pertenencia a un «fiel Salvador Jesucristo». Esta pertenencia no se basa en la coerción, sino en un acto de rescate amoroso. Cristo es el propietario que compra a su pueblo con su propia sangre, liberándolo de la verdadera tiranía: el poder del pecado y del diablo.

Esta perspectiva se captura de manera magistral en la primera pregunta y respuesta del Catecismo de Heidelberg, el documento que Van der Kemp comenta y que constituye el corazón de su libro:

Mi único consuelo en la vida, y en la muerte, es que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino que pertenezco a mi fiel Salvador Jesucristo, quien con Su preciosa sangre ha satisfecho plenamente todos mis pecados, y me ha redimido de todo el poder del diablo; y me preserva de tal manera que, sin la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ni un solo cabello puede caer de mi cabeza. Si; todas las cosas obran conjuntamente para mi salvación. Por tanto, por medio de Su Espíritu Santo, también me asegura la vida eterna, y me hace estar dispuesto de corazón y preparado desde ahora para vivir para Él.

Esta visión transforma radicalmente la base de nuestra seguridad. La confianza ya no descansa en la fuerza de nuestra fe, la consistencia de nuestra obediencia o la estabilidad de nuestras emociones, todas ellas variables y frágiles. En cambio, se basa en la fidelidad inquebrantable del «propietario». La seguridad de la salvación no depende de cuán fuerte nos aferremos a Cristo, sino de cuán fuerte Él, como propietario amoroso, nos sostiene en Su mano.

2. La Historia de un Bestseller que fue «Cancelado» y luego Revivió.

La trayectoria de El cristiano, propiedad de Cristo es tan fascinante como su contenido. Lejos de ser una obra oscura que permaneció oculta durante siglos, el libro de Van der Kemp fue un auténtico bestseller en su tiempo. Tras su publicación en 1717, alcanzó una popularidad extraordinaria, llegando a publicarse «al menos diecinueve ediciones» en menos de un siglo. Servía como manual de predicación para pastores, guía de catequesis en los hogares y lectura devocional para los creyentes.

Sin embargo, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, su popularidad comenzó a desvanecerse drásticamente. El libro «dejó de reeditarse por el avance del racionalismo y la pérdida de aprecio por los antiguos predicadores». La Ilustración, con su énfasis en la razón humana, la moralidad natural y el escepticismo hacia la doctrina tradicional, cambió el clima cultural. Obras como la de Van der Kemp, con su teología confesional y su enfoque en la soberanía de Dios, comenzaron a parecer anticuadas y dogmáticas. En una especie de «cancelación» cultural, el espíritu de la época lo relegó al olvido.

El renacimiento del libro llegó de la mano de un movimiento de avivamiento confesional conocido como la Afscheiding(Secesión) de 1834 en los Países Bajos. Este movimiento surgió como una reacción contra el liberalismo teológico que se había infiltrado en la iglesia estatal. En su búsqueda por restaurar una fe reformada más profunda y ortodoxa, los líderes de la Secesión se volvieron hacia los grandes teólogos del pasado.

Fue en este contexto que redescubrieron la obra de Van der Kemp, encontrando en ella «un alimento espiritual profundo y sólido». El libro, con su equilibrio perfecto entre precisión doctrinal y piedad cálida, encarnaba exactamente el tipo de cristianismo que anhelaban recuperar. Pasó de ser una reliquia a convertirse en un estandarte para un movimiento eclesial vibrante que buscaba autenticidad. La historia de este libro es un testimonio de la resiliencia de las ideas profundas, demostrando cómo una obra puede ser marginada por una generación y redescubierta por la siguiente cuando esta busca la verdad más allá de las modas intelectuales de su tiempo.

3. Cuando la Teología Rigurosa se Vuelve Intensamente Pastoral.

Para muchos, la expresión «ortodoxia escolástica» evoca imágenes de una teología árida, un ejercicio de lógica fría y debates abstractos desconectados de la vida real. Se asume que los antiguos teólogos estaban más interesados en la precisión de sus sistemas que en el cuidado de las almas. La obra de Johannes van der Kemp desmantela por completo este estereotipo.

Van der Kemp representa la fusión perfecta de dos grandes corrientes de su tiempo: la «precisión doctrinal de la ortodoxia reformada tardía con la piedad cálida y experimental de la Nadere Reformatie» (la Segunda Reforma holandesa). Para él, la doctrina correcta no era un fin en sí misma, sino el fundamento indispensable para una piedad viva y un consuelo genuino. Su objetivo no era simplemente exponer conceptos, sino «aplicar la verdad al corazón».

Este enfoque eminentemente pastoral es evidente en los temas concretos que aborda. Sus sermones no son tratados abstractos, sino guías para las luchas reales de la vida cristiana. Van der Kemp se ocupa de «la tentación a desesperar de la salvación; la falsa seguridad de los hipócritas; la lucha contra el pecado remanente; el consuelo en la enfermedad; y la preparación para la muerte». Su teología desciende a las trincheras de la experiencia humana para ofrecer esperanza y dirección.

El erudito Joel R. Beeke, uno de los mayores expertos en esta tradición, subraya la accesibilidad y relevancia de la obra de Van der Kemp, destacando que su estilo está lejos de ser pesado o académico:

…sus exposiciones “son ricas en aplicaciones puntuales, sinceras y diversas, y hoy en día resultan muy fáciles de leer”.

El cristiano, propiedad de Cristo nos enseña una lección vital: la teología más profunda debe ser también la más práctica. La verdad doctrinal no es un mero ejercicio intelectual, sino el alimento que nutre el alma, el ancla que estabiliza el corazón en la tormenta y la luz que guía al peregrino en su viaje. La obra de Van der Kemp es un recordatorio de que una teología que no consuela al afligido y no guía al perdido ha perdido su propósito fundamental.

4. El Legado Global de un Sencillo Pastor Rural.

Si juzgáramos a Johannes van der Kemp por su currículum, podríamos pasarlo por alto fácilmente. No fue un académico universitario ni un teólogo que participara en las grandes controversias políticas de su tiempo. Nació en un hogar humilde; su padre murió cuando él tenía nueve años y su madre tuvo que mantener a la familia trabajando en «la confección y reparación de sombreros». Dedicó todo su ministerio, un total de 26 años, a una sola y sencilla «congregación rural». Su vida contrasta marcadamente con la de las grandes figuras teológicas de las capitales europeas.

Sin embargo, la influencia de este pastor de perfil bajo fue inmensa y duradera. Sus sermones circularon ampliamente por los Países Bajos y alcanzaron una popularidad que superó a la de muchos de sus contemporáneos más famosos. Su impacto trascendió las fronteras cuando su obra principal fue traducida al inglés en 1810 para servir a la creciente comunidad de la Iglesia Reformada Holandesa en América, asegurando que su legado pastoral cruzara el Atlántico.

Pero quizás su legado más profundo y personal fue el que dejó en su propia familia. La fe que predicó desde el púlpito la vivió de tal manera en su hogar que sus descendientes siguieron sus pasos durante generaciones. Su influencia fue tal que hasta cinco generaciones después, sus descendientes seguían involucrados en el ministerio. Entre ellos se encontraba un nieto, Johannes Theodorus van der Kemp, que se convirtió en un pionero misionero en Sudáfrica, y un tataranieto, Carel van der Kemp, que fue un líder clave en los avivamientos que tuvieron lugar en Holanda en el siglo XIX.

La vida de Van der Kemp nos ofrece una poderosa reflexión sobre el verdadero impacto. Demuestra que la fidelidad en lo pequeño, el cuidado constante de una congregación local y la transmisión de la fe en el seno de la familia pueden generar ondas que se extienden a través de continentes y siglos. Como señala la introducción a su obra, «la prueba de un hombre consagrado al Señor no se mide principalmente por los libros que publica, sino por la manera como sus hijos y nietos reciben su fe». Esta fidelidad personal se reflejaba en la propia estructura de su enseñanza: un itinerario espiritual diseñado no para la especulación, sino para guiar al creyente a través de un viaje de fe coherente y seguro.

5. La Fe como un Viaje Guiado: Culpa, Gracia y Gratitud.

Una de las características más brillantes de El cristiano, propiedad de Cristo es la estructura que hereda del Catecismo de Heidelberg. Toda la obra está organizada en torno a una sencilla pero profunda secuencia tripartita: Culpa, Gracia y Gratitud.

Esta no es una simple lista de doctrinas que deben ser memorizadas en orden. Para Van der Kemp, esta estructura funciona como una «hoja de ruta para la vida cristiana experimental» o un «itinerario espiritual». Es un camino que el creyente no recorre una sola vez, sino continuamente a lo largo de su vida. El viaje comienza con un reconocimiento honesto de nuestra miseria y necesidad (Culpa), nos lleva a aferrarnos a la redención completa y gratuita ofrecida en Cristo (Gracia), y culmina en una vida de obediencia gozosa que brota de un corazón agradecido (Gratitud).

Esta estructura dinámica es una herramienta pastoral de inmenso valor, ya que protege al creyente de dos errores opuestos y peligrosos que acechan en la vida cristiana:

  1. Evita el legalismo: Al colocar la obediencia (Gratitud) firmemente después de haber recibido la redención (Gracia), deja claro que nuestras buenas obras no son un medio para ganar el favor de Dios o contribuir a nuestra salvación. La obediencia no es un pago a Dios, sino la respuesta amorosa y agradecida de alguien que ya ha sido salvado inmerecidamente.
  2. Evita el antinomianismo (la idea de que la gracia anula la ley): Al presentar la obediencia a la ley de Dios como el fruto necesario e inevitable de la gratitud, demuestra que una fe que no produce santidad no es una fe salvadora. La verdadera experiencia de la gracia transforma el corazón y crea un deseo genuino de agradar a Dios.

La sabiduría de este enfoque es atemporal. Guía la conciencia del creyente a través de un proceso saludable y continuo: desde la convicción de su pecado y su total incapacidad, pasando por la seguridad del perdón completo en Cristo, hasta llegar a una vida de santidad motivada no por el miedo, sino por el gozo y el amor. Es un mapa que asegura que la fe permanezca anclada en la gracia mientras florece en una obediencia agradecida.

6. Las Controversias de Ayer que Iluminan los Debates de Hoy.

A primera vista, los debates teológicos del siglo XVIII pueden parecer reliquias polvorientas de la historia, irrelevantes para los desafíos de la iglesia contemporánea. Sin embargo, la obra de Van der Kemp demuestra que estas controversias abordaban cuestiones fundamentales sobre la naturaleza de Dios, la salvación y la vida cristiana que siguen siendo tan cruciales hoy como lo fueron entonces. Van der Kemp luchó en tres frentes teológicos principales, y en cada batalla, su principal preocupación era defender el consuelo y la seguridad del creyente.

  • Contra el Socinianismo: Defender la Deidad de Cristo El socinianismo era una forma de racionalismo teológico que negaba doctrinas como la Trinidad y la deidad de Cristo. Veían a Jesús como un hombre excepcional y un modelo moral, pero no como Dios encarnado. Van der Kemp argumentó que esta visión destruía el evangelio, porque solo un Salvador que fuera verdadero Dios podía ofrecer un sacrificio de valor infinito para satisfacer la justicia divina. Como Van der Kemp afirma con agudeza pastoral, los socinianos «no sanan la herida del espíritu, pues no hablan de un Mediador que satisfaga». Un Cristo reducido no puede ofrecer un consuelo real a un pecador consciente de su ofensa contra un Dios infinito. Defender la deidad de Cristo era defender la posibilidad misma de la salvación.
  • Contra el Arminianismo: Defender la Gracia Soberana de Dios El arminianismo (o remonstrantismo) enseñaba que la salvación dependía, en última instancia, de la decisión del libre albedrío humano. Van der Kemp vio en esto un fundamento inestable para el consuelo del creyente. Si la salvación depende de la elección de un «inestable y corrupto libre albedrío humano», ¿cómo puede alguien tener una seguridad duradera? Argumentaba que sus oponentes, al encontrarse con un pecador atribulado, «de inmediato lo tranquilizan con vanas consolaciones», pues estas descansan en la voluntad humana y no en Dios. En contraste, defendió la gracia soberana de Dios, enseñando que la salvación descansa enteramente en la voluntad inmutable y el poder de Dios. La seguridad del creyente no reside en la fuerza de su propia decisión, sino en la fidelidad del Dios que elige, redime y preserva a su pueblo.
  • Contra el Antinomianismo: Defender la Vida de Obediencia El antinomianismo sostenía que, como el creyente está bajo la gracia, ya no tiene la obligación de obedecer la ley moral de Dios. Van der Kemp refutó enérgicamente esta idea, explicando que la obediencia no es un medio para ser salvado, sino la respuesta agradecida e inevitable a la salvación ya recibida. La justificación y la santificación, aunque distintas, son inseparables. Pastoralmente, entendía que la gracia que no transforma la vida es una gracia falsa. La obediencia a la ley de Dios no es una carga legalista, sino el hermoso camino por el cual los hijos de Dios expresan su gratitud y glorifican a su Padre.

Entender estas raíces históricas nos proporciona una claridad asombrosa para navegar las discusiones teológicas de hoy. Las mismas preguntas sobre la identidad de Cristo, el papel de la voluntad humana en la salvación y la relación entre la gracia y la obediencia continúan surgiendo bajo nuevas formas. La defensa pastoral y doctrinal de Van der Kemp sigue siendo una guía sólida para una fe anclada en la verdad.

Conclusión: Redescubrir el Consuelo de no Pertenecernos.

La obra de Johannes van der Kemp, un pastor de hace tres siglos, emerge como una fuente de sabiduría sorprendentemente relevante. Nos enseña que la verdadera seguridad no se encuentra en la autonomía, sino en la gozosa pertenencia a Cristo; que la teología más rigurosa puede ser la forma más profunda de cuidado pastoral; y que una vida de fidelidad sencilla puede tener un impacto que atraviesa generaciones y continentes.

Este clásico redescubierto nos presenta una propuesta radical que desafía los valores fundamentales de nuestro mundo. Nos confronta con una elección entre dos visiones de la libertad: la libertad de ser dueños de nosotros mismos o la libertad que se encuentra al ser enteramente propiedad de un Salvador fiel. En un mundo que nos dice que la máxima libertad es ser dueños de nosotros mismos, ¿qué pasaría si el verdadero consuelo y la más profunda seguridad se encontraran en la gozosa confesión de que ya no nos pertenecemos?

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