Antes de ir al meollo del debate, deseo bosquejar algunos de los criterios que los eruditos usan para determinar cuál lectura se acerca más al original. La evidencia de manera conveniente puede ser dividida de dos modos: externa e interna.

Evidencia Externa

La evidencia externa considera la fecha de un testigo de cierto manuscrito particular, la distribución geográfica de los testigos que coinciden con cierta lectura y la relación genealógica del testigo con los “tipos de textos”.

Ninguna de estas consideraciones son decisivas, todas necesitan ser sopesadas. En igualdad de circunstancias, un documento más antiguo puede ser más autoritativo que otro más reciente. Sin embargo, la fecha del “tipo de texto” es más importante que la fecha de un testigo en particular. Por ejemplo, si se puede establecer que al final del siglo segundo Ireneo usó un tipo de texto encontrado en un minúsculo del siglo décimo, ese minúsculo puede ser considerado más importante que un uncial del siglo quinto cuyo “tipo de texto” no se puede rastrear más allá del siglo cuarto.

La distribución geográfica también es importante, porque si una lectura en particular es hallada en muchas extensas áreas separadas, es correspondientemente menos probable que sea un error idiosincrático de una región contenida geográficamente.

La relación de los testigos con los “tipos de texto” es extremadamente importante, ya que si todos los testigos que soportan una lectura en particular provienen de un “tipo de texto”, en consecuencia, ellos vienen a ser las copias y copias que brotan de un manuscrito. Los manuscritos deben ser sopesados y no tan solamente contados. Por su puesto, si todos esos manuscritos provienen de una tradición textual, esa tradición podría de hecho preservar la lectura original; sin embargo, esto no debe presumirse de los manuscritos testigos per se. Si los otros tres “tipo de texto” concuerdan en otra lectura, aunque ellos colectivamente reúnan una cantidad pequeña de manuscritos reales, en principio es más probable que ellos preserven la lectura original, esto si no hay otras cosas que considerar.

Evidencias Internas

La evidencia interna envuelve una consideración de muchas probabilidades. No pienso realizar una lista de todas ellas, pero debo señalar por lo menos tres o cuatro.

En general la lectura más corta es preferida, ya que se puede demostrar que escribas posteriores, por lo menos, tendían a añadir cosas antes que quitarlas[1]. Hay por su puesto muchas excepciones. Si algo ha sido omitido por similidesinencia o porque el escriba aparentemente ha juzgado algo como irreverente, superfluo, contario a la práctica ascética o a la común creencia piadosa, entonces la lectura más larga es preferida. Otra vez, en general la lectura más difícil (es decir, la lectura más difícil para el escriba) es preferida, ya que un escriba tendía más a enmendar una lectura difícil que una más fácil. Lo que estamos considerando aquí es una probabilidad de transcripción.

Uno también debe considerar qué es lo que el autor humano hubiera podido haber escrito. Por ejemplo, hay un vocabulario distintivo de Pablo y un estilo peculiar de Juan; y algunas veces es posible hacer una conjetura educada entre tres o cuatro variantes basándose en lo que el autor hizo en otro lugar. Ninguna de estas probabilidades, por supuesto, es decisiva. Si todas ellas se alinean de una manera en particular, entonces podemos estar muy seguros. Sin embargo, algunas veces la fuerza de dos de estas probabilidades cancela una a la otra. Por ejemplo, la probabilidad que una lectura particular en Romanos sea original porque Pablo en otro lugar se expresa del mismo modo, puede colocarse en contra de la probabilidad de que al copiar los escribas hubieran sido más inclinados a convertir una locución no Paulina en una Paulina en vez de lo contrario. Al sopesar estas cosas, la crítica textual se inclinará por la lectura que mejor explica la génesis de todas las otras variantes.

Conclusion.

No he incluido ejemplos de capítulos y versos de problemas críticos-textuales: pueden ser encontrados en libros que traten esos temas. He tratado de informar en forma de cápsula y de manera breve, cuán difícil y esmerado debe ser el trabajo de la crítica textual. Sin embargo, la vasta mayoría de las líneas del Nuevo Testamento Griego deben ser consideradas como textualmente certeras. Otro grupo son certeros a un alto grado de probabilidad. Un puñado relativo constituye problemas famosos que son debatidos constantemente en libros y en revistas literarias[2]. [Este articulo es parte de una serie de artículos sobre Critica Textual, Manuscritos Griegos y Traducciones de la Biblia, para ver los demás, por favor vea aquí].

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Acerca del autor:

1065131137_691fdce20bDonald Arthur Carson, (1946-), es un erudito reformado del Nuevo Testamento nacido en Canada. Realizo estudios en Matemática Pura y Química en la Universidad McGill, luego un Mdiv, en Heritage Baptist College y Heritage Theological Seminary, y un PhD en Nuevo Testamento en la Universidad de Cambridge (Inglaterra). Desde 1978 sirve como profesor en Trinity Evangelical Divinity School, asimismo fue miembro fundador de ‘The Gospel Coalition’. Don Carson es actualmente uno de los eruditos mas respetados en la campo de Teología Biblica del Nuevo Testamento. Ha escrito 57 libros hasta el momento, y cientos de artículos académicos, entre sus numerosas publicaciones se tienen: “Falacias Exegeticas”, “El Debate sobre la version King James”, “Escándalo: La Cruz y la Resurrección de Jesús”, “La Dificil Doctrina del Amor de Dios”, “Introduccion al Nuevo Testamento”, “La Soberanía de Dios y la responsabilidad humana”, entre muchos otros.

Traducido y Adaptado por Esteban Palacios. Tomado de D A. Carson, The King James Version Debate: A Plea for Realism (Grand Rapids: Baker Book House, ©1979), 29-31.

Notas:

[1] Otra vez, el apéndice provee un poco más de información sobre el hábito de los escribas y el uso hecho a veces de la obra de A.C.Clark, quien sostenía que los escribas antiguos tendían a quitar cosas antes que añadirlas.

[2] Por ejemplo, compare. René Kieffer, “Afin que je sois brûlé’ ou bien ‘Afin que j’en tire orgueil’? (I Cor. xiii. 3)” NTS 22 (1975) : 95.97; o el estudio magistral de Kurt Aland, “Eine Untersuchung zu Joh 1 3. 4. Über die Bedeutung eines Punktes “, ZNW 59 (1968): 174-209.