La santificación admite grados y se desarrolla progresivamente. Una persona puede ser más santificada en un período de su vida que en otro. La santificación es un proceso de crecimiento, desarrollo y profundidad. Pablo dice a los Tesalonicenses: “El Dios de paz os santifique en todo.” (1 Tes. 5:23) Un creyente no puede ser más perdonada ni más justificada aunque puede ser más santificada. A medida en que los creyentes progresan más en su vida espiritual y en proporción en que andan más íntimamente con Dios, crecen más en su santificación.

  1. La santificación depende, en gran parte, del uso de los medios de gracia. Por la palabra “medios” me refiero a la lectura de la Biblia, la oración privada, la asistencia regular a los cultos de adoración, el oír la predicación de la Palabra de Dios y la participación regular de la Cena del Señor. Todos aquellos que de una manera descuidada y rutinaria hacen uso de estos medios, no harán muchos progresos en la vida de santificación. Ningún creyente eminente jamás descuidará estos medios, porque estos son los canales que Dios ha designado para que el Espíritu Santo supla al creyente con reservas frescas de gracia para perfeccionar la obra en su alma.
  2. La santificación puede seguir un curso ascendente aun en medio de grandes conflictos y batallas interiores. Al usar las palabras “conflictos” y “batallas”, me refiero a la contienda que tiene lugar en el corazón del creyente entre la carne y el espíritu. (Gál. 5:17) Una percepción profunda de esta contienda, y el consiguiente agobio y consternación que se derivan de la misma, no es prueba de que un creyente no crezca en la santificación. ¡No! Antes por el contrario, son síntomas saludables de una buena condición espiritual. Estos conflictos prueban que no estamos muertos, sino vivos. El creyente verdadero, no sólo tiene paz de conciencia, sino que también tiene guerra en su interior; se le conoce por su paz, pero también por su conflicto espiritual. No porque tengamos este continuo conflicto interno, hemos de pensar que la obra de santificación no tiene lugar en nuestras vidas. La liberación completa del pecado la experimentaremos, sin duda, en el cielo, pero nunca la gozaremos mientras estamos en el mundo. El corazón del mejor cristiano, aún en el momento de más alta santificación, es terreno donde acampan dos bandos rivales; algo así “como la reunión de dos campamentos”. (Cantares 6:13)
  3. La santificación, aunque no justifica al hombre, agrada a Dios. Las obras más santas del creyente más santo que jamás haya vivido, están más o menos llenas de defectos e imperfecciones. Cuando no son malas en sus motivos lo son en su ejecución; y de por sí, delante de Dios, no son más que “pecados espléndidos” que merecen su ira y su condenación. Sería absurdo suponer que tales acciones pudieran obtener méritos para el cielo. “Por las obras de la ley ninguna carne se justificará” (Rom. 3:20–28) La única justicia se halla en nuestro representante y sustituto, el Señor Jesús. Su obra y no la nuestra, es la que nos da derecho de acceso al cielo.
  4. Sin embargo, las acciones santas de un creyente santificado, aunque imperfectas, son agradables a los ojos de Dios “porque de tales sacrificios se agrada Dios”. (Hebreos 13:16) “Hijos, obedeced á vuestros padres en todo; porque esto agrada al Señor.” (Colosenses 3:20) “…hacemos las cosas que son agradables delante de él.” (1 Juan 3:22) De la misma manera que el padre se complace en los esfuerzos de su pequeño hijo, así se complace nuestro Padre en las acciones tan pobres de sus hijos creyentes.
  5. La santificación nos será absolutamente necesaria en el gran día del juicio como testimonio de nuestro carácter cristiano. A menos que nuestra fe haya tenido efectos santificadores en nuestra vida, de nada servirá en aquel día el que digamos que creíamos en Cristo. Una vez que comparezcamos delante del gran trono blanco, y los libros sean abiertos tendremos que presentar evidencia. Sin la evidencia de una fe real y genuina en Cristo, nuestra resurrección será para condenación. La única evidencia que satisfará al Juez será la santificación. Que nadie se engañe sobre este punto. Si hay algo cierto sobre el futuro, es la realidad de un juicio; y si hay algo cierto sobre el futuro, es la realidad de un juicio; y si hay algo cierto sobre este juicio, es que las “obras” y los “hechos” del hombre serán examinados. (Juan 5:29; 2 Co. 5:10; Ap. 20:13)
  • Juan 5.29 y saldrán: los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a resurrección de juicio.
  • 2 Corintios 5.10 Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo.
  1. La santificación es absolutamente necesaria como preparación para el cielo. La mayoría de los hombres al morir piensan ir al cielo; pero pocos se paran a considerar si en verdad gozarían yendo al cielo. El cielo es esencialmente, un lugar santo; sus habitantes son santos y sus ocupaciones son santas. Es claro y evidente que para ser felices en el cielo debemos pasar por un proceso educativo aquí en la tierra que nos prepare y capacite para entrar. Para ser santos en la gloria, debemos ser santos en la tierra. ¿Qué haría una persona no santificada en el cielo, suponiendo que pudiera entrar? Fuera de su ambiente una persona no puede ser realmente feliz. Una persona no santa no sería feliz en el cielo.

Conclusión.

He presentado estas doce proposiciones sobre la santificación con la firme persuasión de que son verdaderas. Con respecto a ellas pido a todos los lectores que las mediten seriamente, pues merecen un estudio justo e imparcial. Creo que estas proposiciones podrán ayudarnos a conseguir nociones más claras sobre la santificación.

Mas artículos del autor, aqui.

Mas artículos del tema, aqui.

Adaptado de: J.C. Ryle, Caminando con Dios: Un tratado sobre las implicaciones prácticas del cristianismo, trans. Omar Ibáñez Negrete y Thomas R. Montgomery (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2002), 123-126.

Acerca del autor:
ryle1bJohn C. Ryle (1816-1900), teólogo y pastor anglicano, nació en una familia acomodada ingles. Fue educado en la Universidad de Oxford, donde recibió su bachiller en humanidades, y posteriormente una Maestría y Doctorado. Sirvió como Obispo en Liverpool, Inglaterra, promoviendo un Reforma en la Iglesia Anglicana. Fue contemporáneo con Charles Spurgeon. Escribió numerosas obras en ingles, muchas de las cuales han sido traducida al español. Entre sus obras mas importantes traducidas al español tenemos: Advertencias a las iglesias (2003); Caminando con Dios: Un tratado sobre las implicaciones prácticas del cristianismo (2002); El Aposento Alto: Una recopilación de verdades para estos tiempos (2005); La santidad: Su naturaleza, obstáculos, dificultades y raíces (2013); Seguridad de salvación (2005); Meditaciones sobre los Evangelios: Juan (2004–2005); Meditaciones sobre los Evangelios: Lucas(2002–2004); Meditaciones sobre los Evangelios: Mateo (2001), etc.