Este articulo es parte de la serie de artículos sobre los cuatro volúmenes de Richard Muller: Post-Reformation Reformed Dogmatics, vea aquí el articulo anterior.

La Cuadriga, o las cuatro etapas de la exegesis, fue claramente definida en la época medieval como parte de la Glossa Ordinaria, es decir usada en comentarios al texto de las Escrituras. Los cuatro sentidos o etapas del texto son como siguen:[1]

  1. Historia (lat. historia): Describe los eventos ocurridos, es decir trata de entender la intención original de lo que el autor está describiendo.
  2. Alegoría (lat. allegoria): Entiendo una cosa a través de otra, es decir trata de entender el sentido de un texto de las Escrituras a la luz de otro similar.
  3. Tropología (lat. tropología): Se preocupa por la aplicación del texto, es decir trata de buscar la aplicación moral del texto para una buena conducta.
  4. Analogía (lat. anagoge): Busca entender la verdad espiritual en relación a la divinidad enseñada en el texto.

Las tres últimas etapas (allegoria, tropología y anagoge) se derivan del primer sentido del texto ‘historia’, y reflejan las tres virtudes cristianas: Fe, Esperanza y Amor. La ‘Allegoria’ nos enseña aquellas cosas que deben ser creídas con respecto a la Fe (credenda). La ‘Tropologia’, se relaciona con aquellas cosas que debemos amar u hacer (diligenda o agenda). Mientras que la ‘Anagoge’, se refiere a aquellas cosas que se esperan (speranda), la misma que puede ser entendida en un sentido doble, con relación a las cosas perteneciente a la divinidad en un sentido místico, y en relación a las cosas que se esperan por venir en un sentido escatológico.

Consecuencias del método hermenéutico ‘Cuadriga’ en la era medieval.

La historia de la exegesis de la Edad Media muestra claramente que la aplicación de la hermenéutica de la cuadriga tuvo dos resultados diferentes: Por un lado, en algunos causo un alejamiento cada vez mayor del sentido literal de las Escrituras, mientras que por otro lado en otros un acercamiento al sentido literal del texto de las Escrituras.

Por ejemplo, al comienzo de la era escolástica Hugo St. Victor (1096-1141) mencionaba claramente que era un error pretender comprender el sentido analógico del texto (anagoge), sin haber comprendido el sentido literal del mismo (historia), esto debido a que ha sido el mismo Espíritu quien ha dado el sentido literal del texto como la base para la interpretación de los otros sentidos, o pasos, en la interpretación del texto. No se puede comprender el sentido analógico sin antes haber comprendido el histórico.[2]

Sin embargo, no fue hasta sino con Tomas de Aquino y Alberto el Grande que se produjo un cambio mayor en el paradigma de interpretación hermenéutica medieval. Estos pusieron un énfasis mucho mayor en el sentido literal del texto[3], siguiendo un desarrollo a través de sus divisiones lógicas y relaciones entre este las mismas, sentando así las bases de una interpretación hermenéutica con base en el sentido histórico del texto. Alberto el Grande menciona que “no hay sino una sola exegesis genuina digna del nombre exegesis, y es aquella que explica el significado dado por el autor del texto, el mismo que es indicado por el texto mismo.”[4] Por lo cual, Alberto concluye que el sentido literal (historia) es la base de los otros tres pasos, los mismos que deben ser entendidos como extensiones pedagógicas del texto.

Tomas de Aquino y la Hermenéutica Bíblica.

Tomas de Aquino construyo sobre la base de Alberto, y desarrollo un método de análisis del texto mismo, prestando atención a las divisiones internas del mismo, así como las relaciones de una parte con otra en un texto. Se ha mencionado que fue Aquino quien por primera vez desarrollo el método del análisis gramatical de las palabras de acuerdo al contexto de las mismas, y enfatizar el sentido histórico-literal del texto como la base o fundamento de la Teología. Como se puede ver claramente en los comentarios de Aquino, el mismo está casi exclusivamente preocupado con la exposición del sentido histórico del texto. Es más, frecuentemente Aquino menciona que el propósito de la exegesis consistía en la identificación del significado de las palabras, el propósito del libro, así como del autor.[5]

Aquino define que existe una sola conexión entre el sentido literal del texto y los otros, debido a que solamente existe un sentido literal del texto. Una palabra en un contexto especifico solamente puede significar una cosa.

El sentido histórico o literal esta enraizado directamente en el significado de las palabras, y en el sentido original por el autor humano del texto. Todos los otros pasos interpretativos o sentidos del texto tienen su base en este, debido a que el sentido literal es ‘Historia Sagrada’, la misma que es el contexto en el cual se debe entender toda aplicación espiritual del texto.[6] Aquino va un paso más allá y menciona que toda verdad necesaria para la salvación se encuentra necesariamente mostrada en las Escrituras y es entendida a través del sentido literal del texto.[7]

Sin embargo, si bien es cierto que el sentido literal (historia) solamente tiene un significado, el mismo tiene un amplio marco de referencia.[8] Es decir, que el significado del mismo se puede extender mucho más allá del significado literal de las palabras del texto a través de similitudes, figuras de lenguaje, tipos y simbolismo, de acuerdo a la intención del autor.[9] Es decir, la interpretación literal no debe confundirse con literalismo, anulando así la interpretación teológica del texto.

Roger Bacon y la importancia de los idiomas originales en el estudio de las Escrituras.

Por último, debemos prestar también atención a Roger Bacon (1214-1292), quien junto con Aquinas y Alberto el Grande desarrollaron la base de la interpretación hermenéutica. Bacon abogaba fuertemente por el manejo de los idiomas originales del texto como el fundamento del estudio exegético. Tanto las Escrituras, como las grandes obras de la antigüedad, argumentaba Bacon, fueron escritas en idiomas antiguos y las traducciones fallan en transmitir completamente los detalles del original el ‘proprietas linguae’, o idioma original. Para Bacon, el estudio del Griego y el Hebreo eran útiles no solo para la comprensión de los originales, sino también del Latín, debido a la influencia de estos idiomas en las letras y gramática latina.[10]

Conclusión.

Existe la tendencia, sin base histórica, de parte de algunos protestantes de pensar que la interpretación bíblica de las Escrituras comenzó con la Reforma, y de ridiculizar como ‘oscurantista’ o hasta diabólico cualquier esfuerzo hermenéutico antes de la misma. Debemos tener en cuenta que el entrenamiento y educación de los Reformadores estaba sólidamente enraizado en la teología y herramientas hermenéuticas desarrolladas particularmente desde la mitad y última etapa de la era medieval. La cuadriga, o los cuatro sentidos o etapas en la interpretación hermenéutica, aunque ha tenido variaciones con el pasar del tiempo, los principios de la misma siguen vigente. Quizá ya no se le llame ‘tropología’, sino más bien ‘aplicación del texto’, pero el principio es el mismo. Si bien es cierto que hubo abusos en la interpretación medieval, como también las hay en la actualidad, cayendo a menudo en una interpretación mística de las Escrituras, también es cierto que maestros como Alberto el Grande, Tomas de Aquino, Roger Bacon, entre otros, desarrollaron los pilares de una hermenéutica textual, sembrando así las semillas de lo luego germinaría en el renacimiento y la Reforma.

Adaptado de: Richard A. Muller, Post-Reformation Reformed Dogmatics: The Rise and Development of Reformed Orthodoxy;  Volume 2: The Cognitive Foundation of Theology, 2nd ed. (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2003), 34-37.

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Acerca del autor(es):

5033Richard Muller, nació en los Estados Unidos. BA, Historia (Queens College), M.Div. (Union Theological Seminary), Ph.D. en Estudios de la Reforma (Duke University), Estudios Post-Doctorales (Utrecht University). Fue profesor en el Seminario Teologicode Fuller entre 1980-1992. Ha sido editor de numerosas revistas de teología e historia, y actualmente sirve como Profesor de Teología Histórica en Calvin Theological Seminary. Muller ha estado envuelto en la investigación teológica y el estudio del desarrollo de la Teología de la Reforma y Post-Reforma durante toda su vida, y es considerado como la autoridad mas representativa en la actualidad en temas de la Teología de la Reforma y Post-Reforma Protestante. Muller ha escrito muchos libros y ensayos, siendo su Opus Magnun su libro “Dogmática de la Reforma y Post-Reforma: El Comienzo y Desarrollo de la Ortodoxia Reformada, 1520-1725” (4 Volúmenes), entre sus muchos libros también se encuentran: “Cristo y el Decreto: Cristologia y Predestinacion en la Teología Reformada desde Calvino hasta Perkins” (1986, 2008); “Calvino sin acomodos: Estudios en la formación de una Tradición Teologica”,  (2000); “Dios, Creación y la Providencia, en la Teología de Jacobo Arminio”, (1991); “Calvino y la Tradición Reformada”,(2012); “Voluntad Divina y Elección Humana: Libertad, Contingencia, y Necesidad en la era temprana moderna de la Teología Reformada” (2017), etc.

Daniel CaballeroDaniel Caballero nació en Lima, Perú. BSc. Universidad Nacional Agraria La Molina. BA, Seminario Teológico Bautista (Lima); Postgrado en Teología, The London Theological Seminary (Londres), ThM-Teologia Histórica., Westminster Theological Seminary (PA-USA). Esta por iniciar estudios doctorales en Inglaterra sobre Historia de la Reforma (siglo XVI) y Post-Reforma (siglo XVII). Especialización en John Owen y Puritanismo ingles. Daniel ha escrito numerosos artículos sobre puritanismo, teología bíblica y cultura. Su campo de especialización es en estudios de la Reforma y Post-Reforma (Puritanismo). Ha vivido por casi siete años en Inglaterra, donde tuvo la oportunidad de profundizar estudios Teológicos. Es misionero enviado de Inglaterra para el servicio en desarrollo de educación teológica en Perú. Actualmente vive en Lima, Peru. Tiene experiencia desde muy joven en educación teológica.

Notas: 

[1] Prothemata glossae ordinariae, in PL, 113, col. 63B; cf. McNally, “Exegesis, Medieval,” pp. 708–709.

[2] Hugh of St. Victor, De scripturis et scriptoribus, cap. 5, in PL, 175, cols. 13–14; cf. De Lubac, Exégèse médiévale, II/2, pp. 288–297.

[3] Spicq, Histoire de l’exégèse, pp. 204–212, 288; Smalley, Study of the Bible, pp. 300–301, 365; Brown, The Sensus Plenior of Sacred Scripture (Baltimore: St. Mary’s University, 1955), p. 61; also see F. A. Blanche, “Le sens littéral des Écritures d’apres saint Thomas d’Aquin,” in Revue Thomiste (1906), pp. 192–212; and Paul Synave, “La doctrine de saint Thomas D’Aquin sur le sens littéral des Écritures,” in Revue biblique, 35 (1926), pp. 40–65; also note Spicq, “Pourquoi le Moyen Age n’a-t-il pas practiqué davantage l’exégèse littérale,” in Revue des Sciences Philosophiques et Théologiques, 30 (1941–1942), pp. 169–179.

[4] Spicq, Histoire de l’exégèse, p. 210; cf. pp. 271–272.

[5] Mandonnet, “Dominicains (travaux des) sur les Saintes Écritures,” col. 1465; cf. Spicq, Historie de l’exégèse, pp. 209, 273–285; and see Maximino Arias Reyero, Thomas von Aquin als Exeget: Die Prinzipien seiner Schriftdeutung und seine Lehre von den Schriftsinnen (Münster: Johannes Verlag, 1971), pp. 155–161.

[6] Smalley, Study of the Bible, p. 300.

[7] Aquinas, Summa theologiae cura fratrum in eiusdem ordinis, 5 vols. (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1962–1965), Ia, q.1, art.1.

[8] Cf. Synave, “La doctrine de saint Thomas d’Aquin sur le sens littéral,” pp. 45, 60–61.

[9] Arias Reyero, Thomas von Aquin als Exeget, pp. 160–171.

[10] Roger Bacon, The Opus Maius of Roger Bacon, ed. J. H. Bridges, 2 vols. (Oxford: Clarendon Press, 1897), I, p. 81; cf. Spicq, Historie de l’exégèse, pp. 182–183.