Caballero, Jaime D.

El Servicio Razonable del Cristiano, de WILHELMUS À BRAKEL

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Hace poco hice un ranking con algunas de las teologías sistemáticas mas populares en habla inglesa a nivel seminario, y en general, las de mayor calibre jamás escritas. Puede ver el articulo aquí. Sin embargo, algo que me sorprendió, y me manera poco grata, fue el desconocimiento de estas obras en el mundo de habla hispana. Si, si estaba al tanto de que la mayoría no ha leído o revisado estas obras debido a que están en ingles, pero asumí que la mayoría, al menos entre los estudiantes de teología, estarían familiarizados con estos volúmenes y autores. Pensé, quizá erróneamente, que en la mayoría de las facultades teológicas tendrían una sección en ingles para consulta, y que estas obras, siendo mas populares, y que mayor influencia han tenido en la historia del protestantismo al menos estarían aquí en las Bibliotecas como consulta. Fue una sorpresa, y hasta cierto punto una decepción, ver que la mayoría no había siquiera escuchado el nombre “Turretin”, “a Brakel”, “Gill” o “Petigru Boyce”. 

Es por esto que Teología para Vivir quisiera contribuir en las próximas semanas con algunos artículos que esperamos sirvan de introducción a algunas de las grandes obras de la teología sistemática. El día de hoy comenzaremos con la obra de Wilhelmus A Brakel, la cual es considerada una de las mas importantes obras de la Teología Sistemática jamás escritas, y de vital importancia. El siguiente en articulo, escrito por Paul Smalley, sirve de introducción a esta obra. Puede ver el pdf del articulo aquí. 

Fuente: Paul M. Smalley, “Satisfecho con toda la suficiencia del Señor: Wilhelmus À Brakel sobre el Gozo”, en Tópicos en Teología Pastoral, Vol 2: Puritana y Reformada, ed. Jaime D. Caballero (Lima, Perú: Teología para Vivir, 2020), 83-131

El Servicio Razonable del Cristiano, por WILHELMUS À BRAKEL

Bosquejo: “Satisfecho con la toda suficiencia del Señor”: Wilhelmus à Brakel sobre el gozo[1]

  1. Introducción.
  2. Wilhelmus à Brakel y la segunda Reforma holandesa.
  3. Las buenas nuevas de gran gozo.
  4. Dios: la plenitud del gozo.
  5. El hombre: buscador del gozo.
  6. Iglesia: la comunidad del gozo.
  7. La salvación: la vida de gozo.
  8. La felicidad eterna: la consumación del gozo.
  9. Conclusión.

1. Introducción

El tema de este artículo es la teología de Wilhelmus à Brakel, un pastor reformado holandés y teólogo que vivió en el siglo diecisiete al comienzo del siglo dieciocho. El título, “Satisfecho con la toda suficiencia del Señor”, es una frase tomada de la misma pluma de Brakel (3.370).[2] Este autor (Smalley) no pretende establecer que el gozo sea el centro de la teología de Brakel, sino que sea primordial. El gozo se mantiene dentro de sus intereses centrales e impregna su teología. 

El contenido de este estudio se encuentra en The Christian’s Reasonable Service (El servicio razonable del cristiano), una traducción inglesa de la obra maestra de Brakel, Redelijke Godsdienst. La frase, tomada de la traducción holandesa de Romanos 12:1, literalmente significa “religión razonable” (1.3). 

Esta obra consta de más de 2400 páginas en la version holandesa, y mas de 2700 paginas en la version inglesa, organizadas en 103 capítulos, más una exposición de la historia de la redención. Contiene solo un capítulo sobre el gozo espiritual, lo cual podría sugerir que el gozo no tenía gran importancia en la enseñanza de Brakel. Pero consideren la siguiente tabla de cuántas veces aparecen varios términos para el gozo en el texto de Brakel.[3]

Noten que estos términos para el gozo aparecen a lo largo de los cuatro volúmenes. Noten también que Brakel usa tales palabras más de 2400 veces —casi el mismo número de referencias que las páginas que hay.

TérminoVolumen 1Volumen 2Volumen 3Volumen 4Todos los volúmenes
Gozo8926595117566
Gozoso19604023142
Regocijo10515210085442
Dulce49707786282
Deleite152202260142756
Felicidad76683846228
Todos los términos4908176104992,416

Como veremos, Brakel usa el lenguaje del gozo en el contexto de conocer, alabar y servir al Dios todo suficiente. Brakel amaba escribir del Dios “todo suficiente” o la “toda suficiencia” divina —las expresiones aparecen sesenta veces de su pluma. ¿Quién era este hombre quien inundaba sus reflexiones teológicas con gozo doxológico? A continuación, consideramos a Brakel y su trasfondo.

2. Wilhelmus à Brakel y la segunda Reforma holandesa

Wilhelmus à Brakel (1635–1711) era el hijo de un ministro piadoso y una madre de oración quienes vivían en el área de Leeuwarden de los Países Bajos. Convertido a una edad muy temprana, Wilhelmus estudió en la academia de Franeker y fue aceptado para el ministerio pastoral en la Iglesia Reformada nacional de los Países Bajos. 

Mientras esperaba el llamado de una congregación, estudió bajo Gisbertus Voetius y Andreas Essenius. Brakel después sirvió a varias iglesias por los siguientes 49 años. Su posición valiente en contra de la interferencia del gobierno en los asuntos de la iglesia lo llevó a la fama nacional. También se opuso a una secta religiosa ferviente conocida como los Labadistas. Pero la labor más grande de Brakel consistía en su participación en el movimiento conocido como el Nadere Reformatie, o la Segunda Reforma Holandesa. Este movimiento empezó con Willem Teellinck (1579–1629) y concluyó con Theodore Vander Groe (1705–1784). Similar al puritanismo inglés, pero con un enfoque distinto en los Países Bajos, la Segunda Reforma se dirigió a aplicar la doctrina de la Reforma al corazón y a la vida.

La contribución más grande de Brakel a esta causa fue la publicación en 1700 de su obra maestra Redelijke Godsdienst. La primera edición se vendió totalmente en un año; hubo más de veinte ediciones holandesas en cien años. Se tradujo al alemán y, finalmente, casi tres siglos después, al inglés.[4] El servicio razonable del cristiano, en palabras de su traductor, “es teología sistemática experiencial”, un manual doctrinal para la iglesia “lleno de calidez y vitalidad espiritual”.[5] Como observamos con el conteo de palabras, el libro palpita con gozo. Otra característica prominente es su saturación en la Escritura. Brakel llenó sus páginas con la Biblia.

El método deleitoso de Brakel hacia la doctrina encuentra su fuente en las Escrituras (consideren los Salmos o las exclamaciones de Pablo de alabanza en Ef. 1:3-14). La corriente de gozo empapado en las Escrituras fluye a través de la historia cristiana especialmente por medio de Agustín, los místicos medievales[6] y la tradición reformada.[7] El puritano inglés William Perkins (1558–1602), quien profundamente influenció la Reforma Holandesa, escribió: “La teología es la ciencia de vivir bienaventuradamente para siempre”.[8]

Sin embargo, Brakel mezcló este ingrediente del gozo en sus escritos en cantidades inusuales. Para Brakel, el gozo en Cristo fue la promesa del evangelio.

3. Las buenas nuevas de gran gozo

¿Qué quería decir Wilhelmus à Brakel con la palabra “gozo”? 

El gozo es el placer, el deleite y el regocijo del corazón. Es una expresión de un espíritu en libertad (o ensanchado), generado por una bendición presente o debida a la anticipación de una bendición futura.[9]

Él después definió la naturaleza del “gozo espiritual”, al escribir:

Este gozo espiritual consiste en un movimiento deleitoso del alma, generado por el Espíritu Santo en el corazón de los creyentes, por medio del cual Él los convence de la felicidad de su estado, los hace gozarse de los beneficios del pacto de la gracia y les asegura de su felicidad futura.[10]

Su definición describe el gozo espiritual como una experiencia teológica, pactual, sobrenatural y emocional. Es “un movimiento deleitoso del alma”. Es una experiencia mística por medio de la cual el Espíritu de Dios se encuentra con el espíritu de los seres humanos en Cristo. 

Brakel consideraba el gozo como algo penetrante y también central del evangelio de Cristo. Uno puede ver esto de este resumen extendido del evangelio provisto de Brakel. El lenguaje de gozo se ha puesto en cursiva, lo cual no es original en los escritos de Brakel.

Toda felicidad, toda satisfacción y gozo perdurable del hombre consisten en tener comunión con Dios —así era la vida de Adán antes de la caída. Después de la caída, el entendimiento del hombre se ha oscurecido; él se ha convertido en un extraño con respecto a la vida de Dios, privado de la gloria de Dios y así viaja por el camino ancho a la destrucción.

En Su bondad, Dios ha revelado un camino por medio del cual el pecador condenado puede reconciliarse con Dios y disfrutar de Él, esto siendo su felicidad, satisfacción y gozo. En esta vida, esto es solo en principio, pero después de la muerte y la resurrección general de los muertos, esto se disfrutará en perfección en el tercer cielo— en el paraíso de Dios.

El Señor Jesucristo es este camino, siendo el único, eterno, viviente y sabio Dios y el Hijo eterno del Padre eterno. Él ha asumido nuestra propia naturaleza humana de la santa virgen María y se la ha unido a Sí mismo en una sola persona. Él entonces es Dios verdadero y eterno y un hombre perfectamente santo. Él fue ordenado por el Padre en el Consejo eterno de la Paz —o en el pacto eterno de redención— para ser Fiador y Salvador. Al darse a Sí mismo para tal fin, Él como Fiador ha quitado todos los pecados de los elegidos y se los ha tomado sobre Sí mismo. Por Su sufrimiento y muerte Él satisfizo la justicia de Dios, y así reconcilió a los elegidos con Dios. Además, por Su obediencia en cumplir la ley, Él ganó una justicia perfecta para ellos. Él es “el camino, la verdad, y la vida”, y nadie llega al Padre sino por medio de Él (Jn. 14:6). En ningún otro hay salvación, y Él puede salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios.

Dios hace que este Salvador y Fiador, siendo el único camino de salvación, sea proclamado en varios lugares del mundo por medio del evangelio, es decir, las buenas nuevas. Él lo da a conocer a los hombres y los llama; Él insta a todos a desear esta salvación —y obtenerla, recibir a este Salvador como su Fiador y someterse a Él para ser guiado por Él a la salvación. ¿Acaso no es malvada la persona quien insiste en quedarse en su condición deplorable; quien desprecia la salvación, el gozo eterno, y el gozo en el disfrute perfecto de la comunión con Dios; quien desprecia a Dios, rechaza al Fiador, rechaza con desdén las invitaciones amables y así sigue perdida para siempre —no es tal persona malvada sobremanera? Por el contrario, ¿no es bienaventurado aquel quien conoce la necesidad de, la plena salvación en y la invitación amable para venir a este Fiador, Jesucristo? ¿No es bienaventurado aquel quien se deleita en esta salvación, desea este camino y se hace partícipe de ello de esta manera?.[11]

Observamos que el gozo del hombre en Dios es el fin de la creación y la redención. El gozo en Dios es la oferta del evangelio, el cual los no arrepentidos desprecian. El gozo del Señor es la marca del creyente verdadero. En el corazón del cristianismo se halla el deleitarse en Dios. Por lo tanto, empezamos nuestra examinación detallada de la teología del gozo de Brakel con la doctrina de Dios.

4. Dios: la plenitud del gozo

Brakel seguía las doctrinas bíblicas de la Confesión Belga (holandesa). Su primer artículo dice: 

Todos nosotros creemos con el corazón y confesamos con la boca, que hay un ser espiritual, único y simple, al que llamamos Dios: eterno, incomprensible, invisible, inmutable, infinito, todopoderoso, perfectamente sabio, justo, bueno y fuente superabundante de todos los bienes.[12]

La última frase, la “fuente superabundante de todos los bienes”, tiene que ver mucho con nuestro tema. El primer atributo de Dios que Brakel expone fue “la Perfección de Dios”, al escribir: 

Él no tiene necesidad de nada. Nadie puede añadirle o quitarle nada de Su ser, ni puede nadie aumentar o disminuir Su felicidad. Su perfección consiste en Su autosuficiencia, Su autoexistencia y que Él es el comienzo —el principio (cf. Ap. 1:8). Su toda suficiencia está dentro de Sí y para Sí mismo, El Shaddai, Aquel Todo-suficiente (cf. Gn. 17:1). “Ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo” (Hch. 17:25).[13]

Era común que los teólogos reformados conectaran la felicidad de Dios con Su toda suficiencia.[14] Wolfgang Musculus (1497–1563) escribió:

Primero le decimos Suficiencia a lo que excluye toda carencia, a lo que está tan dotado de toda abundancia de todas las cosas necesarias, que nada más puede desearse. Esto el Filósofo designa Suficiencia en sí misma, y le atribuye felicidad y la bondad más alta y perfecta. Pero esto le pertenece solo a la naturaleza de Dios.[15]

En esta conexión, los reformados siguieron a Agustín con respecto a la bienaventuranza divina y la definición de Boecio de la bienaventuranza como “un estado perfeccionado por la unión de todas las cosas buenas”.[16] Agustín escribió de Dios: “El lujo apetece ser llamado saciedad y abundancia; mas tú sólo eres la plenitud y la abundancia indeficiente de eterna suavidad”.[17]

       Los místicos medievales también seguían esta tradición agustiniana de deleitarse en Dios. Bernardo de Claraval (1090–1153) escribió: “La causa de amar a Dios es Dios mismo. […] Nadie puede ser más justamente amado o con más beneficio”. También él escribió: 

Nadie, por ejemplo, le paga a un hombre con hambre para que coma o a un hombre con sed para que beba. […] ¿Cuánto más el alma que ama a Dios pide ninguna recompensa sino a Dios?[18]

Willem Teellinck (1579–1629), el primer vínculo en la Segunda Reforma Holandesa, también se gloriaba en Dios como Aquel que es mejor e infinito más allá de la comprensión. Arie de Reuver escribió sobre el gozo de Teellinck en Dios:

Él lo llama “Manantial”, “Fuente”, “Océano Lleno” y también “Sol”. Por tanto, busca a Dios con un deseo ardiente, “más intenso que cualquier cosa que se pueda pensar en este mundo”. Él estima una sola mirada amable de Su rostro como más que todos los “placeres” del mundo, aun si estos duraran diez mil años […] el gozo en el Señor debe superar todo gozo terrenal. Él debe ser siempre la “Fuente santa de todo lo que deseamos”, por encima de la salud, la paz y la vida misma. Todos estos dones vienen de Dios, pero no son Dios mismo. Son “apenas unas gotas en el océano entero” y “los rayos de la Luz maravillosa”.[19]

Entonces, Brakel seguía una línea larga de escritores cristianos cuando afirmaba que Dios era la suma de toda la bondad en el grado infinito. A veces su teología casi canta en adoración, como aquí:

Dios es lo más adorable en Sí mismo, y todo lo adorable se encuentra en Dios. Adorar lo que es bello, deleitoso, glorioso y encantador no es una tarea pesada. Es naturalmente atractivo para el corazón. Todo esto es verdad en Dios de manera infinita y el que contempla a Dios no puede hacer otra cosa que amar. Las palabras son demasiado insignificantes, las pasiones demasiado débiles y todo queda corto para dar a conocer la belleza del Señor.[20]

Brakel confesaba la perfección de Dios y enseñaba que la toda suficiencia de Dios es Su suficiencia para nuestro gozo. Él escribió al terminar su explicación sobre la perfección divina lo siguiente:

Así es nuestro Dios, quien no es solo todo suficiente en Sí mismo, sino que puede con Su toda suficiencia llenar y saturar el alma hasta un grado tan abundante que no necesita nada más sino tener a Dios como su porción. El alma favorecida de esta manera se llena tanto con luz, amor y felicidad que no puede desear nada más que esto. “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra” (Sal. 73:25).[21]

Brakel en otro lugar:

Como Él es todo suficiente en Sí mismo, Él es también ידּשׁ (shaddai), es decir, todo suficiente para cada uno de los partícipes del pacto, para llenarlos hasta rebosar con tanta luz, amor, paz, gozo y felicidad, para que no deseen ni puedan desear nada más que Dios solo. Sí, ellos experimentan que solo pueden percibir una pequeña gota de esa toda suficiencia.[22]

Brakel dice: “Dios Mismo es su porción y gozo completo.”[23]

Toda salvación, consuelo, deleite, santidad y felicidad para el alma se encuentran en tener comunión con Dios. […] Tal comunión con Dios es el cielo mismo.[24]

El Gran Mandamiento resume todos los otros mandamientos porque “el amor en esencia no tiene otro objeto sino lo que es más eminente, más estimable, más satisfactorio e inmutable —lo cual es Dios Mismo.”[25] El Espíritu nos da un “deseo insaciable de continuamente gozar de la comunión con Dios”.[26]

La toda suficiencia de Dios no es la única cualidad divina que regocije a Sus criaturas porque en Su simplicidad todo de Dios es todo suficiente. Brakel invitaba a los creyentes a deleitarse en Su justicia, a satisfacerse completamente en Su bondad, a apasionarse en Su amor, a enamorarse de Su santidad, a regocijarse en Su soberanía, a descansar tranquilamente en Su sabiduría y a esperar con gozo en Su fidelidad.[27]

El misterio profundo de la Trinidad es “la fuente de todo consuelo” y la fuente de “mucha luz, consuelo, gozo y santidad”.[28]Aceptar y hacer la voluntad de Dios es el deseo y el deleite de Sus siervos.[29] Ver la gloria del Creador en Su creación debe llenarnos con “asombro, deleite y gozo”.[30] Sus providencias lo revelan para nuestro “asombro y gozo”.[31] Es nuestro gozo que Él sea el Señor.[32] Aun su incomprensibilidad hace que Su pueblo “se hunda en asombro dulce […] y se regocije que la gloria de Dios exceda tan ampliamente nuestra comprensión de Él”.[33]

La esencia del cielo es “estar satisfechos con la toda suficiencia del Señor, estar irradiados con la luz de Su rostro”.[34] Brakel frecuentemente usa la expresión “irradiados” por la luz de Dios, como estar asoleados con la luz tibia del sol.[35] Estar irradiados por Dios lleva a estar “encendidos” para Dios.[36] Brakel escribió: “Esta luz tiene un calor inherente que enciende el alma en amor”.[37] El Dios que arde con una luz infinita y gozosa enciende a los hombres para que haya fuego en ellos por Él. Para ver esto mejor, nos enfocaremos en el segundo tema de teología, la doctrina del hombre de Brakel. 

5. El hombre: buscador del gozo

La doctrina del hombre de Brakel seguía su teología pactual. Él empezaba con el hombre como creado originalmente y lo ponía bajo el pacto de las obras; después lo consideraba como caído bajo la maldición por haber quebrantado ese pacto.

a. El hombre creado: diseñado para el gozo.

Podría sorprender a los críticos de la doctrina reformada de la predestinación que Brakel insistiera en que “Dios creó a todos los hombres en Adán para disfrutar de la felicidad.”[38] “El hombre fue creado para regocijarse; regocijarse es su vida y salud […] todo lo que el hombre hace, lo hace para estar feliz.”[39] El Creador incrustó la búsqueda de la felicidad en la naturaleza del hombre. “Nuestra naturaleza se inclina naturalmente hacia el gozo y cada persona desea el gozo.”[40]

El hombre no fue creado para encontrar el gozo en sí mismo. Brakel relacionaba esto con su concepto de la suficiencia. Brakel escribió: “Dado que el hombre no es todo suficiente en sí mismo, él necesita buscar todo su deleite y gozo en otro lugar, es decir, fuera de sí mismo”.[41]

El hombre no es naturalmente autosuficiente; él es apenas una vasija a la cual algo se puede poner. Y, para estar llenado, él tiene deseos que —como manos— se extienden hacia eso que él determine que pueda satisfacerle.[42]

Desear la felicidad es tan esencial para la humanidad que “erradicar todos los deseos […] sería deshumanizar al hombre”.[43]

Dios diseñó al hombre para que él encontrara la felicidad solo en Dios, “la felicidad del hombre consiste en disfrutar de Dios Mismo —un gozo que no se encuentra en nada más fuera de Él”.[44] A Brakel le encantaba citar las declaraciones del Salmo 73:23–26, 28 y usó selecciones de esta Escritura treinta y tres veces en su libro.[45]

Salmo 73.23–26, 28 Sin embargo, yo siempre estoy contigo; Tú me has tomado de la mano derecha. Con Tu consejo me guiarás, Y después me recibirás en gloria. ¿A quién tengo yo en los cielos, sino a Ti? Fuera de Ti, nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón pueden desfallecer, Pero Dios es la fortaleza de mi corazón y mi porción para siempre… Pero para mí, estar cerca de Dios es mi bien; En Dios el Señor he puesto mi refugio Para contar todas Tus obras. 

Brakel creía que la imagen de Dios consistía en la capacidad santa de deleitarse en Dios. Brakel podría incluso decir que cuando el Espíritu Santo “graba la imagen de Dios” en los redimidos, esta imagen incluye “su deseo insaciable para continuamente disfrutar de la comunión con Dios”.[46] Este fue el caso cuando Dios originalmente creó al hombre a Su imagen. 

La forma esencial, la esencia verdadera de la imagen de Dios, consiste en el conocimiento, la justicia y la santidad; estas son las cualidades que regulan las facultades del alma: el intelecto, la voluntad y los afectos.

(1) El intelecto era puro y trasparente, contemplaba a Dios directamente […].

(2) Adicionalmente, la voluntad era santa y justa, por estar satisfecha y gozosa en Dios. Estaba gozosa y ferviente en amor sin ningún deseo fuera de Dios. Hacía la voluntad de Dios fácil, gozosa y perfectamente […].

(3) Los afectos estaban completamente regulados al nunca preceder al ejercicio del intelecto y la voluntad, sino al ser una consecuencia ordenada de ello. Todos los deseos estaban dirigidos hacia Dios para gozar de Él continuamente y hacia la ejecución de Su voluntad.[47]

Cuando Dios hizo el pacto de obras, “Adán tenía la promesa de la felicidad eterna” anexa al mandamiento.[48] Esta promesa de gozo estaba implícita en la Ley (cf. Mt. 19:16-17; Lv. 18:5; Ro. 7:10) y explícita en el “sacramento, es decir, una señal y un sello” del árbol de la vida.[49]

Mateo 19.16–17 Y un hombre se acercó a Jesús y Le dijo: “Maestro, ¿qué cosa buena haré para obtener la vida eterna?” Jesús le respondió: “¿Por qué Me preguntas acerca de lo que es bueno? Sólo Uno es bueno; pero si deseas entrar en la vida, guarda los mandamientos.” 

Levítico 18.5 ‘Por tanto, guardarán Mis estatutos y Mis leyes, por los cuales el hombre vivirá si los cumple. Yo soy el Señor. 

Romanos 7.10 Y este mandamiento, que era para vida, a mí me resultó para muerte.

El requisito de la obediencia no deslustraba el gozo del Paraíso. La obediencia a Dios es de la esencia del gozo humano en Dios. Brakel escribió:

Todo hombre está obligado a obedecer en virtud de la naturaleza de Dios y de su propia posición relativa a Él […], la naturaleza humana lo exige y la obediencia constituye el bienestar y la felicidad del hombre. […] La naturaleza de la obediencia consiste en sujetarse a Dios. El hombre, por su propia naturaleza, se ha puesto en sujeción a Dios. Adán reconocía esta sujeción con deleite y se sujetaba gozosamente al Señor.[50]

Cuando el Señor Dios reveló el pacto de obras a Adán, “él no podría hacer otra cosa sino deleitarse en, desear y abrazar [las promesas] con todo su corazón”. De manera similar, se regocijaba en la condición de obediencia, “porque esto no solo era el único camino a la felicidad, sino que era la misma felicidad presente.”[51] Trágicamente, Adán no perseveró en el camino de la felicidad. 

b. El hombre caído: excluido del gozo.

Como resultado de la desobediencia de Adán al pacto de las obras, toda la humanidad cayó del gozo a la “miseria”.[52] Brakel advirtió a sus lectores lo siguiente:

Vayan al Paraíso y contemplen qué tan ingeniosa y gloriosamente fueron creados en Adán, al gozar de la comunión dulce con Dios y de la propia naturaleza de ustedes. Miren qué tan voluntariamente han caído de Dios y se han unido a las huestes del diablo. Al haber pecado de esta forma, se han destituido de la gloria de Dios.[53]

El Dios que en algún momento era nuestro deleite es ahora nuestro Juez airado. Su gloria es ahora nuestro terror.[54] Las perfecciones de Dios que en algún momento satisfacían al hombre abrumarían el alma con temor.[55] “Y ahora, oh miserable, ¿qué harás?”.[56]

El hombre sigue siendo por naturaleza un buscador del gozo. Pero, Brakel explicó, su búsqueda del gozo se ha cambiado del Creador a Sus criaturas. “El hombre natural está vacío y desea llenarse. No conoce a Dios como Aquel quien es todo suficiente y no tiene ningún deseo hacia Dios. Sus pasiones entonces se enfocan en la criatura y él le dice a cualquiera que parezca ser capaz de darle gozo: ‘Sé tú mi satisfacción’.”[57]

El amor del hombre por la gloria divina también se ha vuelto hacia adentro, lo cual pervierte su amor propio natural en la deificación de sí mismo. Brakel escribió: 

Dios ha creado el amor propio en el hombre […]. Sin embargo, después de la caída el amor se ha vuelto completamente distorsionado al hacer al hombre oponerse a Dios, hacerse como Dios y hacer que todo se enfoque en el hombre. Este principio gobierna al hombre caído en sus operaciones y él quiere que todo funcione hacia él en armonía con este principio.[58]

La búsqueda del gozo del hombre caído está destinada a fracasar porque la creación no se puede disfrutar aparte del favor de su Creador soberano. Brakel advirtió: 

Mientras seas el objeto de Su ira, todas Sus criaturas se opondrán a ti y cada una espera, por así decirlo, para destruirte […]. Nada te dará paz mientras que tu Hacedor esté disgustado contigo.[59]

El destino final de esta búsqueda pervertida del gozo aparte de Dios es el infierno. Brakel describió el infierno en términos de la necesidad del hombre de la toda suficiencia divina.

Si esto no te conmueve, sigue adelante para observar el terrible hueco de la condenación y escucha el rechinar de dientes, el llanto y el alarido aterrador: “Ay, ay, ay”, el terror y la rabia violenta de la conciencia de los condenados en el fuego eterno. Considera que para toda la eternidad nunca disfrutarás de un solo rayo de luz, ni un momento tranquilo, sino que serás abrumado eternamente con desesperación inexpresable al entender que nunca serás rescatado y que serás consciente de una percepción inexpresable de la ira de Dios. 

En toda quietud debes meditar en el estado de la condenación. Primero que nada, ¿qué será tener alma y cuerpo y no poder encontrar satisfacción dentro de sí mismo a menos que llegue de afuera, lo cual, sin embargo, estará ausente durante toda la eternidad? No habrá refrigerio más mínimo, ni habrá comida, bebida, luz, sueño ni compañerismo del cual uno pudiera encontrar algún deleite en conversación. Por el contrario, habrá una separación infinita de Dios, los ángeles, los piadosos, el gozo y la gloria. En el tiempo presente, uno puede olvidar su infelicidad y lamento por medio de una variedad de medios y así no sentir ninguna tristeza con respecto a lo que uno no tiene. En ese tiempo, sin embargo, será insoportable cuando sean quitados estos medios. ¡Qué desesperación horrenda producirá esto para el alma no satisfecha y afligida![60]

Dejamos este tema pavoroso ahora para dirigirnos a las buenas nuevas de gozo en Jesucristo según Brakel.

c. Cristo: el Mediador del gozo

En la organización de su teología, él incluía bajo la doctrina de Dios las doctrinas de los decretos divinos, la predestinación y el pacto de redención. Sin embargo, Brakel agrupaba el tema del pacto de gracia con su cristología y por eso lo consideraremos aquí.

Una de las razones por las cuales no hacer del gozo el principio organizador de la teología de Brakel es que Brakel mismo identificaba otro principio organizador para su obra. Después de enseñar sobre el pacto de gracia (cap. 16), él subsumió todo el resto de su teología bajo “aspectos particulares del pacto”.[61] Él repitió este marco pactual otra vez (2.3), lo cual confirma que provee la estructura de su teología. Él era un teólogo del pacto y por eso el gozo en Dios es gozo pactual. 

Al exponer el pacto, Brakel regresaba a la toda suficiencia de Dios.

La única parte y el iniciador del pacto es el Señor Dios quien en este pacto tiene que ser visto como Aquel quien es todo suficiente. Dios es todo suficiente en Sí mismo y no necesita la adoración de parte del hombre […]. Como Él es todo suficiente en Sí mismo, Él es tambiénידּשׁ (shaddai), es decir, todo suficiente para cada uno de los partícipes del pacto, para llenarlos hasta rebosar con tanta luz, amor, paz, gozo y felicidad, para que no deseen ni puedan desear nada más que Dios solo. Sí, ellos experimentan que solo pueden percibir una pequeña gota de esa toda suficiencia. […] En este pacto Dios se revela también como un Dios omnipotente, que no solo quiere comunicar Su toda suficiencia y bondad, sino que también lo puede hacer.[62]

Dios no es solo suficiente para cumplir Su pacto, sino que Él también es suficiente como la gran promesa del pacto. La esencia del pacto de gracia es que Dios se da a Sí mismo para que Sus criaturas caídas disfruten de Él. En esto también la teología de Brakel canta.

Primero, Dios se ofrece a Sí mismo como Dios del pecador pobre y contrito. “Y estableceré mi pacto […] para ser tu Dios” (Gn. 17:7); “pero éste es el pacto que haré […] yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jer. 31:33).

Esto es la suma y la sustancia de la felicidad verdadera. Sin embargo, nadie sabe qué es esto excepto los que disfrutan de ella. Esta felicidad no consiste en recibir un beneficio de Dios, sino en tener a Dios Mismo como la porción de uno. “No es así la porción de Jacob; porque él es el Hacedor de todo” (Jer. 10:16). Esto era el gozo de la iglesia. “Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré” (Lm. 3:24). En esto encontró Asaf descanso y se animó en todas las tribulaciones. “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Sal. 73:25–26).

¿Quién puede expresar la magnitud de esta felicidad? Consiste en estar cubierto con la sombra de la presencia misericordiosa de Dios; estar rodeado por Su omnipotencia que apoya y guarda; descansar en Su fidelidad que nunca falla; regocijarse en la llenura, la majestad y la gloria eternas de Dios; estar iluminado por Su luz, bondad y amor; estar satisfecho con Su toda suficiencia; perderse en Su infinitud e incomprensibilidad; postrarse ante Él con deleite y amor; someterse a Él; y adorarlo a Él. Esta felicidad consiste en rendirle honor y gloria con el corazón, la lengua y las acciones —ser consciente de Sus perfecciones y porque Él es tan digno de esto. Consiste en temerle a Él, en servirle y una sumisión completa y llena a Su voluntad porque Él es Dios. Esta felicidad es tal que no la puedo comprender, ni pueden ustedes definirla. En cambio, debemos perdernos en su infinitud y exclamar: “¡Aleluya!”, “bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová” (Sal. 33:12).[63]

El origen y la base” del pacto de gracia es el pacto de redención entre Dios el Padre y Dios el Hijo.[64] El Padre eternamente ordenó que Su Hijo se hiciera el Fiador de los elegidos de la humanidad caída.[65]

La obra del Fiador fue satisfacer la justicia de Dios como el representante de Su pueblo. Este pacto hizo a Dios y a Cristo “plena y mutuamente satisfechos”.[66]  Cristo llevó a cabo esta tarea gloriosa con gozo,[67] el gozo de hacer la voluntad de Su Padre (Sal. 40:6–8) y el gozo de Su gloria futura (He. 12:2). 

Salmo 40.6–8 Sacrificio y ofrenda de cereal no has deseado; Me has abierto los oídos; Holocausto y ofrenda por el pecado no has pedido. Entonces dije: “Aquí estoy; En el rollo del libro está escrito de mí; Me deleito en hacer Tu voluntad, Dios mío; Tu ley está dentro de mi corazón.” 

Hebreos 12.2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de El soportó la cruz, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios. 

El Padre había prometido ungirlo con “óleo de alegría más” que todos los demás (Sal. 45:7). El Padre arregló el matrimonio de Su Hijo con los elegidos con aprobación y deleite.[68] En el amor entre ellos y hacia la humanidad, el pacto de redención revela “el deleite eterno y mutuo del Padre y del Hijo para salvarte”.[69] Por lo tanto, el pacto de redención es “el fundamento de todo consuelo, gozo, asombro santo y la magnificación de Dios”.[70]

       El pacto de redención dispuso que el Fiador hiciera “todo lo que fuera necesario para llevarlos a la felicidad”.[71] Los elegidos pueden regocijarse en ello al experimentar la obra del Espíritu Santo en ellos.

Ellos serán capacitados para exclamar emocional, gozosa y amorosamente: “Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”. (Ro 11:36). […] Oh, qué tan bienaventurado aquel quien está incorporado en este pacto y, siendo abrazado e irradiado por este amor eterno, se estimula para devolver el amor, exclamando: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Jn. 4:19).[72]

Aunque el pacto de gracia expresa el gozo interior de la Trinidad, Brakel cuidó de no dar ninguna idea de que nuestra salvación pudiera aumentar el gozo de Dios. Él tiene que seguir siendo todo suficiente en Sí mismo. El pacto se dirige a la glorificación de Dios en nuestra satisfacción. Por eso, Brakel escribió:

El propósito de este pacto se debe notar cuidadosamente. […] Esto no es para Su beneficio, porque ni aumenta Su felicidad ni lo hace a Él más perfecto o glorioso. Por el contrario, el propósito en cuanto a Él es la revelación de Su gracia, bondad, sabiduría, justicia y poder; y en cuanto al hombre, Su propósito es llevarlo, motivado por amor, a la felicidad.[73]

Fuera del pacto de gracia, “no hay nada excepto miseria” para el hombre caído.[74] Dentro del pacto, Dios Mismo se convierte en el gozo del hombre. Brakel escribió: 

Dios Mismo es el bien supremo y la felicidad completa del hombre. En el pacto, Dios les promete entregarse a Sí mismo a los creyentes y Dios es así el objeto de esperanza.[75]

Por eso, él exhorta: 

Ustedes que son verdaderamente partícipes de este pacto […] regocíjense y deléitense […] aun cuando no disfruten tanto de esto como quisieran. Algún día disfrutarán de esto en plenitud.[76]

Intrínseco en el pacto es apartarse de este mundo y tomar “solo a Dios” como “su deseo, lugar de descanso, gozo, deleite. […] El mundo tiene entonces de ahora en adelante ninguna importancia”.[77] Al mismo tiempo, el pacto en sí, no nuestros sentimientos o experiencias, es nuestra estabilidad.[78] Porque el pacto se mantiene sobre la inmutabilidad de Dios y la obra consumada de Cristo. 

d. El Fiador encarnado: la representación concreta del gozo.

A Brakel le encantaba la palabra “Fiador” y la usó más de quinientas veces a lo largo de los cuatro volúmenes. Para él, el término resumía su teología pactual del hombre como deudor a Dios bajo el pacto de obras y Cristo como el representante legal del hombre, quien paga la deuda por él.[79] Sin la mediación de Jesucristo, no podría haber ningún disfrute de Dios por los pecadores.[80] Aquellos que desean a Dios están “anhelando, deseando, orando y clamando” por Jesús el fiador.[81]

       Cuando alguien pregunta cómo puede regocijarse cuando ha pecado tanto, Brakel responde: “La causa y el fundamento para tu gozo no pueden hallarse dentro de ti y tu virtud, sino fuera de ti y en Cristo”.[82] Después de escribir extensamente sobre regocijarse en los atributos de Dios, Brakel escribió con respecto a la aplicación:

Es esencial que uno considere a Dios como su Dios en Cristo. La luz del conocimiento de la gloria de Dios se encuentra en la faz de Jesucristo. (2 Co. 4:6) Fuera de Cristo, Dios es un terror y solo se puede considerar como un fuego consumidor. En Cristo, sin embargo, uno puede tener libertad; Dios se revela a Sí mismo a los que se acerquen a Él de esa manera. Así uno podrá mejor sobrevivir la luz de la faz de Dios, regocijarse en ella y así glorificar a Dios.[83]

Como notamos anteriormente con respecto a las buenas nuevas de gran gozo de Brakel, él escribió: 

En Su bondad, Dios ha revelado un camino por medio del cual el pecador condenado puede reconciliarse con Dios y disfrutar de Él […] —el Señor Jesucristo es ese camino.[84]

Brakel se regocijaba en la persona de Cristo. Como el Hijo de Dios, Él tiene “la misma vida” que el Padre, “la misma vida que manifiesta la misma actividad toda suficiente y el mismo poder singular y energizante” en virtud de Su generación eterna”.[85]

       La Persona divina humana del Mediador desborda con “preciosura”; Él es “dulce, […] completamente agradable, […] el resplandor de la gloria de Su Padre”. 

Él que se deleite en la santidad tiene que encontrar deleite en Él. […] Si hay alguna cosa que puede engendrar y estimular el amor dentro de ti, tiene que ser el Señor Jesús.[86]

Todo aspecto de la obra de Cristo se convierte en un panel de vitral maravilloso por medio del cual las perfecciones de Dios brillan sobre los creyentes para su gozo.[87]

       La Encarnación debe llevar a los creyentes a unirse con los ángeles en “magnificar gozosamente a Dios. […] Si nuestra alma debe regocijarse en algo, debe regocijarse en esta gran y maravillosa obra de Dios”.[88] Reflexionar en la unión íntima de nuestra naturaleza humana con Dios en Cristo nos llevará a “perdernos en adoración santa y gozosamente aprobar esto”, aun hasta llegar a tener un “estado vehemente”.[89] La Encarnación manifiesta las perfecciones de Dios para nuestro deleite, por ejemplo, Su justicia, amor, veracidad, sabiduría, poder y gloria.[90]

La humillación voluntaria de Cristo hace a Su pueblo regocijarse. El creyente debe involucrarse en “meditación dulce sobre el sufrimiento de Cristo” para que pueda “regocijarse más en la verdad y la perfección de la satisfacción hecha por ese sufrimiento”.[91] Esto es mirar a Aquel que fue traspasado como el profeta profetizó (Zc. 12:10). Brakel podría incluso escribir de la vergüenza dulce a la sombra de la cruz: 

Oh, qué tan dulce es avergonzarse sensatamente por nuestros pecados como la causa del sufrimiento de Cristo. […] De verdad me regocijo que Tú hayas tomado mi lugar, hayas sufrido por mis pecados y hayas merecido la vida eterna por mí.[92]

Meditar en la exaltación de Cristo es: 

El comienzo del cielo, en donde contemplar a Cristo en Su gloria será el gozo eterno y la ocupación de los elegidos, según la oración de Cristo: ‘Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado’ (Jn. 17:24).[93]

Lo vemos a Él como Dios “con visión experiencial, en este momento experimentando y gustando de la eficacia y la dulzura de estas perfecciones incomprensibles” de la Deidad. Lo vemos a Él como Mediador en victoria completa, adorado por los ángeles, temido por los demonios, creído por los cristianos. 

Cuando un creyente puede reflexionar atentamente sobre todos estos asuntos, qué tan frecuentemente entonces será encendido [su] corazón en amor. Él se regocijará sobre la gloria de Cristo.[94]

Brakel guió a sus lectores en una procesión jubilosa al trono del Rey celestial, al escribir lo siguiente:

Dado que Jesús es el Rey, todos deben honrarlo a Él como tal. “Para que todos honren al Hijo como honran al Padre” (Jn. 5:23), porque Él es el Rey de gloria (Sal. 24:10). En el cielo todos los ángeles lo adoran a Él (He. 1:6). Todos Sus súbditos en la tierra tienen que adorarlo de la misma forma. Tal adoración consiste en considerar Sus varios atributos, la aprobación de ellos con deleite dulce, un regocijo porque Él es tal Rey, perderse en la adoración santa al verlo como tal y postrarse ante Él en adoración: “E inclínate a él, porque él es tu señor” (Sal. 45:11). […]

Dado que Jesús es el Rey, todos Sus súbditos tienen que deleitarse en Él como tal. Dios ha inculcado en la naturaleza de Sus súbditos que ellos se deleiten en su Rey por la majestad y el renombre que se encuentran en Él. […]

Dondequiera el amor por este Rey esté activo, allá habrá luz, claridad y deleite excepcionales dentro del alma. El alma mira hacia Él, lo contempla, medita y reflexiona en Su gloria y preciosura, al regocijarse de que Jesús sea tan exaltado y coronado con honor y gloria. Tal alma desea con todo el corazón que así sea y se deleita ver cómo todos los ángeles se postran ante Él y lo adoran; cómo todos los piadosos al irradiar su amor terminan en Él como su punto focal; cómo los demonios tiemblan ante Él; y cómo todas las cosas están en Su mano y tienen que ser sujetas a Él. De tal reflexión el alma nunca puede tener lo suficiente y le entristece que tan frecuentemente esté oscura por dentro y que tenga que estar parada tan lejos. ¡Cómo desea contemplarlo con más claridad y más cerca y estar saciado con la brillantez de Su gloria! Tal alma lo exalta a Él por encima de todo y estima altamente Su majestad, la cual es deleitosa e impresionante, y suscita en ella reverencia extraordinaria. […] Su voluntad es la voluntad del alma y es el deleite más grande de tal hacer y dejar de hacer según lo que le agrade a Él. ¡Oh, cómo el alma anhela una comunión directa con Él, contemplarlo cara a cara y hundirse eternamente en este amor mutuo y perfecto! Ya por este lado de la tumba, el nombre de Jesús está escrito con letras de oro en su corazón.[95]

Es imposible sobreestimar la importancia de la comunión con Cristo en la teología de Brakel. La unión y la comunión con Cristo y Su iglesia “abarcan toda la felicidad verdadera”.[96] Él escribió: 

Los creyentes en la tierra lo aman, sus corazones salen tras Él y Él es el punto focal de las pasiones de su amor. […] Todas sus peticiones, clamor y llanto se dirigen a Jesús. Solo en Jesús encuentran toda su satisfacción. […] Si me cortaran el corazón en mil pedazos, en cada pedazo encontrarían el nombre de Jesús escrito con letras de oro.[97]

Bartel Elshout escribe: 

Para à Brakel el nombre de Jesús es más dulce que la miel; y casi pueden ustedes sentir los movimientos internos de su alma cuando exalta a Jesús como el don inefable para los hijos caídos de Adán.[98]

Brakel ciertamente escribió lo que su alma conocía. Arie de Reuver nota que mientras Brakel se moría, 

Él repitió muchas veces, al igual que su maestro Voecio había hecho en su lecho de muerte, las líneas de un poema latín atribuido a Bernardo: ‘O Jesu mi dulcissime, Spes suspirantis animae’ (Oh, mi más dulce Jesús, esperanza del alma que suspira).[99]

Brakel conocía a Cristo como el Mediador de gozo. Pasamos ahora a fijarnos en su doctrina de la iglesia.

6. Iglesia: la comunidad del gozo

Podría parecer extraño hablar del punto de vista de Brakel sobre la iglesia antes de su doctrina de la salvación, pero al hacerlo así seguimos el mismo orden que Brakel en El servicio razonable del cristiano. Es posible que él escogiera organizar de manera diferente el orden normal de los temas teológicos por intereses pastorales. Elshout explica: 

Brakel estaba preocupado por el individualismo, el misticismo no bíblico y la negación de la naturaleza orgánica de la iglesia que infectaba la Iglesia Reformada de los Países Bajos.[100]

Examinaremos la enseñanza de Brakel sobre el gozo, primeramente, con respecto a las relaciones en la congregación local y, segundo, con respecto a la Cena del Señor.

a. La congregación: la comunión de gozo.

Uno podría pensar que el énfasis de Brakel en la comunión personal con Dios llevaría al aislamiento para la contemplación privada. Pero la eclesiología de Brakel se unía a su cristología de la misma manera que la iglesia está unida a Cristo. El motivo primario que él avanzaba para unir a la iglesia verdadera es que Cristo “es tan precioso, glorioso y lleno de salvación”. 

       La gloria y el gozo de Cristo en Su iglesia llevaron a Brakel a exclamar: “¿No debería todo el mundo entonces deleitarse en Sion y desear hacerse miembro de esta iglesia?”.[101] Los deleites en la participación en la iglesia fluyen de la comunión con Cristo. 

De la misma manera que los creyentes tienen comunión con su Cabeza Jesucristo, así mismo tienen comunión los unos con los otros.[102]

Los que pertenecen a la iglesia verdadera deberían regocijarse, exclamando: ‘¡Cristo está aquí!’, porque Cristo solo habita en la iglesia verdadera.[103]

La propia esencia de la iglesia, que se reúne de forma externa, es unión con Cristo y los unos con los otros por el Espíritu Santo.[104]

Por lo tanto, “aman a la iglesia por encima de su gozo principal sobre la tierra”.[105]

Dios unge todos los deberes de la membresía en la iglesia con el óleo de la alegría. Los cristianos deben recordar su bautismo con regocijo.[106] Oír atentamente la predicación juiciosa debe hacer a los convertidos regocijarse y andar de manera digna con gozo espiritual.[107] El pacificador encuentra deleite en la unidad de paz en la iglesia como el pez se deleita en el agua.[108]

Brakel conectaba este gozo con la presencia del Señor con los pacificadores.[109] Exhortar a otros con la verdad estimula al creyente mismo con más fe y gozo.[110] El arrepentimiento de una persona bajo la disciplina de la iglesia lleva al gozo en la iglesia de la misma manera que hay gozo en el cielo.[111] Y los oficiales de la iglesia pueden llevar a cabo su trabajo con el gozo de ser los siervos honrados de Dios y serán recompensados con el gozo de su Señor.[112]

Por tanto, Brakel enseñó que aquellos que ven con ojos espirituales serán “encendidos con amor por la congregación”.[113]De la misma manera que la teología de Brakel canta de Dios, así mismo canta de la iglesia de Dios, porque la congregación es la casa del Señor:

La iglesia es “la alegría de toda la tierra” (Sal. 48:2) y “la alabanza en la tierra” (Is. 62:7). Es el gozo principal de los hijos de Dios —sí, sobrepasa todo lo que es gozoso. “Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, Pierda mi diestra su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría”. (Sal. 137:5-6). […] Su único deseo en la tierra era estar en dónde estaba la iglesia. “Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida” (Sal. 27:4).[114]

b. La Cena del Señor: el banquete de gozo.

Si la iglesia es la casa de Dios, entonces la Cena del Señor es el banquete preparado por Dios en Su casa. Brakel enseñó que la Cena del Señor requería un tiempo intenso de preparación, una mentalidad intencional de participación y una experiencia agradecida de reflexión.[115]

       Brakel veía la Cena como un evento sobrenatural envuelto en misticismo trinitario, un sello de comunión pactual. Él escribió lo siguiente:

El lugar de la reunión en donde se administra la Cena del Señor es en el momento nada menos que un portal al cielo. […] El cielo se abre en tal lugar y rayos de la gloria y la gracia divinas descienden a ese lugar, llenándolo con la misma presencia de Dios. El Padre viene a Su pueblo con Su favor y se revela de una manera familiar. […] El Señor Jesús, el Novio, viene en Su amor por ellos para tener esta Cena con ellos y los hace disfrutar de ella juntos con Él. […] Es allí en donde el Espíritu Santo está activo, al llenar el alma con luz, gracia y consolaciones.[116]

Las revelaciones espirituales de Dios en la mesa pueden “a veces llevarlos al éxtasis”.[117] Pero Brakel advirtió contra la expectativa de experiencias inusuales allí. 

No esperen un milagro aquí ni una medida extraordinaria de elevación, luz o gozo extático. Si el Señor les da esto, disfruten de esta buena cosa mientras pueda ser su porción.[118]

Sin embargo, es un gozo espiritual regocijarse por fe al tomar la Cena. 

Dado que el Señor Jesús ha instituido este sacramento como un sello, los creyentes tienen que usarlo como tal, y ellos, al recibir el sacramento, tienen que considerarse ser sellados y regocijarse en su bienaventuranza temporal y eterna.[119]

Después de haber considerado a la iglesia como la comunidad de gozo pactual, nos dirigimos ahora a la enseñanza de Brakel sobre la salvación personal.

7. La salvación: la vida de gozo

Bajo el encabezado de la salvación se ubica la vida cristiana entera en esta época. Por falta de espacio no podemos investigar toda la doctrina de Brakel sobre la vida cristiana aquí. Sin embargo, la tesis de este ensayo es: El gozo en Dios es primordial e impregna la religión verdadera en la teología de Wilhelmus à Brakel. Para establecer esto, necesitamos tocar varios aspectos de la vida cristiana.

a. La conversión: un regreso al gozo.

Vimos que Brakel enseñaba la miseria del hombre caído. Después de quebrantar el pacto de obras, la humanidad queda en un estado de separación del Dios todo suficiente. En sí un vaso vacío, el hombre así corre tras las criaturas en una búsqueda fútil de felicidad. Su destino en tal condición es caer bajo la ira eterna del Todopoderoso. ¿Qué puede entonces darle al hombre gozo?

La humanidad pecaminosa tiene que reconciliarse con Dios. Consideraremos en la siguiente sección cómo el evangelio de la reconciliación les da a los creyentes gozo. En esta sección, notamos que, para Brakel, la conversión consiste en volverse a Dios como nuestra felicidad verdadera. En esto seguía a la iglesia reformada. 

El Catecismo de Heidelberg (P. 90) pregunta: “¿Qué es la vivificación del nuevo hombre?”, y responde: “Es alegrarse de todo corazón en Dios por Cristo y desear vivir conforme a la voluntad de Dios, así como ejercitarse en toda buena obra”.[120]

De manera similar, el gozo era primordial para la conversión en el pensamiento de Brakel. El arrepentimiento es una rendición dulce. Brakel exhortaba: 

Por lo tanto, ten misericordia de tu propia alma, despierta, odia al diablo y su obra, huye de él, despídete de su reino y ríndete al gobierno dulce, fácil y agradable del Señor Jesucristo.[121]

Brakel enseñaba que había una gran diferencia entre el lamento apropiado sobre el pecado y la “melancolía habitual”.[122] La fe incluye el deleite en las promesas del pacto. En medio de su definición del pacto de gracia, Brakel escribió: 

En este pacto, Dios promete la liberación de toda la maldad y el regalo de la salvación plena por gracia por medio del Mediador Jesucristo. El hombre, quien se deleita plenamente en estas promesas, asiente con todo su corazón y acepta el camino revelado en la Palabra de Dios, por medio del cual se obtienen estos beneficios prometidos.[123]

La respuesta del hombre al pacto consiste en su “consentimiento” a la oferta de Dios. Esto es una revocación de la decisión de Adán en la Caída; es volverse a Dios como la única felicidad de uno. Brakel escribió: 

Si un hombre, quien ahora correctamente entiende las condiciones,[124] tiene un deseo de corazón por ellas, cree en la verdad de la oferta, se convierte de todas las otras cosas a Dios solo, y tranquila, cierta y gozosamente declara su consentimiento a este pacto, sujetándose de esta manera a Dios en Cristo, entonces el pacto se ha hecho y perdurará eternamente.[125]

Recordamos que Brakel enfatizaba que el pacto ofrece una bendición por encima de todo y en todas sus promesas, a saber, Dios Mismo. Brakel creía que un creyente verdadero debería poder ver en su propia alma que “él está enamorado de estar unido verdaderamente con Dios”.[126]

b. La justificación y la adopción: el fundamento del gozo.

Brakel definió el gozo espiritual de una manera que lo entrelazaba con la reconciliación con Dios:

Este gozo espiritual consiste en un movimiento deleitoso del alma, generado por el Espíritu Santo en el corazón de los creyentes, por el cual Él los convence de la felicidad de su estado, los hace disfrutar de los beneficios del pacto de gracia y les asegura sobre su felicidad futura. […] Este gozo tiene que ver con ser reconciliados con Dios —con ser los beneficiarios de Su gracia, bondad, amor y benevolencia, y reconocerlo a Él como su Dios y Padre, su porción, su deleite, su descanso, su guardián y felicidad, y a Jesucristo como su Salvador.[127]

El corazón de la reconciliación con Dios, en efecto “el corazón del cristianismo”, es la justificación.[128] Por tanto, la justificación es el fundamento del gozo. Brakel escribió: 

La justificación también genera gozo. ‘En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia’” (Is. 61:10).[129]

Brakel mandó a los creyentes: 

No te condenes si Dios te justifica. […] Hacer esto sería traerte angustia, dado que el Señor no te causa angustia”. En vez de eso, “la voz de la absolución divina en la Palabra de Dios y por Su Espíritu en el corazón es tan dulce.[130]

Esta es una experiencia en la cual los creyentes necesitan crecer. Brakel escribió: 

Cuánto más fuerte la fe en Cristo sea […] más claramente el creyente escuchará la declaración del veredicto justificador del Juez justo y más grande será la medida de la paz y el gozo.[131]

En la teología de Brakel, “la justificación incluye ser hechos hijos” o la adopción.[132] Por tanto, el creyente encuentra material abundante para el gozo.[133] Brakel se regocijaba en lo siguiente:

Ser hijo de un rey es algo grandioso en este mundo. […] ¿Qué sería entonces ser hijo de Dios Mismo quien tiene toda gloria dentro de Sí mismo, está por encima de toda alabanza y lo ha hecho todo? Todo le pertenece a Él; todas las criaturas y todos los reyes del mundo tienen que estar a Su servicio y Su deseo, y tienen que obedecerle en los detalles más mínimos; Él hace todo lo que desea y es todo amor y bondad; y todo lo que Él es, lo es para Sus hijos.[134]

c. La seguridad: la evidencia del gozo.

Ya hemos considerado cómo la seguridad de la justificación y la adopción llevan al gozo. Brakel, de manera similar, considera la seguridad de la elección como “la fuente de mucho gozo en Dios”.[135] Podía incluso escribir lo siguiente: “No tener seguridad con respecto a su estado impide que uno se regocije en Dios”.[136] La seguridad lleva al gozo.

Ahora en esta sección consideraremos cómo el gozo lleva a la seguridad. Cuando Brakel escribía sobre la seguridad de la elección, él anotó las siguientes evidencias, entre otras, que Dios había elegido y había llamado a una persona: 

La disposición y la obediencia, la libertad espiritual y el gozo en el Señor […]. El deleite en el consejo de Dios para reconciliar a pecadores a Sí mismo por medio del Fiador, el Señor Jesucristo […]. Un deleite interno y amor por una disposición espiritual y la práctica de todas las virtudes en el temor, el amor y la obediencia hacia Dios, como Su voluntad […]. El deleite en la comunión con Dios.[137]

Hay un gozo doble para el creyente: el gozo en Cristo lo lleva por medio de la evidencia al gozo de la seguridad. Brakel aconsejó: 

Tú quien deseas a Jesús […] para que Él sea todo tu gozo y deseo, generando en ti un odio hacia el pecado, […] tú tienes razones para estar asegurado de que Él ha nacido por ti. Por lo tanto, tienes una razón doble para regocijarte con gozo deleitoso e inefable.[138]

De la misma manera que la seguridad es distinta de la fe salvadora en Cristo y es un fruto de tal fe,[139] así también el gozo de la seguridad es un fruto distinto de regocijarse en Cristo Mismo. El gozo en Cristo es la esencia de la fe salvadora;[140] el gozo en la seguridad no lo es. Insistir en algo diferente es una “trampa” que no permite a los creyentes “estar animados y gozosos”.[141]

Brakel sí advertía que había un gozo religioso falso.[142] Él escribió: “Los creyentes temporales tienen gozo sin raíces”.[143]Brakel distinguía entre el gozo verdadero y el gozo falso de tres maneras.[144]

Primero, el gozo verdadero viene por fe en Cristo por la operación del Espíritu Santo (1 P. 1:8). 

1 Pedro 1.8–9 A quien sin haber visto, ustedes lo aman, a quien ahora no ven, pero creen en El, se regocijan grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, como resultado de su fe, la salvación de sus almas. 

Segundo, el gozo verdadero viene por la comunión con Dios como nuestro Dios reconciliado, no simplemente por medio de los beneficios de Dios hacia nosotros (Fil. 4:4). 

Filipenses 4.4 Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocíjense! 

Tercero, el gozo verdadero santifica el alma (Sal. 119:32). Los inconversos se regocijan en el pecado,[145] pero el hijo de Dios encuentra la obediencia a la voluntad del Padre como un deleite, no como una carga.[146]

Salmo 119.32–33 Por el camino de Tus mandamientos correré, Porque Tú ensancharás mi corazón. Enséñame, oh Señor, el camino de Tus estatutos, Y lo guardaré hasta el fin. 

En otras palabras, para que el gozo en Dios cuente como evidencia de la salvación, tiene que incluir el regocijo en la voluntad de Dios porque es Su voluntad. 

d. El amor y la obediencia: el sacrificio del gozo.

Cristo enseñó a Sus discípulos que el corazón de la ley de Dios consistía en el amor (Mt. 22:35–40). Por tanto, Brakel escribió: “El contenido de la ley es amor”.[147] Él no intentó cambiar el Gran Mandamiento a “Regocíjate en el Señor”. Sin embargo, dos veces Brakel escribió: “Hay gozo en el amor”, es decir, en el amor por el Señor.[148] El gozo es un aspecto en la actividad esencial del amor. Brakel escribió:

El amor en esencia no tiene otro objeto del que es más eminente, más adorable, más satisfactorio e inmutable —quien es Dios en Sí mismo. […] El amor es el movimiento dulce en el corazón hacia Dios —infundido en el corazón de los creyentes por el Espíritu Santo— por el cual ellos, en virtud de su unión con Él y en vista de Sus perfecciones, se deleitan en Dios y en un abrazo gozoso de Su voluntad se someten completamente a Su servicio.[149]

El amor de Dios no engendra una irreverencia casual hacia Él. En vez de eso, “hay reverencia en el amor”.[150] También existe “el temor de Dios” que “califica este gozo como verdadero”.[151] Esta combinación de temor y gozo identifica “un corazón tierno” hacia el Padre celestial.[152] Brakel distinguía entre “el temor servil” y el “temor filial” (el de un hijo) hacia Dios. 

       El temor como hijo de Dios surge de un amor gozoso por Su majestad.[153] Brakel explicaba lo siguiente: 

La reverencia requiere […] un conocimiento de Dios y una contemplación de Su majestad, […] un reconocimiento deleitoso y una aprobación de todo corazón de que Dios sea tan majestuoso.[154]

De un entendimiento de la majestad divina surge la sumisión alegre del creyente a la voluntad de Dios. Brakel empezó su libro con los principios de que:

Primero, el fundamento de la religión es el carácter de Dios, […] la criatura está obligada a la majestad de Dios para existir para el propósito de servirle a Dios. […] Segundo, la forma o la esencia de la religión consiste en el conocimiento del hombre, el reconocimiento y la aceptación de corazón de esta obligación necesaria, la cual es vivir para Dios en todo tiempo y en todas las cosas con todo lo que uno tiene y es capaz de hacer. […] Uno lo hace porque Él es su Dios, es su obligación y constituye su felicidad.[155]

Hacer la voluntad de Dios es la felicidad del hombre. Esta es una función del amor. El amor por Dios y Su voluntad infunde gozo en todos los deberes de la obediencia, ya sean vistos como santidad,[156] sacrificio propio,[157] abnegación personal,[158]diligencia[159] o humildad.[160]

e. Las pruebas y la esperanza: el entrenamiento para el gozo.

La aflicción es el único sendero al gozo eterno. Brakel escribió: 

Por medio de varias pruebas y aflicciones, le agrada al único Dios sabio llevar a Sus elegidos, quienes ya han sido regenerados, a la felicidad destinada para ellos y la cual ha merecido Cristo.[161]

Cuando la voluntad de Dios se opone a nuestra voluntad, Brakel aconsejó a sus lectores regocijarse porque Dios es Señor y no nosotros. Él escribió: 

Sin embargo, puesto que Él es soberano, Su voluntad es suprema y la aprueban con deleite, sujetan su voluntad a Su voluntad y desean lo que Él desea. Deléitense en sus circunstancias porque es la voluntad de Dios con respecto a ustedes.[162]

A la luz de la predestinación: “Todas estas pruebas y tribulaciones proceden del amor y son para su bien”.[163]

Por supuesto, las dificultades quitan gozo:

La adversidad presiona hacia abajo el alma, le roba la disposición gozosa y alegre, oprime el corazón, […] y tanto el desánimo como la desesperación están a la mano.[164]

Pero “por fe en las promesas”, el hijo de Dios ve que Dios lo hace santo por medio de las pruebas, así que “la cruz será entonces dulce y liviana aun cuando nos saque lágrimas de los ojos”.[165] Tenemos que regocijarnos en la voluntad de Dios aun a través de nuestras lágrimas.[166]

¿Es todo tu deleite, en obediencia voluntaria, vivir una vida que agrada al Señor? ¿Es tu decisión que el Señor sea tu única y toda suficiente porción y que te deleites en el Señor? ¿Tienes la vida eterna como tu objetivo y te aferras a ella? Por tanto, escoge también el camino de la cruz, […] sopórtalo con valentía y sé consolado en él —sí, sopórtalo gozosamente.[167]

Las promesas engendran esperanza de que las pruebas lleven a gozos más grandes. La esperanza paciente es esencial para fortalecer a los creyentes en todas sus dificultades.[168] Brakel escribió:

La esperanza regocija el corazón; el hombre no puede vivir sin felicidad. Sin embargo, en el mundo los piadosos soportan muchas tribulaciones, y si ellos tuvieran nada más que tribulación cederían. Todo lo que el hombre busca está relacionado con la felicidad porque un corazón gozoso engendra fortaleza para el alma y el cuerpo. La esperanza, sin embargo, hace que los creyentes se gloríen “en las tribulaciones” (Ro. 5:3) y pueden estar entonces “gozosos en la esperanza” (Ro. 12:12).[169]

En el corazón de la esperanza paciente está apreciar a Dios por encima de todas las cosas. Los creyentes “preferirían disfrutar de la comunión con Dios con la cruz en vez de estar alejados de Él sin la cruz”.[170]

       La reflexión espiritual consiste no en escoger a Dios, sino en despreciar al mundo en comparación. Brakel dijo: 

Esto quiere decir que Dios es tu deseo, lugar de descanso, gozo, deleite y Aquel a quien temes. El mundo entonces, de ahora en adelante, no tiene importancia. Se debe simplemente usar como un medio por el cual tú andes como extranjero para poder llegar a la patria.[171]

Escoger al Señor Soberano por gracia como su felicidad lo hace a uno manso.[172]

f. El deleite y la oscuridad: la búsqueda del gozo.

El gozo no es algo superfluo a la vida cristiana, simplemente un subproducto de la obediencia; es la voluntad de Dios. Brakel aseveró: 

Dios se complace con el gozo de Sus hijos. Es Su voluntad que se deleiten, valoren los beneficios, confíen plenamente en Su Palabra y en Su promesa, se gocen, salten con gozo y canten Sus alabanzas con labios gozosos y llenos de cánticos.[173]

Pero el creyente no se debe preocupar si le faltan emociones fuertes. Brakel aconsejó: “Uno puede tener un amor verdadero y genuino que es muy fuerte —aun cuando no tenga pasiones dulces y notables”.[174]

       Sin embargo, el alma redimida “desea vivir continuamente en unión con Cristo y estar continuamente asombrada con, y regocijarse en, la gran obra de redención”.[175]

La búsqueda del gozo une la gracia soberana y la responsabilidad humana. Por un lado, el gozo puede ser solo “generado por el Espíritu Santo”.[176] Es una obra de gracia. Por otro lado, los creyentes tienen la responsabilidad de buscar el gozo espiritual para su fortaleza y la gloria de Dios.[177] El disfrute de la gloria de Dios está primero en la lista de las metas del hombre sabio. Brakel escribió: 

El objetivo que la persona prudente tiene en mente es múltiple: disfrutar de Dios y glorificarlo; tener paz y gozo en Dios; y amor hacia Dios; ejercer la santidad; abstenerse del pecado; […] ser un instrumento para la conversión del prójimo de uno.[178]

Una de las maneras más extrañas en la que Dios trata con Su pueblo es la deserción espiritual.[179] Brakel enseñaba que el Señor a veces soberanamente deja a un lado las operaciones normales de Su Espíritu para iluminar y consolar a Sus hijos, dejándolos en la oscuridad parcial.[180] La oscuridad espiritual es una realidad de algunos creyentes.[181] La oscuridad puede resultar en la experiencia de “una falta de vida”, la cual el traductor explicó como “un estado de insensibilidad similar a la muerte”.[182]

       El Señor puede abandonar a Su pueblo a la oscuridad simplemente a causa de Su libertad soberana para Su gloria.[183] O Él los puede abandonar temporalmente por sus pecados, sus acciones escandalosas, mundanalidad, orgullo, negligencia hacia los medios de la gracia o la búsqueda de doctrinas novedosas.[184] En tales casos, el creyente debe arrepentirse de todo corazón de su pecado y descansar en la sangre de Jesús para perdón.[185]

Si el cristiano está luchando bajo la oscuridad o está buscando disfrutar más de Dios, la búsqueda del gozo en Dios es esencial de igual forma. Brakel dio las siguientes pautas:[186]

  • “Ejercita la fe en Cristo continuamente” como el evangelio de la salvación revela.
  • “Sigue leyendo y reconociendo la Palabra por lo que realmente es: la Palabra de Dios”, con los ojos fijados en las promesas inquebrantables de Dios.
  • “Ora mucho y conoce al Señor orándole, teniendo comunión con Él” como Aquel que provee todo lo que deseas. Los ejercicios devocionales perseverantes en oración son los medios para recibir más luz.[187]
  • “Ocúpate mucho en la contemplación y la meditación santas”. Meditar en Dios y el evangelio es el deber y la belleza de todos los adoradores verdaderos.[188]
  • “Ten mucho cuidado de no ceder a una rutina pecaminosa en tu vida. Aun cuando no haya caídas grandes, este ceder, este descuido somnoliento y esta desviación de Dios nos robarán fácilmente este gozo”.

Hemos visto que el gozo en Dios impregna toda la vida cristiana, desde la conversión hasta la perseverancia en las pruebas, desde la adopción hasta la obediencia sacrificial. A continuación, consideraremos cómo Brakel veía el gozo con respecto al destino final del cristiano: la vida eterna.

8. La felicidad eterna: la consumación del gozo

Brakel prefería la frase “felicidad eterna” para describir la gloria suprema de los elegidos y la usó sesenta veces.[189] La felicidad en Dios constituía la esencia del cielo: “Estar gozoso en Dios es el cielo”.[190] El creyente bebe a sorbos el vaso del cielo en medio de su guerra terrenal. Pero en la gloria eterna espera “la felicidad magnificente”.[191] Aunque Brakel a veces hablaba del éxtasis en la tierra, Arie de Reuver nota que él también mostraba una “reserva escatológica”, es decir, reservaba las experiencias más altas de gozo para la época venidera.[192]

Brakel razonaba de la doctrina de Dios que el cielo tiene que ser incomprensiblemente bueno:

Aquello que el único sabio y omnipotente Dios ha concebido y ha pensado dentro de Sí mismo (déjenme hablar como hombre), a saber, exaltar al hombre al nivel más alto de felicidad, llenarlo con gloria y deleite incomprensibles y glorificarse a Sí mismo en Sus santos y ser admirado por todos los que creen (2 Ts. 1:10), tiene que ser glorioso en el grado más alto.[193]

Los cristianos en todos los tiempos han meditado en el reino venidero de Dios como la consumación de los deseos del hombre. Ya hemos notado el vínculo entre Brakel y el místico medieval Bernardo de Claraval.[194] Bernardo hablaba líricamente sobre los placeres de la fiesta de bodas celestial. Cristo embriagará a Su Novia completamente con Dios.

De ahí, la satisfacción completa sin interrupción; de ahí, el deseo eterno e insaciable al cual no le hace falta nada; de ahí, aquella embriaguez sobria (sobria ebrietas) que reanima con la Verdad y no con la bebida (vero, non mero), no anegado con vino, sino radiante con Dios (non madens vino, sed ardens Deo).[195]

De manera similar, la tradición reformada se regocijaba en la esperanza en la gloria de Dios. El Catecismo de Heidelberg dice:

58. Pregunta: ¿Qué consolación te ofrece el artículo de la “vida eterna”? 

Respuesta: Así como ahora experimento en mi corazón un principio del gozo eterno, así mismo después de esta vida gozaré de una cumplida y perfecta bienaventuranza que ningún ojo vio ni oído oyó, ni entendimiento humano comprendió: una bienaventuranza en la cual alabar a Dios para siempre.[196]

Cuando Cristo regrese nuevamente, Él le traerá a Su pueblo aquello para el cual se crearon sus deseos, “el disfrute de lo infinito”.[197] Cristo les dará a Sus elegidos la posesión de aquello hacia el cual todo el evangelio se dirige, “la felicidad eterna”.[198]

       Brakel exclamó: “¡Oh, qué dulce será sentarse eternamente bajo la sombra del Dios todopoderoso, bondadoso, amoroso, todo suficiente y benévolo!”.[199] Su herencia es incomprensiblemente buena. Brakel escribió:

Ellos son herederos de una posesión que es mucho más excelente que el cielo y la tierra con todas sus criaturas. […] Dios Mismo es su herencia: “Mi porción es Jehová” (Lm. 3:24). Es incomprensible e inexpresable lo que eso es. Nadie puede comprender esto a menos que haya disfrutado de algún grado lo que será cuando el alma, con toda satisfacción, disfrute de Dios en un sentido directo. De esto no podemos decir nada más que, ¡oh, cuán grande es esto![200]

Consecuente con lo que la Biblia enseña sobre las recompensas, Brakel enseñaba tanto la felicidad plena de todos los elegidos como las diferencias relativas entre los elegidos en gloria. Él escribió:

Mantenemos que todos los que son glorificados serán llenos con felicidad hasta rebosar; es decir, hasta adonde puedan aguantar. Así que, no habrá ni un deseo por más, ni eso será posible. […] Sin embargo, de la misma manera que un vaso puede contener más que otro vaso, aunque los dos están llenos, creemos que el primero excederá el otro en gloria. No obstante, esto no es debido al mérito. […] Más bien, con base en Su gracia gratuita, Dios elevará en gloria a aquellos que hayan hecho o sufrido más como testigos por Su nombre.[201]

¿En qué consiste su felicidad y gloria? “La felicidad consiste en ver a Dios”. Jesús, el Dios-hombre, se verá “con los ojos físicos con gozo y amor abrumadores por todos los ciudadanos del cielo”. Brakel siguió: 

Sin embargo, Dios se verá con los ojos iluminados del entendimiento. […] Dios de una manera directa e inmanente —de una manera que Dios actualmente no nos ha revelado— revelará Sus perfecciones gloriosas a Sus hijos y hará que el alma experimente que Él es su porción. 

Esta visión de Dios no consiste en “simple reflexión” en el intelecto, sino también “el disfrute de amor mutuo y perfecto”.

Dios llenará el alma con Su toda suficiencia, la rodeará con Su amor y la cubrirá con la sombra de todas Sus perfecciones […] y gozo inexpresable.[202]

Brakel les extendía la esperanza de estar “satisfechos en la toda suficiencia del Señor” a hermanos que hacían frente a la persecución severa y al martirio. Debían comparar esto con sus sufrimientos:

La herencia de los santos en gloria, la comunión directa con Dios, la vida de contemplarlo a Él, estar satisfechos con la toda suficiencia del Señor, estar irradiados por la luz de Su rostro, estar abrazados por Su amor, estar rodeados por Su omnipresencia, estar llenos con Su bondad, aun brillar en toda santidad, estar encendidos con amor, estar incomprensiblemente gozosos en Dios, estar entre los ángeles, estar en la compañía de las almas de los hombres más perfectamente justos, y estar en Su presencia directa junto con los que contemplan y experimentan las perfecciones del Señor, y así agrandar y alabar estas perfecciones —eso es felicidad y eso es gloria.[203]

9. Conclusión

Después de haber examinado los escritos de Brakel sobre los temas más importantes de la teología, podemos concluir que el gozo en Dios es un tema primordial que impregna la religión verdadera en la teología de Wilhelmus à Brakel. Dios es la plenitud del gozo. El hombre es un buscador del gozo. Cristo es el medidor del gozo. La iglesia es la comunidad del gozo. La salvación es la vida del gozo. La eternidad es la consumación del gozo. 

La teología pactual de Brakel estaba empapada con el gozo porque en el pacto el Dios todo suficiente le da a Su pueblo nada menos que Él mismo. Cerramos con estas palabras de oro:

¿Acaso no se hizo Dios tu porción al decir “¡Yo soy tu Dios!” para que disfrutaras de toda felicidad en Él? Si tienes a Aquel todo suficiente como tu salvación, ¿todavía necesitas algo más? ¿No es Él mejor para ti que mil mundos, un pedazo de moneda o un pedazo de pan? Por tanto, habla y practica como los piadosos. “Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré” (Lm. 3:24). Mientras consideras que Dios —el único Dios bendito, el Dios de la salvación plena— es tu porción, vuélvete a Él en tiempos de angustia, refúgiate en Él, deléitate en Él por fe —aun si le agradare a Él no darte la medida de disfrutar de Él como desearías. Esto está guardado para ti en la eternidad. Deléitate en tenerlo a Él como tu porción, y deja que esto te sacie mientras eres privado de las cosas del mundo que desearías tener. Para tal fin, mantén delante de ti el ejemplo de Habacuc: “Aunque […] los labrados no den mantenimiento […]; con todo, yo me alegraré en Jehová” (Hab. 3:17–18).[204]

NOTAS


           [1] Este capítulo ha sido adaptado de: Paul M. Smalley, “‘Satisfecho con la toda suficiencia del Señor’: Wilhelmus à Brakel sobre el gozo,” ed. Joel R. Beeke, Puritan Reformed Journal Volume 3, no. 2 (2011): 235–266. Publicado con permiso escrito de los editores, y para la editorial Teologia para Vivir. 

           [2] Wilhelmus à Brakel, The Christian’s Reasonable Service, trad. Bartel Elshout, ed. Joel R. Beeke (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 1992–1994). La anotación 3.370 se refiere al volumen 3, pág. 370. Desde ahora en adelante las referencias a este libro se indicarán de manera abreviada como sigue: Wilhelmus à Brakel, The Christian’s Reasonable Service, 3.370.

           [3] Estos datos estadísticos se basan en búsquedas realizadas en computadora de archivos digitales del texto de Brakel. El conteo incluye tablas de contenidos y encabezados, pero excluye el contenido introductorio no escrito por Brakel y los índices. Le debo a Bartel Elshout por proveer los archivos digitales necesarios para tales búsquedas. 

           [4] W. Fieret, “Wilhelmus à Brakel” en Brakel, The Christian’s Reasonable Service, 1.xxxi–lxxxi. Bartel Elshout, The Pastoral and Practical Theology of Wilhelmus à Brakel (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 1997), 3–19.

           [5] Elshout, Pastoral and Practical Theology, 20.

           [6] Bernardo de Claraval incluyó algunas 6000 citas de la Biblia en sus 86 sermones sobre Cantar de los Cantares. La Biblia se cita o se parafrasea alrededor de mil veces en La imitación de Cristo de Tomás de Kempis. Arie de Reuver, Sweet Communion: Trajectories of Spirituality from the Middle Ages through the Further Reformation, trad. James A. De Jong (Grand Rapids: Baker Academic, 2007), 31, 75.

           [7] Consideren los comienzos del Catecismo de Heidelberg (1563) y el Catecismo Menor de Westminster (1647). 

           [8] William Perkins, A Golden Chaine (Cambridge: John Legat, 1600), 1. “J. van der Haar registra 185 ediciones del siglo diecisiete en holandés de las obras individuales y completas de Perkins, dos veces más que cualquier otro puritano. […] Él y Ames, su estudiante más influyente en el continente, influenciaron a Gisbertus Voecio (1589–1676) y a numerosos teólogos holandeses de la Nadere Reformatie (Segunda Reforma)”. Joel R. Beeke y Randall J. Pederson, Meet the Puritans (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 2006), 475.

           [9] Wilhelmus à Brakel, The Christian’s Reasonable Service, 2:455.

           [10] Ibid., 2.456.

           [11] Ibid., 2.601-602.

           [12] http://www.puritanseminary.org/media/BelgicConfession.pdf, consultado el 5-24-2010.

 https://www.rca.org/resources/la-confesi%C3%B3n-belga, consultado el 9-02-2019 por el traductor.

           [13] Wilhelmus à Brakel, The Christian’s Reasonable Service, 1:90. Compárese la enseñanza de William Ames (1576–1633): “10. La suficiencia de Dios es su cualidad de ser suficiente en sí mismo para sí mismo y para nosotros. Por tanto, se le dice todo suficiente (Gn. 17:1 […] 38). Por tanto, nuestra fe, que busca la vida eterna, descansa solo en Dios porque Dios es la fuente de toda la vida (Jn. 5:26 […] 45). Por consiguiente, la fe no solo busca una cierta medida de bienaventuranza comunicada por Dios, sino una gloria incalculable”. William Ames, The Marrow of Theology, ed. John D. Eusden (Grand Rapids: Baker Books, 1968), 84–86 [I.iv].

           [14] Richard A. Muller, Post-Reformation Reformed Dogmatics, Volume Three: The Divine Essence and Attributes (Grand Rapids: Baker Academic, 2003), 379–84. De aquí en adelante citado como PRRD.

           [15] Loci communes, xliii, citado por Muller, PRRD, 3:369. Sobre Musculus, véase la descripción biográfica corta de Craig S. Farmer en Richard A. Muller y John L. Thompson, eds., Biblical Interpretation in the Era of the Reformation (Grand Rapid: Eerdmans, 1996), 216–18.

           [16] De consolation philosophiae, citado por Muller, PRRD, 3:372.

           [17] Confesiones, 2.6/13, http://ww.augustinus.it/spagnolo/confessioni/conf_02_libro.htm, recuperado 9/02/2019 por el traductor. La fuente en inglés era The Confessions of St. Augustine, trad. J. G. Pilkington (New York: Liveright, 1943), 36.

           [18] De Diligendo Deo, I.1; VI.17; en Bernard of Clairvaux: Selected Works, trad. G. R. Evans (New York: Paulist Press, 1987), 174, 187–88.

           [19] De Reuver, Sweet Communion, 126–27.

           [20] Wilhelmus à Brakel, The Christian’s Reasonable Service, 3.273.

           [21] Ibid., 1.91.

           [22] Ibid., 1.432.

           [23] Ibid., 2.59.

           [24] Ibid., 2:596-597.

           [25] Ibid., 3.263.

           [26] Ibid., 1.188.

           [27] Ibid., 1.134-136.

           [28] Ibid., 1.191; cf. 2.628.

           [29] Ibid., 1.4.

           [30] Ibid., 1.283.

           [31] Ibid., 1.350.

           [32] Ibid., 1.280.

           [33] Ibid., 1.250.

           [34] Ibid., 3.370.

           [35] 1.134, 263; 2.443, 444, 597, 602, 650; 3.101, 257, 258, 266, 370; 4.25. “La palabra holandesa, traducida como irradiados, hace alusión al brillo del sol. Es la idea de que el alma se baña en la luz del rostro de Dios —estar envueltos en los rayos del Sol de Justicia”. De un correo electrónico personal de Bartel Elshout (4/6/2010).

           [36] Wilhelmus à Brakel, The Christian’s Reasonable Service, 1.134, 250, 450, 655; 2.125, 276, 421, 430, 432, 444, 676; 3.246, 283.

           [37] Ibid., 4.145 cf. 4.259.

           [38] Ibid., 1.329.

           [39] Ibid., 2.455.

           [40] Ibid., 2.464 cf. 3.329.

           [41] Ibid., 2.455.

           [42] Ibid., 3.381 cf. 449.

           [43] Ibid., 3.403.

           [44] Ibid., 1.360.

           [45] Ibid., 1.91, 133, 134, 249, 263, 353, 432, 437, 454, 512, 646; 2.237, 251, 326, 328, 329, 431, 432, 440, 443, 625; 3.102, 387, 550, 555; 4.21, 145, 146, 181, 357, 365, 480, 485. Parece que Brakel nunca citó el versículo 27.

           [46] Ibid., 1.188.

           [47] Ibid., 1.324.

           [48] Ibid., 1.360; cf. 2.612.

           [49] Ibid., 1.360-362.

           [50] Ibid., 1.303-304.

           [51] Ibid., 1.364.

           [52] Ibid., 1.377, 417.

           [53] Ibid., 1.418; cf. 2.601.

           [54] Ibid., 1.420-421.

           [55] Ibid., 1.423.

           [56] Ibid., 1.424.

           [57] Ibid., 3.401; cf. 2.456, 580; 3.358, 381.

           [58] Ibid., 3.399.

           [59] Ibid., 1.278.

           [60] Ibid., 1.422.

           [61] Ibid., 1.465.

           [62] Ibid., 1.431-433.

           [63] Ibid., 1.426-437.

           [64] Ibid., 1.262.

           [65] Ibid., 1.251ss.

           [66] Ibid., 1.261.

           [67] Ibid., 1.258, 261.

           [68] Ibid., 2.88.

           [69] Ibid., 1.263.

           [70] Ibid., 1.261.

           [71] Ibid., 2.582.

           [72] Ibid., 1.262-263.

           [73] Ibid., 1.443.

           [74] Ibid., 1.449.

           [75] Ibid., 3.319.

           [76] Ibid., 1.450.

           [77] Ibid., 2.598.

           [78] Ibid., 2.596.

           [79] Ibid., 1.256; 465 ss.

           [80] “Toda contemplación de Dios aparte de Cristo él considera ficticia y prohibida”. De Reuver, Sweet Communion, 258.

           [81] Ibid., 1.619; cf. 3.283, 288.

           [82] Ibid., 2.465.

           [83] Ibid., 1.138.

           [84] Ibid., 2.601.

           [85] Ibid., 1.163.

           [86] Ibid., 3.285-286.

           [87] Ibid., 2.94-95.

           [88] Ibid., 1.514.

           [89] Ibid., 1.511.

           [90] Ibid., 1.513.

           [91] Ibid., 1.613.

           [92] Ibid., 618.

           [93] Ibid., 1.653.

           [94] Ibid., 1.654-655.

           [95] Ibid., 1.569-570.

           [96] Ibid., 2.87.

           [97] Ibid., 3.288.

           [98] Elshout, Pastoral and Practical Theology, 22.

           [99] De Reuver, Sweet Communion, 234.

           [100] Elshout, Pastoral and Practical Theology, 24.

           [101] Ibid., 2.57-58

           [102] Ibid., 2.97.

           [103] Ibid., 2.3, cf. 33.

           [104] Ibid., 2.12.

           [105] Ibid., 2.100.

           [106] Ibid., 2.521–22.

           [107] Ibid., 2.182.

           [108] Ibid., 4.94.

           [109] Ibid., 4.100.

           [110] Ibid., 1.534.

           [111] Ibid., 2.163.

           [112] Ibid., 2.152, 155.

           [113] Ibid., 2.652.

           [114] Ibid., 2.648.

           [115] Ibid., 2.569–600.

           [116] Ibid., 2.573.

           [117] Ibid., 2.575.

           [118] Ibid., 2.592.

           [119] Ibid., 2.534.

           [120] http://www.puritanseminary.org/media/HeidelbergCatechism.pdf, consultado el 5-24-2010.

http://www.iglesiareformada.com/Catecismo_Heidelberg.html, consultado por el traductor el 22-02-2019.

           [121] Ibid., 1.303.

           [122] Ibid., 2.466.

           [123] Ibid., 1.429.

           [124] Brakel usaba el término “condiciones” como sinónimo de las “promesas” del pacto (1.434ss).

           [125] Ibid., 1.442.

           [126] Ibid., 1.581.

           [127] Ibid., 2.456–57.

           [128] “Después de haber hablado del llamamiento, la regeneración y la fe, vamos a dirigirnos ahora a la justificación, que es el corazón del cristianismo y la fuente de toda consolación y santificación” (2.340).

           [129] Ibid., 2.455.

           [130] Ibid., 2.412.

           [131] Ibid., 2.614–15.

           [132] Ibid., 2.415.

           [133] Ibid., 2.420–21.

           [134] Ibid., 2.417.

           [135] Ibid., 1.246; cf. 248.

           [136] Ibid., 4.208.

           [137] Ibid., 1.247–48.

           [138] Ibid., 1.516; cf. 2.581; 4:480.

           [139] Ibid., 2.276; 4.214.

           [140] Ibid., 2.326.

           [141] Ibid., 4.216.

           [142] Ibid., 2.322.

           [143] Ibid., 2.293; cf. Mt. 13:20; Lc. 8:13.

           [144] Ibid., 2.459–60.

           [145] Ibid., 2.603; 3.271.

           [146] Ibid., 2.429, 432, 435; 3.304–5.

           [147] Ibid., 3.263.

           [148] Ibid., 2.266, 287.

           [149] Ibid., 3.263–64.

           [150] Ibid., 1.266.

           [151] Ibid., 2.460.

           [152] Ibid., 2.436.

           [153] Ibid., 3.293.

           [154] Ibid., 3.294.

           [155] Ibid., 1.3–4.

           [156] Ibid., 1.441.

           [157] Ibid., 3.268.

           [158] Ibid., 3.397, 402.

           [159] Ibid., 4.104.

           [160] Ibid., 4.68.

           [161] Ibid., 2.615.

           [162] Ibid., 3.391.

           [163] Ibid., 1.249.

           [164] Ibid., 2.616.

           [165] Ibid., 2.616–17.

           [166] Ibid., 3.383; 4.178.

           [167] Ibid., 2.618.

           [168] Ibid., 3.413.

           [169] Ibid., 2.329.

           [170] Ibid., 3.423.

           [171] Ibid., 2.598.

           [172] Ibid., 4.81.

           [173] Ibid., 2.463.

           [174] Ibid., 3.281.

           [175] Ibid., 2.615.

           [176] Ibid., 2.456.

           [177] Ibid., 2.461–62.

           [178] Ibid., 4.130.

           [179] Ibid., 4.171.

           [180] Ibid., 4.173.

           [181] Ibid., 1.190; 4.260–61.

           [182] Ibid., 4.265, 268. Brakel ubicó este capítulo sobre la oscuridad inmediatamente antes de su capítulo sobre la falta de vida, comentado en lo primero lo siguiente: “Cuando alguien entra a un estado de oscuridad, fácilmente caerá en un estado en donde todo está frio, rígido e insensible. Dentro de poco hablaremos del estado de la insensibilidad con más detalle” (4.262–63).

           [183] Ibid., 4.179.

           [184] Ibid., 4.182–83; cf. 3.466.

           [185] Ibid., 4.189–90.

           [186] Ibid., 2.466–67.

           [187] Ibid., cf. 3.468–70; 4.264.

           [188] Ibid., cf. 1.133–38; 2.582; 4:25–30.

           [189] Ibid., 1.438.

           [190] Ibid., 2.464.

           [191] Ibid., 4.369.

           [192] De Reuver, Sweet Communion, 239.

           [193] Ibid., 4.362.

           [194] “En mi opinión uno puede hablar de una compatibilidad sustantiva con la espiritualidad mística de Bernardo. […] Que tuviera conocimiento directo del corpus de la obra de Bernardo no me consta. Es posible que el mundo de su pensamiento […] le fuera comunicado por su maestro Voecio y su pariente espiritual Witsius”. De Reuver, Sweet Communion, 257–58.

           [195] De Reuver, Sweet Communion, 57.

           [196] http://www.puritanseminary.org/media/HeidelbergCatechism.pdf, consultado el 5-24-2010.

           [197] Ibid., 4.365.

           [198] Ibid., 2.605.

           [199] Ibid., 4.365.

           [200] Ibid., 2.427.

           [201] Ibid., 4.358.

           [202] Ibid., 4.365–67.

           [203] Ibid., 3.370.

           [204] Ibid., 3.391–92.

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