Caballero, Jaime D.

¿Por qué Francisco Turretino, y no Francis Turretín?

Teología para Vivir anunció hace casi cuatro años (Junio 2020) su intención de traducir al español las obras completas de El Servicio Razonable del Cristiano, por Wilhelmus à Brakel, e Instrucción en Teología Elénctica, por Francisco Turretino (La pre-venta de esta obra continua hasta el 31 de enero, ver aquí).

Después de una votación online sobre con cúal debería iniciarse, la obra ganadora fue El Servicio Razonable del Cristiano. Después de haber anunciado la traducción de la obra de Turretino, y haber adquirido los derechos legales de la obra estándar académica de la misma, una editorial recientemente formada anunció que iniciaría la traducción de la misma, y publicaron dos capítulos correspondientes al 6% o 7% de la obra total. Consideramos cancelar el contrato y proyecto de traducción, y asumir la pérdida. Sin embargo, dado nuestro compromiso de honor, tanto con la casa editorial dueña de los derechos, y todos los que nos apoyaron al iniciar este proyecto, decidimos continuar. Sinceramente, nos alegra que otra casa editorial también haya iniciado este proyecto, y recomendamos encarecidamente, si está en sus posibilidades, que apoyen dichas iniciativas. 

Sin embargo, hay un detalle que, aunque parezca secundario, toca puntos que son importantes, y por lo tanto vale la pena mencionarse. 

¿Se debe traducir el nombre de un autor o dejar su nombre original?

Es importante mencionar que lo que se discute en este punto es si se debe o no traducir el nombre de un autor. En otras palabras, ¿Debe usarse el nombre original, o traducirlo al español? En el caso particular de Turretino, su nombre original es Franciscus Turretinus (1623-1687). Por lo cual, la discusión debería girar en torno a si se debería hispanizar el nombre a Francisco Turretino, o usar el nombre original Franciscus Turretinus. El lector debe tener claro que el nombre “Francis Turretin” no es el nombre original del autor, sino una traducción o anglonización del nombre original al idioma inglés.

Existen convenciones delineadas sobre este punto:

Primero: Por lo general, aquellos autores que preceden a la era de la Ilustración – autores anteriores al siglo XVIII, por convención general son traducidos. Es por esto, por ejemplo, que el nombre Franciscus Turretinus (1623-1687) se tradujo al ingles como Francis Turretín, y Jean Calvin (1509-1550) como John Calvin (o Juan Calvino en español), pero el nombre de Herman Bavinck (1854-1921), Geerhardus Vos (1862-1949), y cualquier otro contemporáneo no son traducidos. Es por esto que, por ejemplo, un autor contemporáneo como John MacArthur es John MacArthur en español y no “Juan MacArthur”.

Segundo, la primera regla puede omitirse si solo si el nombre original del autor sea de amplia circulación en el idioma a traducir. Es decir, en aquellos casos cuando el nombre original de un autor previo al siglo XVIII (y debe enfatizarse aquí ‘nombre original’) sea de amplia circulación, o conocido en el idioma a traducirse, puede elegirse conservar el original. Es por esto que usualmente se conservan los nombres de autores puritanos en español, como John Owen, John Knox o Thomas Watson, dado que tanto John como Thomas son por lo general nombres conocidos en español, y sus nombres tienen siglos de ocurrencias en la literatura castellana; aunque podría haberse elegido cambiar la ortografía de, por ejemplo, Thomas a Tomás. Este no es el caso con Franciscus Turretinus, cuyo nombre no es ampliamente conocido en la literatura en español, ni teológica.

Tercero, la convención en literatura académica, es que a no ser que un autor sea ampliamente conocido, se debe conservar el nombre original. Ahora bien, en la traducción de la obra de Turretino se busca llegar a un público amplio. Sin embargo, si, por ejemplo, se hace referencia a la obra en una ponencia académica, debería mencionarse también el nombre original. Entonces:

¿Cómo deberíamos hacer entonces? 

La pregunta clave debería ser ¿Deberíamos usar el nombre original, o lo deberíamos traducir? Sin embargo, la pregunta no debería ser: ¿Usamos el nombre original, o la traducción del nombre al ingles (o a cualquier otro idioma)? En la respuesta a esta pregunta yace una de las debilidades más fuertes del cristianismo evangélico – y reformado – latinoamericano: Su casi dependencia ciega y poca capacidad de análisis crítico con respecto a la esfera norteamericana. 

Esto es una pena. Por ejemplo, el nombre del autor Franciscus Turretinus (1623-1687) ha sido traducido en la literatura teológica en italiano como Francesco Turrettini,[1] en la literatura teológica al portugués como Francisco (o François) Turretini,[2] al polaco como François Turretin,[3] en la literatura teológica francesa como François Turrettini,[4] y así sucesivamente. ¿Pero… y en español? Se ha usado la versión inglesa del nombre. Ninguna otra traducción, ningún otro idioma, o cultura ha hecho esto. ¿Están consciente del problema de fondo? Detrás de lo que podría parecer una decisión inconsecuente – el nombre a elegir para la traducción de un libro – yace un problema de fondo mucho mayor.

Imagine que usted expondrá en una conferencia internacional sobre Francisco Turretino, como las que se organizan en la Universidad de Oxford, o la Universidad de Leiden. Hay conferencistas de habla alemana, portuguesa, inglesa, francesa, italiana, polaca, etc. y española. Dada la convención, todos hablan en ingles. Cada conferencista se referiría al nombre original del autor, y a la traducción en su propio idioma. El alemán, inglés, portugués, francés, etc. cada uno en su turno lo dice en su idioma. Cuando es el turno del latino, no lo dice en español… sino en ingles. Casi puedo imaginar las sonrisitas de los otros expositores, y las palmaditas en el hombro tratando de “animar” al latino por su buena exposición de “Turretin”. Claro, nadie lo diría, pero de reojo lo mirarían como inferior, no como un igual: “sí, soy tu hermano, pero tu hermano mayor”. Y, me temo que estarían en lo correcto. No porque la capacidad intelectual, o disciplina y rigor de estudio del latino sea menor que la del alemán (aunque en promedio si lo es); pero primariamente por el complejo de inferioridad del propio latino. Bajamos la cabeza, calladitos. 

Creo que en parte a esto se debe a que cuando alguna vez he visitado la biblioteca de alguna universidad grande y he preguntado por alguna obra teológica escrita por un latino me señalan al área de “antropología” o “estudios culturales”, pero cuando he hecho la misma pregunta con respecto a algún autor norteamericano, o alemán, me señalan la sección de “teología”. 

¿Entonces, le llamamos “Francis” o “Francisco”?

Si, por supuesto hermano, eres libre de llamarle “Francis” (ingles), “Francesco” (italiano), o “Franz” (alemán), y no Francisco. Pero no te incomodes luego por las sonrisitas condescendientes, y las palmaditas en el hombro, ni te vayas quejando que no tratan “como a un igual”. 

Jaime D. Caballero. 

NOTAS:


[1] https://it.wikipedia.org/wiki/Francesco_Turrettini

[2] https://www.editoraculturacrista.com.br/compendio-de-teologia-apologetica-3-volumes.html

[3] https://pl.wikipedia.org/wiki/François_Turretin

[4] https://fr.wikipedia.org/wiki/François_Turrettini

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