En una carta se me pregunto, “Al mirar atrás a tus más de veinticinco años en el ministerio, ¿cuál fue la disciplina espiritual pero opcional la más útil que practicaste en tu vida espiritual y en tu predicación y ministerio pastoral?” Y mi respuesta es sin titubear: una dieta constante de literatura puritana.

Leer literatura puritana durante treinta y cinco años ha sido de gran ayuda para mí espiritualmente. Cuando el Espíritu Santo empezó a convencerme de la gravedad de mi pecado y de la espiritualidad de la ley a los catorce años, indagué en las Escrituras y devoré la literatura puritana de la biblioteca de mi padre. Cada noche a las once mi madre solía decir que apagara la luz. Después de que la luz de mis padres se apagara yo volvía a encender la mía y me ponía a leer hasta las doce y media o la una de la madrugada. Leí todos los libros puritanos publicados por la Banner of Truth Trust con mucho disfrute, luego empecé una biblioteca en la iglesia, fundé una organización llamada Bible Truth Books y más tarde, una vez en el ministerio, la Reformation Heritage Books. He pasado miles de horas con escritores puritanos en mi vida y vendido miles y miles de libros puritanos a lo largo de los últimos treinta y cinco años. ¿Por qué?

Primero, permíteme contarte brevemente lo que quiero decir por “los puritanos” y luego te enseñaré como leer los puritanos puede ser de mucho provecho para ti. Dicho simplemente, el uso que yo le doy a la palabra puritano incluye no solo aquellos que fueron expulsados de la Iglesia de Inglaterra por la ley de la uniformidad en 1662, sino todos aquellos en Gran Bretaña y en Norteamérica que, durante varias generaciones después de la Reforma, trabajaron para reformar y purificar la iglesia y dirigir a la gente hacia una manera de vivir piadosa y bíblica consecuente con las doctrinas reformadas de la gracia.1

El Puritanismo creció a partir de al menos tres necesidades: (1) la necesidad de la predicación bíblica y la enseñanza de la sana doctrina reformada; (2) la necesidad de una piedad personal bíblica que hace énfasis en la obra del Espíritu Santo en la fe y la vida del creyente y (3) la necesidad de una restauración de la simplicidad bíblica en la liturgia, la vestimenta y el gobierno de la iglesia, para que la vida bien ordenada de la iglesia promueva la adoración al Dios trino prescrita en Su Palabra.2 Doctrinalmente, el puritanismo era una clase de calvinismo amplio y vigoroso; experimentalmente, era una clase de cristianismo cálido y contagioso; en cuanto al evangelismo, era amoroso y a la vez agresivo.3 J. I. Packer escribió, “El puritanismo fue en su esencia un movimiento de renacimiento espiritual”.4

Timoteo (Nota: Esta es la manera como Beeke se refiere a los lectores en estos articulos sobre ministerio pastoral Puritano), quiero escribirte dos cartas, sobre cómo, con la bendición del Espíritu, los puritanos pueden serte de provecho. Esta primera carta se centrará en cómo pueden serte de provecho a ti personalmente, y la segunda en cómo pueden serte de provecho a ti en tu predicación y en la enseñanza.5

Moldeando cada area de tu vida de acuerdo a las Escrituras.

Más que ningún otro grupo de escritores en la historia de la iglesia, los puritanos nos enseñan a moldear enteramente nuestras vidas y ministerios según las Santas Escrituras.

Los puritanos eran gente del Libro viviente. Amaban, vivían y respiraban la Escritura, deleitándose en el poder del Espíritu que acompaña la Palabra.6 Veían los sesenta y seis libros de la Escritura como la biblioteca del Espíritu Santo que les había sido por gracia legada. Veían la Escritura como Dios hablándoles de la manera en que un padre habla a sus hijos. Veían la Palabra como la verdad en la que podían confiar y descansar por toda la eternidad. La veían como llena del poder del Espíritu para renovar sus mentes y transformar sus vidas.

Los puritanos escudriñaban, escuchaban y cantaban la Palabra con deleite y animaban a los demás a hacer lo mismo. El puritano Richard Greenham sugirió ocho maneras de leer las Escrituras: con diligencia, sabiduría, preparación, meditación, en conferencia, fe, en práctica y oración.7 Thomas Watson proporciona numerosas pautas sobre como escuchar la Palabra. Preséntate ante la Palabra con un apetito santo y un corazón dispuesto a aprender. Siéntate bajo la Palabra atentamente, recíbela con mansedumbre y mézclala con la fe. Luego retén la Palabra, ora en ella, y practícala y habla de ella con los demás.8 “Terrible es el caso de aquellos que van cargados de sermones para el infierno”, advierte Watson. En contraste, aquellos que responden a la Escritura como una “carta de amor para vosotros enviada por Dios” experimentarán su cálido poder transformador.9

“Alimentaos de la Palabra”, exhortaba el predicador puritano John Cotton a su congregación.10 El prefacio de la Biblia de Ginebra contiene un consejo similar, dice que la Biblia es “la luz de nuestros caminos, la llave del reino de los cielos, nuestro consuelo en la aflicción, nuestro escudo y espada contra Satanás, la escuela de toda sabiduría, el espejo en el que podemos observar el rostro de Dios, el testimonio de Su favor, y la única comida y alimento para nuestras almas”.11

Los puritanos hicieron un llamamiento para convertirse en personas de fe y práctica intensamente centradas en la Palabra. El Directorio Cristiano de Richard Baxter muestra cómo los puritanos consideraban la Biblia como una guía fidedigna para todo en la vida. Cada caso de conciencia era sometido a las directrices de la Escritura. Henry Smith predicaba a su congregación, “Deberíamos poner siempre la Palabra de Dios delante de nosotros como una norma, y creer solamente lo que esta enseña, amar solamente que lo que ella prescribe, aborrecer solamente que lo que ella prohíbe, y hacer solamente lo que ella ordena”.12 Quizás John Flavel lo expreso mejor, “Las Escrituras nos enseñan la mejor manera de vivir, la más noble forma de sufrir, y la forma más cómoda de morir”.13

Los ministros de la Palabra deben ser ante todo hombres de oración.

Los puritanos nos enseñan la necesidad de ser hombres de oración de Dios. Eran verdaderamente “hombres de aposento”. En sus aposentos – su lugar privado especial dedicado a la oración, ya fuera en su habitación, su desván o en el campo – alzaban sus voces y pedían a gritos en voz alta al Dios de los cielos bendición divina sobre ellos y sus ministerios, sus familias, sus iglesias y sus naciones.

A diferencia de muchos ministros modernos, la calidad de la vida espiritual de los ministros puritanos parece haber sido uniformemente alta.14 Creo que los puritanos eran grandes predicadores en primer lugar porque eran también grandes suplicantes que luchaban con Dios para obtener bendición divina sobre sus predicaciones. Richard Baxter dijo, “La oración debe sostener nuestro ministerio además de la predicación; el que no ora por los suyos encarecidamente predica a ellos sin corazón igual. Si no prevalecemos con Dios para darles fe y arrepentimiento, no prevaleceremos con ellos para creer y arrepentirse”.15 Y Robert Traill escribió, “Algunos ministros con dones y papeles menores tienen más éxito que algunos que están muy por encima de ellos en habilidades; no tanto porque predican mejor, sino porque oran más. Muchos sermones buenos fallan por falta de oración en su estudio”.16

Conclusión.

Timoteo, tus oraciones privadas deben sazonar los mensajes de tu púlpito. Tómate en serio la amonestación de Richard Sibbes: “Un ministro es con frecuencia honrado por los hombres por el rendimiento de una mitad de su trabajo [el ministerio público], mientras que Dios le observa con desagrado por haber desatendido la otra mitad [la oración]” (cf. Hechos 6:4). Como los puritanos, guarda con mucho celo tu tiempo de devoción personal. Establece tus prioridades en realidades espirituales eternas. Estate persuadido de que en cuanto bajes la guardia y dejes de orar, te estás exponiendo al desastre espiritual. Se terriblemente consciente de que, como dijo John Flavel “un hombre puede ser objetivamente espiritual, y al tiempo ser subjetivamente un hombre carnal”.17 Cree, como John Owen observa, que “ningún hombre predica bien un sermón que no ha predicado primeramente a su propio corazón… Si la palabra no mora en nosotros con poder, no saldrá de nosotros con poder”.18

Adaptado de: Joel Beeke, “Aprende de Los Puritanos I,” in Querido Timoteo: Cartas Sobre El Ministerio Pastoral, ed. Thomas K. Ascol (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2011), 145–149.

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Sobre el autor:

joel-beeke_profile-369x424-c-defaultJoel Beeke (1952-), realizo estudios en Western Michigan University(BA), Thomas Edison College, Netherlands Reformed Theological School, Westminster Theological Seminary(PhD). Joel Beeke es pastor en la Iglesia ‘Congregacion Reformada Heritage Netherlands’ en Michigan (US), y presidente del Seminario Teologico Reformado Puritano, donde es profesor de Teologia Sistematica y Homiletica. Es también editor de ‘Puritan Reformed Journal’, y ha escrito y editado alrededor de ochenta libros y escrito mas de 2500 articulos  academicos en libros, enciclopedias, revistas teologicas, etc. Esta casado con Mary, y tiene tres hijos: Calvin, Esther and Lydia. Joel Beeke es uno de los representas de la Teologia Reformada mas conocido a nivel mundial. Entre sus publicaciones es español tenemos “La espiritualidad puritana y reformada: Un estudio teológico y práctico tomado de nuestra herencia puritana y reformada.”(2008); “La lucha contra Satanas: Conociendo al enemigo sus debilidades, estrategias, y derrota.” (2008), etc.

Notas:

1 Richard Mitchell Hawkes, “La Lógica de la Garantía en la Teología inglesa puritana” Periódico Teológico de Westminster 52 (1990): 247. Para las dificultades en e intentos de definir el puritanismo, véase La Esencia del Puritanismo de Ralph Bronkema (Goes: Oosterbaan y LeCointre, 1929); Leonard J. Trinterud, “Los Origenes del Puritanismo”, Historia de la Iglesia 20 (1951): 37–57; Jerald C. Brauer, “Reflexiones sobre la Naturaleza del Puritanismo Inglés”, Historia de la Iglesia 23 (1954): 98–109; Basil Hall, “Puritanismo: el Problema de su Definición” en G. J. Cumming, ed. Estudios de la Historia de la Iglesia, vol. 2 (London: Nelson, 1965), 283–296; Charles H. George, “Puritanismo como Historia e Historiografía”, Pasado y Presente 41 (1968): 77–104; William Lamont, “Puritanismo como Historia e Historiografía: Otras Reflexiones”, Pasado y Presente 42 (1969): 133–146; Richard Greaves, “La Naturaleza de la Tradición Puritana”, en R. Buick Knox, ed. La Reforma, Conformidad y Disensión: Ensayos en Honor a Geoffrey Nuttall (Londres: Epworth Press, 1977): 255–273; D. M. Lloyd-Jones, “El Puritanismo y Sus Orígenes”, Los Puritanos: Sus Orígenes y Sus Sucesores (Edinburgo: Banner of Truth Trust, 1987), 237–259; James I. Packer, “Porque Necesitamos a los Puritanos”, en En Búsqueda de la Piedad: La Visión Puritana de la Vida Cristiana (Wheaton, IL: Crossway Books, 1990), 21–36; Joel R. Beeke, En Búsqueda de la Completa Seguridad: El Legado de Calvino y Sus Sucesores (Edimburgo: Banner of Truth Trust, 1999): 82-siguientes.

2 Peter Lewis, El Genio del Puritanismo (Hayward Heath, Sussex: Carey, 1975), 11-siguientes.

3 Sidney H. Rooy, La Teología de las Misiones en la Tradición Puritana: Estudio de Representantes Puritanos: Richard Sibbes, Richard Baxter, John Eliot, Cotton Mather, y Jonathan Edwards (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1965), 310–328.

4 Cf. La introducción de Packer en Santos del Mundo: Los Puritanos Como Realmente Son de Leland Ryken (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1990), xv.

5 Algunos de mis consejos están adaptados de mi libro El Evangelismo Puritano: Un Enfoque Bíblico (Grand Rapids, MI: Reformation Heritage Books, 1999).

6 Véase Joel R. Beeke y Ray B. Lanning, “El Poder Transformador de la Escritura” en Sola Scriptura: La Posición Protestante sobre la Biblia, ed. Don Kistler (Morgan, PA: Soli Deo Gloria, 1995), 221–276.

7 “Un Tratado Provechoso Conteniendo la Dirección para la Lectura y la Comprensión de las santas Escrituras” en H[enry] H[olland], ed., Las Obras del Reverendo y Siervo Fiel de Jesucristo, M. Richard Greenham (1599; reimpresión Nueva York: Da Capo Press, 1973), 389–397. Cf. Thomas Watson, “Como podemos leer las Escrituras para obtener el mayor beneficio espiritual posible”, en El Cielo Tomado por Asalto: Mostrando la Violencia Santa que el Cristiano Debe Presentar en la Búsqueda de la Gloria, ed. Joel R. Beeke (1669; reimpresión, Pittsburgh, PA: Soli Deo Gloria, 1992), 113–129.

8 Ibídem, 16–18, y Cuerpo de Divinidad de Thomas Watson (1692; reimpresión, Londres: Banner of Truth Trust), 377–379.

9 Ibídem, 379. “No es un sermón que se escucha, pero nos pone más cerca del cielo o del infierno” (John Preston, Un Modelo de Sanas Palabras, citado en La Sociedad y el Puritanismo en la Inglaterra Pre-Revolucionaria 2ª ed, de Christopher Hill. (Nueva York: Schocken, 1967)), 46.

10 Cristo la Fuente de Vida (Londres: Carden, 1648), 14.

11 Biblia de Ginebra (1599; reimpresión Ozark, MO: L.L. Brown, 1990), 3.

12 “Comida Para los Bebés Nacidos de Nuevo”, en Las Obras de Henry Smith, ed. Thomas Smith (Edimburgo: James Nichol, 1866), 1:494.

13 Cita en El Tesoro de Oro de las Citas Puritanas de I. D.E. Thomas (Chicago, IL: Moody Press, 1975), 33.

14 Véase en: los 3 volúmenes de Las Vidas de los Puritanos de Benjamín Brook (1813; reimpresión, Pittsburgh, PA: Soli Deo Gloria, 1994); Perfiles Puritanos de William Barker (Fearn, Ross-shire: Christian Focus, 1996).

15 El Pastor Reformado, Baxter, 123.

16 Las Obras del Difunto Reverendo Robert Traill (1810; reimpresión, Edimburgo: Banner of Truth Trust, 1975), 1:246.

17 Las Obras de John Flavel (1820; reimpresión, Londres: Banner of Truth Trust, 1968), 5:568.

18 Obras de John Owen, 9:455, 16:76.