La primera cuestión que debemos analizar es si, en algún momento, las parejas deberían tomar la decisión consciente de tener menos hijos de los que potencialmente podrían tener, y bajo qué circunstancias sería apropiado hacerlo. Uno de los propósitos más esenciales del matrimonio en la Biblia es traer hijos al mundo: «Sean fecundos y multiplíquense» (Génesis 1:28). Sin embargo, muchas parejas se preguntan si, debido a razones específicas (como llamados particulares, problemas de salud o fuertes presiones económicas), deberían limitar el número de hijos que tienen.
Argumentos en Contra del Control de Natalidad
Algunas personas creen que limitar el número de hijos es incorrecto. Argumentan, desde la ley natural, que el acto sexual tiene como propósito la concepción, y que, por tanto, existe una obligación moral de no impedir ese resultado. Para ellos, cualquier interferencia en el proceso natural de la concepción sería un rechazo a la intención de Dios para la procreación. Por ejemplo, consideran que el uso de anticonceptivos va en contra del propósito natural del sexo, que es tener hijos.
Sin embargo, este tipo de argumentos, como otros basados en la ley natural, no son siempre persuasivos. También es natural que el cabello crezca indefinidamente, pero no significa que nunca debamos cortarlo, aunque el cabello largo pueda ser considerado una bendición divina (1 Corintios 11:15). La ley natural es una revelación de los estándares morales de Dios, pero no se pueden extraer conclusiones morales de la ley natural sin el soporte de la Escritura, ya que se corre el riesgo de cometer la falacia naturalista.
Enseñanzas Bíblicas sobre la Reproducción
Como siempre, debemos recurrir a la Biblia para ver qué enseña sobre este tema. La Escritura fomenta claramente la reproducción, comenzando con el mandato cultural de Génesis 1:28 y 9:1. La concepción es descrita como un don de Dios (Génesis 4:1; 29:31; 30:22; Jueces 13:3; 1 Samuel 1:5; Salmo 113:9; Isaías 54:1), mientras que la esterilidad es vista como una maldición (Génesis 11:30; 25:21; Éxodo 23:26; Deuteronomio 7:14). Las Escrituras presentan a una familia numerosa como una bendición de Dios:
Los hijos son una herencia del Señor,
el fruto del vientre, una recompensa.
Como flechas en las manos del guerrero
son los hijos tenidos en la juventud.
Dichoso el hombre
que llena su aljaba con ellos;
no será avergonzado
cuando enfrente a sus enemigos en la puerta. (Salmo 127:3-5)
Además, la familia es central para los propósitos redentores de Dios. Desde la creación de la humanidad (Génesis 1:27) hasta la llegada del redentor, Jesús, la familia ha sido el medio principal a través del cual Dios transmite sus enseñanzas y establece su pacto con las generaciones futuras. A pesar de los efectos de la caída, Dios usa la familia como un medio de redención, desde la promesa en Génesis 3:15 hasta la llegada de Jesús. La familia también se considera fundamental para la educación cristiana y el bienestar económico, siendo la unidad básica de la sociedad humana.
Dios no llama solo a los individuos, sino también a las familias a tener comunión con Él a través de Cristo. En dichas familias, los hijos aprenden los caminos de Dios (Deuteronomio 6:6-9). Es a través de este aprendizaje que el reino de Dios crece. Los hijos criados en un hogar cristiano pueden conducir a otros a Cristo y generar cambios positivos en la cultura y la sociedad.
Reproducción como Mandato y Bendición Divina
La reproducción, según las Escrituras, es un mandato divino (Génesis 1:28; 9:1), una bendición de Dios, y un medio para cumplir con Sus propósitos. Esto ha llevado a algunos a argumentar que la Biblia prohíbe, aunque de manera implícita, el control de natalidad. Existe, ciertamente, una fuerte presunción bíblica a favor de tener hijos. En este contexto, limitar la concepción podría parecer equivalente a desobedecer el mandato de Dios, rechazar una bendición divina y evitar un medio para cumplir con los propósitos divinos.
La Complejidad del Problema
No obstante, el problema es más complejo de lo que parece. El mandato cultural no se da a cada individuo por separado, sino a la humanidad como un todo. Dios llama a algunas personas a la soltería, y algunas parejas casadas no pueden tener hijos, conforme a la providencia de Dios. Sin embargo, estas personas también pueden contribuir al mandato cultural de Dios de maneras diferentes, fomentando el crecimiento de la raza humana y su dominio sobre la tierra, aunque su contribución individual no implique matrimonio o procreación.
Es posible, entonces, que Dios en algunas ocasiones particulares llame a algunas personas al matrimonio sin necesariamente tener el número máximo de hijos que podrían tener. En 1 Corintios 7, como vimos en el capítulo 38, Pablo menciona que «en la crisis presente» (v. 26) es preferible que las personas permanezcan solteras, aunque algunos podrían pensar, con una lectura literal de Génesis 1:28, que todos deberían casarse. ¿No es posible que existan situaciones de angustia o dificultad que justifiquen que las parejas casadas pospongan o limiten tener hijos? Creo que las Escrituras permiten tal posibilidad.
El Control de Natalidad y las Bendiciones Divinas
¿Es el control de natalidad un rechazo a una bendición divina? En cierta medida, sí. Sin embargo, hay precedentes bíblicos que muestran que no todas las bendiciones deben ser aceptadas sin excepciones, y que se requiere discernimiento para determinar cuándo es apropiado hacerlo. Por ejemplo, la riqueza es considerada una bendición divina (1 Sam. 2:7), pero las Escrituras advierten sobre los peligros de acumular riquezas de manera desmedida (Proverbios 23:4). De manera similar, la buena salud es una bendición, pero puede haber ocasiones en las que alguien decida limitar ciertas actividades por el bien de su bienestar general. Asimismo, el matrimonio es una bendición divina (1 Cor. 7:8), pero no todos están llamados a casarse. El hecho de que una condición sea una bendición de Dios no implica que todos deban buscarla en toda circunstancia. Las Escrituras nos enseñan a considerar los factores situacionales y a usar discernimiento. De este modo, las parejas casadas deben usar sabiduría al decidir si deben tener hijos y cuántos tener.
El Control de Natalidad y el Cumplimiento de los Propósitos de Dios
Otra cuestión es si el control de natalidad impide el cumplimiento de los propósitos de Dios. ¿Va necesariamente el control de natalidad en contra de la expansión del reino de Dios y su glorificación? No lo creo. La Biblia nos insta a hacer todas las cosas para la gloria de Dios (1 Cor. 10:31), y tener hijos es ciertamente un medio importante de cumplir ese propósito, pero no el único. Hay muchas formas en que los creyentes pueden glorificar a Dios, como servir a la comunidad, involucrarse en la obra misionera, discipular a otros, o trabajar con integridad y excelencia en sus profesiones. Todos estos son medios válidos para contribuir al reino de Dios, tanto para quienes están casados como para quienes no lo están o no pueden tener hijos.
Así, algunas parejas pueden decidir, de manera consciente y en oración, limitar el tamaño de sus familias para poder glorificar mejor a Dios en otros aspectos de sus vidas. Esto no significa, sin embargo, que cualquier motivo sea legítimo para limitar el tamaño de una familia. Limitar la concepción con el propósito de obtener más lujos, evitar responsabilidades parentales, o mantener un estilo de vida materialista y egocéntrico no son razones apropiadas. Las decisiones relacionadas con el control de natalidad deben tomarse con un profundo sentido de responsabilidad, considerando principios bíblicos, las circunstancias específicas y las intenciones del corazón. En algunos casos, como proteger la salud de la madre o poder servir más efectivamente en situaciones misioneras difíciles, puede ser legítimo decidir limitar los nacimientos. Pero esto es la excepción, más que la regla.
El Argumento de la Superpoblación
Hoy en día, algunas personas justifican el control de natalidad como una medida necesaria para combatir la «superpoblación» del planeta. Sin embargo, creo que este argumento es equivocado. La mayoría de los que participan en este debate reconocen que la tierra no está llena de gente en cada espacio disponible. Hay vastas áreas despobladas, lo cual se puede observar claramente al volar sobre grandes regiones de países como Estados Unidos. La superpoblación, en realidad, se refiere a una situación en la que no hay suficientes recursos para satisfacer las necesidades de la población, debido a factores como la pobreza, la desigual distribución de recursos, y la falta de infraestructura adecuada. Es un problema económico, no simplemente de densidad de población. Por ejemplo, Nueva Jersey tiene una densidad de población mayor que la de India, pero India enfrenta más problemas de superpoblación en el sentido económico, debido a la falta de recursos adecuados, la desigual distribución de estos, y las deficiencias en la infraestructura.
Es importante señalar que la superpoblación económica no se resuelve simplemente promoviendo el control de natalidad. Ver a los niños únicamente como consumidores, que son solo una carga para los recursos disponibles, es una visión limitada. Los seres humanos no solo consumen recursos, también los producen. Cuando los niños crecen, pueden convertirse en personas que contribuyen más de lo que consumen, ayudando a reducir los problemas de recursos, en lugar de agravarlos.
Conclusión
Por esta razón, el tener hijos debe ser considerado como una contribución positiva al bienestar social y espiritual. Los niños criados en hogares cristianos tienen, en promedio, más probabilidades de desarrollar una fuerte ética de trabajo y un sistema de valores que les permita ayudar a los demás, aunque esto no sea una garantía, sino un ideal al que se aspira. En otras palabras, los hijos criados en la fe tienen más probabilidades de ser parte de la solución que parte del problema.
En resumen, el control de natalidad puede ser permisible en algunas situaciones, tales como proteger la salud de la madre, servir más efectivamente en contextos difíciles, o cuando las circunstancias económicas y de bienestar general lo justifican. Sin embargo, siempre debe considerarse con mucho cuidado. Las decisiones en este ámbito deben hacerse con responsabilidad, sabiduría y un corazón orientado hacia Dios. Aunque puede ser una elección válida y responsable, también es cierto que el control de natalidad esta probablemente siendo usado en exceso.
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Adaptado de: John M. Frame, The Doctrine of the Christian Life, A Theology of Lordship (Phillipsburg, NJ: P&R Publishing, 2008), 782–786.
Sobre el autor:
John Frame, destacado teólogo y apologista contemporáneo, cuenta con una formación académica de alto calibre: obtuvo su B.A. en la Universidad de Princeton, su B.D. en Westminster Theological Seminary (PA), y posteriormente completó su M.A. y M.Phil. en Yale University, culminando con un Ph.D. en Belhaven College. Su trayectoria como profesor de teología se ha desarrollado en prestigiosos seminarios y universidades, donde ha influido profundamente en generaciones de estudiantes y académicos en el ámbito de la teología reformada.

Autor prolífico, Frame ha publicado más de cincuenta libros y cientos de ensayos que abarcan temas de filosofía, ética y teología, consolidándose como una figura central en el pensamiento teológico contemporáneo. Su obra más reconocida, la monumental serie en cuatro volúmenes Teología del Señorío, es considerada una contribución esencial al estudio de la soberanía de Dios y su relación con la creación. En ella, Frame explora de manera exhaustiva los atributos y la autoridad divina, proponiendo una visión teológica profunda y práctica de cómo los creyentes pueden vivir bajo el señorío de Dios.
El trabajo de Frame es ampliamente valorado por su capacidad de integrar disciplinas como la filosofía y la ética con una perspectiva cristiana sólida, lo que le ha ganado el respeto de la comunidad teológica global.
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