09-Contemporaneo (s. XX)

Más allá de izquierda y derecha: Una brújula teopolítica

Basado en:  David T. Koyzis, Visiones e ilusiones políticas: Un análisis de las ideologías políticas contemporáneas desde el punto de vista cristiano, 2.ª ed., trad. Juan M. Londoño (Lima: Teología para Vivir, 2022), §1 “Introducción: Ideología, religión e idolatría”, 1–36.  Ver aquí: https:https://teologiaparavivir.com/koyzis-visiones-e-ilusiones/

Vivimos en una época de polarización intensa. Los debates políticos ya no parecen simples desacuerdos sobre políticas públicas, sino batallas existenciales. A menudo se sienten como la Guerra Fría, un «choque de ideas opuestas» en el que la lealtad a una visión del mundo lo es todo. La hostilidad es palpable, las trincheras ideológicas son profundas y parece que hablamos idiomas completamente diferentes.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué nuestras lealtades políticas son tan profundas y viscerales? ¿Por qué filtramos la realidad a través de una lente política, a menudo sin siquiera darnos cuenta? Tendemos a pensar que se trata de diferencias racionales sobre economía o gobierno, pero esta explicación se queda corta para explicar la pasión casi religiosa que define nuestra era.

El libro «Visiones e ilusiones políticas» de David T. Koyzis ofrece una respuesta tan sorprendente como profunda. Koyzis argumenta que no hemos entendido la verdadera naturaleza de la política moderna porque no hemos reconocido su carácter fundamentalmente religioso. Las ideologías políticas, nos dice, no son solo conjuntos de ideas; son sistemas de creencias totalizadores que compiten por nuestra alma.

En este artículo, exploraremos las 5 ideas más impactantes y contraintuitivas de Koyzis. Estas ideas no solo te ayudarán a entender por qué la política es como es, sino que te obligarán a examinar tus propias creencias de una forma completamente nueva y, quizás, incómoda.

Idea #1: Tu ideología política es una forma de idolatría.

El ídolo no es de oro, es una idea.

Cuando pensamos en idolatría, imaginamos estatuas de oro o rituales antiguos. Sin embargo, Koyzis sostiene que las ideologías políticas son la manifestación moderna de este mismo fenómeno. La idolatría, en su esencia, es tomar un aspecto de la creación —algo que en sí mismo puede ser bueno— y elevarlo a un estatus divino, convirtiéndolo en el centro absoluto de la realidad.

El proceso es siempre el mismo: una ideología identifica una sola cosa —el individuo autónomo, la nación, la clase social—, la saca de su contexto y la convierte en un ídolo. Todo lo demás debe ser juzgado, medido y, si es necesario, sacrificado en el altar de este nuevo dios. Koyzis lo resume de manera lapidaria:

Así como las idolatrías que se encuentran en la Biblia, toda ideología se basa en sacar una cosa de la totalidad de la creación, elevarla por encima de esa creación y hacer que esta gire en torno a aquella y le sirva.

Este «ídolo» no es solo un principio abstracto; es una deidad que promete salvación. Promete liberarnos de algún mal fundamental que percibimos en el mundo, ya sea la opresión, la desigualdad o el caos.

El pecado original de la política.

Desde esta perspectiva, el problema fundamental de la política ideológica no es que sea ineficiente o equivocada en sus políticas, sino que comete el pecado que la Biblia identifica como la raíz de todos los demás, violando el primer precepto del Decálogo: poner algo creado en el lugar que solo le corresponde al Creador. Como explica Paul Marshall, citado por Koyzis:

…todo pecado es una expresión del pecado fundamental de la idolatría; de poner algo más en lugar de Dios.

Entender esto cambia radicalmente nuestra visión del conflicto político. Ya no se trata de un simple debate entre republicanos y demócratas, o entre liberales y conservadores. Se trata de un choque entre «dioses» rivales, un conflicto entre compromisos religiosos fundamentales que exigen una lealtad total. Por eso discutir sobre políticas se siente como una herejía para el bando contrario; no estás simplemente rebatiendo un dato, estás atacando toda su historia de salvación.

Idea #2: Cada ideología cuenta una historia de salvación (que compite con la Biblia).

El guion oculto de tu visión del mundo.

Esta elevación idolátrica de una parte de la creación no es solo un error filosófico; para ser persuasiva, debe estar incrustada en una historia poderosa: un evangelio secular que imita la misma estructura de la narrativa bíblica que busca reemplazar.

La Biblia presenta una metanarrativa universal que se desarrolla en cuatro actos: Creación (un mundo bueno), Caída (la entrada del pecado y el mal), Redención (la obra salvadora de Cristo) y Consumación (la restauración final de todas las cosas). Koyzis demuestra que cada ideología política replica esta misma estructura para presentar su propio evangelio secular:

  • Creación: Describe un estado original ideal y puro. Para el liberalismo, es el individuo libre en el estado de naturaleza. Para el nacionalismo, es una comunidad étnica unida y homogénea. Para el socialismo, es una sociedad sin clases y sin propiedad privada.
  • Caída: Identifica un «pecado original» que corrompió ese estado ideal y que es la causa de todo el sufrimiento humano. Para el liberalismo, el mal es la opresión del individuo por parte de la comunidad o el Estado. Para el socialismo, es la propiedad privada y la desigualdad económica. Para el nacionalismo, es la dominación extranjera o la falta de unidad nacional.
  • Redención: Propone un camino de salvación a través de un agente o proceso político. El redentor puede ser el libre mercado, la revolución del proletariado o la consolidación del Estado-nación. Este es el camino para expiar el «pecado original».
  • Consumación: Promete un estado final utópico, un «cielo en la tierra». Puede ser una sociedad de individuos plenamente realizados, una comunidad sin clases o una nación gloriosa y soberana.

De hecho, Koyzis destaca una idea aún más radical del teólogo Lesslie Newbigin: el evangelio no solo es imitado, sino que es una condición previa para las ideologías. El cristianismo introdujo en el mundo la idea de una gran historia redentora, y solo después de eso fue posible que surgieran mesías falsos para prometer otras vías de salvación.

Como resume Bob Goudzwaard, un pensador clave para Koyzis, esta estructura es central para entender el poder de las ideologías:

…una ideología madura es una falsa revelación de la creación, la caída y la redención.

Esta estructura narrativa es increíblemente persuasiva porque apela a nuestra necesidad humana más profunda de sentido, propósito y redención. Nos ofrece una explicación total del mundo, un enemigo claro al que culpar y una promesa de salvación final.

Idea #3: El liberalismo y el socialismo son en realidad «hermanos rivales».

Una pelea familiar en la casa del secularismo.

A primera vista, el liberalismo (que defiende al individuo) y el socialismo (que defiende a la comunidad) parecen enemigos mortales. Sin embargo, Koyzis nos invita a mirar más allá de la hostilidad superficial y a reconocer que la mayoría de las ideologías modernas pertenecen a la misma «familia espiritual»: el secularismo, cuya creencia fundamental es la autonomía humana.

El conflicto entre ellas no es entre visiones del mundo radicalmente diferentes, sino una «rivalidad entre hermanos». Como observó el filósofo Allan Bloom, gran parte del mundo moderno está dividido entre los seguidores de John Locke (la raíz del liberalismo) y Karl Marx (la raíz del socialismo). La pelea no es sobre si la humanidad debe forjar su propio destino sin referencia a Dios, sino sobre quién es el verdadero portador de esa autonomía. ¿Es el individuo soberano, como afirma el liberalismo? ¿O es una comunidad colectiva (la clase, la nación, el pueblo), como afirman el socialismo y el nacionalismo?

Koyzis usa una analogía brillante: aunque dos hermanos peleen sin cesar y se distancien, sus rasgos físicos revelan su parentesco innegable. De la misma manera, aunque el liberalismo y el socialismo se enfrenten, comparten un ADN secular común. Ambos asumen que los seres humanos pueden y deben salvarse a sí mismos a través de medios políticos.

Esta idea es profundamente contraintuitiva. Nos enseña que para entender de verdad los debates políticos, debemos identificar las suposiciones compartidas que ambas partes dan por sentadas. A menudo, la verdadera división no está entre los rivales que gritan en el escenario, sino entre su visión compartida del mundo y una que la desafía por completo.

Idea #4: El espectro «izquierda-derecha» es un mapa que ya no sirve.

Atrapados en un mapa de 1789.

Hablamos constantemente de «izquierda» y «derecha» como si fueran categorías fijas y universales de la realidad política. Koyzis argumenta que este espectro es una reliquia histórica que hoy genera más confusión que claridad. Su origen es accidental: se basa en la disposición de los asientos en la Asamblea Nacional francesa de 1789, donde los monárquicos se sentaban a la derecha del orador y los republicanos a la izquierda.

Koyzis ofrece tres razones contundentes por las que este mapa ya no sirve para navegar el complejo territorio político actual:

  1. Son términos relativos: Su significado cambia constantemente. En 1789, la división era entre monarquía y república. Luego, fue entre clericalismo y anticlericalismo. Durante gran parte del siglo XX, se centró en la igualdad económica. Hoy, se define cada vez más por asuntos culturales. Lo que es «derecha» hoy podría haber sido «izquierda» hace 50 años.
  2. Es unidimensional: La política es compleja y multidimensional, pero el espectro izquierda-derecha la reduce a una sola línea. Obliga a meter en el mismo saco a ideologías que tienen poco en común, ignorando otras dimensiones cruciales como el alcance del poder estatal o la relación entre unidad y diversidad.
  3. Es religiosamente ciego: Al provenir casi todas las ideologías modernas de la misma «familia religiosa» secular, el espectro es incapaz de captar las diferencias religiosas fundamentales que las sustentan. No puede diferenciar adecuadamente entre una visión del mundo que idolatra al individuo y otra que idolatra a la comunidad, porque ambas parten de la misma premisa de autonomía humana.

Koyzis sugiere que un mapa más útil sería bidimensional, trazando las ideologías no en una sola línea, sino en una cuadrícula. Un eje podría medir la libertad económica frente al control, y otro la autonomía individual frente a la autoridad comunitaria. Este simple cambio revela cómo una ideología como el libertarismo (alta libertad económica e individual) es fundamentalmente diferente del fascismo (alto control económico y autoridad comunitaria), aunque ambas sean etiquetadas simplistamente como «de derechas».

Idea #5: Se puede encontrar verdad incluso en las ideologías «falsas».

Rescatando el trigo de la paja.

Si las ideologías son fundamentalmente idolátricas y presentan una visión distorsionada de la realidad, ¿significa que debemos rechazarlas por completo? ¿No tienen nada bueno que enseñarnos? La respuesta de Koyzis es un rotundo «De ningún modo».

Su argumento es sutil y profundo. Dado que las ideologías toman algo de la buena creación de Dios para convertirlo en un ídolo —ya sea la libertad individual, la importancia de la comunidad, la necesidad de justicia social o el valor de la tradición—, inevitablemente han descubierto «fragmentos de la verdad» sobre ese aspecto de la realidad. ¿Cómo explicar, se pregunta Koyzis, que ciudadanos alemanes buenos y decentes sucumbieran a los atractivos del nacionalsocialismo? ¿O que tantos intelectuales en Europa y Norteamérica se volvieran hacia el comunismo, escandalizados por el sufrimiento de la Gran Depresión? La única respuesta es que estas ideologías, en medio de su distorsión, ofrecían una «visión» de algo real y bueno —la solidaridad nacional, la justicia para los oprimidos— que resultaba irresistible.

Esta perspectiva nos ofrece una forma más caritativa y sabia de evaluar las ideologías. En lugar de condenarlas sin más, primero debemos entender qué es lo que ven correctamente (sus «visiones») antes de criticar cómo lo absolutizan y distorsionan (sus «ilusiones»). Como escribe Richard Mouw en el prólogo del libro, resumiendo perfectamente esta idea:

Al emplear algún aspecto de la creación como categoría última de análisis de la realidad política, una perspectiva idolátrica puede realmente mostrarnos algunas cosas que, de otro modo, podríamos haber pasado por alto.

Por lo tanto, podemos aprender del énfasis liberal en la dignidad del individuo, de la preocupación socialista por los oprimidos o del reconocimiento conservador de la sabiduría acumulada en la tradición, sin tener que aceptar el paquete idolátrico completo que ofrecen.

Conclusión: Más allá de las ilusiones políticas.

La gran contribución de David Koyzis es cambiar nuestra perspectiva fundamental. Nos enseña a ver las ideologías políticas no como meros conjuntos de políticas, sino como lo que realmente son: visiones religiosas totalizadoras, con sus propios dioses, sus propias historias de salvación y sus propias promesas de un paraíso terrenal.

Este enfoque nos da las herramientas para entender la intensidad casi bélica de nuestros debates políticos y, lo que es más importante, para ser más conscientes de las suposiciones que sustentan nuestras propias creencias. Nos obliga a plantearnos la incómoda pregunta: ¿se ha convertido nuestra lealtad política, sin que nos demos cuenta, en nuestra religión funcional?

Así que la próxima vez que te encuentres en un acalorado debate político, haz una pausa y considera las ideas que hemos explorado. Y luego, hazte la pregunta más importante de todas: si nuestras visiones políticas pueden convertirse en ídolos tan fácilmente, ¿qué aspecto de la creación, por bueno que sea, podrías estar adorando en lugar de Dios?

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