Basado en: John A. Broadus, La predicación y preparación de sermones: Edición completa y actualizada, ed. Jaime D. Caballero (Lima, Peru: Teología para Vivir, 2024), 1-45. Ver aquí: https://teologiaparavivir.com/broadus-preparacion-y-predicacion-de-sermones/
5 Lecciones Sorprendentes Sobre Comunicación de un Libro de 1898 que Son Más Relevantes que Nunca
Vivimos en una era obsesionada con la comunicación efectiva. Devoramos TED Talks, asistimos a talleres de oratoria y pulimos nuestra «marca personal» en una búsqueda incesante de las últimas técnicas. Pero, ¿y si algunas de las lecciones más profundas no estuvieran en el futuro, sino ocultas en una fuente completamente inesperada, como un tratado sobre la predicación de sermones escrito en 1898 por John A. Broadus? ¿Qué podría enseñarnos un predicador del siglo XIX sobre cómo conectar con una audiencia en el siglo XXI?
1. La elocuencia no es lo que dices, sino lo que haces que otros hagan.
Nuestra cultura a menudo confunde la elocuencia con el uso de palabras complejas o un tono inspirador. Broadus ofrece una redefinición radical que desafía nuestras métricas modernas. La verdadera elocuencia, argumenta, no es un adorno, sino una herramienta para la acción. Su elemento más característico no es entretener o impresionar, sino dar «un poderoso impulso a la voluntad». Se trata de mover la determinación de una persona, una tarea mucho más profunda que simplemente informarla. El texto critica duramente lo que llama la «mera elocuencia festiva», aquella que solo busca deleitar o provocar una emoción pasajera, un concepto increíblemente relevante en la era del contenido superficial.
Un buen discurso es un buen aporte, pero el veredicto es el aporte.
Esto redefine el éxito para cualquiera que cree contenido hoy en día. La métrica clave no son las vistas o los «me gusta», sino si tu mensaje impulsó a alguien a cambiar de opinión, comenzar un nuevo hábito o ver el mundo de manera diferente.
2. El secreto de la conexión no está en la originalidad, sino en lo universal.
En un mundo saturado de «hot takes» y la búsqueda incesante de la próxima gran idea, este principio es un cable a tierra. Broadus sostiene que el verdadero fundamento de la elocuencia no reside en ideas «absolutamente nuevas», sino en «el lugar común». Mientras los «hot takes» generan un engagement fugaz basado en la división, las verdades universales construyen una conexión duradera cimentada en nuestra humanidad compartida. Los comunicadores más efectivos no son los que descubren conceptos radicalmente originales, sino los que saben conectar con las emociones que todos compartimos: la madre, el hogar, la patria, la amistad. Su habilidad consiste en tomar estas ideas familiares y, a través de su propia emoción y perspectiva, hacer que reafirmen su poder en nosotros.
es el poder de hacer vibrar en nosotros las cuerdas primitivas del alma (sus elementos puramente humanos)—es en esto, y no en otra cosa, en lo que reconocemos al orador.
3. Los «oradores naturales» no nacen, se hacen en graneros y maizales.
El mito del «talento natural» es tan seductor como paralizante. Broadus desmantela esta idea con ejemplos concretos. Describe vívidamente cómo Henry Clay, uno de los grandes oradores de su tiempo, perfeccionó su arte ensayando sus discursos «en un maizal, otras en el bosque, y no pocas veces en algún granero distante, con el caballo y el buey como auditores». Incluso Patrick Henry, considerado el epítome del «orador natural», en realidad pasaba horas estudiando y traduciendo pacientemente discursos antiguos. La lección aquí no es solo «la práctica hace al maestro». Es que la comunicación más poderosa se forja en la soledad y el ensayo implacable. El escenario es donde se exhibe el trabajo, no donde se hace.
4. Imitar a otros es el camino más rápido para perder tu propia voz.
En nuestra búsqueda de modelos a seguir, es fácil caer en la trampa de la imitación. El libro de Broadus advierte que este es uno de los mayores peligros, con una aguda observación: los imitadores casi siempre copian los defectos, no las virtudes, de sus ídolos, porque las excentricidades son más fáciles de notar que una combinación equilibrada de excelencias. El antídoto es la autenticidad. El texto insiste en que la naturalidad, «aunque torpe», siempre será más efectiva que la «artificialidad más elegante». La meta no es convertirse en una copia de otra persona, sino en la mejor versión de uno mismo.
Dejen que el cedro joven crezca como cedro y el roble joven como roble, pero enderecen, poden y mejoren cada uno de ellos hasta convertirlo en el mejor árbol posible de su especie. Y en cuanto a hablar, sé siempre tú mismo, tu yo real, natural, pero tú mismo desarrollado, corregido, mejorado en lo mejor que eres capaz de llegar a ser por naturaleza.
Es una analogía que habla no solo del arte de la oratoria, sino de la naturaleza misma del crecimiento personal.
5. Los grandes temas no están «trillados», son el campo principal donde se cosecha el impacto.
Por miedo a sonar básicos, muchos comunicadores evitan los grandes temas universales: el amor, la pérdida, el propósito. Broadus considera esto un error fundamental. Argumenta que los temas familiares son populares precisamente porque son ricos y efectivos. El objetivo no es la «novedad absoluta, sino simplemente frescura». Esto desafía el miedo del creador moderno a ser poco original. Broadus argumenta que la originalidad no se encuentra descubriendo nuevas montañas, sino guiando a la gente hacia una vista fresca e impresionante de los Alpes que ya saben que existen.
Algunos, ansiosos por evitar temas trillados, omiten los más grandes; igual que si describiéramos Suiza y omitiéramos los Alpes.
Mirando Hacia Atrás para Avanzar
Estas cinco lecciones de un libro de 125 años sobre predicación nos recuerdan que, aunque las plataformas cambian y las tecnologías evolucionan, los principios de una comunicación humana y efectiva son notablemente constantes. La verdadera conexión no se basa en trucos, sino en la autenticidad; no en la novedad, sino en lo universal; y no en el talento innato, sino en el trabajo disciplinado.
En nuestra búsqueda constante de la próxima técnica de comunicación de moda, ¿qué sabiduría fundamental y atemporal podríamos estar pasando por alto?
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