La Disciplina en la vida de la Iglesia es vital para mantener la salud de la misma.

Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. Mateo 18:15–17

El concepto cristiano de la disciplina tiene la misma amplitud del vocablo latino disciplina, que abarca toda la gama de procedimientos de formación, instrucción y adiestramiento que exige el discipulado. Cuando la teología reformada resalta la importancia de la disciplina en la iglesia, insistiendo en que no hay salud espiritual sin ella, y de que es una señal vital de que se trata de una verdadera iglesia, tiene en cuenta más que los simples procesos judiciales contra las personas inmorales y los herejes. Sólo donde se enseñan de manera continua las disciplinas personales del aprendizaje y la consagración, la adoración y la comunión, la justicia y el servicio, en un contexto de interés y responsabilidad mutuos (Mateo 28:20; Juan 21:15–15;2 Timoteo 2:14–26; Tito 2; Hebreos 13:17), hay un lugar significativo para los correctivos de tipo judicial. No obstante, el Nuevo Testamento enseña con claridad que en ese contexto, los correctivos judiciales ocupan un lugar de importancia en la maduración de las iglesias y las personas (1 Corintios 5:1–13; 2 Corintios 2:5–11; 2 Tesalonicenses 3:6, 14–15; Tito 1:10–14; 3:9–11).

Jesús instituyó la disciplina eclesial al autorizar a sus apóstoles para atar y desatar (esto es, prohibir y permitir, Mateo 18:18) y para declarar perdonados o retenidos los pecados (Juan 20:23). Las “llaves del reino”, entregadas primero a Pedro y definidas como poder para atar y desatar (Mateo 16:19), se han solido comprender como autoridad para formular doctrina e imponer disciplina; una autoridad que Cristo les ha dado ahora a la Iglesia en general y a los pastores encargados en particular.

La Confesión de Westminster declara (CFW XXX.3):

Las censuras de la iglesia son necesarias para la recuperación y provecho de los hermanos que pecan, para disuadir a otros de cometer pecados semejantes, para purificar de esa levadura que podría infectar toda la masa, para reivindicar el honor de Cristo y la santa profesión del Evangelio, y para evitar la ira de Dios, que caería con toda justicia sobre la Iglesia, si ésta permite que su pacto, y los sellos del mismo [los sacramentos] sean profanados por pecadores notorios y obstinados.

Las censuras de la iglesia podrían tener que pasar de simples advertencias a la exclusión de la Santa Cena e incluso la expulsión de la congregación (excomunión), que es descrita como entrega de la persona a Satanás, el príncipe de este mundo (Mateo 18:15–17; 1 Corintios 5:1–5, 11; 1 Timoteo 1:20; Tito 3:10–11). Los pecados públicos (es decir, aquellos que están abiertos ante la vista de toda la iglesia) se deben corregir en público en presencia de la iglesia (1 Timoteo 5:20; cf. Gálatas 2:11–14). Jesús enseña un procedimiento para tratar en privado a aquellos que han delinquido de manera personal, en la esperanza de que no llegue a ser necesario pedir la censura pública de la iglesia sobre ellos (Mateo 18:15–17).

La razón de ser de las censuras eclesiales en todas sus formas no es castigar por el castigo mismo, sino producir arrepentimiento y, de esta forma, recuperar a la oveja perdida. Al final de todo, sólo hay un pecado por el cual se excomulga a un miembro de la iglesia: la impenitencia. Cuando es evidente el arrepentimiento, la iglesia debe declarar perdonado el pecado y recibir al pecador de nuevo en su comunión.

¿Por qué la Santa Cena esta ligada con la disciplina de la Iglesia?

Pero antes de ver como se relaciona la santa cena con la disciplina, debemos estudiar el significado de la Santa Cena y los debates que han surgido en torno a la misma.

Porque yo recibí del Señor lo que también o he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. 1 Corintios 11:23–26

¿Qué es la Santa Cena?

La Santa Cena es un acto de adoración que toma la forma de un banquete ceremonial en el cual los siervos de Cristo comparten pan y vino en memoria de su Señor crucificado y en celebración de la nueva relación de pacto con Dios por medio de la muerte de Cristo.

La Confesión de Westminster (CFW XXIX.1), declara:

 Nuestro Señor Jesús, en la noche en que iba a ser traicionado, instituyó el sacramento de su cuerpo y sangre, llamado Cena del Señor, para que lo observara su Iglesia hasta el final del mundo, como recuerdo perpetuo del sacrificio de sí mismo en su muerte; el sello de todos los beneficios de ese sacrificio para los verdaderos creyentes, su alimentación espiritual y crecimiento en Él, un estímulo mayor para ellos en todos sus deberes para con Él, y para cumplirlos todos ellos; y para ser un lazo y promesa de su comunión con Él y entre sí, como miembros de su cuerpo místico.

Los pasajes que hablan de la Cena en la que se apoya esta declaración son los cuatro relatos de su institución (Mateo 26:26–29; Marcos 14:22–25; Lucas 22:17–20; 1 Corintios 11:23–25) y 1 Corintios 10:16–21; 11:17–34. El sermón de Jesús (Juan 6:35–38) acerca de sí mismo como el Pan de vida, y la necesidad de alimentarnos de Él comiendo su carne y bebiendo su sangre, fue predicado antes de que existiese la Santa Cena, y es mejor comprenderlo relacionándolo con aquello que la Cena simboliza (esto es, la comunión con Cristo por la fe), más que con la Cena misma.

La Controversia sobre la Santa Cena en la Reforma.

 En la época de la Reforma, las cuestiones relacionadas con la naturaleza de la presencia de Cristo en la Cena y la relación de este rito con su muerte expiatoria fueron centro de tormentosas controversias. En cuanto al primer asunto, la Iglesia católica romana afirmaba (y sigue afirmando) que se trataba de una transubstanciación, definida así por el Cuarto Concilio Laterano en 1215. La palabra transubstanciación significa que las sustancias de pan y vino son transformadas de manera milagrosa en las sustancias del cuerpo y la sangre de Cristo, de manera que dejan de ser pan y vino, aunque sigan teniendo esas apariencias. Lutero modificó esto, afirmando lo que más tarde se llamaría “consubstanciación” (término que no gozaba del favor de Lutero); esto es, que el cuerpo y la sangre de Cristo se hacen presentes en la forma del pan y el vino, con ella y bajo ella, y éstos se convierten así en más que pan y que vino, aunque no menos tampoco. Las iglesias ortodoxas orientales y algunos anglicanos dicen más o menos esto mismo. Zuinglio negó que el Cristo glorificado, que ahora se halla en el cielo, esté presente de manera alguna que pudiera ajustarse a las palabras corporal, física o localmente. Calvino sostenía que, a pesar de que el pan y el vino no sufrían cambio alguno (estaba de acuerdo con Zuinglio en que la palabra el es en “esto es mi cuerpo … mi sangre” significa “representa”; no significa “constituye”), Cristo les concede a los adoradores por medio del Espíritu un disfrute auténtico de su presencia personal, llevándolos a la comunión consigo mismo en los cielos (Hebreos 12:22–24) de una forma que es gloriosa y muy real, aunque indescriptible.

En cuanto al segundo tema, todos los reformadores insistieron en decir que en la mesa le damos gracias a Cristo por su labor terminada y aceptada de expiación, en lugar de repetirla, renovarla, re-ofrecerla, representarla o reactivarla, como afirma la doctrina católica romana sobre la misa.

Conclusión.

La Santa Cena tiene tres niveles de significado para los participantes. En primer lugar tiene una referencia al pasado, a la muerte de Cristo que recordamos. En segundo lugar tiene una referencia al presente‚ a nuestra alimentación corporativa en Él por la fe, con consecuencias en cuanto a nuestra manera de tratar a los demás creyentes (1 Corintios 11:20–22). En tercer lugar, tiene una referencia al futuro‚ puesto que esperamos el regreso de Cristo y nos da ánimos pensar en Él. Se nos aconseja un examen previo de nosotros mismos, para asegurarnos de que nuestro estado de ánimo es el que debería ser (1 Corintios 11:28), y lo sabio que es este consejo resulta evidente.

La Santa Cena debe ser administrada solo a creyentes que están en plena comunión con el Señor, por lo cual la negación de la Santa Cena a aquellos que están viviendo en pecado es un paso crucial en el proceso de disciplina bíblica. [1]

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Acerca del autor:

pic_full_packer_jiJames Innell Packer, J.I. Packer(1926-), es un teologo ingles, perteneciente a la Iglesia Anglicana. Ha servido como profesor de Teologia en ‘Regent College’ en Canada. Es considerado como uno de los Teologos de mayor influencia en el siglo XX, y quizá de todos los tiempos. Realizo estudios en la Universidad de Oxford (MA, PhD). Fue profesor de Griego en el Seminario anglicano ‘Oak Hill’ en Londres, antes de ser profesor en ‘Regents’. Ha escrito decenas de libros entre los cuales se cuenta: “Una búsqueda de la piedad: La vision puritana de la vida cristiana”, “Conociendo a Dios”, “La vida en el Espíritu”, “Afirmado el credo de los Apóstoles”, entre muchos otros.

[1] J. I. Packer, Teologı́a concisa: Una guı́a a las creencias del Cristianismo histórico (Miami, FL: Editorial Unilit, 1998), 224-230.