Basado en: David VanDrunen, Los pactos divinos y el orden moral: Una teología bíblica de la ley natural (Lima, Perú: Teología para Vivir, 2023), 43-106. Ver aquí: https://teologiaparavivir.com/vandrunen-pactos-divinos-y-el-orden-moral/
5 Ideas Sorprendentes Sobre Nuestro Propósito Original Según el Génesis
¿Para qué fuimos creados? ¿Cuál es el verdadero propósito de ser humano? A menudo, asociamos la historia de la creación en Génesis con una imagen de inocencia pasiva, un relato para niños sobre un jardín y una serpiente. Pero si miramos más de cerca, descubrimos que esa narrativa familiar es en realidad un manifiesto radical sobre el poder, la justicia y el propósito que desafía muchas de nuestras ideas más arraigadas.
Las breves afirmaciones del Génesis sobre ser «creados a imagen de Dios» no son meros adornos poéticos; sientan las bases de una visión profunda y activa de lo que significa ser humano. No se trata simplemente de «existir», sino de cumplir una misión específica con consecuencias cósmicas.
En este artículo, exploraremos cinco de estas ideas sorprendentes, extraídas directamente del texto del Génesis, que redefinen nuestra naturaleza original y nos invitan a reconsiderar nuestro lugar en el mundo.
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1. La «Imagen de Dios» era un cargo, no una cualidad.
Olvídese de la idea de que la «imagen de Dios» es un superpoder espiritual como la razón o un alma inmortal. Según el Génesis, es mucho más parecido a una descripción de puesto: un cargo con responsabilidades reales y judiciales. Ser creado «a imagen de Dios» no se refería a una cualidad inherente a nuestro ser, sino a un «oficio dinámico», una comisión.
Este cargo consistía en ser el representante físico y visible de Dios en la Tierra. La misión era clara: ejercer dominio, gobernar el mundo en nombre del Creador. Esto significa que nuestra identidad original estaba inseparablemente ligada a nuestra función. No éramos simplemente seres que tenían ciertas capacidades; éramos seres creados para hacer algo específico.
No se puede separar lo que los seres humanos fueron hechos para ser de lo que fueron hechos para hacer. Por lo tanto, la naturaleza humana era inherentemente ética.
En este diseño original, nuestro «ser» y nuestro «hacer» eran dos caras de la misma moneda. Ser humano era, por definición, tener una misión.
2. Nuestra misión original era gobernar como un rey justo y generoso.
Si ser la «imagen de Dios» era un cargo de gobierno, la siguiente pregunta es obvia: ¿qué tipo de gobierno se esperaba de nosotros? ¿Significa poder absoluto? Génesis nos pinta un cuadro muy diferente. Para entender nuestro rol, primero debemos observar cómo Dios mismo ejerce su dominio. La humanidad fue llamada a reflejar ese mismo estilo de gobierno en tres áreas clave:
- Hablar y nombrar con autoridad. La primera acción de Dios en la creación es hablar y nombrar con autoridad («Y llamó Dios a la luz Día»). De manera similar, la primera acción registrada de Adán es nombrar a los animales, un acto que no es meramente descriptivo, sino una imitación directa del ejercicio de autoridad creativa y ordenadora de Dios.
- Emitir juicios justos. Dios evalúa su creación y la declara «buena», actuando como un juez sabio. La humanidad también fue creada para ser jueza, con la capacidad de discernir la naturaleza y función de las cosas. Esta responsabilidad era central para su misión.
- Mostrar generosidad abundante. El Dios de Génesis crea un mundo desbordante de vida y comparte su autoridad. De la misma manera, los seres humanos fueron llamados a ser fecundos, llenar la tierra y cuidarla. Su dominio no debía ser egoísta, sino un reflejo del amor creativo y generoso de Dios, buscando el bienestar de toda la creación.
3. El «fruto prohibido» fue una prueba judicial, no una regla arbitraria.
Esta responsabilidad crucial de emitir juicios justos no era meramente teórica. Fue puesta a prueba de inmediato, y de forma dramática, en el episodio del «fruto prohibido». La historia del árbol del conocimiento del bien y del mal no es sobre una regla extraña, sino sobre el primer caso judicial de la historia, y Adán era el juez.
En su rol de «sacerdote» y «rey», Adán tenía la tarea de cuidar (רמׁש) y proteger la santidad del jardín, que era un santuario. La llegada de la serpiente fue la entrada de un intruso que desafiaba el orden de Dios. La prueba era si Adán ejercería su autoridad para juzgar correctamente al intruso, rechazar su propuesta y expulsarlo del espacio sagrado.
La gran ironía es que, al comer del fruto, Adán efectivamente emitió un juicio. Sin embargo, fue un juicio injusto. En lugar de actuar como el representante fiel de Dios, usurpó la autoridad divina y se sometió a una criatura inferior en lugar de a su Creador.
4. No estábamos destinados a trabajar para siempre: el plan original tenía un final glorioso.
El fracaso en esa prueba judicial fue tan trágico porque había mucho en juego. La misión humana no era una labor interminable; tenía un destino final, un glorioso «día de graduación» que ahora estaba en peligro. Contrario a la idea de un paraíso estático, la vida en el Edén era más como una carrera con una línea de meta espectacular.
Para entender este destino, nuevamente debemos mirar el patrón de Dios. Él trabajó durante seis días y, una vez completada su obra, entró en un reposo trascendente en el séptimo día. No era un descanso por agotamiento, sino un reposo de triunfo y entronización. Los seres humanos debían seguir este mismo camino: completar su trabajo, pasar la prueba y, como recompensa, ser elevados a un estado de reposo triunfal junto a Dios, una especie de coronación al final de los tiempos. Nuestra existencia fue concebida con un propósito y una meta gloriosa.
5. El orden moral original era de generosidad radical, pero sin misericordia.
Y todo esto —nuestro cargo, misión, prueba y destino— se desarrollaba dentro de un orden moral radicalmente diferente al que conocemos hoy. Imaginen un mundo de generosidad infinita, pero con una justicia tan estricta que no conocía el concepto de «segunda oportunidad». Ese era el orden moral del Edén.
El amor exigido por la ley natural original se expresaba como una creatividad desbordante y una «abundante generosidad». Sin embargo, este mismo orden moral prescribía una «estricta justicia retributiva». La amenaza por la desobediencia era clara y final: la muerte. No había un mecanismo para una segunda oportunidad, ni una promesa de perdón. La justicia era absoluta.
El concepto de misericordia, tal como lo conocemos, entra en la historia bíblica solo después de la caída. En el diseño original, la relación se basaba en la generosidad sin límites por un lado y la justicia perfecta por el otro, sin un término medio.
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Un Propósito Dinámico que Nos Desafía Hoy
La visión del Génesis es la de una humanidad comisionada con un cargo (1) para ejecutar una misión de gobierno justo (2), una responsabilidad que fue puesta a prueba judicialmente (3) en un camino hacia un destino glorioso (4), todo dentro de un orden moral de generosidad estricta (5). Redescubrir este diseño nos muestra que ser humano no es un estado pasivo, sino un llamado activo y dinámico.
Esta perspectiva nos obliga a reorientar nuestras ideas modernas sobre la identidad, el trabajo y la justicia. No fuimos creados simplemente para existir, sino para representar activamente a Dios en el mundo. ¿Cómo cambia nuestra perspectiva sobre la vida el saber que fuimos diseñados no solo para «ser», sino para «hacer» y «llegar a ser»?
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