09-Contemporaneo (s. XX)

Más allá del Rapto: Revelaciones Sorprendentes Sobre la Teología que Moldeó el Mundo Moderno.

Basado en: Daniel G. Hummel, El auge y la caída del dispensacionalismo: Cómo la lucha evangélica por el fin de los tiempos moldeó una nación, trad. Elson Y. Gutiérrez (Lima, Perú: Teología para Vivir, 2025), 1–46.

Si alguna vez ha leído las novelas de Dejados Atrás, se ha sentido intrigado por el misterio de la serie The Leftovers de HBO, o incluso ha bromeado sobre el final de Avengers: Infinity War, ha entrado en contacto con una de las ideas teológicas más poderosas y persistentes del último siglo: el Rapto. La imagen de millones de personas desapareciendo en un instante, dejando atrás solo sus ropas y el caos, está tan arraigada en nuestro imaginario colectivo que el chasquido de Thanos fue apodado popularmente como el «snapture», una fusión de snap (chasquido) y rapture (rapto). Esta idea parece omnipresente, un tropo cultural que todos entienden, independientemente de sus creencias religiosas.

Pero, ¿de dónde viene exactamente esta fascinación por el fin de los tiempos? ¿Es una doctrina cristiana milenaria o algo mucho más reciente y complejo? La respuesta, como revela el historiador Daniel G. Hummel en su obra fundamental El auge y la caída del dispensacionalismo, es una historia mucho más sorprendente, irónica e influyente de lo que la mayoría podría imaginar. Lejos de ser una creencia marginal, el dispensacionalismo fue un sistema teológico completo que no solo dio forma a la iglesia evangélica estadounidense, sino que dejó huellas indelebles en la cultura popular, la política internacional y el entretenimiento. Prepárese para descubrir las verdades más inesperadas sobre la teología que, sin que se diera cuenta, ha ayudado a moldear el mundo moderno.

——————————————————————————–

1. Su Nombre Fue un Insulto Acuñado por un Traidor al Movimiento.

La historia del nombre «dispensacionalismo» es una de las mayores ironías de la historia religiosa moderna. No fue acuñado por un orgulloso fundador ni por un devoto seguidor, sino por su crítico más feroz y, en su día, uno de sus más elocuentes defensores: Philip Mauro. Antes de su dramático cambio, Mauro era un respetado abogado que, tras una experiencia de conversión en 1903 en una iglesia de la Alianza Cristiana y Misionera de Nueva York, se sumergió de lleno en la «verdad dispensacional», promoviéndola con el fervor de un converso. Para él, este sistema ofrecía una estructura perfecta para entender la Biblia y el plan de Dios para la historia.

Sin embargo, el trauma de la Primera Guerra Mundial, un colapso mental en 1917 y la muerte de su esposa al año siguiente lo llevaron a una reevaluación total. Lo que antes veía como una verdad divina, ahora lo consideraba un error catastrófico. Mauro emprendió una cruzada literaria para denunciar las enseñanzas que una vez había amado. En 1927, en un acto de repudio definitivo, le dio un nombre a su enemigo: «dispensacionalismo». Lo utilizó como una etiqueta despectiva para denunciar lo que consideraba «una forma sutil de modernismo» y «un sistema inventado por el hombre que se ha impuesto sobre la Biblia».

La intensidad de su rechazo era palpable. Describió la doctrina con adjetivos mordaces, llamándola «grotescamente absurda», «totalmente falaz» y «perniciosa». Su traición fue completa y su dolor, evidente. En sus propias palabras, confesó la amargura de su desilusión:

Con el tiempo tuve que aprender con dolor, y reconocer con profunda mortificación, que el sistema moderno de ‘dispensacionalismo’ o ‘futurismo’ (o el llamado ‘manejar con precisión la palabra de verdad’) al que me había comprometido a fondo, no solo carecía de fundamento bíblico, sino que implicaba graves errores doctrinales.

Paradójicamente, el ataque de Mauro tuvo un efecto inesperado. Al darle un nombre y definirlo como un «sistema», ayudó a consolidar la identidad del movimiento que buscaba destruir. El insulto se convirtió en una insignia. La etiqueta creada por un traidor sirvió para unificar a sus seguidores y dar coherencia a una red de ideas, personas e instituciones que dominarían una gran parte del protestantismo estadounidense durante el siglo siguiente.

——————————————————————————–

2. Es Mucho Más que el Fin de los Tiempos: Es un Sistema Completo para Entender la Realidad.

Para la mayoría, la palabra «dispensacionalismo» evoca imágenes del Apocalipsis: el Rapto, el Anticristo, la batalla de Armagedón. Sin embargo, reducirlo a su dramática escatología es como describir un iceberg viendo solo la punta que sobresale del agua. El verdadero poder del dispensacionalismo no residía únicamente en sus profecías sobre el futuro, sino en que ofrecía un sistema intelectual completo, un conjunto de herramientas para interpretar no solo la Biblia, sino toda la realidad.

Más allá del fin del mundo, el dispensacionalismo se sostenía sobre varios pilares fundamentales que daban sentido a todo, desde la historia hasta la salvación personal:

  • Una teoría del tiempo: El concepto central es la división de la historia en «dispensaciones», comúnmente siete épocas distintas. En cada una, Dios prueba a la humanidad con un mandato específico, y en cada una, la humanidad fracasa estrepitosamente. Esto no solo organiza la narrativa bíblica, sino que crea una filosofía de la historia profundamente pesimista: un ciclo de fracaso humano que solo la intervención divina puede romper.
  • Una teoría de la humanidad (y de la Iglesia): El sistema divide a toda la humanidad en tres grupos distintos: Israel, la Iglesia y las naciones (los gentiles). Su idea más revolucionaria fue el estricto dualismo entre los planes de Dios para cada grupo, sosteniendo que Dios tenía dos propósitos paralelos: un plan terrenal para un Israel nacional y literal, y un plan celestial para la Iglesia, un cuerpo espiritual cuyo destino no estaba en este mundo.
  • Una hermenéutica bíblica única: El motor interpretativo del dispensacionalismo es su insistencia en una lectura «literal» y «de sentido llano», especialmente de la profecía. La consecuencia de esta hermenéutica es la suposición de que las profecías deben tener cumplimientos físicos y observables en la historia, un marcado contraste con siglos de interpretación alegórica. Esta aproximación, que presupone la inerrancia total de las Escrituras, se convirtió en una seña de identidad del movimiento.
  • Una teoría particular de la salvación: Popularizó una idea conocida como «gracia gratuita». A diferencia de otras tradiciones que enfatizaban el arrepentimiento y las obras como evidencia de la fe, esta enseñanza rebajaba el listón para la salvación a un simple «asentimiento mental» a la verdad del evangelio. Su simplicidad la hizo enormemente atractiva en la cultura evangélica.

La potencia de este sistema no radicaba en sus partes individuales, sino en su totalidad. En una era de modernismo científico, agitación social e incertidumbre teológica, el dispensacionalismo ofreció a sus seguidores una fortaleza intelectual: un marco aparentemente infalible y omnicomprensivo que proporcionaba certeza absoluta en un mundo que parecía haberla perdido.

——————————————————————————–

3. Su Influencia Cultural Explotó Justo Cuando su Estructura Académica se Derrumbaba.

La historia moderna del dispensacionalismo se define por una profunda paradoja: su momento de mayor triunfo cultural coincidió precisamente con su colapso intelectual. Durante la mitad del siglo XX, el «dispensacionalismo escolástico» vivió su edad de oro. Instituciones como el Seminario Teológico de Dallas y teólogos como Charles C. Ryrie y John F. Walvoord construyeron un sistema académico formidable, publicando defensas eruditas de la doctrina. Era el apogeo de su respetabilidad intelectual.

Sin embargo, según Hummel, este imponente edificio comenzó a resquebrajarse en la década de 1970 y se «derrumbó» casi por completo en la de 1990. Las disputas internas, como la controversia sobre la «salvación por señorío» y el surgimiento de una versión más moderada llamada «dispensacionalismo progresivo», fracturaron la base del movimiento. Los teólogos que una vez presentaron un frente unido estaban ahora enfrascados en debates que erosionaban la coherencia del sistema.

Pero mientras los académicos discutían, el «dispensacionalismo pop» estaba explotando. En los años 70, La agonía del gran planeta Tierra de Hal Lindsey vendió millones de copias. Y en la década de 1990, justo cuando el sistema académico implosionaba, la serie Dejados Atrás de Tim LaHaye y Jerry Jenkins vendió «decenas de millones» de ejemplares. El prólogo de Mark A. Noll al libro de Hummel subraya esta extraña divergencia:

La sección final del libro es particularmente útil para explicar por qué el dispensacionalismo académico asociado durante mucho tiempo con el Seminario Teológico de Dallas se derrumbó en los mismos años en que la serie Dejados Atrás de Tim LaHaye y Jerry Jenkins se vendía por decenas de millones…

Aquí reside la ironía central de su legado. En el mismo momento en que la teología perdía su rigor, sus elementos más sensacionalistas se convertían en un fenómeno de la cultura de masas. La versión pop despojó al sistema de sus complejas exigencias teológicas y ofreció un producto de consumo puro y de alto riesgo: una narrativa apocalíptica emocionante. Proporcionaba catarsis emocional y una clara división entre el bien y el mal sin el pesado trabajo intelectual, lo que la hizo perfectamente adecuada para el mercado de masas.

——————————————————————————–

4. Sin Darte Cuenta, lo Has Visto en Marvel, HBO y Especiales de Comedia.

Puede que nunca haya leído un libro de teología dispensacionalista, pero es casi seguro que ha consumido productos culturales profundamente moldeados por sus «humos» o sus «fantasmas». Las ideas centrales del movimiento, especialmente el Rapto, han alcanzado una «saturación cultural» tan profunda que han trascendido sus orígenes religiosos para convertirse en tropos comunes en el entretenimiento secular.

Los ejemplos son tan variados como sorprendentes:

  • Marvel y el «Snapture»: El clímax de Avengers: Infinity War, donde Thanos elimina a la mitad de la vida con un chasquido, es una representación visual casi perfecta del concepto del Rapto. La imagen de personas desvaneciéndose en polvo, dejando a sus seres queridos en shock, es tan evocadora que fans y críticos acuñaron el término «snapture». Para muchos que crecieron con esta teología, como confiesa el propio Hummel, la escena provocó una familiar «ansiedad por el rapto».
  • HBO y The Leftovers: Esta aclamada serie dramática basa toda su premisa en explorar las devastadoras consecuencias psicológicas, sociales y espirituales de un evento en el que el 2% de la población mundial desaparece inexplicablemente. La serie no se enfoca en los que se fueron, sino en la angustia y la búsqueda de sentido de los que se quedaron atrás, un tema central en la ficción apocalíptica popularizada por el dispensacionalismo.
  • La comedia y Marc Maron: La prueba definitiva de que una idea ha permeado la cultura es cuando se convierte en material para chistes. En su especial de Netflix End Times Fun, el comediante Marc Maron habla del Rapto como si fuera de conocimiento común, bromeando que «la gente simplemente sale disparada por los aires como cohetes de botella». No necesita explicar el concepto; asume que su audiencia sabe exactamente de qué está hablando.

Estos ejemplos demuestran cómo una doctrina que comenzó en círculos disidentes del siglo XIX ha logrado un éxito cultural inimaginable. Se ha convertido en un atajo conceptual para explorar temas de pérdida, misterio y el fin del mundo, una herramienta narrativa tan potente que ha dejado una marca indeleble en algunas de las historias más populares de nuestro tiempo.

——————————————————————————–

5. El Dinero lo Cambió Todo: De la Filantropía del Petróleo a los Best Sellers Apocalípticos.

Para entender la trayectoria del dispensacionalismo, es crucial seguir el rastro del dinero. Su historia económica revela una transformación radical desde un modelo de mecenazgo a un modelo de consumo, un cambio que alteró no solo sus instituciones, sino su mensaje central.

La primera fase, desde finales del siglo XIX hasta principios del XX, fue financiada por lo que Hummel llama «dinero antiguo»: la filantropía de magnates industriales. Este capital construyó el primer complejo institucional del movimiento, con centros de poder en ciudades como Chicago. Por ejemplo, el dinero del petróleo de los hermanos Lyman y Milton Stewart fundó el Instituto Bíblico de Los Ángeles (BIOLA) y financió Los fundamentos, una influyente serie de ensayos. Del mismo modo, el magnate del ferrocarril John H. Converse patrocinó las campañas de J. Wilbur Chapman, permitiéndole popularizar las enseñanzas dispensacionalistas. Este «dinero antiguo» construyó institutos bíblicos, editoriales y agencias misioneras.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el motor financiero cambió drásticamente hacia el «dinero nuevo», generado por la comercialización masiva de la propia teología. Este capital ya no provenía de filántropos, sino directamente de los consumidores a través de la venta de millones de libros de bolsillo, taquillas de cine, tele-evangelismo y la industria de la música cristiana contemporánea. Este modelo de consumo financió un complejo institucional diferente: cadenas de televisión, productoras de cine y grupos de acción política, con nuevos centros de poder emergiendo en Dallas y el sur de California. Este cambio, argumenta Hummel, «alteró inevitablemente su mensaje». El enfoque se desplazó de la educación teológica sistemática a los productos que pudieran venderse a gran escala, provocando la decadencia del dispensacionalismo académico y el auge de una versión popular centrada en la escatología sensacionalista y la política.

——————————————————————————–

6. Su Caída Dejó un Vacío que Ayuda a Explicar la Crisis Actual del Evangelicalismo.

La tesis más audaz de Hummel es que la historia del dispensacionalismo es clave para entender el presente. Sostiene que la polarización y la «crisis continua de identidad teológica» que afligen al evangelicalismo estadounidense hoy en día están «profundamente entrelazadas con la narrativa del ‘auge y caída’ del dispensacionalismo».

Durante su apogeo, el dispensacionalismo proporcionó a generaciones de protestantes conservadores blancos un «marco teológico para leer la Biblia y entender el mundo». No era la única teología, pero su sistema coherente sirvió como un «punto de referencia» unificador para millones. Ofrecía certezas en un mundo cambiante.

Con la «caída del dispensacionalismo como sistema teológico formal» en los años 90, se creó un enorme «vacío». ¿Qué quedó en su lugar? Hummel sugiere que el estudio del dispensacionalismo revela «el desarrollo histórico de una cultura evangélica popular teológicamente endeble, aunque políticamente robusta». En otras palabras, cuando la sustancia teológica se erosionó, la estructura cultural y las alianzas políticas que había ayudado a construir se convirtieron en las características dominantes.

El autor Daniel Silliman lo describe con una poderosa metáfora, afirmando que el dispensacionalismo fue una «bestia teológica que dejó enormes huellas en la tierra y luego (casi) desapareció». Y añade:

El dispensacionalismo necesita ser tenido en cuenta. Su historia de innovaciones teológicas, inclinaciones, obsesiones y curiosidades sigue con nosotros, aunque solo sean esqueletos enterrados en el patio trasero.

Comprender la desaparición de esta «bestia teológica» es, por tanto, una herramienta de diagnóstico crucial. El vacío dejado por el dispensacionalismo no ha permanecido vacío; ha sido llenado por las lealtades culturales y políticas que la teología misma ayudó a construir, dejando a sus herederos con la maquinaria del movimiento, pero sin el mapa que una vez le dio sentido.

——————————————————————————–

Conclusión: Las Huellas de una Bestia Desaparecida.

La historia del dispensacionalismo está llena de ironías. Lo que a menudo se descarta como una creencia marginal sobre el fin del mundo fue, en realidad, un sistema teológico y cultural inmensamente poderoso que moldeó a millones de personas. Su nombre nació como un insulto, su popularidad explotó mientras su academia se desmoronaba, y sus ideas se filtraron en la cultura secular de maneras que sus fundadores nunca podrían haber imaginado.

Aunque el sistema formal haya «caído» y la «bestia teológica» haya desaparecido, sus efectos persisten. Sus «esqueletos enterrados» todavía se encuentran en la cultura, la política y la religión contemporáneas. Su legado, sin embargo, es complejo. Incluso un prominente crítico teológico como George Eldon Ladd se sintió obligado a reconocer en 1952 que los dispensacionalistas hicieron mucho para «promover el amor por el estudio de la Biblia, el hambre por una vida cristiana más profunda, la pasión por la evangelización y el celo por las misiones».

La historia del auge y la caída del dispensacionalismo es una ventana para entender cómo hemos llegado al panorama religioso y cultural actual. Ahora que la gran bestia que unificó a generaciones de evangélicos ha desaparecido, la pregunta que queda en el aire no es solo cómo llegamos aquí, sino ¿qué surgirá para llenar el enorme vacío que ha dejado atrás?

Mira el video en YOUTUBE.

ESCUCHA EL PODCAST:

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.