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¿Los protestantes “mataron” la Navidad? Reforma, polémica y resistencia popular

Basado en: Katrina Jennie-Lou Wheeler, “The Reformation and Early Modern Periods,” in The Oxford Handbook of Christmas, ed. Timothy Larsen (Oxford: Oxford University Press, 2020), 27–34.  

Introducción: Más Allá de Dickens y las Luces Parpadeantes.

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Pocos relatos culturales parecen tan sólidos, tan tallados en la piedra de la tradición, como el de la Navidad victoriana. Al evocar la festividad, la mente viaja casi instintivamente a las calles nevadas del Londres del siglo XIX, a los coros entonando villancicos bajo farolas de gas y al espíritu de generosidad redentora inmortalizado por Charles Dickens. Esta visión, cimentada por la influencia de la Reina Victoria y el Príncipe Alberto, nos ha legado una sensación de herencia inmutable, una celebración que parece haber llegado hasta nosotros de forma directa y pacífica. Sin embargo, esta percepción de una Navidad serena y continua es, en gran medida, una refinada ilusión.

La historia real de la Navidad es mucho más compleja, conflictiva y fascinante de lo que sugieren las tarjetas de felicitación. Lejos de ser un consenso universal, ha sido un campo de batalla cultural y teológico durante siglos. El debate que hoy conocemos como la «guerra contra la Navidad» no es una invención mediática del siglo XXI, sino un eco de controversias que se remontan a la Reforma Protestante. A lo largo de los siglos, la Navidad ha sido prohibida por ley, reformada por teólogos, defendida por monarcas y reinventada por el pueblo. Este artículo desmentirá cinco mitos persistentes sobre la festividad, revelando una narrativa mucho más rica y sorprendente. Prepárese para descubrir que muchas de nuestras «antiguas» tradiciones son más recientes de lo que pensamos, y que las batallas por el alma de la Navidad son casi tan antiguas como la propia celebración.

Mito #1: Charles Dickens y la Reina Victoria «Inventaron» la Navidad Moderna.

Una de las ideas más arraigadas en el imaginario popular es que la Navidad que celebramos hoy —con su énfasis en la familia, la caridad, los árboles decorados y los banquetes— es en gran parte una creación del siglo XIX, impulsada por figuras como Charles Dickens y la familia real británica. Sin embargo, los historiadores califican esta noción como un «cliché» o un «lugar común». Si bien es innegable que ambos jugaron un papel crucial en la popularización y configuración de las costumbres navideñas, atribuirles su invención es una simplificación que ignora siglos de historia.

Charles Dickens no creó las tradiciones de Un Cuento de Navidad de la nada. Más bien, como señalan los expertos, él «reflejó una imagen familiar de la festividad navideña». Su genio no radicó en la invención, sino en la destilación y el embellecimiento de prácticas y sentimientos que ya existían. Las tradiciones de hospitalidad, los banquetes, la música y la reunión familiar no eran nuevas en la época victoriana. La obra de Dickens actuó como un potente catalizador cultural, ayudando a codificar estas tradiciones y a infundirles un nuevo significado moral y social para una era industrial, pero no las creó.

Del mismo modo, la popularización del árbol de Navidad por parte de la Reina Victoria y el Príncipe Alberto no fue una creación, sino la amplificación de una costumbre ya extendida en Alemania. El siglo XIX, por lo tanto, no fue un período de invención, sino de renovación y revitalización cultural. Los historiadores han desafiado enérgicamente la narrativa de que la Navidad estaba moribunda antes de ser «revivida». Esta renovación victoriana no fue una creación desde cero, sino la popularización de tradiciones que, como veremos, habían sobrevivido y evolucionado durante siglos en lugares tan diversos como la Francia católica y la Alemania protestante. La Navidad moderna no fue inventada; fue redescubierta, pulida y adaptada para un nuevo mundo.

Mito #2: La Oposición a la Navidad es un Debate Moderno.

Cada año, los titulares sobre la «guerra contra la Navidad» sugieren que la controversia es un fenómeno reciente. La realidad histórica, sin embargo, nos muestra que la oposición a la Navidad tiene sus raíces en los conflictos religiosos de la Reforma Protestante en los siglos XVI y XVII. Los puritanos, tanto en Inglaterra como en sus colonias americanas, libraron una de las campañas más feroces y exitosas contra la celebración.

La Prohibición en Inglaterra y América.

La hostilidad puritana no se limitó a la desaprobación teológica; se tradujo en prohibiciones legales. Tras la Guerra Civil Inglesa, el Parlamento puritano emitió una ley en 1647 que ordenaba que «la Fiesta de la Natividad de Cristo… ya no se observe». Esta prohibición no era simbólica; los ministros que predicaban sermones conmemorativos se enfrentaban a la amenaza de encarcelamiento. No obstante, el gobierno se vio en apuros para hacer cumplir la ley. La resistencia popular abarcó desde la continuación silenciosa de las celebraciones hasta disturbios abiertos, demostrando la tensión entre la política oficial y la práctica popular. La prohibición se mantuvo hasta la Restauración de la monarquía en 1660. De forma notable, la prohibición en Escocia fue más exitosa y logró minimizar la Navidad en ese país hasta bien entrado el siglo XX.

Este celo reformador no se quedó confinado a las costas inglesas; cruzó el Atlántico en los barcos de los colonos puritanos, decididos a construir su «ciudad sobre una colina» libre de las corrupciones del Viejo Mundo. En 1659, la colonia de la Bahía de Massachusetts prohibió formalmente la celebración de la Navidad, penalizando a cualquiera que se tomara el día libre. Esta ley permaneció vigente hasta 1681.

Las Razones de la Prohibición.

¿Pero qué motivaba un rechazo tan absoluto? No se trataba de un simple capricho, sino de una profunda convicción teológica que veía en la Navidad una triple amenaza a la fe verdadera.

  1. Falta de base bíblica: El argumento central era que no existía ningún mandato en las Escrituras para celebrar el nacimiento de Cristo. Para los puritanos, el único día santificado por Dios era el Sabbath. Consideraban la Navidad una «práctica supersticiosa» sin fundamento bíblico. Este rechazo no era un ataque aislado; era parte de un proyecto más amplio para reducir el enfoque católico en los santos. La Navidad era solo una de las muchas festividades que querían eliminar, junto con los días de San Martín, Santa Catalina, San Esteban, San Juan Evangelista y docenas más, vistas como invenciones humanas que distraían de la piedad pura.
  2. Orígenes paganos: Esta búsqueda de pureza bíblica llevó naturalmente a los pensadores puritanos a escrutar los orígenes mismos de la celebración. Teólogos como Rudolph Hospinian argumentaron que la fecha del 25 de diciembre fue elegida para cooptar la festividad romana de la Saturnalia, señalando similitudes como el uso de vegetación, los banquetes y el intercambio de regalos. Para los puritanos, celebrar la Navidad era, en esencia, perpetuar ritos paganos bajo un fino barniz cristiano.
  3. Fomento del desorden: Finalmente, los puritanos se oponían a la forma en que se celebraba la Navidad, quejándose de que era una excusa para el desenfreno. Denunciaban prácticas como el «travestismo, la inversión social, el consumo excesivo de alcohol y la mendicidad agresiva». La Navidad de la época era un período carnavalesco donde las jerarquías se invertían temporalmente. Esta percepción de inmoralidad fue resumida de manera contundente por el obispo del siglo XVI Hugh Latimer, quien afirmó:

Para los puritanos, la celebración no honraba a Cristo, sino que lo insultaba, convirtiendo una supuesta fiesta sagrada en un período de máxima depravación.

Mito #3: El Protestantismo Acabó con la Navidad en Todas Partes.

La dramática historia de la prohibición puritana a menudo lleva a la creencia de que la Reforma Protestante significó el fin de la Navidad en toda Europa y América. Sin embargo, esta es una «visión histórica bastante estrecha y anglocéntrica». Se centra en las formas más radicales del protestantismo e ignora a las vastas comunidades cristianas donde la Navidad no solo sobrevivió, sino que prosperó.

Celebraciones en Otras Partes de América.

Mientras los puritanos de Nueva Inglaterra prohibían la Navidad, otras colonias la celebraban con fervor. Los católicos españoles en Florida ya celebraban la Misa de Gallo en 1565, y los católicos franceses mantenían sus tradiciones en Nueva Orleans, Maine y Texas. En 1607, los colonos anglicanos en Jamestown, Virginia, la celebraron con entusiasmo. El capitán John Smith proclamó que dondequiera que estuviera un inglés, «…¡debe celebrar la Navidad con banquetes y jolgorio!».

Esta diversidad cultural sentó las bases para una Navidad singularmente estadounidense. Los colonos holandeses, alemanes y de otras nacionalidades trajeron sus propias costumbres, contribuyendo finalmente a las celebraciones modernas con elementos extraídos de todo el mundo occidental. La Navidad estadounidense no surgió de una sola tradición, sino de un crisol cultural donde diferentes formas de celebración se encontraron, se mezclaron y evolucionaron, creando un tapiz rico y multifacético que hoy damos por sentado.

La Reforma Navideña en Alemania.

Quizás el ejemplo más fascinante de adaptación se encuentra en la Alemania protestante. A diferencia de los puritanos, los reformadores como Martín Lutero no buscaron abolir la Navidad, sino ajustarla a su teología. Un caso notable fue la transformación del portador de regalos.

Tradicionalmente, San Nicolás traía regalos el 6 de diciembre. Los líderes protestantes, buscando restar importancia a los santos, introdujeron la figura del «Christ Child» (Kristkindl) como el nuevo dador de regalos en la víspera de Navidad, para centrar la atención en Cristo como el proveedor de todo bien. Sin embargo, cambiar tradiciones arraigadas fue una lucha. Aún en el siglo XVII, un pastor luterano seguía lamentando que se atribuyeran los regalos a San Nicolás, argumentando que era una «mala costumbre» porque desviaba a los niños de Cristo. Esta anécdota ilustra la dificultad que tuvieron los reformadores para cambiar las prácticas populares y demuestra un punto clave: en lugar de prohibir, buscaron reformar y reenfocar la festividad.

La Navidad en la Inglaterra no Puritana.

Incluso en Inglaterra, la Navidad siguió siendo de gran importancia para la Iglesia de Inglaterra y la corte. Los monarcas Tudor y Stuart eran conocidos por sus suntuosas celebraciones. La reina Isabel I exigía a los nobles que regresaran a sus fincas para ofrecer la debida hospitalidad navideña a sus comunidades, reforzando los lazos sociales. Más tarde, el rey Jacobo I defendió activamente la festividad de las quejas puritanas. La visión puritana, por lo tanto, no era la única ni la mayoritaria; coexistía con una fuerte tradición de celebración apoyada por la Iglesia y la Corona.

Mito #4: El Árbol de Navidad y los Villancicos son Tradiciones Victorianas.

Al igual que se atribuye erróneamente a los victorianos la «invención» de la Navidad, también se suele pensar que algunas de sus tradiciones más icónicas son creaciones del siglo XIX. La historia, sin embargo, revela que los orígenes de estas costumbres son mucho más antiguos.

El Origen del Árbol de Navidad.

Una leyenda popular atribuye el primer árbol de Navidad a Martín Lutero en el siglo XVI. Aunque es una historia encantadora, tiene poca evidencia histórica. La primera referencia histórica verificada de un árbol de Navidad data de principios del siglo XVII en Estrasburgo. Para la década de 1640, la práctica ya era tan popular que generó controversia. Johann Dannhauer, un predicador de la Catedral de Estrasburgo, se quejó de la costumbre, argumentando que distraía a los niños de la verdadera fe. El hecho de que un clérigo ya estuviera criticando la práctica a mediados del siglo XVII es una prueba contundente de que el árbol no era una novedad del siglo XIX, sino una tradición bien establecida mucho antes de que el Príncipe Alberto la popularizara en Inglaterra.

La Larga Historia de la Música Navideña.

La idea de que los villancicos son principalmente victorianos ignora siglos de rica tradición musical. En Francia, los villancicos, o «Noëls», eran populares desde el siglo XV. Estas canciones a menudo tenían una cualidad inmersiva, ya que «atraían al cantante a la historia de la Navidad, ubicándolo dentro del elenco de personajes», permitiendo a la gente común participar directamente en el drama de la Natividad.

En la Alemania y Austria católicas, florecieron las canciones navideñas desde el siglo XV. En Inglaterra, aunque la Reforma disminuyó su popularidad, la tradición fue mantenida viva por las comunidades católicas. Incluso en la puritana Nueva Inglaterra, las actitudes comenzaron a suavizarse, y para la década de 1750, las iglesias comenzaron a incluir himnos navideños en sus cancioneros impresos, un resurgimiento que precedió a la era victoriana por casi un siglo.

Otras Costumbres Antiguas.

Muchas otras costumbres también tienen orígenes pre-victorianos. La tradición de quemar el tronco de Yule (bûche de noël en Francia) era habitual en el siglo XVII. Asimismo, las elaboradas escenas de la Natividad (presepios) alcanzaron su máximo esplendor artístico en Nápoles durante el siglo XVIII, con figurillas de madera y terracota adornadas con telas costosas y joyas. Estas tradiciones demuestran que el tejido de la Navidad moderna se tejió con hilos de muchos siglos diferentes.

Conclusión: Una Festividad en Constante Evolución.

La historia de la Navidad, despojada de mitos, se revela no como una tradición estática, sino como un organismo vivo en constante evolución. Lejos de la imagen pacífica de una postal victoriana, ha sido un escenario de profundos conflictos teológicos, prohibiciones gubernamentales y una increíble resiliencia cultural. El núcleo de su historia es la tensión entre el control de arriba hacia abajo —intentos de teólogos y gobernantes de prohibir, purificar o definir la celebración— y la resistencia cultural de abajo hacia arriba, donde las tradiciones populares persistieron, se adaptaron y sobrevivieron. Cada costumbre, desde el árbol hasta el villancico, lleva las cicatrices y los triunfos de estas batallas. La Navidad no es una reliquia, sino un diálogo continuo entre la fe, la cultura y la historia.

Sabiendo que cada tradición navideña sobrevivió a siglos de controversia, ¿cómo cambia nuestra forma de ver las celebraciones de hoy?

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Sobre el autor:

Katrina Jennie-Lou Wheeler es investigadora en historia y autora de estudios sobre cristianismo y cultura, con especial atención a la evolución de prácticas religiosas en contextos de cambio social y político. En el momento de su contribución a The Oxford Handbook of Christmas, figura como PhD Candidate (doctoranda) en Historia en The Graduate Center, City University of New York (CUNY).  

Wheeler también fue seleccionada como integrante de una cohorte del programa Lilly Graduate Fellows, una red académica centrada en la investigación y docencia en humanidades dentro de marcos intelectuales y tradiciones religiosas.  

Su perfil de publicaciones incluye contribuciones en volúmenes colectivos sobre el protestantismo y su interacción con procesos culturales amplios. Por ejemplo, aparece como colaboradora en un libro académico sobre la fe protestante en la Era de las Revoluciones (1688–1832), lo que sugiere un interés sostenido en la relación entre religión, identidad y transformación histórica.  

En el capítulo aquí trabajado, Wheeler aplica esa sensibilidad histórica al debate sobre la “decadencia” navideña tras la Reforma, matizando narrativas anglocéntricas y mostrando cómo la Navidad fue reformada, disputada o defendida de maneras distintas según confesión, región y coyuntura política.

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