Por, James Montgomery Boice

Los Diez Mandamientos son una síntesis de todos los mandamientos expresados en las Escrituras, por cual deberían ser analizados a profundidad por varias razones.

  1. Primero, debemos descender la ley desde una posición abstracta al campo de los temas específicos. Para que la ley cumpla su función principal que es la de procesarnos por el pecado, esto es pecados especiales, de los que somos culpables. Admitir que «yo soy un pecador» puede simplemente significar algo más que decir «yo no soy perfecto» —pero otra cosa— distinta es admitir que «yo soy un idólatra, un asesino, un adúltero, un ladrón o cualquier otra cosa semejante». Es en este nivel donde debe aplicarse la ley.
  2. Segundo, los Diez Mandamientos tienen un valor especial por su alcance tan amplio. En la mayoría de las enumeraciones protestantes, los primeros cuatro abarcan el área cubierta por Cristo con su «primer y más importante mandamiento»: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente» (Mt 22:37). Los restantes seis abarcan la segunda área de responsabilidad: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (v. 39).

Cuando analizamos los mandamientos del Decálogo en detalle no debemos olvidarnos del contexto más amplio en el que se halla inmerso. Es más, debemos ser muy cuidadosos e interpretar cada uno a la luz de la totalidad de la revelación bíblica:

  1. Los mandamientos no se limitan a las acciones externas, sino que también se aplican a las disposiciones de la mente y el corazón. Las leyes humanas solamente se refieren a las acciones externas, porque los seres humanos no son capaces de ver dentro de los corazones de los demás. Pero a Dios, que puede, ver hasta lo más profundo, también le conciernen las actitudes. En el Sermón del Monte, Cristo enseñó que el sexto mandamiento además de referirse al acto de asesinato se refería a los enojos y el odio (Mt 5:21–22), y que el séptimo mandamiento además de referirse al adulterio se refería a la lujuria (Mt 5:27–30). El apóstol Juan refleja esta perspectiva en su primera epístola, donde argumenta que «todo aquel que aborrece a su hermano es homicida» (1 Jn 3:15).
  2. Los mandamientos siempre contienen más que una interpretación mínima las palabras. Es así que el mandamiento de honrar a nuestros padres y a nuestras madres podría interpretarse como significando que únicamente debemos tenerles respeto y no hablar mal de ellos. Pero esto sería demasiado poco porque Jesús mismo enseñó que además incluye nuestra obligación de proveer con las finanzas en su ancianidad (Mt 15:3–6). En otras palabras, el mandamiento se refiere a todo lo que sea posible hacer por los padres de cada uno, bajo las pautas del segundo más importante mandamiento de Cristo.
  3. Un mandamiento expresado en un lenguaje positivo implica el negativo, y un mandamiento negativo también implica el positivo. Así, cuando se nos dice que no debemos tomar el nombre de Dios en vano, debemos entender que también se nos está ordenando la obligación opuesta es decir reverenciar su nombre (Dt 28:58; Sal 34:3; Mt 6:9). El mandamiento que dice que no debemos matar no solo significa que yo no he de matar ni siquiera odiar a mi prójimo, sino que también implica que he de hacer todo lo que esté a mi alcance para su beneficio. (Lv 19:18).
  4. La ley es una unidad, en cuanto cada mandamiento está relacionado con los otros. No es posible cumplir con algunos de los deberes enumerados en los mandamientos, creyendo que de esa manera estamos libres de cumplir los demás. «Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos» (Stg 2:10; compararlo con Dt 27:26).

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Acerca del autor,

boiceJames Montgomery Boice (1938-2000), pastor, teólogo y maestro. Sirvió como pastor en “Tenth Prebyterian Church” en Filadelfia, USA, desde 1968 hasta su muerte. Conocido autor y orador en círculos evangélicos. Boice obtuvo su B.A. de la Universidad de Harvard (1960), un B.D. en Seminario Teológico de Princeton (1963), y su Doctorado en Teología en la Universidad de Basilea en Suiza. (1966). Autor de mas de veinte libros y comentarios, entre los que se encuentran; “Las Parábolas de Jesús”, “Las Doctrinas de la Gracia: Redescubriendo la esencia del evangelio”, “El llamado de Cristo al discipulado”.

Adaptado de: James Montgomery Boice, «LOS DIEZ MANDAMIENTOS: EL AMOR DE DIOS», en Ética cristiana (Miami, FL: Editorial Unilit, 2002), 419–421.