La oración es una de las marcas más fuertes de un cristiano.

Por J.C. Ryle,

“El Señor le dijo: “Levántate y ve a la calle que se llama Derecha, y pregunta en la casa de Judas por un hombre de Tarso llamado Saulo, porque él está orando.” Hechos 9:11.

El hábito de la oración es una de las evidencias más claras de que uno es un verdadero cristiano. Hay un aspecto en el cual todos los hijos de Dios son iguales; todos ellos oran. La primera señal de vida en un infante recién nacido es que respira. En la misma manera, como es parte de la naturaleza de un niño llorar, también es parte de la naturaleza del creyente orar. El creyente ve su necesidad de misericordia y gracia, siente su incapacidad y su debilidad, por lo tanto siente que tiene que orar. No puedo encontrar en la Biblia ningún ejemplo de un hijo de Dios que no orara. Es una característica del pueblo de Dios que “invocan al Padre”. (1 Pe. 1:17) Y ellos “invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. (1 Cor. 1:2) Y al mismo tiempo es una característica de los impíos, que “a Jehová no invocan”. (Sal. 14:4)

He leído las biografías de muchos creyentes destacados que han vivido desde que la Biblia fue escrita. Ellos han diferido en muchas cosas, pero han tenido una cosa en común: Han sido personas de oración.

Conozco perfectamente bien que un hombre puede orar sin sinceridad. El mero hecho de que una persona ore, no prueba nada acerca de su estado espiritual, porque simplemente pudiera ser un hipócrita. Pero esto lo puedo decir con certidumbre: No orar, es una prueba clara de que una persona no es un creyente verdadero. Es obvio que no siente realmente sus pecados, ni ama a Dios, ni siente una deuda de gratitud hacia Cristo, ni anhela ser santo. No importa cuanto pudiera hablar acerca de su religiosidad, no puede ser un creyente verdadero si no ora.

Déjeme decir también que el hábito de la oración secreta y sincera, es una de las mejores evidencias de que el Espíritu Santo ha obrado realmente en la vida de una persona. Un hombre puede predicar o escribir libros o hacer muchas otras cosas, todo impulsado por motivos erróneos; pero casi nunca se apartará para derramar su alma ante Dios en lo secreto, a menos que sea sincero. Dios mismo nos ha enseñado que ésta es la mejor prueba de una conversión real, porque cuando dijo a Ananías que buscara a Saulo en Damasco, la única evidencia que mencionó del gran cambio de corazón que Saulo había experimentado, fue ésta: “He aquí, él ora”. (Hch. 9:11)

Yo sé, por supuesto, que muchas personas vienen a la fe lentamente. Pueden pasar por muchas convicciones, deseos, sentimientos, resoluciones, esperanzas y temores. Pero todas estas cosas pueden terminar en nada. Una oración sincera de corazón que fluye de un corazón quebrantado y de un espíritu arrepentido, vale más que todas las cosas juntas mencionadas con anterioridad. El primer acto cuando tenemos la fe verdadera, es que hablaremos con Dios.

La oración es a la fe, lo que la respiración es a la vida. Tal como no podemos vivir sin la respiración, tampoco podemos creer en Cristo sin la oración.

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Acerca del autor:
ryle1bJohn C. Ryle (1816-1900), teólogo y pastor anglicano, nació en una familia acomodada ingles. Fue educado en la Universidad de Oxford, donde recibió su bachiller en humanidades, y posteriormente una Maestría y Doctorado. Escribió numerosas obras en ingles, muchas de las cuales han sido traducida al español. Entre sus obras mas importantes tenemos; “Lideres Cristianos del Siglo Dieciocho”, “Pensamientos Expositivos en los Evangelios: (4 volumenes)”, “La Santidad: Su naturaleza, obstáculos, dificultades y raíces”, entre otros.

 

Adaptado de: J. C. Ryle, “Prayer” in Practical Religion: Being Plain Papers on the Daily Duties, Experience, Dangers, and Privileges of Professing Christians(London: Charles Murray, 1900). 63-97