Para un trabajo preliminar de crítica textual en el Nuevo Testamento es suficiente usar varias de las ediciones críticas del Nuevo Testamento.[1] Pero para estudios serios y detallados es esencial el uso de por lo menos las imágenes y transcripciones reales e impresas del Nuevo Testamento y preferiblemente dedicar tiempo en los manuscritos mismos.

La primera edicion de Erasmo.

La primera edición del Nuevo Testamento Griego en ser publicada (aunque no el primero en ser impreso) [2] fue editada por el erudito holandés Desiderio Erasmo (1469 -1536) de Rotterdam, Holanda. La obra, publicada en marzo de 1516, fue hecha algo precipitada, dando como resultado incontables errores de impresión. Erasmo usó varios manuscritos griegos para preparar su texto, ninguno de los cuales contuvo el Nuevo Testamento por completo. Ninguno de estos manuscritos fue anterior al siglo doce. Para el libro de Apocalipsis sólo tenía un manuscrito, y este omite la última hoja que contiene los seis últimos versos del libro. Por ello Erasmo tradujo la Vulgata Latina al griego, y publicó eso. En consecuencia, en los últimos seis versos de Apocalipsis del Nuevo Testamento Griego de Erasmo muchas palabra y frases pueden hallarse que no son atestiguadas en ningún manuscrito por ningún lado[3]. Además, en algunos otros lugares del Nuevo Testamento Erasmo introduce material de la Vulgata. Por ejemplo, en Hechos 9:6 las palabras, “Él temblando y temeroso dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga?” no se encuentran en ningún manuscrito griego en absoluto. Son una asimilación obvia de su paralelo en Hechos 22:10.

La segunda edicion de Erasmo.

La segunda edición de Erasmo fue como la primera una traducción díglota, es decir dos idiomas, que es Griego y la traducción Latina del propio Erasmo, una traducción que difiere considerablemente de la Vulgata generalmente aceptada. Esta segunda edición fue la base para la traducción que hizo Martín Lutero.

No todos los eruditos estuvieron satisfechos con la obra de Erasmo. Muchos pensaron que la traducción latina de Erasmo era un presunto ataque en contra de la venera Vulgata. Erasmo había también provisto algunas notas justificando su traducción, y estas anotaciones incluyeron algunas críticas agudas en contra del corrupto clérigo Católico Romano. En varios frentes, no obstante, Erasmo se había mostrado abierto a ataques.

Uno de los ataques tuvo que ver con la omisión de la formula trinitaria de 1 Juan 5:7-8 “…el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra…” Erasmo respondió esos cargos observando de manera razonable que él no halló las palabras en ningún manuscrito, incluso varios que él había examinado previamente a la publicación de su material. Dejemos que Bruce M. Metzger nos diga la historia:

“En un momento de descuido, Erasmo, prometió que él incluiría la coma juanina, como se la llamó, en futuras ediciones si fuera hallado un solo manuscrito griego que contenga ese pasaje. Por fin esa copia fue hallada, o ¡fue hecha por encargo! Como ahora se conoce, el manuscrito probablemente había sido escrito en Oxford en 1520 (un año después de la publicación de la segunda edición) por un fraile franciscano llamado Froy (o Roy) quien tomó las palabras en disputa de la Vulgata Latina. Erasmo se mantuvo en su promesa e insertó el pasaje en su tercera edición de 1522, pero él indicó en un largo pie de página sus sospechas que el manuscrito había sido preparado expresamente para refutarlo[4]”.       

El Codex Minusculo 61.

El manuscrito en cuestión es el códex minúsculo 61, ahora en la biblioteca de Trinity College, Dublín. Entre los cientos de manuscritos griegos encontrados desde este episodio en la vida de Erasmo, solamente tres atestiguan esa lectura. Uno es el minúsculo 88, un manuscrito del siglo doce con las palabras resaltas garabateadas al margen en una caligrafía del siglo diecisiete; una copia del siglo dieciséis del texto griego de la Políglota Complutense, la cual estuvo bajo la influencia de la Vulgata Latina y el otro manuscrito que es datado entre el siglo catorce o diecisiete. No obstante, la coma juanina es citada en un tratado latino del cuarto siglo atribuido usualmente a Prisciliano. Probablemente brotó de la exégesis alegórica de los tres testigos y escrita al margen de un manuscrito latino de 1 Juan, viniendo a ser una glosa establecida en la antigua Biblia Latina del siglo quinto. No aparece en ninguna copia de la Vulgata Latina antes del 800 d.C.

La cuarta y quinta edicion de Erasmo.

Aunque Erasmo publicó una cuarta y quinta edición, no necesitamos más que decir sobre este asunto. El Nuevo Testamento Griego de Erasmo se coloca detrás de la versión King James y Reina Valera; con todo, descansa en una docena de manuscritos minúsculos ninguno de los cuales es anterior al siglo décimo. Fue luego reimpresa por varias publicadores, el más importante fue el parisino Robert Estienne (su apellido fue latinizado como Stephanus). Publicó cuatro ediciones del Testamento Griego. La tercera (1550) es la primera edición crítica: Stephanus alude en los márgenes de las lecturas a los códices del siglo catorce y de la Políglota Complutense. Sus dos primeras ediciones (datas en 1546 y 1549 respectivamente) son en gran parte un compuesto de la Políglota Complutense y las ediciones de Erasmo. En su tercera edición; sin embargo, se inclina mayormente en Erasmo, especialmente en las ediciones cuarta y quinta de Erasmo. En su cuarta edición (1551), Stephanus dividió el texto en muchos versos. Teodoro de Beza, sucesor de Juan Calvino y en el rango superior de eruditos clásicos y bíblicos, publicó otras nueve ediciones del Nuevo Testamento Griego, pero el texto que él usó difiere muy poco de la cuarta edición de Stephanus de 1551. Los traductores de la versión King James se basaron en gran medida en las ediciones de Beza de 1588-1589 y 1598.

En 1624, trece años después de la publicación de la KJV, los hermanos Elzevir, Bonaventura y Abraham, publicaron un Nuevo Testamento Griego compacto, cuyo texto fue en gran parte el de Beza. En la segunda edición, publicada en 1633, hay un anuncio publicitario (término de Metzger) que dice, en Latín, “Textum ergo habes, nunc ab omnibus receptum: in quo nihil immutatem aut corruptum damus” (El texto que tienes, es ahora recibido por todos, en el cual no hay ninguna alteración ni perversión) Este es el origen del término Textus Receptus (o TR, como suele atribuírsele): Las palabras latinas “textum…..receptum” han sido puestas simplemente en el nominativo. El Textus Receptus (TR) no es el “texto recibido” en el sentido que ha sido recibido de Dios a diferencia de los otros manuscritos. Mejor dicho, es el “texto recibido” en el sentido que fue el estándar en tiempos de Elzevirs. Sin embargo, la base textual del Textus Receptus es un pequeño número de manuscritos minúsculos recolectados al azar y relativamente tardíos. En alrededor de una docena de lugares su lectura no es atestiguada por ningún manuscrito griego conocido.

Conclusion.

El Textus Receptus, o modificaciones menores de esta, llegó a ser la base de cada traducción europea hasta 1881. Los manuscritos dominantes del TR fueron tomadas de la tradición Bizantina. Cierto, Stephanus tuvo acceso a D (Códex Bezae), el mejor ejemplar del “Tipo de Texto” occidental, pero fue bastante diferente al lado de sus otros testigos que él hizo poco uso del mismo. Por ello, la tradición Bizantina reinó por más de dos centurias. Para tener una correcta perspectiva es importante notar que el Textus Receptus (TR) no es exactamente lo mismo que la tradición Bizantina. El tipo de texto Bizantino se encuentra en muchos cientos de testigos, mientras que el TR no hace referencia ni a la centésima parte de esa evidencia. Para leer mas artículos sobre el mismo tema haz click aquí.

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Acerca del autor:

1065131137_691fdce20bDonald Arthur Carson, (1946-), es un erudito reformado del Nuevo Testamento nacido en Canada. Realizo estudios en Matemática Pura y Química en la Universidad McGill, luego un Mdiv, en Heritage Baptist College y Heritage Theological Seminary, y un PhD en Nuevo Testamento en la Universidad de Cambridge (Inglaterra). Desde 1978 sirve como profesor en Trinity Evangelical Divinity School, asimismo fue miembro fundador de ‘The Gospel Coalition’. Don Carson es actualmente uno de los eruditos mas respetados en la campo de Teología Biblica del Nuevo Testamento. Ha escrito 57 libros hasta el momento, y cientos de artículos académicos, entre sus numerosas publicaciones se tienen: “Falacias Exegeticas”, “El Debate sobre la version King James”, “Escándalo: La Cruz y la Resurrección de Jesús”, “La Dificil Doctrina del Amor de Dios”, “Introduccion al Nuevo Testamento”, “La Soberanía de Dios y la responsabilidad humana”, entre muchos otros.

Traducido y Adaptado por Esteban Palacios. Tomado de D A. Carson, ‘The King James Version Debate: A Plea for Realism’ (Grand Rapids: Baker Book House, ©1979), 33-37.

[1] Probablemente las ediciones críticas del Nuevo testamento más usadas extensamente son: (1) Hē Kainē Diathēkē, ed. Erwin Nestle y G. D. Kilpatrick, 2d ed. (2) The Greek New Testament, ed. Kurt Aland, Matthew Blanck, Carlo M. Martini, Bruce M. Metzger y Allen Wilkgren 3ra ed. (3) Novum Testamentum Graece, 3ra ed. Este último es por mucho la mejor en esto, provee mejor evidencias para más variantes; pero su aparato crítico es bastante complicado y presupone un conocimiento básico en las tradiciones textuales.

[2] El primer Nuevo Testamento Griego en ser impreso salió de la imprenta en 1514. Fue parte dela Biblia Políglota (Hebreo, Arameo, Griego y Latín) creación del cardenal primado Católico Romano de España, Francisco Jiménez de Cisneros (1437- 11517), aunque tuvo la contribución de varios eruditos. Fue impresa en la ciudad universitaria de Alcalá, la cual fue llamada Complutum en Latín, por lo tanto esta biblia vino a ser conocida como la Políglota Complutense. No fue puesta en el mercado abierto, es por ello que la edición de Desiderio Erasmo recibe el crédito de ser la primera publicación del Nuevo Testamento Griego.

[3] Para más detalles cf. Bruce M. Metzger, The text of the New Testament: Its transmission, Corruption and Restoration, 2da ed. p. 100  

[4] Ibid., p.101