En el arte, el hacer imágenes es un ejercicio de belleza. La pintura, la escultura, y otras artes suelen ser imitativas. Mediante nuestra creación imitamos a los objetos de la vida real. El artista principal es Dios. Cuando Dios diseñó el universo, dejó su sello sobre él de manera tal que los cielos declaran su gloria y el firmamento nos muestra su obra. Cuando Dios hizo a las criaturas que habitan la tierra y el mar, creó una criatura singular, hecha a su propia imagen.

Génesis 1.26–27 Y dijo Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo): “Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra.” Dios creó al hombre a imagen Suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.

Como la Biblia dice que fuimos creados a la imagen y semejanza de Dios, algunos (en especial los católicos) han llegado a la conclusión de que existe una diferencia entre ser a imagen y ser a semejanza de Dios. Pero la estructura del lenguaje bíblico nos indica que la imagen y la semejanza se refieren a una misma cosa. Somos los iconos de Dios, criaturas hechas con la capacidad única de reflejar el carácter de Dios, como si fuésemos un espejo.

¿Qué significa estar hechos a la Imagen de Dios?

El haber sido hechos a imagen de Dios suele entenderse como señalando el sentido de que somos como Dios. Aunque Él es el Creador y nosotros sus criaturas, y aunque Dios nos trasciende en esencia, en poder y en gloria, sin embargo en cierto sentido somos como Él. Hay algún tipo de analogía entre Dios y nosotros. Dios es un ser moral e inteligente. Nosotros también somos agentes morales equipados con una mente, un corazón y una voluntad. Estas facultades hacen posible que podamos reflejar la santidad de Dios, santidad que fue nuestra vocación original.

Génesis 9.6 “El que derrame sangre de hombre, Por el hombre su sangre será derramada, Porque a imagen de Dios Hizo El al hombre.

La palabra hombre, cuando es utilizada en los pasajes de la Escritura como “creó Dios al hombre a su imagen” (Génesis 1:27), significa “la humanidad”. Tanto el varón como la hembra de la especie humana han sido creados a imagen de Dios. Parte de esta imagen comprende el llamado de la humanidad a gobernar la tierra, a tener dominio sobre ella. Hemos sido llamados a cultivar, a llenar, y a guardar esta tierra como los regentes de Dios. Hemos sido llamados a reflejar el carácter del gobierno justo de Dios sobre el universo. Él nunca saquea o explota lo que domina, sino que reina con justicia y bondad.

En ocasión de la caída de la humanidad, algo terrible ocurrió. La imagen de Dios perdió su lustre. Nuestra capacidad para reflejar su santidad se vio tan afectada que ahora este espejo está opaco.

La caída, sin embargo, no destruyó nuestra humanidad. Aunque nuestra capacidad para reflejar la santidad de Dios se perdió en la caída, todavía somos humanos. Todavía tenemos una mente, un corazón y una voluntad. Todavía llevamos la marca de nuestro Creador sobre nosotros. Cristo es quien restaura la plenitud de la imagen de Dios en los seres humanos. Él es, como lo declara el autor de Hebreos, “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (Hebreos 1:3).

Colosenses 1.15 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación.

Resumen

  1. Dios creó a los seres humanos —al varón y a la hembra- a su imagen y semejanza.
  2. Existe cierta analogía entre Dios y los seres humanos que hace posible la comunicación entre ambos.
  3. Los seres humanos, como Dios, son agentes morales con las facultades de pensamiento y voluntad.
  4. Los seres humanos han sido llamado a ejercer el dominio sobre la tierra.
  5. En la caída, la imagen de Dios en los seres humanos se opacó.
  6. Cristo es la imagen perfecta de Dios. Él nos está restaurando a la plenitud de la imagen de Dios.[1]

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Acerca del autor:

r-c-sproulRobert Charles Sproul (1939-). Westminster College, Pennsylvania (BA), Pittsburgh-Xenia Theological Seminary (M.Div.), Free University of Amsterdam (PhD), Whitefield Theological Seminary (PhD). Ha sido profesor de teologia en diversos seminarios en los Estados Unidos. Es un conocido teólogo y pastor americano, autor de muchos libros. Es fundador y director de “Ministerios Ligonier”, y conduce un programa de radio diario llamado ‘Renovando tu mente’. Sproul ha servido como pastor en la Iglesia de Saint Andrews en Florida (US). Actualmente trabaja con la Iglesia Presbiteriana de los Estados Unidos (PCA), y ha sido miembro también de la ‘Alianza de Evangélicos Confesantes’ (Alliance of Confessing Evangelicals). Es autor de mas de 100 libros, de los cuales estan disponibles en español; “Las Grandes Doctrinas de la Biblia” (1996); “Como estudiar e interpretar la Biblia” (1996); “Escogidos por Dios” (2002); “La Santidad de Dios” (1998); entre muchos otros.

[1] R.C. Sproul, Las grandes doctrinas de la Biblia (Miami, FL: Editorial Unilit, 1996), 143–144.