Un reciente y significativo artículo sobre la vida personal de Karl Barth está causando revuelo. Christiane Tietz, catedrático de Teología  Sistematica en la Universidad de Zürich, ha examinado la relación entre Karl Barth y su secretaria, Charlotte von Kirschbaum, sobre la base de una correspondencia recientemente publicada  entre Barth, su esposa Nelly, y su secretaria Charlotte.  Los hallazgos de Tietz fueron presentados en la asamblea de la Karl Barth Society of North America en el año 2016  y aquella investigación ha sido ahora publicado como sigue: Christiane Tietz, “Karl Barth y Charlotte von Kirschbaum,” Theology Today74/2 [2017], 86-111.

La naturaleza de la relación de Barth con Charlotte había sido por largo tiempo tema de discusion y sospecha. El biógrafo y estudiante de Barth, Eberhard Busch, afirmaba abiertamente que Barth y Charlotte su secretaria eran amantes:

No hay duda que la intimidad de su relación con él causó particularmente fuertes demandas/exigencias en la paciencia de su esposa Nelly. . . Barth mismo no vaciló en asumir la responsabilidad y culpa por la situación que se había producido. Sin embargo él pensó que aquello no podría ser cambiado. Ello tenía que ser aceptado y tolerado por los tres.  El resultado fue que ellos llevaron una carga que les causó un sufrimiento horriblemente profundo.  Las tensiones se levantaron, las cuales les agitaron/estremecieron/afectaron hasta el corazón.  Evitar estos, al menos hasta cierto punto, fue una de las razones por qué  más adelante Barth and Charlotte von Kirschbaum iban a Bergli durante las vacaciones de verano (Eberhard Busch, Karl Barth: Su Vida desde las Cartas y Textos Autobiográficos [Fortress, 1976], 185-186).

Ahora, sin embargo, con el artículo e investigacion de Tietz tenemos evidencia clara de la naturaleza de la relación entre Barth y su secretaria von Kirschbaum, y el extraordinario dolor que ello produjo en Nelly,  la esposa de Barth y de sus hijos. Vale la pena notar el hecho de que los hijos sobrevivientes de  Barth habían decido proporcionar la correspondencia en 1985, aunque los materiales no fueron en realidad publicados hasta el 2000 y 2008. (Esta es en parte la razón por la que esto no se sabia con certeza anteriormente).

El ensayo mismo, con numerosas citas originales de los autores de las cartas, es casi insoportable de leer por su infame contenido. Barth se conoció primero con von Kirschbaum, quien era 15 años menor que él, en 1925 en la casa de un amigo y casi a inicios de 1926 ellos supieron que estaban enamorados – (Ella tenia 26 y el 40 años). En Setiembre de 1929 Barth mudó a von Kirschbaum a su casa, y desde ese momento en adelante el teólogo vivió con las dos mujeres. La imagen de Barth que emerge de estas cartas es aquel de un hombre que se dio cuenta de lo incomodo y desvergonzado de su situación para con su esposa, pero que al mismo tiempo estaba categórica y completamente indispuesto a renunciar su relación con una  amante quien, a diferencia de la esposa de Barth, era ambos una compañera intelectual y física.

El ensayo también detalla las multiples concesiones en el cual ambos Barth y su secretaria von Kirschbaum mantuvieron con la finalidad fin de justificar este Notgemeinsschaft zu dritt (“unión de necesidad y problema de una pareja como un trío”).  Barth mismo rechazó vez tras vez las amonestaciones, consejos y advertencias de amigos  y familia, y su propia madre le preguntó, “¿Para qué es buena la más brillante teología, si ello ha de hacer naufragar el hogar de uno mismo?” (Tietz, 107; cf. pp. 103-104). Como Tietz (p. 102) resume Barth en una de sus cartas:

“La necesidad descansa en esto: Él quiere mantener el orden exterior para con otros del matrimonio, pero también ser leal a su amor hacia Charlotte. Él confiesa su culpa: que en una situación donde él era aún joven e inmaduro, él le había pedido a Nelly que sea su esposa, que él no era lo que un hombre debería ser para su esposa, y que él finalmente fue incapaz y reacio de mantenerse fiel a ella.” 

Sin embargo, mientras reconoce un falta personal hacia su fiel esposa, Barth parece haber negado cualquier falta moral de su parte, al manifestar que él nunca había “predicado sobre moralidad” y al escribir a su secretaria von Kirschbaum:

“No es posible que esta [relacion] sea realmente una obra del diablo, esto debe tener algún significado y un derecho genuino de ser, de que nosotros… no, solamente hablaré acerca de mi: De que yo te amo y no veo ninguna razon para detener esto” (pp. 107, 109). 

Incluso la misma secretaria, von Kirschbaum, estaba convencida que su relación amorosa con Barth, quien todo el tiempo seguia casado con su esposa era como un “matrimonio” y que aquello era una “relación licita” ante Dios (p. 110).

Todo esto es, sinceramente, extremadamente perturbador en modos que desafían la capacidad de descripción del lenguaje. Términos tales como “adulterio” y “amorío/aventura” no parecen hacer justicia en lo que Barth estaba envuelto durante toda su vida.  Quizás terminos como “bigamia funcional” o “poligamia” es un mejor descriptor, pero el nivel de desparpajo y arrogancia tan evidentes en el comportamiento de Barth son tales, y su indiferencia por los sentimientos, sufrimiento y humillacion de su esposa Nelly son verdaderamente increíbles.

La Teologia de Barth. 

Es aquí, entonces donde llegamos a la cuestion de la teologia de Barth. Este es el hombre considerado por muchos como el más grande teólogo del siglo veinte, y tal afirmacion no carece de respaldo. Algunos argumentarán que la conducta de Barth desacredita totalmente su teología, particularmente en el sentido de que su teología fue usada para justificar su comportamiento. Me doy cuenta del poder emocional de tal argumento. Pero no obstante el horrible comportamiento de Barth, me es incómodo usar este asunto como un criterio teológico decisivo para descartar su teologia. La cuestión de la rectitud o incorreción de la teología de Barth debería ser decidida sobre los méritos y examen de su propia teologia y afirmaciones a luz de las Escrituras. Pero a fin de examinar estos méritos, nosotros necesitamos ver como arribamos a este punto.

Sin embargo esto indudablemente habría sido sorprendente para muchos solo unas pocas décadas atrás, hoy estamos en medio de un resurgimiento significativo del interés en la teología de Karl Barth.  Este renovado interés es especialmente evidente entre personas que están  en cierto modo teológicamente ortodoxas. Esto se ha facilitado por la  estrategia de lanzamiento de material de archivo de Barth (la cual ha estimulado mucho trabajo erudito acerca de Barth) y por la obra de eruditos/académicos barthianos en el Seminario Teológico de Princeton (especialmente Bruce McCormack, George Hunsinger, y Stacy Johnson), en Inglaterra (especialmente los finados John Webster y Colin Gunton), y en Alemania (Eberhard Jüngel).  Es prudente decir que, para bien o para mal,  Barth es ahora “primera plana.”

Cuando comence mis estudios en el seminario Barth ya había estado muerto por trece años, y era generalmente considerado como “teología histórica” porque los problemas inherentes en su obra habían llegado a ser evidentes para las personas tanto de la derecha como de la izquierda.  Para el registo, sin reparos estaré de acuerdo que Barth es siempre intelectualmente estimulante, lo cual es porque tengo un buen número de libros de y acerca de Barth en los estantes de mi oficina, y que el reciente “resurgimiento de Barth” ha producido provechoso y notable conocimiento dentro de su pensamiento.

También admitiré que pasé por una fase en el seminario en que pensaba que Barth era “genial.” Él es divertido de leer, particularmente cuando Él interactúa con mucho de la tradición cristiana.  Sin embargo consideré necesario avanzar, en gran medida porque estaba encontrando que su soteriología  y eclesiología y eran menos que beneficioso (más sobre esto líneas abajo).  Muchos de mis  profesores universitarios y de la facultad de postgrado habían pasado (algunas veces apasionados) las fases Barthianas antes de moverse hacia la izquierda o a otras formas de teología.  Una cosa que yo tenía en común con la mayoría de mis profesores liberales fue un desagrado por Barth, aunque por ciertas diferentes razones.

Puntos positivos en la Teologia de Barth.

La actual inquietud con Barth parece ser hasta cierto punto mas comun entre los “jovenes evangélicos”. Las razones no son muy difíciles de discernir— fatiga con la estructura de cuestiones/asuntos de la generación antigua, un deseo por más interpretativo “espacio de maniobra o mas amplio espectro” sobre ciertas asuntos, un interés de hacer mayor justicia a la humanidad de las Escrituras, etcétera. En varias maneras Barth parece proveer a algunos un  “tercer camino/modo” que evita las trampas/dificultades tanto del fundamentalismo como del liberalismo.

¿Existen cosas buenas que pueden encontrarse en Barth?  Seguro que las hay!  Aquí una breve e incompleta lista:

  • Ha estimulado a muchas personas a considerar la tradición Cristiana clásica más seriamente.
  • Recuperó el sistema clásico del debate/discurso cristológico (ej., La distinción anhypostasia/enhypostasia de Leontius de Byzantium) para un buen efecto/significado.
  • Tomó seriamente la doctrina de la Trinidad. Aunque su lenguaje de “modos/formas de ser” ha resultado confuso para muchos, Barth desde luego no fue un “modalista” o Sabeliano.
  • Nos recordó sobre la importancia del principio de fides quaerens intellectum de Augustín y and Anselmo (“La fe busca el conocimiento”).
  • Y finalmente, Barth nos recordó que la teología debe ser formada por su objeto. En el rostro del giro antropocéntrico de Schleiermacher y sus sucesores liberales, Barth correcta y legítimamente declaró, “Uno no puede hablar de Dios simplemente por hablar de hombre en voz alta”

En otras palabras, el valor duradero de Barth, tal como lo entiendo, descansa principalmente en su recuperación de la tradición clásica cristiana. Lo bueno en Barth puede mayormente/generalmente encontrarse en otra parte, o como la repeticion de lo ya dicho por otros dentro de la tradición cristiana. Pero cuando Barth se atreve a salir por si mismo, ya sea que se trate de su punto de vista del imago dei(imagen de Dios), su parecer sobre las Escrituras, su “supralapsarianismo” pactal y su punto de vista sobre la elección, su perspectiva dialéctica de la historia, etc., los resultados son a menudo infelices y lamentables.

Problemas con la Teologia de Barth.

En realidad, los problemas en la obra de Barth ha sido por buen tiempo identificados/reconocidos.

Primero, su punto de vista sobre la Biblia como potentialmente equivocadoen asuntos de religión y teología y el cambio en el énfasis de la inspiración a la iluminación deja a los cristianos con pocoespacio para defender su posición(ver, ej., Barth, Dogmática de la IglesiaI/2:509-510). Tal como el editor y traductor de Church Dogmatics (Dogmática de la Iglesia) Geoffrey Bromiley bien lo expresa, El “uso de las Escrituras por parte de Barth es en muchas maneras lo mas débil y decepcionante de toda su obra, la Dogmatics (Dogmática), y sus precauciones contra el subjectivismo aquí son muy muy endebles” (Bromiley, “Karl Barth,” en Creative Minds in Contemporary Theology (Mentes creativas en la Teología Contemporánea), p. 52). Me parece que la estimulante y reciente obra de John Webster sobre la doctrina de las Escrituras puede leerse como un intento de corregiralgunos de estos problemas en Barth.

Segundo, su universalismo implícito (ej., su disputa que la diferencia entre Cristianos y no-cristianos no es que los no cristianos están fuera de Cristo sino más bien que los cristianos conocen que son redimidos por medio de Cristo) le corta las piernas a una genuina proclamacion del evangelio. (ver Barth, Church DogmaticsIV/1: 92-93, 103). Es prudente decir que el Barthianismo no ha sido precisamente un motor para la actividad misionera.

Tercero, existe la deficienciade considerar la historia con la responsabilidad que ella merece. Aquí recordamos que Barth buscabaafirmar ambos la actividad redentora de Dios y el estudio crítico de la historia, y de esta manera él relegó los actos divinos al ámbito de “la suprahistoria” (por lo cual él daba el significado que ello realmente ocurrió pero no es “histórico” en el sentido de ser verificable/comprobable).  Los problemas inherentes en este acercamiento dialéctico a la historia parece yacer/descansaren el punto crucial de las querellas que los teólogos tales como Wolfhart Pannenberg y N. T. Wright tiene con Barth.

Cuarto, existe un “objetivismo,” de Barth el cual resulta en una soteriología bastante abstracta. Para Barth, Cristo no únicamente cumplió la iniciativa divina hacia los seres humanos caídos sino que también la respuesta humana de fe y obediencia. En otras palabras, toda la salvación (la iniciativa de la gracia divina y la repuesta humana hacia ella) está objetivamente comprendida en Cristo. Sin embargo esto en cambiolevanta la cuestión de si nosotros tenemos que hacer algo y si la transformación de la vida es en lo más mínimoimportante. Es precisamente aquí que nosotros probablemente querramos sopesarsi había un vínculo entre el pensamiento de Barth y la vida terriblemente desordenada de Barth.

 Conclusion. 

Finalmente, consistente con este objetivismo la eclesiología y sacramentología de Barth, en el sentido de la iglesia como testigo de la salvación en lugar de la esfera de la salvación, es decepcionantemente y tan reducida de tantas maneras que se hacen casi completamente incompatibles con un calvinismo clásico.

En resumen, entonces, yo aún no me siento atraído por Karl Barth, y por una diversidad de razones que tienen que ver con su teología y vida. Aquellas sabias palabras de la madre de Barth citadas líneas arriba a su obstinado y caprichoso hijo debería ser una saludable palabra de precaución a aquellos de nosotros queprocuramoshacer buena teología: “¿Para qué es buena la más brillante teología, si elloha de hacer naufragar el hogar de uno mismo?”

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(Publicado originalmente en ingles, el 02 de Octubre del 2017. Primero en: https://theecclesialcalvinist.wordpress.com/2017/10/02/why-i-still-dont-much-care-for-karl-barth/)

Sobre el autor:

bill-evans-head-shotWilliam B. Evans, es un pastor, teologo y profesor norteamericano. Taylor University (B.A.), Westminster Theological Seminary (MA; Th.M), Vanderbilt University (M.A.; PhD). Realizo su doctorado en Historia del Pensamiento Cristiano, (Teologia Historica). Ha enseñado teologia en una serie de instituciones cristianas y universidades, cursos relacionados con historia del cristianismo y teología sistemática. Es ministro asociado de Reformed Presbyterian Church, y ha servido en una variedad de cargos dentro de la misma. Evans ha escrito una serie de libros, entre los que estan: Imputation and Impartation: Union with Christ in American Reformed Theology (Paternoster, 2008; Wipf and Stock, 2009), What Is the Incarnation? (P&R, 2013), and I recently edited The Incarnate Word: Selected Writings on Christology, Mercersburg Theology Study Series, vol. 4 (Wipf and Stock, 2014); etc. Asi como numerosos ensayos de investigacion en prestigiosas revistas academicas, como Westminster Theological Journal, Presbyterion: Covenant Seminary Journal, Foundations, Reformation and Revival Journal, the Haddington House Journal, and elsewhere.