Más Allá del Sombrero Negro y el Gesto Severo
Cuando pensamos en un puritano del siglo XVII, la imagen que suele venir a la mente es casi un cliché: un hombre vestido de negro riguroso, con un gesto severo, fanáticamente intolerante y obsesionado con el pecado. Lo imaginamos como una figura sombría, el arquitecto de una sociedad sin alegría. Sin embargo, la historia, a menudo más compleja y fascinante que nuestros estereotipos, nos presenta figuras que rompen este molde de manera espectacular. Una de ellas es Jeremiah Burroughs (1600-1646), un pastor y teólogo inglés que no solo desafía esta caricatura, sino que la hace añicos.
Este artículo explora cinco ideas sorprendentes, impactantes y profundamente relevantes de este pastor olvidado, forjadas en el crisol de uno de los periodos más caóticos de la historia de Inglaterra: el «furor sectario» y el caos fértil de la Guerra Civil. Sus reflexiones sobre la política, la fe y la paz interior ofrecen una perspectiva que resuena con una fuerza inesperada en nuestro propio tiempo. ¿Qué puede enseñarnos un teólogo de la Guerra Civil Inglesa sobre cómo navegar la polarización, encontrar la paz interior y defender nuestras convicciones sin destruir puentes?
1. El Lema de un Pacificador: «Opiniones Diversas y Unidad no son Incompatibles».
En una era de divisiones irreconciliables, a Jeremiah Burroughs se le conocía con un apodo sorprendente: «el pacificador evangélico». Este título, tan contrario a nuestra imagen del puritano combativo, se sustentaba en un lema personal que hizo grabar en la puerta de su estudio, una declaración que podría haber sido escrita para el siglo XXI:
«La variedad de opiniones y la unidad de quienes opinan no son cosas incompatibles».
Esta no era una simple frase bienintencionada; era el pilar de su actuación en el escenario más polarizado de su tiempo: la Asamblea de Westminster. Convocada por el Parlamento para reformar la Iglesia de Inglaterra, la Asamblea estaba dominada por una mayoría que buscaba imponer un sistema presbiteriano nacional y coercitivo. Burroughs, como portavoz de la minoría de los «Hermanos Disidentes» junto a figuras como Thomas Goodwin, Philip Nye, William Bridge y Sidrach Simpson, se opuso a esta uniformidad forzada.
Su idea era radical para el siglo XVII. No estaba defendiendo el relativismo moderno, donde todas las opiniones valen lo mismo. Proponía un principio que podría resumirse en la máxima: «unidad en lo esencial, libertad en lo accesorio y amor en todo». Para él, era posible mantener una unidad férrea en los asuntos centrales del evangelio y, al mismo tiempo, permitir libertad y diversidad en cuestiones secundarias, como la forma exacta de gobierno de la iglesia.
Este concepto de «disenso irénico» (disentimiento pacífico) ofrece un modelo poderoso para el diálogo constructivo en nuestra propia era. Burroughs nos enseña que es factible mantener convicciones fuertes sin abandonar un espíritu pacífico y caritativo, buscando siempre el terreno común sin sacrificar los principios de conciencia.
2. El Argumento Impensable: Un Puritano en la Vanguardia de la Tolerancia Religiosa.
En el imaginario popular, los puritanos son sinónimo de intolerancia. Por eso resulta tan chocante descubrir que Burroughs fue una figura clave en lo que los historiadores llaman el «génesis intelectual de la tolerancia» en Inglaterra. Esta defensa de la persuasión sobre la fuerza, tan contraria a nuestra imagen del puritano autoritario, era casi impensable en su época. En el siglo XVII, la idea predominante era que la uniformidad religiosa era esencial para la estabilidad de la nación. Tolerar el disenso era visto no solo como un error político que invitaba al caos, sino como un pecado que atraería el juicio divino.
En este contexto, la declaración que Burroughs hizo en un sermón de 1646 fue revolucionaria:
«…la persuasión y el buen ejemplo son las únicas vías para combatir el error; la fuerza no ha de usarse».
La lógica detrás de esta audaz afirmación era a la vez teológica y práctica: la verdadera fe no puede ser impuesta por el Estado. Las divisiones religiosas, sostenía, no se curan con la espada del magistrado, sino con la persuasión del evangelio. Forzar la conciencia de una persona no produce un creyente genuino, sino un hipócrita.
Es crucial entender los límites de su visión. Burroughs no abogaba por una separación absoluta entre Iglesia y Estado como su contemporáneo más radical, Roger Williams. Proponía una «tolerancia ordenada», un sistema donde el Estado, aunque protestante, permitiría la coexistencia pacífica de diferentes grupos protestantes ortodoxos. Este pensamiento, aunque tardaría décadas en implementarse, sentó las bases conceptuales para las políticas de libertad de conciencia que más tarde se adoptarían bajo el gobierno de Oliver Cromwell.
3. La Psicología de la Serenidad: Encontrando la «Joya Rara» del Contentamiento en Plena Guerra Civil.
Quizás el legado más perdurable de Burroughs se encuentra en su obra maestra devocional, The Rare Jewel of Christian Contentment (La Joya Rara del Contentamiento Cristiano). Lo extraordinario de este libro no es solo su contenido, sino su contexto: fue escrito y predicado durante el inmenso sufrimiento y la incertidumbre de la Guerra Civil Inglesa. Mientras el país se desangraba, Burroughs enseñaba a su congregación el arte de encontrar la paz interior.
Definía el contentamiento no como una resignación pasiva, sino como «un dulce acto interno del alma que descansa satisfecho en Dios a través de Cristo». Lejos de la rigidez teológica que asociamos con el puritanismo, Burroughs demostró cómo esta podía ser la fuente de una profunda resiliencia psicológica. El núcleo de su enseñanza es la conexión inseparable entre la doctrina de la soberanía de Dios y la experiencia emocional de la serenidad. Para él, el contentamiento no era un truco mental, sino una disciplina espiritual aprendida al confiar en la sabia providencia divina. Por lo tanto, la raíz de la ansiedad era fundamentalmente un error teológico: desconfiar del plan de Dios. La falta de contentamiento no era solo un fracaso psicológico, sino un «pecado serio contra la bondad de Dios».
Este libro es, en efecto, una guía de 400 años de antigüedad sobre resiliencia mental y espiritual, basada en un método casuístico: examinar el propio corazón para diagnosticar las raíces del descontento y aplicar los remedios del evangelio. Demuestra cómo una teología robusta podía producir una psicología profundamente práctica y compasiva para navegar el trauma y la adversidad.
4. La Iglesia como Club Voluntario, no como una Obligación Geográfica.
Esta profunda preocupación por la piedad interior y la autenticidad del corazón (como vimos en su enseñanza sobre el contentamiento) tuvo una consecuencia eclesial inevitable y radical: su visión de la iglesia. Burroughs creía en la «iglesia reunida» (gathered church), una comunidad formada voluntariamente por «santos visibles», es decir, individuos que daban evidencia creíble de una fe personal y una vida transformada.
Este modelo chocaba frontalmente con el sistema parroquial tradicional europeo, donde la pertenencia a la iglesia era un asunto de nacimiento y geografía. En una parroquia estándar, creyentes comprometidos, indiferentes y no creyentes eran miembros por igual. Burroughs, en cambio, defendía que la iglesia es una asociación voluntaria de personas comprometidas que se unen por convicción personal, no una institución estatal a la que se pertenece por defecto.
Esta convicción no era meramente teórica. Se forjó durante su exilio en Róterdam donde, lejos de la estructura de la Iglesia de Inglaterra, sirvió como teacher (maestro) de una congregación que su colega William Bridge pastoreaba, construyéndola desde cero sobre la base del compromiso voluntario de sus miembros.
El legado de esta idea es inmenso. El modelo congregacional, defendido por Burroughs y los otros «Hermanos Disidentes», se convirtió en el principio fundacional de innumerables denominaciones modernas, incluyendo a los congregacionalistas, los baptistas y una gran parte de las iglesias evangélicas independientes en todo el mundo.
5. El Bestseller Póstumo: Cómo Ganar una Guerra de Ideas desde la Tumba.
Jeremiah Burroughs murió prematuramente a los 46 años, agotado por los intensos conflictos de su época. Sin embargo, su mayor influencia estaba por llegar, gracias a una de las campañas de relaciones públicas más brillantes del siglo XVII.
Tras su muerte, sus amigos y colegas más cercanos —figuras como Thomas Goodwin, Philip Nye y William Bridge— se embarcaron en un «proyecto editorial planificado» para publicar sus sermones y tratados inéditos. Su estrategia fue genial: comenzaron publicando sus escritos más pastorales y unificadores, como La Joya Rara del Contentamiento Cristiano y Gospel Worship (Adoración Evangélica).
Este fue un movimiento estratégico para definir la imagen pública del movimiento Independentista. En un momento en que críticos como Thomas Edwards los difamaban en panfletos como el infame Gangraena, acusándolos de ser agentes del caos, los amigos de Burroughs se propusieron consolidar la reputación del movimiento asociándolo con la piedad profunda y el espíritu irénico de su portavoz más querido. Al presentar la cara más serena y conciliadora de su causa, contrarrestaron eficazmente la propaganda hostil.
La estrategia fue un éxito rotundo. Aseguró que las ideas de Burroughs no solo sobrevivieran, sino que prosperaran, moldeando la piedad no conformista durante siglos y consolidando su legado como «el pacificador evangélico».
Conclusión: Un Legado de Concordia en Tiempos de Conflicto.
Jeremiah Burroughs emerge de las sombras de la historia no como el puritano rígido del estereotipo, sino como una figura de notable equilibrio y profundidad. A través de sus ideas sobre el «disenso irénico», la «tolerancia ordenada», el contentamiento interior y la comunidad voluntaria, nos ofrece un retrato matizado y sorprendentemente moderno. Su vida fue un testimonio de que la firmeza en las convicciones no tiene por qué ser incompatible con un espíritu de paz y caridad.
Las luchas de Burroughs en un siglo de fractura religiosa y política resuenan con nuestros propios desafíos en el siglo XXI. Su legado nos recuerda el valor de la moderación reflexiva, la paz interior y el diálogo respetuoso. En un mundo que exige lealtades absolutas y condena el matiz, ¿qué podríamos aprender si recuperáramos la convicción de Burroughs de que es posible defender la verdad con firmeza sin abandonar jamás un espíritu pacífico y caritativo?
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Categorías:05-Post-Reforma (Inglesa) s. XVII



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