Josué: La bendición de la Tierra.

Por: Craig G. Bartholomew y Michael W. Goheen

Dios formo a Su pueblo en el desierto, y después de la muerte de Moisés, Josué le sucedió en el liderazgo de Israel. Ahora Dios da al pueblo una tierra en la cual ellos pueden vivir y cumplir su llamado a ser una nación ejemplo. El libro de Josué narra el relato de la conquista israelita de Canaán, bajo el liderazgo de Josué. Aunque los israelitas pelearon varias batallas, la narración recalca una y otra vez que los israelitas dependen enteramente del Señor para tener éxito. De hecho, la tierra es un regalo del Señor, quien está cumpliendo las promesas hechas a Abraham, Isaac, Jacob y Moisés.

Josué se prepara para la conquista al enviar espías una vez más a reconocer la tierra. Su informe no tiene el tono de temor que dominó el informe de los espías que envió Moisés cuarenta años antes a Canaán (Jos 2: cp. Nm 13). Los Israelitas, animados por este informe más favorable, se disponen para entrar en su nueva patria. El arca del pacto va delante de ellos, deteniendo las aguas del Jordán y permitiéndoles cruzar.

¿De parte de quien estas?

El que esta conquista sea obra del Señor está ilustrado en un vívido incidente que sucede justo al oeste del río, cerca de Jericó. Un ángel con una espada en su mano se le aparece a Josué. Cuando Josué le pregunta de qué lado está, el ángel le contesta: «De ninguno, sino que me presento a ti como comandante del ejército del Señor» (Jos 5:13–15). Claramente, no es Josué si no que el Señor mismo el que está a cargo de esta campaña: solamente el Señor concederá el éxito.

Los detalles de la conquista de Jericó refuerzan repetidamente este concepto. Siguiendo la instrucción del Señor, los israelitas marchan alrededor de Jericó por siete días, con el arca (que representa la presencia del Señor) guiándoles en el camino. El séptimo día las paredes de Jericó colapsan al sonar de las trompetas y al grito del pueblo. Entonces los israelitas atacan la ciudad y destruyen a todo ser vivo en obediencia al mandato del Señor (6:21). Solamente guardan a Rahab y a su familia, quienes cooperaron con sus planes.

Dios no tolera el pecado.

Dios es bastante claro en las instrucciones que da a los israelitas. Ellos debían pelear eliminando a todos sus enemigos, de hecho, su primer intento de conquistar el pueblo de Hai termina en derrota precisamente porque un hombre, Acán, de la tribu de Judá, desobedece a Dios al guardarse algo del botín de Jericó para sí mismo (Jos 7). Esta desobediencia es tomada muy seriamente y Acán es apedreado hasta morir. Este es un recordatorio de que Israel sería exitoso en la tierra solamente si el pueblo permanecía en obediencia al Señor y guardaba los términos de su pacto.

Luego de la conquista de Hai, los israelitas hacen una asamblea colocándose a ambos lados del arca del pacto. En la ceremonia, Josué lee la ley a los israelitas para que ellos entiendan claramente las opciones de bendición o maldición que tienen delante de ellos. Dios está dándoles la tierra para que ellos puedan vivir como el pueblo de Dios y para ser una luz a las naciones. Pero Dios no tolerará comportamientos que estén en desacuerdo con su llamado. Israel descubriría pronto que fallar en la obediencia a Dios es costoso.

Los capítulos 9–12 narran los relatos de las campañas con las cuales Josué y los israelitas conquistaron toda esta tierra. Casi al final de esta fase de conquista leemos este resumen: «Así logró Josué conquistar toda aquella tierra, conforme a la orden que el Señor le había dado a Moisés, y se la entregó como herencia al pueblo de Israel, según la distribución tribal. Por fin, aquella región descansó de las guerras» (11:23). Los capítulos 13–19 narran cómo la tierra fue asignada a cada una de las tribus de Israel.

Conclusión y Aplicación.

  1. El libro de Josué termina con los israelitas ya establecidos en la tierra. Esto es un hito importante en el cumplimiento de las promesas de Dios a Abraham. La tierra prometida para los descendientes de Abraham ha llegado a ser una realidad; el escenario está puesto para que Israel viva como una luz a las naciones. Ahora que Israel habita la tierra, ellos deben ser el sabor, la figura de lo que Dios pretende para toda la creación. Una vez más se nos recuerda de la preocupación de Dios por el mundo entero.
  2. Este lugar particular de la tierra de Dios es un regalo a los israelitas; Josué la describe como «esta buena tierra» (23:15; cp. Dt 6:10–11) y como una clase de segundo Edén. Así como Adán y Eva en el jardín, Israel no es libre de explotar la tierra como quieran, sino que deben vivir en la tierra con el Señor, y las leyes de Dios les instruyen acerca de cómo administrar la tierra y a su pueblo adecuadamente.
  3. Las leyes del Sabbath sirven como un poderoso recordatorio de que el Señor es el único que sostiene la creación y que hay más por qué vivir, que el mero consumismo. Por ejemplo, un granjero en Israel podría incrementar un poco más la producción de sus cultivos si trabaja sus campos los siete días de la semana. Sin embargo al obedecer en cuanto al descanso semanal, el granjero muestra que está confiando en que Dios le prosperará. Dios promete honrar con su bendición tal obediencia.
  4. Josué es un llamado a luchar contra la idolatría en nuestras vidas. A veces no reconocemos los peligros de la idolatría de la vida moderna. A la vez que debemos amar a nuestro prójimo, debemos también ser implacables en cuanto a rechazar la idolatría de nuestra vida personal y colectiva. La clave para entender el mandamiento de expulsar a los cananitas es recordar la santidad de Dios y darnos cuenta de cuánto está en riesgo en la fidelidad al Señor.

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Acerca del autor:

dr-craig-bartholomewCraig G. Bartholomew (1961-) (PhD, Universidad de Bristol; MA Antiguo Testamento, Universidad de Potchefstroom; MA Universidad de Oxford). Actualmente radica en Canada, donde es profesor de Filosofía, Religión y Teología en la Universidad Redeemer. Ministro ordenado en la Iglesia de Inglaterra, es filosofo y teologo Biblico. Ha escrito numerosos comentarios y libros, entre los que se tienen: “Cristo y Consumismo: Un análisis critico del espíritu de nuestro tiempo”; “Leyendo Eclesiastés: Teoría de Exegesis y Hermenéutica del Antiguo Testamento”, “Una Introducción a la Hermenéutica Biblica: Una guía comprensiva para escuchar a Dios en la Escritura”, “El drama de la Escritura: Encontrando nuestro lugar en la Historia Biblica”, entre muchos otros.

 

Adaptado de: Craig G. Bartholomew y Michael W. Goheen, The Drama of Scripture: Finding Our Place in the Biblical Story, Second Edition. (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2014), 80-87.