«No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano» (Éx 20:7).

El tercer mandamiento debe ser tomado juntamente con la oración del Padre Nuestro en donde Jesús exhorta a sus discípulos para que oren diciendo: «Santificado sea tu nombre» (Mt 6:9). Esta exhortación agrega una parte positiva a la forma negativa que asume este mandamiento en el Antiguo Testamento. El nombre de Dios representa la naturaleza de Dios; y en consecuencia, deshonrar el nombre de Dios es deshonrar a Dios, y santificar su nombre es honrarlo. Como los diversos nombres de Dios representan sus muchos atributos, todos dignos de alabanza, estamos santificando su nombre cuando honramos algún aspecto de su carácter. Calvino menciona:

“En mi opinión, debemos cuidadosamente observar los siguientes tres puntos: primero, que todo lo que nuestra mente conciba sobre Dios y todo lo que nuestra lengua pronuncie, debería manifestar su excelencia e igualar la altura de su nombre sagrado y, finalmente, servir para glorificar su grandeza. Segundo, no deberíamos con descuido y maliciosamente abusar de su Santa Palabra y adorar misterios, ya sea por nuestra ambición, o codicia, o entretenimiento, sino que como portadores de la dignidad de su nombre, siempre deberían ser honrados y apreciados entre nosotros. Por último, no deberíamos deshonrar ni retractarnos de sus obras, como los hombres miserables tienen el hábito de protestar contra él; sino que sobre todo lo que reconozcamos como proveniente de él deberíamos expresarnos con alabanza de su sabiduría, justicia y bondad. Esto es lo que significa santificar el nombre de Dios.” (Institutes, 388)

Los distintos nombres de Dios tienen significados específicos.

  1. Elohim es el nombre bíblico más común. Al utilizar el nombre Elohim estamos reconociendo que Dios es el Creador de todo lo que existe. Es el nombre usado en el versículo inicial de la Biblia: «En el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gn 1:1). Elohim creó al sol, la luna y los planetas; formó la tierra, la cubrió con plantas, peces y animales; también creó al hombre y la mujer ¿Lo honras como tu Creador? Si no lo honras como tu Creador, estás deshonrando su nombre y desobedeciendo el tercer mandamiento.
  2. Otro nombre de Dios es El Elyon, que significa «Dios Altísimo». Aparece por primera vez en el relato de Abraham con Melquisedec, luego de su lucha con los reyes de la llanura y su rescate de Lot. Melquisedec era «el sacerdote del Dios Altísimo» (Gn 14:18). El Elyon aparece también en la descripción que Isaías hace de la rebeldía de Satanás, «y seré semejante al Altísimo» (Is 14.:14). Este nombre resalta el dominio y la soberanía de Dios. ¿Lo honras como el Dios soberano? No lo honras como el Dios soberano si te quejas de las circunstancias o dudas de su habilidad para cuidar de ti y cumplir sus promesas.
  3. Yahveh significa «YO SOY EL QUE SOY». Este nombre nos habla sobre el hecho que a Dios nadie lo creó (autoexistente), y que Dios no necesita nada, pues Él todo lo puede (autosuficiencia) y por último que Él no está sujeto al tiempo de los hombres (eternidad); y esto aparece en las revelaciones que Dios hace de sí mismo en su carácter de redentor; por ejemplo, cuando se manifiesta a Moisés antes de la liberación del pueblo de Israel de Egipto ¿Lo honramos como nuestro redentor? ¿Lo alabamos por su completa redención en Jesucristo?
  4. Todos los nombres de Dios nos revelan algo sobre él, y nosotros deberíamos honrarlo tomando en consideración todos sus nombres. Hemos considerado los nombres Elohim, El Elyon, y Yahveh; pero él también es Yahveh Jireh, el Dios que provee; Él es el Dios de los ejércitos; el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, el Alfa y la Omega, el Anciano de Días, sentado sobre el trono de los cielos. Es nuestro Maravilloso Consolador, el Dios Todopoderoso, el Padre Eterno, el Príncipe de Paz, nuestra roca y la fortaleza hacia donde podemos acudir y encontrar seguridad. Él es el camino, la verdad y la vida, la luz del mundo, el pan de vida, la resurrección y la vida. Él es el buen pastor, el gran pastor y el jefe de los pastores; el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de José, de Moisés, de David, de Débora, de Ana, de Ester. Él es el Dios de los escritores del Nuevo Testamento y de todos los apóstoles, es el Señor de señores y Rey de reyes. Si no lo honramos con respecto a cada uno de estos nombres, lo estamos deshonrando y desobedeciendo Su mandamiento.

Conclusión.

Además, nuestras acciones importan tanto como nuestras palabras; y siempre que nuestra conducta no sea coherente con nuestra profesión de fe cristiana, aunque sea una profesión muy sincera, estamos deshonrando a Dios. Las personas que pertenecen a Dios han tomado su nombre, para decirlo de alguna manera, y sus acciones deben santificar su nombre. Si «cometen adulterio» con el mundo, están violando su inmenso amor; están deshonrando el nombre de cristianos (que significa «uno de Cristo»), y esta deshonra es peor que los reclamos a Dios hecho por los incrédulos.

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Acerca del autor:

boiceJames Montgomery Boice (1938-2000), pastor, teólogo y maestro. Sirvió como pastor en “Tenth Prebyterian Church” en Filadelfia, USA, desde 1968 hasta su muerte. Conocido autor y orador en círculos evangélicos. Boice obtuvo su B.A. de la Universidad de Harvard (1960), un B.D. en Seminario Teológico de Princeton (1963), y su Doctorado en Teología en la Universidad de Basilea en Suiza. (1966). Autor de mas de veinte libros y comentarios, entre los que se encuentran; “Las Parábolas de Jesús”, “Las Doctrinas de la Gracia: Redescubriendo la esencia del evangelio”, “El llamado de Cristo al discipulado”.

Adaptado de: James Montgomery Boice, «LOS DIEZ MANDAMIENTOS: EL AMOR DE DIOS», en Ética cristiana (Miami, FL: Editorial Unilit, 2002), 427–430.