Tenemos muchos motivos que nos animan a orar! Dios ha hecho todo lo necesario para que la oración sea fácil, si tan sólo lo intentáramos; pues nos ha dado provisión para cada dificultad, de tal modo que no tenemos excusa alguna si no oramos.

Hay un camino por el cual cualquier hombre, no importa cuán pecaminoso o indigno sea, puede acercarse a Dios y éste es Cristo. Él ha abierto el camino a través de su sacrificio por nosotros en la cruz. La santidad y la justicia de Dios no deberían espantar o ser un obstáculo a los pecadores; sino más bien, deberían hacerles clamar a Dios en el nombre de Jesús. Ellos deberían rogar basados en la sangre de Cristo que ha hecho el sacrificio por el pecado, y entonces encontrarán que Dios está dispuesto a escuchar. El nombre de Jesús asegura sin falla que Dios escuchará nuestras oraciones y en su nombre podemos acercarnos a Dios con confianza y orar con denuedo. ¿No nos anima esto a orar?

Hay un abogado y mediador que siempre está listo a presentar las peticiones de aquellos que acuden a Él, presenta nuestras oraciones ante el trono de Dios. Nuestras oraciones son en sí mismas débiles, pero cuando son presentadas por el Señor Jesús son poderosas. Su oído siempre está abierto al clamor de todos aquellos que buscan misericordia y gracia. ¿No nos anima esto a orar? Además el Espíritu Santo siempre está listo para a ayudarnos a orar, porque esto es una parte de su trabajo (Rom. 8:26); Él es “el Espíritu de gracia y de oración” (Zac. 12:10) y nosotros solo tenemos que buscar su ayuda.

Existen grandísimas y preciosas promesas para todos aquellos que oran (lea Mateo 7:7–8 y 21:22; Juan 14:13–14; Lucas 11:5–13 y 18:1–8). Estos pasajes contienen muchos estímulos grandes para animarnos a orar. También hay ejemplos maravillosos en la Escritura sobre el poder de la oración; con ella se abrió el mar rojo, salió agua de la roca, el sol se detuvo; pues cosas que eran imposibles se convirtieron en realidades a través de la oración. ¿Necesitamos más que esto para animarnos a orar?

La oración es el secreto de la santidad

La prontitud en la oración es el secreto de una santidad notable. Existe una gran diferencia entre los logros de los creyentes verdaderos. Algunos que son verdaderamente convertidos, parecen permanecer como niños espirituales toda su vida, pues de un año a otro parece que crecen muy poco. Estos son perturbados por sus mismos pecados; y todavía necesitan la leche de la Palabra en lugar del alimento sólido; pero hay otros creyentes que siempre están creciendo y avanzando en la vida cristiana. Estos cristianos crecen en fe, crecen en buenas obras, intentan grandes cosas y hacen grandes cosas y cuando fracasan, vuelven a intentarlo, cuando caen en pecado, se levantan pronto. Ellos piensan de sí mismos como siervos débiles e inútiles, sin embargo son las personas cuyas vidas recomiendan la fe cristiana a otros.

¿Cómo podemos explicar esta diferencia que existe entre el pueblo de Dios? ¿Porqué algunos son mucho más santos que otros? La diferencia en la mayoría de los casos es debido a los diferentes hábitos de oración en lo secreto. Aquellos que no son notablemente santos, oran sólo un poco, mientras que aquellos que son muy santos oran mucho. Una vez que alguien es convertido a Dios, su crecimiento en la santidad dependerá principalmente del uso cuidadoso de los medios que Dios ha señalado. El medio principal por el cual los creyentes han avanzado en santidad es el hábito de la oración privada. Lea las vidas de los grandes siervos de Dios y se dará cuenta que esto es cierto, ya que ningún creyente ha llegado a ser un creyente destacado sin ser primero un hombre de oración. Si usted desea crecer como cristiano, tiene que aprender el valor de la oración secreta.

El descuido de la oración es la causa del retroceso espiritual

El descuido de la oración es una de las causas principales del retroceso; pues es posible retroceder en la vida cristiana después de haber empezado bien. Como los creyentes de Galacia, quienes progresaron bien por algún tiempo, pero después fueron desviados por los falsos maestros. Pedro afirmaba fuertemente su amor para con el Señor, pero en el tiempo de la prueba lo negó. Ser uno de los que retroceden es vivir en la miseria y una de las peores cosas que le pueden suceder a un hombre. Sabemos que la gracia salvadora en un creyente no puede ser destruida, y que la verdadera unión con Cristo es inquebrantable; pero también creemos que una persona puede caer tan fuertemente que pierda la vista de su posición en Cristo y que llegue a desesperarse de su propia salvación.

Este estado, es la condición más cercana al infierno y en ella se aprecia una conciencia herida, una mente fastidiada de sí misma, una memoria llena de reproches de autocondenación, un corazón traspasado con las flechas del Señor, un espíritu quebrantado por el peso de una mala conciencia; todo esto es un sabor del infierno. Considere estas palabras: “De sus caminos será harto el apartado de razón” Proverbios 14:14. ¿Cuál es la causa del retroceso espiritual? Por lo general es causado por el descuido de la oración privada.

Conclusión. 

El descuido de la oración en la vida cotidiana y en nuestras decisiones, ha conducido a muchos creyentes a una condición de parálisis espiritual, o al punto en que Dios les ha permitido caer horriblemente en pecado. Podemos estar seguros de que los hombres caen en privado mucho antes de que lo hagan en público; luego el mundo se fija y se burla de ellos.

Si usted es un creyente, espero que nunca retroceda en la vida espiritual; pero si usted quiere evitar esto, debe tener mucho cuidado con relación a su vida de oración.

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Acerca del autor:

ryle1bJohn C. Ryle (1816-1900), teólogo y pastor anglicano, nació en una familia acomodada ingles. Fue educado en la Universidad de Oxford, donde recibió su bachiller en humanidades, y posteriormente una Maestría y Doctorado. Escribió numerosas obras en ingles, muchas de las cuales han sido traducida al español. Entre sus obras mas importantes tenemos; “Lideres Cristianos del Siglo Dieciocho”, “Pensamientos Expositivos en los Evangelios: (4 volumenes)”, “La Santidad: Su naturaleza, obstáculos, dificultades y raíces”, entre otros.

Adaptado de: J. C. Ryle, “Prayer” in Practical Religion: Being Plain Papers on the Daily Duties, Experience, Dangers, and Privileges of Professing Christians (London: Charles Murray, 1900). 71-74.