La Biblia es clara en afirmar que los cristianos deben respetar El Gobierno Civil.

“Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí mismos.” Romanos 13.1–2

El gobierno civil es un medio dispuesto por Dios para gobernar a las comunidades. Es uno de estos medios, junto a los ministros de la Iglesia, los padres en el hogar y los maestros en la escuela. Cada uno de estos medios tiene su propia esfera de autoridad bajo Cristo, quien gobierna ahora el universo en nombre de su Padre, y cada esfera tiene que ser delimitada por referencia a las demás. En nuestro mundo caído, estas estructuras de autoridad son instituciones de la “gracia común” (bondadosa providencia) de Dios, que se levantan como baluarte contra la anarquía, la ley de la selva y la disolución del orden social. A partir de Romanos 13:1–7 y 1 Pedro 2:13–17, la Confesión de Westminster define así la esfera del gobierno civil:

Dios, el Señor y Rey supremo de todo el mundo, ha dispuesto que haya magistrados civiles para que estén bajo El y sobre el pueblo, para su propia gloria y el bien público; y con este fin, los ha armado con el poder de la espada, para la defensa y el apoyo de aquellos que son buenos, y para el castigo de los que hacen el mal… El magistrado civil no tiene derecho a asumir la administración de la Palabra y de los sacramentos, ni el poder de las llaves del reino de los cielos. (CFW XXIII: 1,3)

El Gobierno existe para el bienestar de la Sociedad.

Puesto que el gobierno civil existe para el bienestar de toda la sociedad, Dios le da el poder de la espada (es decir, el uso legítimo de la fuerza para hacer cumplir las leyes justas: Romanos 13:4). Los cristianos deben reconocer esto como parte del orden dispuesto por Dios (Romanos 13:1–2). Sin embargo, las autoridades civiles no deben usar este poder para perseguir a los que pertenezcan o no pertenezcan a ninguna religión en particular, ni tampoco para consolidar ninguna forma de mal.

“Sométanse, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey como autoridad, o a los gobernadores como enviados por él para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen el bien.” 1 Pedro 2.13–14

Es correcto que el estado recoja impuestos por los servicios que presta (Mateo 22:15–21; Romanos 13:6–7). Sin embargo, si prohíbe lo que Dios exige, o exige lo que Dios prohíbe, se hace ineludible alguna forma de desobediencia civil, con la aceptación de sus consecuencias penales (con lo cual estamos demostrando que reconocemos la autoridad que los gobiernos como tales han recibido de Dios: Hechos 4:18–31; 5:17–29).

“Pero Pedro y Juan, les contestaron: “Ustedes mismos juzguen si es justo delante de Dios obedecer a ustedes en vez de obedecer a Dios. “Porque nosotros no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.” Hechos 4.19–20

Los cristianos deben exhortar a los gobiernos para que cumplan con su papel en la forma debida. Deben orar por ellos, obedecerlos, y sin embargo, velar sobre ellos (1 Timoteo 2:1–4; 1 Pedro 2:13–14), recordándoles que Dios los ha puesto para gobernar, proteger y mantener el orden, y no para tiranizar.

“Exhorto, pues, ante todo que se hagan plegarias, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador.” 1 Timoteo 2.1–3

 Conclusión.

En un mundo caído, en el cual lo normal es que el poder corrompa, las instituciones democráticas que dividen el poder ejecutivo entre muchos y hacen que cuantos lo detentan tengan que responder ante el pueblo, suelen ofrecer de ordinario la mejor esperanza en cuanto a evitar la tiranía y conseguir justicia para todos.[1]

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Acerca del autor:

pic_full_packer_jiJames Innell Packer, J.I. Packer (1926-), es un teologo ingles, perteneciente a la Iglesia Anglicana. Ha servido como profesor de Teologia en ‘Regent College’ en Canada. Es considerado como uno de los Teologos de mayor influencia en el siglo XX, y quizá de todos los tiempos. Realizo estudios en la Universidad de Oxford (MA, PhD). Fue profesor de Griego en el Seminario anglicano ‘Oak Hill’ en Londres, antes de ser profesor en ‘Regents’. Ha escrito decenas de libros entre los cuales se cuenta: “Una búsqueda de la piedad: La vision puritana de la vida cristiana”, “Conociendo a Dios”, “La vida en el Espíritu”, “Afirmado el credo de los Apóstoles”, entre muchos otros.

[1] Tomado de: J. I. Packer, Teologı́a concisa: Una guı́a a las creencias del Cristianismo histórico (Miami, FL: Editorial Unilit, 1998), 240–241.