(Este es parte de una serie de ensayos cortos que estaré escribiendo este año en conmemoración de los 500 años de la Reforma Protestante. Para ver el original en version pdf, ver aquí. Para ver los otros demas artículos en pdf, ver aquí.

De todos los diferentes énfasis que se podrían mencionar sobre la Reforma, quedan pocas dudas que lo que estaba en el centro mismo de la misma era un retorno a la Autoridad de la Palabra de Dios, inmortalizado en el moto ‘Sola Scriptura’. Timothy George, en su libro ‘Leyendo la Escritura con los Reformadores’ menciona:

“La Reforma no fue acerca de Calvino o ninguna otra personalidad. Muchos menos acerca de los altos y bajos de la política de la Iglesia, con los cuales la Iglesia siempre ha estado preocupada. No, la Reforma fue acerca de la Palabra de Dios, la misma que debía ser proclamada fiel y concienzudamente al Pueblo de Dios.”[1]

Por su parte Calvino mismo menciona en sus Instituciones de la Religión Cristiana:

“El poder eclesiástico que se da a los pastores de la Iglesia, se llame como se llame, esta claramente definido. Mediante la Palabra de Dios, de la cual son administradores, se atreven con toda convicción y obligan a toda Gloria, todo orgullo y todo poder de este mundo a obedecer y no resistirse ante la majestad divina. Mediante esta Palabra, ejercen la autoridad en el mundo entero, edifican la casa de Cristo, derriban el reino de Satanás, apacientan a las ovejas y exterminan a los lobos, dirigen con sus enseñanzas y exhortaciones a los que son obedientes, constriñen y corrigen a los rebeldes y a los obstinados, atan y desatan, exhortan y pronuncian anatemas: todo en el nombre de la Palabra de Dios.”[2]

 Es decir, que todo lo que se hiciese, en toda esfera, debía hacerse de acuerdo a la Palabra de Dios.

¿Cuál fue la causa de la Reforma?

En un artículo anterior mencione que es imposible disociar la Reforma de su contexto inmediato, y que la misma es en un sentido consecuencia y parte de eventos externos a la misma que estaban teniendo lugar en Europa. Sin embargo, fue un re-descubrimiento del Evangelio la causa primaria de la Reforma. Fueron los cambios teológicos los que produjeron los cambios prácticos que tuvieron lugar en la Reforma. Una vez más Timothy George, en su libro ‘Teología de los Reformadores’ menciona:

“Debemos reconocer que la Reforma fue esencialmente un evento religioso; su preocupación más profunda fue teológica”.[3]

Existe una relación tan estrecha entre el énfasis de ‘Sola Scriptura’, de regreso a las Escrituras, de los Reformadores y el redescubrimiento del Evangelio que prácticamente podemos afirmar que la primera, ‘Sola Scriptura’, fue la causa de la segunda, ‘El Redescubrimiento del Evangelio’. Sobre este punto, Carter Lindberg menciona en referencia a un sermón predicado por Lutero:

“El corazón de la Reforma, como lo dijo [Lutero] en uno de sus primeros sermones, es la proclamación del Evangelio de la ‘Sola Gracia’.”[4]

¿Fue entonces el principio de ‘Sola Scriptura’ o el Re-descubrimiento del Evangelio la causa principal de la Reforma Protestante del siglo XVI? Ambas. Teológicamente, el regreso a ‘Sola Scriptura’ tuvo como consecuencia un redescubrimiento del Evangelio, ‘Sola Gratia’. Sin ‘Sola Scriptura’ no hay Evangelio. A menos que los pastores y líderes estén convencidos del principio de ‘Sola Scriptura’ tiene poco sentido hablar de una Reforma en Latinoamérica. Muchos confunden el principio de ‘Sola Scriptura’ con Legalismo Religioso, perdiendo así el evangelio que dicen defender al añadir reglas y aditamentos ajenos al mismo. Paradójicamente, aquellos que dicen seguir solamente lo que la Escritura prescribe a menudo son más propensos a añadir cosas que la misma no comanda.

‘Sola Fide’, una consecuencia de ‘Sola Gratia en reacción a la Teología Medieval.

Si el Evangelio, es solamente por gracia, la consecuencia del mismo es que necesariamente tiene que ser independiente de cualquier tipo de esfuerzo humano, ergo ‘Sola Gratia’. En este punto debemos tener en cuenta que el trasfondo de los Reformadores era medieval. De acuerdo a la concepción que los Reformadores tenían sobre la estado de la Iglesia Católica en su tiempo, aunque había genuinos predicadores del evangelio y creyentes verdaderos, la predicación general del evangelio había sido oscurecida por un manto de semi-pelagianismo Aquiniano. El cual, para Lutero, era en sí mismo una desviación de la enseñanza de los Padres de la Iglesia, la misma que siguiendo la tradición Agustiniana eran anti-pelagianistas. La relación entre la Teología de Agustín, y el entendimiento de los Reformadores del estado de la Teología en el Medievo fue tal, que podemos decir que la Reforma giro en torno a la reinterpretación de Agustín por parte de los Reformadores.

Alister McGrath, en quizá el mejor libro sobre la Teología de la Cruz de Lutero, menciona sobre este punto:

“Lutero estaba convencido de que la Iglesia de su tiempo había caído en una forma de Pelagianismo, y por lo cual había comprometido el Evangelio, y que la Iglesia no estaba preparada para librarse por sí misma de esta situación”.[5]

Para Lutero, El Evangelio de la ‘Sola Gracia’ a través de la Fe es antitético al semi-pelagianismo en el cual la Iglesia había caído, de tal manera que una negación del mismo es una negación del Evangelio. Un Evangelio que no es solamente por gracia solo por la Fe no es Evangelio. Lutero mismo menciona en la edición de 1535 al comentario de Gálatas,

“Si la doctrina de la Justificación se pierde, la totalidad de la doctrina cristiana es perdida… Por lo cual, aquel que se aleja de la doctrina cristiana de la [Imputación] de Justicia, necesariamente se desviará [de la Doctrina] de la Imputación Activa de Justicia, y cuando haya perdido a Cristo, necesariamente volverá a confiar en sus propias obras”. [6]

Lamentablemente la situación en la actualidad en la Iglesia Latinoamérica no es muy diferente a la de la Iglesia Católica Romana Medieval. Las indulgencias, han sido reemplazadas por las ‘siembras de fe’ y venta de bendiciones al mejor postor a través de tele-evangelistas. E incluso, aunque la mayoría de nuestras Iglesia se considerarían a sí mismas Calvinistas Moderadas (Redención General), o Wesleyanas en su Soteriología, en la práctica su predicación del Evangelio es mucho más cerca a la de Finney-la misma que tanto en teoría como en práctica tendía al semi-pelagianismo- que a Wesley o Spurgeon. Es decir, que la predicación del Evangelio en la práctica apela a las emociones del ser humano como medio para manipular las mismas a fin de que el hombre tome una decisión por Cristo. El principio subyacente de tal práctica es la convicción, consciente o inconsciente, que el hombre en sí mismo tiene la habilidad natural para tomar una decisión por Cristo. El semi-pelagianismo medieval menciona: “Tienes dos caminos para escoger, el del cielo o el infierno, de ti depende tu destino eterno, de tu mejor esfuerzo”, la predica de la Reforma fue: “No tienes que elegir entre ir al cielo o al infierno, ya estas camino al infierno! Tu voluntad es esclava de tus pasiones. Clama a Dios en arrepentimiento y Fe”.

Conclusión.

La Reforma, desde su raíz misma es evangélica, debido a que esta intrínsecamente relacionada al Evangelio. Un retorno a las Escrituras, como la fuente de autoridad primaria de Fe y Practica fue lo que estuvo al centro de la Reforma: ‘Sola Scriptura’. La consecuencia necesaria de la misma fue el redescubrimiento el Evangelio o ‘Sola Gratia’, la misma que si verdaderamente es por gracia tiene que ser solamente por la Fe y aparte de mérito humano: ‘Sola Fide’.

Es importante notar que el énfasis de los Reformadores está en el redescubrimiento del evangelio, no la invención del mismo. Ellos no se veían a sí mismos como inventado un nuevo evangelio o doctrina. Son los herejes los que inventan cosas nuevas. No, sino que más bien se veían a sí mismos como retornando a aquello que había dicho por los apóstoles y padres de la iglesia: De regreso a la senda antigua. Una vez más Lindberg menciona sobre este punto es su excelente libro ‘Las Reformas Europeas’,

“En el debate de Leipzig (1519), en relación a la autoridad papal, Lutero menciona que las demandas papales sobre la superioridad de su autoridad son relativamente recientes. En contra de las mismas [menciona Lutero], se levantan la historia de once siglos, el texto de las divinas Escrituras, y el decreto del Concilio de Nicea (325), el mas sagrado de todos los concilios.’ (LW 31:318).”[7]

Debe mencionarse también que no es que Roma negara la importancia de las Escrituras en la Fe y Practica, tampoco que negaran la importancia de la Gracia y la Fe en la Salvación. Lo que distingue a la Teología Evangélica de la Teología Católica Romana es una simple palabra, por la cual los Reformadores estuvieron dispuestos a ir a la hoguera: “Sola”. Sin ‘Sola Fe’, no hay Evangelio, y sin Evangelio, no hay Reforma. ‘Sola Scriptura’, ‘Sola Gratia’, ‘Sola Fide’, ‘Solus Christus’, ‘Soli Deo Gloria’, esto es lo que nos distingue como Evangélicos. Este es el corazón de la Reforma.

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Daniel Caballero.

Acerca del autor:
Daniel CaballeroDaniel Caballero nació en Lima, Perú. BSc. Universidad Nacional Agraria La Molina. BA, Seminario Teológico Bautista (Lima); Postgrado en Teología, The London Theological Seminary (Londres), ThM-Teologia Histórica., Westminster Theological Seminary (PA-USA). Esta por iniciar estudios doctorales en Inglaterra sobre Historia de la Reforma (siglo XVI) y Post-Reforma (siglo XVII). Especialización en John Owen y Puritanismo ingles. Daniel ha escrito numerosos artículos sobre puritanismo, teología bíblica y cultura. Su campo de especialización es en estudios de la Reforma y Post-Reforma (Puritanismo). Ha vivido por casi cinco años en Inglaterra, donde tuvo la oportunidad de profundizar estudios Teológicos. Es misionero enviado de Inglaterra para el servicio en desarrollo de educación teológica en Perú. Actualmente vive en Lima, Peru. Tiene experiencia desde muy joven en educación teológica.

 

Notas: 

[1] Timothy George, Reading Scripture with the Reformers (Downers Grove, Ill.: IVP Academic, 2011), 243.

[2] Juan Calvino, Institucion De La Religion Cristiana, ed. Alejandro Pimentel, trans. Juan Carlos Martin (Grand Rapids: Libros Desafio, 2012), 993.- (IV.8.9)

[3] Timothy George, Theology of the Reformers (Nashville: Broadman, 1988), 18.

[4] Carter Lindberg, The European Reformations, 2nd ed. (Chichester: Wiley-Blackwell, 2010), 9.

[5] Alister E. McGrath, Luther’s Theology of the Cross : Martin Luther’s Theological Breakthrough, 2nd ed. (Oxford: Wiley-Blackwell, 2011), 27.

[6] Martin Luther, Luther’s works, vol. 26: Lectures on Galatians, 1535, Chapters 1-4, ed. Jaroslav Jan Pelikan, Hilton C. Oswald, y Helmut T. Lehmann, vol. 26 (Saint Louis: Concordia Publishing House, 1999), 9.

[7] Lindberg, 5.