Los Apóstoles: Representantes de la autoridad de Jesús en la Tierra. Por J.I. Packer.

 Hechos de los Apóstoles 1.26 Echaron suertes y la suerte cayó sobre Matías, y fue contado (escogido) con los once apóstoles.

Aunque los evangelios llaman “discípulos” y “apóstoles” a las mismas personas (Marcos 3:7, 14, 20), ambos términos no son sinónimos. Discípulo significa “alumno, aprendiz”; apóstol significa “emisario, representante”, en el sentido de alguien que es enviado con plenos poderes por parte de quien lo envía. Los “doce apóstoles del Cordero” (Apocalipsis 21:14), que hemos de distinguir de los apóstoles (“representantes”) de las iglesias (2 Corintios 8:23) y del resto de los discípulos de Jesús, fueron escogidos y enviados por Él mismo (Marcos 3:14), así como Él, “el apóstol… de nuestra profesión” (Hebreos 3:1), había sido escogido y enviado por el Padre (1 Pedro 1:20). De la misma forma que rechazar a Jesús es rechazar al Padre, rechazar a los apóstoles es rechazar a Jesús (Lucas 10:16). 

  • Apocalipsis 21.14 El muro de la ciudad tenía doce cimientos, y en ellos estaban los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero.

  • Hebreos 3.1 Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, consideren a Jesús, el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe.

¿Cuál es la función de los Apóstoles en el Nuevo Testamento?

El Nuevo Testamento presenta a los apóstoles funcionando como evangelistas, fundadores de iglesias en el sentido de establecer comunidades, y pastores, tal como el mismo Jesús había funcionado en estos tres papeles durante su ministerio terrenal. Así como Jesús reclamaba para sus palabras la autoridad divina del Padre (Juan 12:49–50;14:24), también los apóstoles reclamaban para las suyas la autoridad divina de Cristo (1 Tesalonicenses 2:13; 2 Tesalonicenses 3:6; cf. 1 Corintios 2:12–13; 14:37).

 2 Tesalonicenses 3.6 Ahora bien, hermanos, les mandamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la doctrina que ustedes recibieron de nosotros.

Hechos 1:15–26 nos muestra a la Iglesia antes del día de Pentecostés, pidiendo a Cristo en oración que, por medio de las suertes que ellos echaron, escogiera a un sucesor de Judas. No está claro en el libro de los Hechos si hicieron bien, y si Pablo era el decimotercer apóstol de Cristo, o si Pablo era el que Cristo tenía en mente para reemplazar a Judas, y escoger a Matías fue un error; es posible que el propio Lucas no lo supiera. Pablo, el “apóstol de los gentiles” (Romanos 11:13; Gálatas 2:8), quien se presenta a sí mismo como apóstol en las palabras iniciales de la mayoría de sus epístolas, insiste en que, por haber visto a Cristo en el camino de Damasco y haber sido enviado por Él (Hechos 26:16–18), es tan ciertamente testigo de la resurrección de Jesús (requisito que era necesario para un apóstol, Hechos 1:21–22; 10:41–42) como los demás. Jacobo, Pedro y Juan aceptaron a Pablo en la compañía apostólica (Gálatas 2:9), y Dios confirmó su posición con las señales de un apóstol (milagros y manifestaciones, 2 Corintios 12:12; Hebreos 2:3–4) y con la fecundidad de su ministerio (1 Corintios 9:2).

Hechos de los Apóstoles 10.40–42 “Pero Dios Lo resucitó al tercer día e hizo que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a los testigos que fueron escogidos de antemano por Dios, es decir, a nosotros que comimos y bebimos con El después que resucitó de los muertos. “Y nos mandó predicar al pueblo, y testificar con toda solemnidad que este Jesús es el que Dios ha designado como Juez de los vivos y de los muertos.

Conclusión.

Los apóstoles eran agentes de la revelación hecha por Dios de las verdades que se convertirían en regla de fe y de vida para los cristianos. Como tales, y por medio del nombramiento recibido de Cristo como representantes autorizados suyos (2 Corintios 10:8; 13:10), los apóstoles ejercieron una autoridad exclusiva y funcional dentro de la Iglesia en sus comienzos. Hoy en día no hay apóstoles, aunque algunos cristianos cumplan ministerios que son apostólicos en su estilo de una manera especial. En la actualidad no se está dando ninguna revelación canónica nueva; la autoridad del magisterio apostólico reside en las Escrituras canónicas, de las cuales son centro y clave los escritos de los propios apóstoles. No obstante, la ausencia de nueva revelación no pone a la Iglesia contemporánea en desventaja alguna, comparada con la Iglesia de los tiempos apostólicos, porque el Espíritu Santo interpreta y aplica estas Escrituras continuamente para el pueblo de Dios.

Por J.I. Packer.

Tomado de: J. I. Packer, Teologı́a Concisa: Una Guı́a a Las Creencias Del Cristianismo Histórico (Miami, FL: Editorial Unilit, 1998), 204-205.

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Acerca del autor:

pic_full_packer_jiJames Innell Packer, J.I. Packer(1926-), es un teologo ingles, perteneciente a la Iglesia Anglicana. Ha servido como profesor de Teologia en ‘Regent College’ en Canada. Es considerado como uno de los Teologos de mayor influencia en el siglo XX, y quizá de todos los tiempos. Realizo estudios en la Universidad de Oxford (MA, PhD). Fue profesor de Griego en el Seminario anglicano ‘Oak Hill’ en Londres, antes de ser profesor en ‘Regents’. Ha escrito decenas de libros entre los cuales se cuenta: “Una búsqueda de la piedad: La vision puritana de la vida cristiana”, “Conociendo a Dios”, “La vida en el Espíritu”, “Afirmado el credo de los Apóstoles”, entre muchos otros.