Apocalipsis 21 es una imagen de una creación completamente restaurada a su bondad original. El libro de Apocalipsis no nos da una imagen de los cristianos de repente transportados fuera de este mundo para vivir una existencia espiritual en el cielo para siempre. El relato de la Biblia no apoya la idea tomada por muchos cristianos que piensan que el objetivo es ir al cielo cuando muramos. La visión de Juan en Apocalipsis (y de hecho en todo el Nuevo Testamento) no describe la salvación como un escape de la tierra a un cielo espiritual donde las almas de los humanos habitan para siempre. En cambio, Juan describe (y nos muestra) que la salvación es la restauración de la creación de Dios: una tierra nueva. La culminación ocurre cuando la «Nueva Jerusalén» (ciudad y morada de Dios) «[viene] descendiendo desde el cielo, de Dios» (Ap 21:2).[1] La redención de Dios vivirá en cuerpos resucitados dentro de una creación renovada libre del pecado y de sus efectos. Este es el reino que los seguidores de Cristo ya han empezado a disfrutar como anticipo.

¿Existe continuidad entre la Creación presenta y la porvenir?

Este concepto de salvación, vista como la restauración de la creación (en vez de su destrucción y reconstrucción), implica una continuidad importante entre el mundo que conocemos y el mundo venidero. Sin embargo, la Biblia también sugiere algunos elementos de discontinuidad. Parece que entre nuestra vida presente y la que se revela, habrá ambas cosas: continuidad y discontinuidad. Mucho será familiar para nosotros y mucho será extraño.

Esta restauración de la creación será exhaustiva: todos los aspectos de la vida humana serán restaurados en el contexto de la creación entera. Con demasiada frecuencia nuestra visión del futuro ha enfatizado únicamente la salvación de las personas individualmente, separada de todo el contexto creacional y relacional en el que los seres humanos vivimos. A menudo, todo el relato bíblico parece girar en torno a «mí». Sin embargo, la visión de Apocalipsis (y en realidad de todo el relato de la Biblia) nos lleva a mirar hacia adelante con la esperanza de una creación restaurada en su totalidad. Todas sus facetas han de ser traídas de regreso a lo que Dios tenía destinado desde el principio. Y, dentro de esa gloriosa plenitud e integridad perfecta, hay un lugar para nosotros.

La redención es a la vez cósmica y personal en su ámbito de aplicación. Los seres humanos fuimos creados para disfrutar de la comunión con Dios en el mundo que Él hizo. Satanás trató de frustrar el plan de Dios al tentar a Adán y Eva a rebelarse contra Dios, y lo logró, al menos, en la medida en que el pecado y sus efectos se extienden en toda la creación. Pero cuando Dios se dispuso a tratar con el pecado y sus consecuencias, su plan era destruir al enemigo de su buena creación y no destruir la propia creación. Destruir lo que había creado concedería una tremenda victoria a Satanás. En vez de eso, el relato de la Biblia se mueve hacia una conclusión en la que la obra de restauración de Dios deshará por completo todo el mal de Satanás.

¿Cómo se relaciona el Reino de Dios y la Creación futura?

A lo largo de la Escritura, el reino de Dios se representa como el lugar y el tiempo de la restauración cósmica. En las profecías del Antiguo Testamento Dios dice: «Vean, yo voy a crear cielos nuevos y tierra nueva» (Is 65:17; cp. 2 P 3:13; Ap 21:1–5).[2] Después de que Jesús venciera al pecado en la cruz y regresara de la tumba en el triunfo sobre la muerte, Pedro proclama las buenas nuevas en Jerusalén, diciendo que «el cielo debe recibir [a Jesús] hasta que llegue el tiempo de Dios para restaurarlo todo, como prometió hace mucho tiempo a través de sus santos profetas» (Hch 3:21). Pablo también hace hincapié en el alcance universal de la obra redentora de Dios:

«Porque a Dios le agradó habitar en él [en Jesús] con toda su plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas, tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz» (Col 1:19–20).

Así como nada en la creación quedó sin ser afectado por el pecado luego del Edén, de la misma forma nada en la creación puede quedar sin ser alcanzado por la redención de Dios luego de la victoria de Jesús en la cruz.

¿Existirá una restauración de la Creación en el futuro?

El alcance global de la obra redentora de Dios implica, por ejemplo, que la creación no humana, la cual forma el contexto para la vida humana, será restaurada a lo que Dios ha destinado para ella desde el principio (Is 65:17–25; Jl 2:18–27).[3] Pablo dice que la creación no humana, que durante tanto tiempo ha compartido la miseria de la caída en pecado de la humanidad, está a la espera de la renovación que viene (Ro 8:19–21).[4]

Una redención completa significa también que el desarrollo cultural y el trabajo de la humanidad continuarán. Los logros culturales de la historia serán purificados y volverán a aparecer en la nueva tierra (Ap 21:24–26).[5] Habrá oportunidad para que la humanidad continúe trabajando y desarrollando la creación, pero tanto los administradores como la tierra misma se habrán liberado de la carga del pecado. Así que incluso aquí no llegamos al final del relato. El único y verdadero relato de Dios del mundo entero continuará durante toda la eternidad porque así debe ser un relato contado por un Dios eterno y amoroso.

Conclusión.

Las imágenes maravillosas de Apocalipsis 21 y 22 dirigen nuestra mirada hacia el final de la historia y la restauración de toda la creación de Dios. Juan termina su libro con la promesa, repetida tres veces (Ap. 22:7, 12, 20): «¡Miren que vengo pronto!».[6] Exhorta a sus lectores a mantenerse firmes en la fe y anima a los que se aún están fuera del reino a convertirse en parte del mismo, invitando a todos los que se encuentran «sedientos» de la salvación de Dios revelada en las visiones de Juan a venir y beber gratuitamente del agua de la vida. Jesús viene pronto. Todo los que creen y esperan en Jesús, como lo hizo el apóstol Juan, harán eco dando su propia respuesta: «Amén. ¡Ven, Señor Jesús!».

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Tomado de: Craig G. Bartholomew y Michael W. Goheen, La verdadera historia del mundo: Nuestro lugar en el drama bíblico, ed. Cristian Franco, trans. Davinsky de León (Bellingham, WA: Lexham Press, 2015), 224–227.

Acerca del autor:

dr-craig-bartholomewCraig G. Bartholomew (1961-) (PhD, Universidad de Bristol; MA Antiguo Testamento, Universidad de Potchefstroom; MA Universidad de Oxford). Actualmente radica en Canada, donde es profesor de Filosofía, Religión y Teología en la Universidad Redeemer. Ministro ordenado en la Iglesia de Inglaterra, es filosofo y teologo Biblico. Ha escrito numerosos comentarios y libros, entre los que se tienen: “Cristo y Consumismo: Un análisis critico del espíritu de nuestro tiempo”; “Leyendo Eclesiastés: Teoría de Exegesis y Hermenéutica del Antiguo Testamento”, “Una Introducción a la Hermenéutica Biblica: Una guía comprensiva para escuchar a Dios en la Escritura”, “El drama de la Escritura: Encontrando nuestro lugar en la Historia Biblica”, entre muchos otros.

 Notas:

[1] Apocalipsis 21.2 Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo.

[2] Isaías 65.17 Por tanto, Yo creo cielos nuevos y una tierra nueva, Y no serán recordadas las cosas primeras ni vendrán a la memoria. 2 Pedro 3.13 Pero, según Su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia. Apocalipsis 21.1–5 Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: “El tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. “El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado.” El que está sentado en el trono dijo: “Yo hago nuevas todas las cosas.” Y añadió: “Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas.”

[3] Isaías 65.17–25 Por tanto, Yo creo cielos nuevos y una tierra nueva, Y no serán recordadas las cosas primeras ni vendrán a la memoria. Pero gócense y regocíjense para siempre en lo que Yo voy a crear; pues voy a crear a Jerusalén para regocijo, Y a su pueblo para júbilo. Me regocijaré por Jerusalén y Me gozaré por Mi pueblo. No se oirá más en ella Voz de lloro ni voz de clamor. No habrá más allí niño que viva pocos días, Ni anciano que no complete sus días. Porque el joven morirá a los cien años, Y el que no alcance los cien años Será considerado maldito. Construirán casas y las habitarán, También plantarán viñas y comerán su fruto. No edificarán para que otro habite, Ni plantarán para que otro coma; Porque como los días de un árbol, así serán los días de Mi pueblo, Y Mis escogidos disfrutarán de la obra de sus manos. No trabajarán en vano, Ni darán a luz para desgracia, Porque son la simiente de los benditos del Señor, Ellos, y sus vástagos con ellos. “Y sucederá que antes que ellos clamen, Yo responderé; aún estarán hablando, y Yo habré oído. “El lobo y el cordero pastarán juntos, y el león, como el buey, comerá paja, y para la serpiente el polvo será su alimento. No harán mal ni dañarán en todo Mi santo monte,” dice el Señor. Joel 2.18–27 Entonces el Señor se llenará de celo por Su tierra, Y tendrá piedad de Su pueblo. El Señor responderá a Su pueblo: “Yo les enviaré grano, vino nuevo y aceite, Y se saciarán de ello, Y nunca más los entregaré al oprobio entre las naciones. Al ejército del norte lo alejaré de ustedes Y lo echaré a una tierra árida y desolada, Su vanguardia hacia el mar oriental, Y su retaguardia hacia el mar occidental. Y ascenderá su hedor y subirá su fetidez, Porque ha hecho cosas terribles.” No temas, oh tierra, regocíjate y alégrate, Porque el Señor ha hecho grandes cosas. No teman, bestias del campo, Porque los pastos del desierto han reverdecido, Porque el árbol ha dado su fruto, La higuera y la vid han producido en abundancia. Hijos de Sion, regocíjense Y alégrense en el Señor su Dios; Porque El les ha dado la lluvia temprana (de otoño) para su vindicación, Y les ha hecho descender la lluvia, La lluvia temprana y la tardía (de primavera) como en el principio. Y las eras se llenarán de grano, Y las tinajas rebosarán de vino nuevo y de aceite virgen. “Entonces los compensaré por los años En que devoraban la langosta, El pulgón, el saltón y la oruga, Mi gran ejército, que envié contra ustedes. Tendrán mucho que comer y se saciarán, Y alabarán el nombre del Señor su Dios, Que ha obrado maravillosamente con ustedes; Y nunca jamás será avergonzado Mi pueblo. Y sabrán que en medio de Israel estoy Yo, Y que Yo soy el Señor su Dios Y no hay otro. Nunca jamás será avergonzado Mi pueblo.

[4] Romanos 8.19–21 Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de Aquél que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios.

[5] Apocalipsis 21.24–26 Las naciones andarán a su luz y los reyes de la tierra traerán a ella su gloria. Sus puertas nunca se cerrarán de día (pues allí no habrá noche); y traerán a ella la gloria y el honor de las naciones.

[6] Apocalipsis 22.7 “Por tanto, Yo vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro.” Apocalipsis 22.12 “Por tanto, Yo vengo pronto, y Mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra. Apocalipsis 22.20 El que testifica de estas cosas dice: “Sí, vengo pronto.” Amén. Ven, Señor Jesús.