Antes de que una nueva píldora salga al mercado, esta debe probarse. Pensemos que la píldora es para bajar el colesterol. Las compañías farmacéuticas lo que hacen es buscar personas con colesterol elevado y las dividen en dos grandes grupos, organizados según las características étnicas, el género o la edad. A continuación los médicos les indican a sus pacientes que una nueva píldora va a salir al mercado y quieren probarla. Los pacientes, ansiosos de lograr su cura, participan del estudio. Deben probar la píldora, según la dosis, durante varios meses e indicar los efectos secundarios, someterse a constantes exámenes de sangre y de todo tipo. Entonces, un grupo recibe la píldora de prueba para bajar el colesterol y el otro grupo recibe una píldora de azúcar, es decir un placebo o píldora falsa.

Lo interesante es que una y otra vez algunos pocos que recibieron la píldora de azúcar aseguran una mejoría en su salud, y los resultados lo demuestran, similar a los que recibieron la verdadera píldora y lograron bajar su colesterol. Esto se conoce como «el efecto placebo». ¡Este fenómeno es difícil de explicar! Simplemente se ilustra como el poder de la fe, aunque esta fe no tenga mucho fundamento. Es una fe en lo que el doctor le dijo, aunque el doctor haya mentido dándole la pastilla de azúcar. Esto mismo puede explicar por qué algunos falsos profetas aciertan algunas de sus “profecías”. La gente necesita recibir la píldora (la profecía) aunque el profeta lo que les dé sea una píldora de azúcar. Esto explica cómo algunos líderes religiosos pueden explotar a un grupo de personas durante muchos años, pues les demuestran que sus profecías son reales. Permítanme mostrar a continuación algunos elementos que favorecen que algunos falsos profetas de la actualidad —o profetas de azúcar— acierten algunas de sus adivinaciones:

1) Un ambiente dominante, de expectativa y cargado de emociones.

Para aquellos que hemos visitado iglesias llenas de falsos profetas, sabemos que en esos lugares la expectativa de milagros y unciones llena el ambiente. Estos falsos profetas exigen a sus seguidores sumisión incondicional, dedican mucho tiempo en el culto a ofrecer profecías, y eso es lo que sus seguidores, como cazadores de milagros, desean recibir. Las personas bajo la influencia de la música, y el repetitivo mensaje del ungido o ungida, que media entre Dios y los humanos, carga el ambiente con emociones. El ambiente se torna como el mercado de la bolsa de valores. Todos lloran, gritan, cantan, brincan, y caen al suelo. Todos compiten por recibir una profecía, y si es necesario arrebatar el milagro o bendición de otros. Las profecías vienen y van, a ninguno en la audiencia le importa si las profecías son reales o falsas. ¡Todos quieren su profecía, y punto! Si no obtuvieron una este domingo, regresarán el siguiente domingo, y así sucesivamente. Aquí hay un ejemplo de profecía de azúcar. Creen lo que les dicen aunque no sea cierto, y no tienen la criticidad de evaluar si lo que dice el profeta es verdadero o no.

2) La posibilidad de esperar que un evento ocurra, incrementa la oportunidad de que este ocurra.

Si esto sucede con pacientes que toman la pastilla de azúcar, lo mismo sucederá con aquellos que creen que una profecía es para ellos. ¿Cuántas personas con mal crédito, y pobre conocimiento de las finanzas, se han comprado nueva casa y nuevos automóviles? Ellos creyeron en la profecía de la prosperidad. Ahora tienen dos empleos, están agotados, su economía está aún más limitada, no tienen ahorros y viven de los préstamos, pues sus ingresos son inferiores a sus egresos. ¿Es esto la prosperidad en términos bíblicos, o un abuso económico? En el ambiente de iglesia al que pertenecen se ven obligados a aparentar ser prósperos. ¡Pero tienen coche y casa, aunque vivan altamente estresados y ansiosos! Aquí hay un ejemplo de profecía de azúcar. Practican lo que se les dice, aunque no sea cierto y resulte abusivo.

3) Un falso profeta, para demostrar que sus predicciones son importantes, se puede dedicar a profetizar en grande.

Es decir, al presentar profecías muy grandes o macroprofecías (e. g., macrosociales), se convence a sí mismo y a sus seguidores, de ser un profeta muy importante. Digamos que el profeta de azúcar predice que «la deuda externa de América Latina será perdonada». Y ha pasado casi una década, y tal profecía tan macro no se ha cumplido. ¿Qué sucedió? Pero si el profeta falso solo presenta muchas profecías pequeñas de carácter personal (e. g., «te vas a casar con una mujer hermosa»), tendrá más posibilidades de éxito, pocos errores, pero poca fama. Aquí sus seguidores egocéntricos y materialistas están dispuestos a perdonar el hecho de que su profeta no acertó una macroprofecía, cuando sí acierta muchas microprofecías. De todas maneras, en grupos fundamentalistas, ¿a quién le importa la deuda externa, cuando lo que nos preocupa es nuestro bienestar inmediato y personal? Así estos profetas de azúcar se ganan tal vez la oportunidad de acertar con macroprofecías, y si no aciertan, tienen muchas microprofecías que los respaldan (ver punto anterior n.º 2), y su gente los perdona, o tienen pobre memoria. Este es un ejemplo de macro y microprofecías de azúcar.

4) Para que un profeta sea considerado importante a nivel internacional, debe ser capaz de acertar muchas profecías micro, y, sobre todo, macroprofecías.

En el punto anterior vimos que estos falsos profetas se juegan la posibilidad de acertar o no acertar macroprofecías. Según la teoría de la pragmática, tanto los políticos como los profetas de azúcar usan como estrategia hacer enunciados que llevan a los seguidores a extraer conclusiones falsas. Es decir, la ambigüedad en el lenguaje profético de azúcar es tal que el mensaje no queda claro, pero el público cree que lo entiende y lo aprueba. La clave de este «doble discurso» está en no decir la verdad o toda la verdad, y presentar un panorama más favorable del que en realidad existe, algo que llena las expectativas del público, y les lleva a entender algo positivo, cuando en realidad el mensaje fue ambiguo. ¡Este es un ejemplo del uso del lenguaje en profecías de azúcar! El lenguaje ambiguo le permite al falso profeta decir luego: «no, eso no fue lo que quise decir, ustedes me han malentendido», o también decir «me están citando fuera de contexto». ¿Quién se atreve a morder la mano de quien lo alimenta? ¿Quién se atreve a dudar del ungido?

5) Estos profetas de azúcar también utilizan la adivinación.

Es decir, cada vez que necesitan interpretar tradiciones hebreas (e. g., deducir), interpretar los mensajes ocultos en los pasajes en hebreo de las Escrituras, y utilizan el significado de los números en sus profecías, deberíamos hablar de adivinación, esoterismo, pero nunca de profecía. El mensaje de Dios a profetas reales se lo dio en forma directa, sin necesidad de que el profeta interpretara otras fuentes de información en números y letras. ¡Es decir, o el mensaje viene directamente de Dios, o no! Las Escrituras prohíben la astrología (Isaías 47:13), la necromancia (Isaías 8:19, 20), la idolomancia (Ezequiel 21:21). Y hay advertencias contra los falsos profetas, los falsos apóstoles, los adivinadores, brujos, y hechiceros. Dios ha comunicado su voluntad con rectitud, amor, humildad y paz a través de las Escrituras. Toda «profecía» que vaya contra lo que las Escrituras nos revelan sobre el carácter de Dios, y los principios del Reino debe juzgarse como falso. También Dios ha provisto una comunidad de fe capaz de discernir juntos (compartir consejo) sobre las Escrituras. Este es un ejemplo de cómo las profecías de azúcar son en muchas ocasiones simple adivinación (brujería).

Conclusión.

Vivimos en tiempos donde las personas buscan milagros, no al dador de los milagros. Compran amuletos consagrados, aceites benditos, y ropa ungida para así lograr milagros y la buena suerte, en vez se someterse a la voluntad de Dios. ¡Eso es magia! Se relacionan con Dios como con una máquina tragamonedas. Hablamos de iglesias que consumen milagros y promesas, y no escudriñan las Escrituras. Jesucristo, en Mateo 7, nos dice:

15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? 17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. 18 No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. 19 Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 20 Así que por sus frutos los conoceréis. 21 No todo el que me dice: «¡Señor, Señor!», entrará en el Reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?». 23 Entonces les declararé: «Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!». (lba)

¿Qué hacer para evaluar los frutos de un falso profeta? La mejor forma de enfrentar profecías de azúcar es exigiendo evidencia en todas y cada una de las profecías. Por ejemplo, si un profeta de azúcar publica su «guía profética», todo el pueblo cristiano que vela por la sana doctrina debería buscar evaluar si tales profecías, por más ambiguas que sean, se cumplieron o no. ¡Nuevamente, se debe exigir evidencias empíricas de que las profecías se cumplieron! Si un profeta de azúcar de lo que profetizó solamente acierta algunas cosas, deberíamos de considerar juzgar el efecto placebo, pues, si algo es de Dios, debe serlo en un 100 %. El acertar unas cuantas profecías, entre muchas, es señal de falsa profecía.

Articulo adaptado de: Osías Segura Guzmán, Riquezas, templos, apóstoles y superapóstoles: Respondiendo desde una mayordomía cristiana(Viladecavalls, Barcelona: Editorial CLIE, 2012), 199-204.

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Sobre el autor:

perfil-osias-seguraOsías Segura Guzmán. Nacido en Costa Rica, migro a los Estados Unidos. Es casado y tiene un hijo. BA, Sociologia, Universidad de Costa Rica. (DMin, ThM, MDiv.) Asbury Theological Seminary (US). Actualmente es profesor asociado de Fuller Theological Seminary y Consultor Educativo para la Oficina Central de la Iglesia Metodista de Costa Rica. Ha sido tambien pastor Asociado de la College Place First Presbyterian Church, College Place, WA, USA y Pastor Interino de Jóvenes en la First Christian Church (Disciples of Christ) Frankfort, KY. Entre los libros que ha escrito se encuentran: “Riquezas, templos, apóstoles y superapóstoles: Respondiendo desde una mayordomía cristiana.”(2012), etc.

Notas:

lba La Biblia de las Américas