El Nuevo Testamento requiere que el anciano pastor sea “retenedor de la palabra fiel como ha sido enseñada” (Tito 1:9a). Esto significa que un anciano debe adherirse firmemente a la enseñanza ortodoxa, histórica y bíblica. Un comentarista dice, “Los ancianos no deben ser elegidos de entre los que han estado experimentando con nuevas doctrinas”.12Siendo la iglesia local “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15b), sus líderes deben ser pilares de doctrina bíblica sólidos como la roca, de lo contrario la casa se vendrá abajo. Puesto que la iglesia local es también como un pequeño rebaño que viaja por terreno traicionero, infestado de “lobos salvajes”, solamente aquellos pastores que conocen el camino y ven los lobos, pueden conducir el rebaño a destino seguro. Por eso un anciano debe caracterizarse por la integridad doctrinal.

Es fundamental que el anciano esté firmemente comprometido en la doctrina apostólica bíblica “para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Tito 1:9b). Esto requiere que un futuro anciano se haya dedicado durante algunos años a la lectura y el estudio de las Escrituras, para que pueda razonar inteligentemente y discutir lógicamente los temas bíblicos, que haya formulado las creencias doctrinales, y que tenga la habilidad verbal y la disposición para enseñar a otros. Entonces no debería haber confusión acerca de lo que está llamado a hacer un anciano según el Nuevo Testamento: tiene que enseñar y exhortar a la congregación en la sana doctrina y defender la verdad frente a los falsos maestros. Esta es la gran diferencia entre el anciano de una junta y el anciano pastor. Los ancianos del Nuevo Testamento son guardianes y maestros de la sana doctrina.

Por ese motivo, el libro de Dios, la Biblia, debe ser el curso de estudio permanente del futuro anciano. La Biblia es el manual de preparación completo de Dios para todos los líderes espirituales. Pablo recuerda a Timoteo que “desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvaciónpor la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15; cursiva agregada). Pablo afirma más adelante que “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia; a fin de que el hombre de Dios, sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17; cursiva agregada). Entonces un hombre no está preparado para la tarea de pastorear si no está bien formado en las Sagradas Escrituras inspiradas por Dios. Un anciano que no conoce la Biblia es como un pastor sin piernas; no puede guiar ni proteger al rebaño. Vale la pena repetir el comentario de P. T. Forsyth (1848–1921), influyente teólogo británico de principios del siglo veinte: “La verdadera fuerza de la Iglesia no es la cantidad de obras sino la calidad de su fe. Un hombre que realmente conoce su Biblia vale mucho más para la verdadera fuerza de la Iglesia que una multitud de obreros que no la conocen”.13

¿Cómo deben prepararse en el libro de Dios los futuros ancianos (pastores)?

A. El Hogar.

Primero, si han sido criados en buenos hogares cristianos, habrán tenido años de instrucción en la doctrina y la vida santa de parte de los maestros más eficaces del mundo, sus madres y padres (Deuteronomio 6:7; 11:19; Proverbios 1:8; 4:1–5; Efesios 6:4; 1 Tesalonicenses 2:11; 1 Corintios 14:35; 2 Timoteo 1:5; 3:15). John Gresham Machen (1881–1937) fue un conocido erudito y educador presbiteriano que defendió brillantemente la doctrina ortodoxa de Cristo y la validez de las Escrituras durante la famosa controversia fundamentalista-modernista de comienzos del siglo veinte. Sus libros sobre el nacimiento virginal de Cristo y sobre la continuidad teológica entre Pablo y Jesús todavía son clásicos. Sobre el valor del hogar cristiano para enseñar la Biblia, Machen escribió:

La ausencia de enseñanza y predicación doctrinal es ciertamente una de las causas de la lamentable ignorancia actual en la iglesia. Pero una causa todavía más influyente se encuentra en el fracaso de las más importantes instituciones de educación cristiana. La más importante institución cristiana de educación no es el púlpito ni la escuela, por importantes que sean estas instituciones; sino la familia cristiana. Y esa institución ha dejado en gran medida de cumplir con su labor. ¿De dónde hemos obtenido nuestro conocimiento de la Biblia aquellos de nosotros que hemos llegado a la mediana edad? Supongo que mi experiencia es la misma que la de muchos de nosotros. No obtuve mi conocimiento de la Biblia de la escuela dominical o de la otra escuela, sino los domingos por la tarde con mi madre en casa. Y me aventuro a decir que aunque mi capacidad mental ciertamente no era nada extraordinaria, yo tenía más conocimiento de la Biblia a los catorce años del que se supone que tienen muchos estudiantes en los seminarios teológicos de nuestros días. Los estudiantes de teología vienen en su mayor parte de hogares cristianos; en realidad en gran proporción son hijos de la casa parroquial. Sin embargo, cuando terminan el ciclo básico de la universidad y entran al seminario teológico, muchos de ellos son bastante ignorantes de los contenidos de la Biblia.14

B. La Iglesia.

En segundo lugar, si la iglesia local cumple con su papel como escuela de enseñanza de la doctrina apostólica, los futuros ancianos habrán aprendido la Palabra de Dios de maestros dotados. La Biblia dice que la iglesia local es “columna y baluarte de la verdad” y “casa de Dios” (1 Timoteo 3:15). Es por eso que Pablo encarga a Timoteo que se ocupe “en la lectura, la exhortación y la enseñanza” (1 Timoteo 4:13). Timoteo también debía preparar a otros “hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2b). Cuando Timoteo se fue de Efeso, esperaba que “hombres fieles”, como los ancianos de Efeso, enseñaran a los futuros maestros y ancianos pastores que a su vez enseñarían a otros.

Además, la iglesia local no es solamente un lugar para aprender las Escrituras, es el mejor lugar para aprender las pericias requeridas para pastorear a otros. Es en la iglesia local que los líderes aprenden a aplicar el libro de Dios a las situaciones de la vida real. En consecuencia, la iglesia local debe ser la escuela de Dios para el desarrollo espiritual de sus hijos y el aprendizaje de las Escrituras (Hechos 2:42; 11:26).

 C. Lectura de buenos libros.

En tercer lugar, un futuro anciano aprende grandes verdades de Dios por medio de la lectura sistemática y el estudio de las Escrituras y el ministerio del Espíritu Santo (1 Corintios 2:12 y ss; 1 Tesalonicenses 4:9; 1 Juan 2:27). No hay sustituto para un encuentro disciplinado y persistente con Dios por medio del estudio y la meditación personal de la Sagradas Escrituras. Además de estudiar las Escrituras, un cristiano en crecimiento debería leer material doctrinal sólido escrito por buenos maestros de la Palabra.

Lamentablemente, muchas iglesias (y hogares cristianos) no tienen ninguna idea sobre la enseñanza y la instrucción seria en las Escrituras y la doctrina. Otras iglesias simplemente no tienen medios para preparar a sus líderes; luchan para sobrevivir como cuerpo de iglesia. Pero los creyentes comprometidos tienen hambre de una enseñanza en profundidad de las Escrituras. Es por eso que siempre se necesitarán las escuelas bíblicas y los seminarios. Aunque hay problemas con las instituciones religiosas que provocan dudas sobre la autoridad de las Escrituras o reinterpretan la Biblia para estar de acuerdo con el espíritu de la época, una buena escuela con doctrina bíblica puede proveer una formación excelente y en profundidad en las Escrituras.

Sin embargo, debo advertir contra el requerimiento arbitrario que muchas denominaciones imponen a sus pastores en cuanto a obtener un título antes de permitirle servir en la iglesia como pastores. Dios no requiere títulos académicos superiores como requisito para el liderazgo espiritual. Cuando establecemos normas académicas formales, profesionalizamos el gobierno de la iglesia y creamos, al menos en la práctica, un oficio pastoral separado del liderazgo de ancianos. No tenemos la autorización de Dios para establecer semejantes normas.

No olvidemos que nuestro Señor y Maestro, Jesucristo, no tenía preparación formal en la escuela de rabinos, aunque ese tipo de preparación estaba disponible y era muy valorada en su tiempo. A pesar de su falta de preparación formal en religión, Jesús tenía una eminente formación en las Escrituras. Efectivamente, la gente estaba tan sorprendida del conocimiento y las enseñanzas de Jesús como laico sin instrucción formal que comentaron: “¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?” (Juan 7:15b). La misma observación hicieron en relación con los discípulos más cercanos de Jesús: “Viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).

Lamentablemente, muchos cristianos hoy dependen tanto del clero que no pueden imaginar cómo hombres y mujeres sin la preparación teológica y los títulos formales que la acompañan pueden conocer la Biblia y enseñarla con eficacia. Debemos recordar que los títulos se requieren en el mundo empresarial y académico, pero no se requieren para ministrar en la casa de Dios. Algunas personas que no pueden asistir a la escuela reciben enseñanza de Cristo mismo por medio del Espíritu Santo. Son educados en su Palabra y por eso, de acuerdo con las normas de Dios, están calificados para dirigir y enseñar a su pueblo.

La importancia del deseo de ser pastor.

Un requisito obvio, pero no menos significativo, es el deseo personal del pastor de amar y cuidar del pueblo de Dios. Pablo y los primeros cristianos mostraron el valor de ese deseo creando un dicho popular cristiano: “Si alguno desea obispado, buena cosa desea” (1 Timoteo 3:1). Pedro también insistió en que el anciano debía pastorear el rebaño en forma voluntaria y por propia decisión (1 Pedro 5:2). Sabía por años de experiencia personal que la tarea de pastorear no podía ser hecha por alguien que ve el cuidado espiritual como una obligación impuesta. Los ancianos que sirven a desgano, o bajo presión, son incapaces de tener un cuidado genuino por la gente. Se mostrarán infelices, impacientes, culpables, temerosos e ineficaces. Pastorear el pueblo de Dios en medio de este mundo cargado de pecado es una tarea demasiado difícil—llena de problemas, peligros y exigencias—para ser confiada a alguien que carece de la voluntad y el deseo de hacer la obra.

Un verdadero deseo de dirigir la familia de Dios es siempre un deseo generado por el Espíritu. Pablo recordó a los ancianos de Éfeso que era el Espíritu Santo—y no la iglesia, ni los apóstoles—quien los había puesto como supervisores en la iglesia para pastorear el rebaño de Dios (Hechos 20:28). Era el Espíritu quien los había llamado a pastorear la iglesia y quien los había motivado para cuidar del rebaño. El Espíritu había plantado en su corazón el deseo pastoral. Él les había dado la motivación y la fuerza para hacer la obra y la sabiduría y los dones apropiados para cuidar del rebaño. Los ancianos habían sido su sabia elección para la obra. En la iglesia de Dios, lo que importa no es la voluntad del hombre sino la voluntad y los planes de Dios. De manera que los únicos hombres que cumplen los requisitos para el liderazgo de ancianos son aquellos a los que el Espíritu Santo ha provisto de la motivación y los dones para la tarea.

Conclusión.

Un liderazgo bíblico de ancianos entonces, es un equipo de pastores líderes bíblicamente calificados. Un grupo de ancianos no calificados no sirve de nada en la iglesia local. Estoy plenamente de acuerdo con el consejo de Jon Zens, editor del periódico Searching Together(Buscando juntos). Escribe: “Mejor no tener ancianos que tener los equivocados”.15La iglesia local debe insistir fervorosamente en los líderes bíblicamente calificados, incluso si lleva años desarrollar esa clase de hombres.

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Articulo tomado de: Alexander Strauch, Liderazgo Biblico De Ancianos: Un Urgente Llamado a Restaurar El Liderazgo Biblico En Las Iglesias, trans. Dante N. Rosso (Cupertino, CA; Littleton, CO: DIME (Distribuidora Internacional de Materiales Evangélicos); Lewis and Roth Publishers, 2001), 90-94.

Sobre el autor:

51tvmcltjbl-_ux250_Alexander Strauch es un conocido maestro de la Biblia. Crecio en New Jersey, (USA). Casado con Marilyn tienen cuatro hijos adultos y ocho nietos. Realizo estudios en Colorado Christian University (BA), así como en Denver Seminary (MDiv.). Ha servido como pastor por cuarenta años en la “Capilla de la Biblia Littleton”, en Denver (US). Strauch ha enseñado por muchos años Literatura del Nuevo Testamento en la Universidad Cristiana de Colorado, y regularmente en el Instituto Bíblico Emmaus. Es autor de mas de una docena de libros relacionados a ministerio pastoral, algunos de ellos han sido traducidos al español, entre los cuales tenemos: “Liderazgo Biblico De Ancianos: Un Urgente Llamado a Restaurar El Liderazgo Biblico En Las Iglesias “(2001); “Ama o Muere: Cristo llama a la iglesia a despertar del sueño espiritual: Apocalipsis 2:4.” (2013); “El diacono del Nuevo Testamento: La vital importancia de su funcion de acuerdo a los principios biblicos“(2013); “Liderando con Amor” (2010), etc.

Notas: 

12Phillip H. Towner, 1–2 Timothy and Titus, The IVP New Testament Commentary Series (Downers Grove: InterVarsity, 1994), pg. 228.

13P. T. Forsyth, The Church and the Sacraments(1917; reimp. Londres: Independent, 1955), pg. 9.

14J. Gresham Machen, “Faith and Knowledge”, en Education, Christianity, and the State, de John W. Robbins (Jefferson: Trinity Foundation, 1987), pg. 8.

15Jon Zens, “The Major Concepts of Eldership in the New Testament”, Baptists Reformation Review7(Summer, 1978):29.