En este primer articulo se expondrá la enseñanza bíblica del estado futuro del creyente, mientras que en un siguiente articulo se responderá a objeciones comunes sobre el tema. ¿Dónde pasarán los creyentes en Cristo la eternidad? La respuesta a esta pregunta nos lleva a considerar la doctrina de la tierra redimida. La profecía bíblica espera con expectación un mundo redimido y una tierra renovada como la herencia eterna del verdadero pueblo de Dios. Esta doctrina es crucial tanto para tener un entendimiento adecuado de la escatología cristiana como para tener una apreciación adecuada de la esperanza cristiana.1

La Necesidad Bíblica de la Doctrina

La Biblia es un libro de historia redentora. Su tema es el desarrollo histórico del plan redentor de Dios para el mundo. Tanto la redención como sus sinónimos bíblicos, salvación y reconciliación, implican la restauración – el comprar de nuevo – de lo que ha sido salvado y reconciliado. El cristianismo desde su principio ha entendido que lo que se perdió y a lo que se tuvo que renunciar como castigo en la caída fue más que simplemente espíritus o almas individuales. Entre las primeras herejías rechazadas rotundamente por el cristianismo se encuentran el docetismo y el gnosticismo. Ambas herejías, de manera típicamente griega, excluyen a la carne – el lado físico de la humanidad – de la participación en la redención. Este rechazo de la tendencia a espiritualizar del pensamiento gnóstico está minuciosamente ilustrado incluso en las presentaciones bíblicas más antiguas de la redención.

Los Comienzos de la Redención en Moisés

Génesis comienza con el relato de la creación de los cielos y la tierra por la inmediata intervención de Dios. Hay una constante repetición de que esta creación física era buena (1:4, 10, 12, 18, 21, 25). Esto culmina en el sexto día con la declaración de Génesis 1:31: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.”

En este mismo relato la creación de la humanidad está estrechamente relacionada con esta creación física. Génesis 1:26–28 dice:

  • 26  Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
  • 27  Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
  • 28  Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

La misma relación entre el hombre y la creación física es confirmada por Génesis 2:4–25. Ese relato enfatiza lo físico también. Se describe la creación del cuerpo del hombre. Se acentúa su vocación y su responsabilidad de atender el Jardín de Edén. Se enfatiza la creación de la mujer idónea para sus necesidades. Incluso se resalta la desnudez física de la primera pareja casada.

No es, por tanto, sorprendente que la caída del hombre registrada en Génesis 3 trae consecuencias desastrosas para el hombre físicamente y para la creación física. Adán confiesa sentirse avergonzado de su desnudez física. Da como resultado dolores físicos para la mujer en el parto. La muerte física – volver al polvo – es otro resultado horrible.

La simiente de la promesa de redención contenida en Génesis 3:15 implica la inversión de estas maldiciones. Es una promesa de la victoria sobre la simiente de la serpiente hecha a la simiente de la mujer. La herida en la cabeza de la serpiente sin duda debe implicar la destrucción del mal hecho al cuerpo físico y a su dominio físico la Tierra.

El desarrollo posterior del propósito redentor de Dios en los libros de Moisés confirma todo esto. La promesa de la tierra es un tema constante en las relaciones federales de Dios con Abraham (Gén. 12:1; 15:7, 18; 17:8). Esta promesa no es derogada por los desarrollos posteriores en la historia de la redención. Los horizontes más lejanos de los libros de Moisés mantienen la tierra como la herencia última del pueblo de Dios. En Deuteronomio 30:1–10 sigue siendo la tierra prometida lo que se mantiene como su herencia. Las referencias posteriores a la tierra en la historia de la redención muestran que la promesa de la tierra no es anulada sino ensanchada o universalizada en la promesa de una nueva Tierra.

Los Retratos de la Redención en los Profetas

El resto del Antiguo Testamento asume en todas partes que la tierra prometida o la Tierra es el ámbito de la redención y la herencia última del pueblo de Dios. La evidencia textual de esto es masiva: (Sal. 10:16; 25:13; 37:9, 11, 22, 29, 34; Prov. 2:21, 22; 10:30; Isa. 14:1, 2; 49:8; 57:13; 60:21; 62:4; Jer. 32:41; 33:11; Eze. 36:28; 37:14, 25; 39:26; Sal. 2:8; 21:10; 34:16; 104:35; 109:15; 112:2; 119:119; Prov. 11:31; Isa. 11:9; 42:4; 58:14; 62:7; Jer. 33:15; Dan. 2:35; 2:44; 7:23; Zac. 14:9, 17).

Estos textos ponen más allá de toda duda que la salvación y la redención son un tema terrenal tanto en términos de la esfera de su operación como de la esfera en la que se disfrutarán sus resultados. Sin embargo, algunos pueden preguntar: ¿No están los profetas hablando simplemente de asuntos celestiales por medio de imágenes extraídas del mundo? ¿No plantea esto dudas acerca de si estas imágenes terrenales pueden ser realmente la base para una doctrina de una tierra redimida?

Es verdad que algunas de las imágenes proféticas encontradas en el Antiguo Testamento podrían explicarse de este modo. Sin embargo, esto no puede explicar todo este lenguaje. El énfasis en la Tierra y la tierra prometida es demasiado dominante y está tan profundamente arraigado en la doctrina bíblica de la creación misma como para invalidarlo basándose en este fundamento. Descartar todo el énfasis en la Tierra a favor de una idea más “espiritual” del estado eterno plantea importantes cuestiones. ¿Basados en qué concluimos que el estado eterno no puede implicar la Tierra? Esta conclusión necesita ser examinada para ver si deriva de una perspectiva heredada de la filosofía griega. La suposición de que el estado eterno no puede ser terrenal debería estar basada en el Nuevo Testamento mismo. No debemos introducir en el Nuevo Testamento los prejuicios de nuestras propias mentes.

Las Predicciones de Redención en el Nuevo Testamento

Cuando nos dirigimos hacia el Nuevo Testamento, sin embargo, no descubrimos ninguna tendencia a espiritualizar este énfasis del Antiguo Testamento en la Tierra como la esfera de redención. Hay un número de pasajes clave en el Nuevo Testamento que son muy significativos aquí.

Mateo 5:5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Este versículo es una cita de Salmos 37:11. Los términos, “manso” (o humilde), “recibir…por heredad”, y “tierra”, son las palabras exactas que se usan en la traducción griega de Salmos 37:11. El contexto de Mateo 5:5 y en particular las otras “bienaventuranzas” muestran que la herencia de la tierra de la que se habla en el versículo 5 es, al menos preferentemente, un acontecimiento escatológico. En los versículos 3–9, 19, 20 se menciona de manera sinónima o paralela una entrada o recibimiento futuro, escatológico, al reino de los cielos. Esto muestra que Salmos 37:11 también debe hacer referencia a un acontecimiento escatológico. Jesús no da indicios en este versículo de espiritualización del énfasis que el Antiguo Testamento hace sobre la Tierra. Hay una universalización del énfasis,2pero no una espiritualización del mismo.

Mateo 6:10Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en latierra. La misma oración del Señor conecta el que se haga la voluntad de Dios en la Tierra con la venida de Su reino. Claramente, la venida plena del reino de Dios implica la realización perfecta de Su voluntad en la Tierra. No existe en este caso ninguna señal de una espiritualización de las expectativas terrenales del Antiguo Testamento. Más bien, la venida del reino de Dios implica precisamente la transformación moral de la Tierra.

Mateo 13:38–43 El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga.

La interpretación de Cristo

Jesús interpreta los símbolos de la parábola de la cizaña en perfecto acuerdo con las expectativas terrenales del Antiguo Testamento. El campo en el que la Palabra de Dios es sembrada es el mundo. Este campo-mundo es entonces identificado en el versículo 41 como el reino del Hijo del Hombre. El retorno de Cristo trae no la aniquilación de este campo-mundo, sino su purificación. Con su purificación se convierte en el reino del Padre, en el cual el justo resplandece en la gloria de la resurrección. Esta parábola asume que el escenario del reino eterno es el mundo transformado y purificado.

Mateo 19:28–29 Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.

La palabra clave aquí es regeneración. Esta palabra se utiliza dos veces en el Nuevo Testamento. En Tito 3:5 se utiliza con respecto al nacimiento de nuevo espiritual de cristianos individuales. Mateo 19:28 la utiliza con respecto al nacimiento de nuevo del mundo. El versículo 29 proporciona una evidencia contextual adicional del significado de la palabra “regeneración” al describir como “vida eterna” la condición que está en mente el versículo 28. Este pasaje afirma claramente, por tanto, las expectativas terrenales del Antiguo Testamento y nos enseña que la intención de Dios no es simplemente regenerar individuos, sino que además es regenerar el mundo.

Hechos 3:21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.

En este pasaje hay una referencia explícita a las predicciones y las expectativas de los profetas del Antiguo Testamento. Se dice que han hablado de “los tiempos de la restauración de todas las cosas.” Este término “tiempos” es considerado como aún futuro. Comienza en el momento del retorno de Jesús del cielo (Hech. 3:19, 20). Así, el término “restauración” es muy claro. El regreso de Cristo trae, no la aniquilación de todas las cosas, sino la restauración de todas las cosas.

¿Qué son “todas las cosas” de las que habla el versículo 21? Esta frase puede referirse al mundo entero o a todas las cosas vinculadas al reino teocrático de Israel. Es posible que la frase “todas las cosas”, haga referencia especial al reino teocrático.

Al tiempo de la Segunda Venida de Cristo, el reino teocrático del pueblo de Dios, destruido en los días de Nabucodonosor, será restaurado y glorificado en una Tierra redimida. Nótese también Hechos 1:6, 7. Incluso si esta es la referencia adecuada, se sigue asumiendo la restauración del mundo. El reino teocrático no puede ser restaurado sin la restauración del mundo del cual forma parte. Esta suposición es aún más necesaria ya que el contexto habla de lo que “los profetas” y “todos los profetas” predijeron. Está claro (como hemos visto) que predijeron la restauración de la Tierra.

Romanos 8:18–23 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente dela creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porquela creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque tambiénla creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos quetoda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

En Romanos 8:18–23 llegamos a uno de los más claros y más importantes testimonios de la doctrina de la Tierra redimida. Esta doctrina es tan ajena al pensamiento de muchos intérpretes que ha surgido una diversidad de opinión considerable incluso sobre un pasaje tan claro. John Murray ha acallado hábilmente la multitud de voces conflictivas con respecto a la identidad de lo que Pablo aquí llama simplemente “la creación” o “toda la creación.” Aquí están sus comentarios:

La palabra “creación” denota el acto creativo en 8:20. Aquí debe referirse al producto. La pregunta es: ¿Cuánto de la realidad creada incluye esto? Debe observarse que esto está delimitado por los versículos 20 al 23. Y la mejor manera de llegar a la respuesta es considerar todas las exclusiones delimitadas por estos versículos.

¿Qué acerca del destino de los ángeles y satanás?

Los ángelesno están incluidos porque no están sujetos a la vanidad ni a la esclavitud de la corrupción. Ni Satanásni los demoniosestán incluidos porque no pueden ser considerados como anhelando la manifestación de los hijos de Dios y no participarán en la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Los hijos de Dios no están incluidos porque se les distingue de “la creación” (vv. 19, 21, 23) – no habría propósito, por ejemplo, en decir “y no sólo ella, sino que también nosotros mismos” (v. 23) si los creyentes estuvieran incluidos en los gemidos atribuidos a la creación en el versículo precedente. La humanidad en generaldebe ser excluida porque no puede decirse de la humanidad que “fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad” – la humanidad fue sujeta a todo el mal que fue llamada a soportar debido a un acto voluntario de transgresión. Los incrédulosde la humanidad no pueden ser incluidos porque no se caracterizan por una esperanza ferviente. Incluso aquellos que por el momento son incrédulos pero que serán convertidos están excluidos debido a que serán incluidos en los hijos de Dios los cuales, como partícipes de la gloria que ha de manifestarse, se distinguen de “la creación” (vv. 19, 21). Vemos de este modo que toda la creación racional es excluida por los términos de los versículos 20 al 23. Por tanto, estamos limitados a la creación no racional, animada e inanimada.3

¿Qué ocurrirá entonces con la Creación física?

Este pasaje, por tanto, enseña con el lenguaje más sencillo y literal que la creación física entrará en la gloria de los hijos de Dios y disfrutará de ella. Esta gloria está claramente identificada en el versículo 23 como la redención del cuerpo. La transformación gloriosa en el retorno de Cristo trasforma los cuerpos del pueblo de Cristo, pero también transformará la creación física liberándola de la esclavitud de corrupción en la que se encuentra ahora. Una tierra resucitada será el contexto para el disfrute de los cuerpos resucitados de los hijos de Dios.

Juan 3:17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

Juan 3:17 enseña que la salvación del mundo es el resultado para el cual el Hijo de Dios fue enviado al mundo. Por supuesto, el mundo en este contexto debe ser ante todo una referencia a la gran multitud que nadie puede contar, la cual será salvada por la muerte de Cristo y algún día constituirá una raza redimida. Sin embargo, esa referencia da testimonio del carácter corporativo de la redención lograda por el Señor. Tal salvación corporativa de la humanidad es inseparable de la idea de la restauración de la creación física sobre la que la humanidad había de gobernar. En otras palabras, el propósito de Cristo no es rescatar unos cuantos individuos de un mundo perdido y llevarlos al cielo. Su propósito es salvar al mundo, y esto significa asimismo, la salvación de la creación física de la perdición.

Conclusion.

Colosenses 1:15–23 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él; si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio que habéis oído, el cual se predica en toda la creación que está debajo del cielo; del cual yo Pablo fui hecho ministro.

Colosenses 1:15–23 es un himno extenso de alabanza a Cristo. Le exalta a Él tanto como la cabeza de la antigua creación (vv. 15–17) como de la nueva creación (vv. 18–23). Enseña claramente la redención de la creación por medio de nuestro Señor. Él es “el primogénito de toda la creación…todo fue creado por medio de Él y para Él.” Si el mundo fue creado para Cristo, y Él es su primogénito o heredero, ¿podemos pensar que Dios permitirá que acabe siendo destruido como resultado de las maquinaciones de Satanás? Por supuesto, la respuesta es no. Además, el pasaje continúa dejando claro que Cristo ha redimido el mundo hecho para Él. “Todas las cosas” “las que hay en los cielos y las que hay en la tierra” que fueron creadas para Él (v. 16) son reconciliadas con Dios por Él (v. 20). Esto no debe entenderse como un apoyo de la herejía de la salvación universal. Sin embargo, debe significar algo. Los términos utilizados no pueden cumplirse sin la preservación y transformación de la creación física.

Apocalipsis 5:10 Y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.4

Este reino futuro claramente está a la espera de la Segunda Venida de Cristo en gloria. Con la misma claridad, el regreso de Cristo no da como resultado la evacuación de los cristianos de la Tierra para siempre. Más bien resulta en el reinado eterno de ellos sobre la Tierra. De nuevo, la perspectiva terrenal del Antiguo Testamento no es espiritualizada, sino universalizada y afirmada.

Apocalipsis 11:15 El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos.

La implicación de este versículo es sencillamente que el mundo es conquistado por Cristo y que Él reina (con Su pueblo, Apoc. 5:10) en él y sobre él por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 21:24 Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.

Apocalipsis 21 comienza con una referencia a los cielos nuevos y a la tierra nueva (vv. 1–4). La implicación de estas frases se considerará más abajo, pero Apocalipsis 21:24 ya apunta en la dirección correcta con respecto a su interpretación. La tierra nueva no trae la destrucción de la Tierra presente ni la de sus habitantes legítimos. Las naciones y los reyes de la Tierra traen su gloria a la ciudad de Dios incluso en los cielos nuevos y en la Tierra nueva.

Adaptado de: Samuel E. Waldron, El Fin de Los Tiempos: Una Explicación Para Todos, trans. David Rivero (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2008), 263-272.

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Acerca del autor:

sam_waldronSamuel Waldron, BA. Cornerstone University, M.Div. Trinity Ministerial Academy, Th.M. Grand Rapids Theological Seminary,Ph.D. Southern Baptist Theological Seminary. Samuel Waldron es decano del Covenant Baptist Theological Seminary. Sirve como uno de los pastores de la Iglesia Reformada Bautista de la Gracia en Owensboro, Estados Unidos. El Dr. Waldron es miembro de la prestigiosa Evangelical Theological Society. Samuel Waldron es una de los principales exponentes teológicos entre los Bautistas Reformados. Es autor de numerosos libros, algunos de los cuales han sido traducidos al español, como El Fin de los tiempos: Una Explicación para todos, Una Exposición de la Confesión Bautista de Fe de 1689, entre otros.

Notas:

1Anthony Hoekema, The Bible and the Future[La Biblia y el Futuro], (Eerdmans, Grand Rapids, 1979), pp. 254s. Mi pensamiento en este asunto está en deuda con este excelente tratamiento de Anthony Hoekema.

2Su uno prefiere traducir Salmos 37:11 con la palabra “tierra”, y Mateo 5:5 con la palabra “Tierra”, Jesús estaría universalizando la enseñanza del Antiguo Testamento.

3John Murray, The Epistle to the Romans[La Epístola a los Romanos], vol. 1, (Eerdmans, Grand Rapids, 1965), pp. 301, 302.

4Existe una variante textual en Apocalipsis 5:10. Algunos manuscritos tienen el tiempo presente del verbo “reinar” y debería leerse “reinamos sobre la tierra”. No obstante, en este caso, no se debería mantener ninguna duda en cuanto a la lectura correcta. Primero, la evidencia externa de los manuscritos antiguos está claramente a favor del tiempo futuro. Segundo, la evidencia interna del contexto también favorece claramente el tiempo futuro. Enfáticamente, no es la perspectiva del Libro de Apocalipsis que los creyentes estaban en aquel tiempo reinando en la tierra. Estaban sufriendo en la tierra. Toda la perspectiva del Libro de Apocalipsis demanda el tiempo futuro.