La semana pasada tuve el placer de compartir en la Conferencia del Centro Paideaia en Orlando (USA), que tuvo como foco este año la doctrina de Dios desde un punto de vista confesional y católico (universal). Tuve también la oportunidad de compartir un panel de discusión teológica junto con Mike Allen, Scott Swain, Blair Smith, y Liam Goligher, conversando sobre un previo debate sobre la Trinidad que tuvo lugar en el 2016.[1]Alguien pregunto como había comenzado todo el debate, y Liam menciono que había tenido un intercambio teológico con mi apreciada amiga y compañera de podcast Aimee Byrd, quien había iniciado el debate escribiendo algunos artículos en su blog. No pude sino pensar en un evento similar que tuvo lugar después de un articulo editorial que escribí en la revista teológica Themelios a comienzos de la década del 2000.

Derek Rishmawy recientemente republico el articulo en su blog haciendo comentando el mismo aquí. (gracias por cierto por usar una foto donde aun tenia cabello). El punto central de aquel articulo escrito para Themelios era mi preocupación de que la Teología Bíblica estaba siendo desarrollada por algunos grupos y eruditos de una manera que enfatizaban tanto la economía (lo que Dios hace en la historia de la redención), que dejaban de lado asuntos de ontología (lo que Dios es en si mismo). Por lo cual, aquel articulo mencionaba, corría el peligro de que con el correr del tiempo se pondrían en peligro algunas categorías y conceptos básicos de la teología clásica, católica (universal), creedal y confesional de Dios. Cuando escribí el articulo hace unos años me parecía que era mas un problema Británica y Australiano mayormente. Sin embargo, desde los días en los que escribí el articulo cada vez se hace mas claro para mi que lo que me había preocupado en aquel entonces es parte de un problema mucho mayor.

Es por esto que en las semanas siguientes quisiera escribir algunos pensamientos sobre la relación actual de la Teología Sistemática y la Teología Bíblica. Sin embargo, para comenzar, quisiera notar brevemente en este articulo algunos aspectos de la cultura teológica contemporánea que han dado forma a la presente discusión.

¿Cuál es primero?

En primer lugar, es importante notar que hay una tendencia pragmática en el evangelicanismo protestante moderno de priorizar la Doctrina de la Escritura y de la Salvación por sobre la Doctrina de Dios dejándola de lado. En parte esto se debe a asuntos de identidad evangélica, la cual tiene raíces históricas relativamente recientes, por ejemplo los últimos 150 años. El debate Fundamentalista versus Modernista (liberal) y el rol que después de esto paso a tomar la doctrina de la Escritura como una marca o barrera de identidad protestante. Lo mismo se aplica a la Doctrina de la Salvación, la Reforma todavía permea la imaginación de muchos, con su énfasis en la Justificación por gracia a través de la Fe como la característica distintiva de un cristianismo que da vida.

¿Por qué se deja de lado la Doctrina de Dios?

En segundo lugar, aparte de estas razones históricas debemos añadir la naturaleza simple e intuitiva de estas dos doctrinas: Las Escrituras y la Salvación. Por ejemplo, decir que la Biblia contiene errores suena mal, incluso para la persona que no sabe mucho de teología, y lo mismo es cierto si alguien dice que la salvación depende de sus propias obras y no por fe en Dios. Cualquiera que se desvié en estos dos puntos probablemente será completamente condenado en círculos evangélicos. La razón de esto es que, al menos en la superficie y de forma aparente, estas doctrinas son algo que la mayoría de los cristianos piensan que pueden entender con poco o nada pensamiento intelectual.

¿Por qué se tolera tanta herejía en relación a la persona de Dios mismo?

Sin embargo, cuando se trata de la Doctrina de Dios, todo es diferente. Las controversias que definieron esta doctrina tuvieron lugar en los siglos cuarto y quinto, y nos parece muy muy lejanas. Los asuntos que se trataron nos parecen también como demasiados complicados en su uso de lenguaje y vocabulario teológico. El resultado de esto – como el debate sobre la Trinidad en el 2016 lo mostro claramente – es que aunque la mayoría de cristianos dirían que están completamente de acuerdo con el Concilio de Nicea, la mayoría no tiene ni la menor idea de lo que los postulados teológicos, y los que siguieron como consecuencia de estos, significan. Los escritos de los Capadocios, junto con las obras de Cristología de hombre como Cirilo, los dos “Leon”, Máximo el Confesor, Juan de Damasco parecen como llenos de confusa jerga teológica, y de excesiva distinción teológica. Por otro, es mucho mas difícil discernir que es lo que es herejía en relación con la persona de Dios y lo que no lo es. Por ejemplo, decir que “Dios sufre” es aparentemente claro en las Escrituras, mientras que la Simplicidad Divina, y las consecuencias teológicas que siguen a esta, no lo son (ver nota).[2]Entender porque afirmar la “Pasibilidad Divina” es profundamente problemática y peligrosa requiere una profunda reflexión teológica, y conocimiento de la historia del progreso de la teología (dogma), para con lo cual el “biblicismo” de mucho del Protestantismo Moderno tiene poca o ninguna paciencia, y por lo cual mucha de la teología bíblica que se produce tiene poca o ninguna tolerancia.

Lo que es mas extraño de toda esta situación es que, históricamente hablando, son errores en la Doctrina de Dios, en lugar que en la de las Escrituras, las que han sido las raíces de profundos y serios errores teológicos en la vida de la Iglesia. Sin embargo, dicha noción (de que un error en la persona y ser de Dios mismo tiene consecuencias mas graves que un error en la doctrina de las Escrituras) suena como completamente en contra-cultural al Protestantismo actual. Mientras que el día de hoy le pondría fin a su carrera como teólogo reformador negar la Inerrancia de las Escrituras o firmar un documento de tipo “Católicos y Evangélicos juntos”, es claro del Debate de la Trinidad del 2016, que tales distinciones de blanco y negro no se aplican a asuntos de la Teología Propia (doctrina de Dios, la Trinidad, etc.). Metete con la Doctrina de las Escrituras o de la Salvación, y estas muerto. Metete con la Doctrina de Dios, y no pasa nada, o casi nada, tanto en el contexto académico como eclesiástico. Claro, esto siempre y cuando uno afirme las palabras del Credo, o la Confesión de Fe de Westminster o de Londres de 1689, la manera como uno reinterprete estas doctrinas relacionadas con Dios, no importa. Una terrible idea tomada del liberalismo teológico, que tristemente se vuelve mas común entre el evangelicanismo conservador de nuestros días. Lamentablemente, la Doctrina de Dios se ha vuelto irrelevante y no apasiona mas el tiempo y la imaginación de la mayoría de Evangélicos el día de hoy como otras doctrinas lo hacen.[3]

Conclusión.

En el corazón mismo de este problema, desde la perspectiva de la educación teológica al menos en círculos conservadores y reformados, se encuentran el sistema pedagógico de educación. El triunfo (no solo como pedagogía, sino como disciplina en si misma) y el énfasis desmedido en la Teología Bíblica por sobre la Teología Sistemática (o Histórica), tal y como esta ha sido entendida clásicamente. Es sobre este asunto que hablare con mas detalle la próxima semana.[4]

Mas artículos del autor, ver aquí.

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Fuente: http://www.alliancenet.org/mos/postcards-from-palookaville/some-thoughts-on-systematic-theology-as-poor-relation-part-one#.XFWWXaecY6V (usado con permiso escrito). Publicado originalmente el 15 de enero del 2019.

Acerca del autor:

Truemanedit-small1Dr. Carl R. Trueman (PhD, Aberdeen) tiene la cátedra principal de Historia de la Iglesia (Paul Woolley Chair of Church History) en Westminster Theological Seminary. Obtuvo su MA en la Universidad de Cambridge (Inglaterra) en 1988, y su PhD en la Universidad de Aberdeen (Escocia) en 1991. Ha escrito mas de una docena de libros, mundialmente reconocido en el ambiente académico. Su especialidad es en estudios de la Reforma. Entre sus libros se encuentran “Lutero en la vida cristiana: Cruz y Libertad” (en ingles); “La Reforma: Ayer, Hoy y Mañana” (en ingles); “John Owen: Católico Reformado, Hombre del Renacimiento” (en ingles), entre otros. Carl Trueman es considerado uno de los mas reputados historiadores a nivel mundial.

Notas (añadidas por el editor Daniel Caballero). 

[1]El debate al que hace referencia Carl Trueman, fueron una serie de escritos teológicos defendiendo la doctrina clásica de Dios por un lado, versus otros que la negaban. En el debate y escritos participaron teólogos como Carl Trueman, John Piper, Bruce Ware, Wayne Grudem, entre otros. Puede verlo aquí: http://www.alliancenet.org/trinity-debate

[2]El debate sobre si “Dios sufre”, no se relaciona con la habilidad de Dios para empatizar con sus criaturas, o sentir amor, compasión, etc. por ellas. Sino mas bien al hecho de que si el ser ontológico de Dios esta sujeto a pasiones externas a el mismo, y por lo cual puede ser influenciado al cambio en su ser mismo como consecuencia de agentes externos a el. Afirmar que “Dios sufre” en este sentido va completamente en contra de la doctrina de la “Simplicidad” o “Aseidad” Divina.

[3]Esto se ve mas claramente en el contexto latinoamericano, en el cual hay una infatuación obsesiva y hasta enfermiza de parte de muchos evangélicos con asuntos relacionados a la escatología y la segunda venida de Cristo, pero no con la doctrina de Dios. A menudo es ocultismo disfrazado de evangelicanismo. ¿Cómo es que un creyente sincero y maduro puede estar mas preocupado con saber lo que significa el numero de la bestia que con conocer a la persona de Dios?

[4]Esto es aun mucho peor en Latinoamerica. Es realmente incredible y aterrador el poco enfasis que se da a la teologia historica en la mayoria de seminaries teologicos latinoamericanos. Se da un énfasis desmedido a la teología bíblica, enseñada desde una perspectiva completamente independiente de los credos y confesiones de Fe que definen no solamente a la Fe Protestante, sino al cristianismo. La consecuencia de esto es lo que vemos ahora, una Iglesia que ya no sabe discerner mas entre la Ortodoxia y la Herejia.