¿Cómo se aplica la Confesión de Fe de Westminster para hoy?

En 1644 Edmund Calamy estaba desesperado, pero por 1646 la Asamblea había logrado finalizar su gran Confesión. El producto final fue grandemente celebrado, y aún lo es. De hecho, es un texto realmente notablemente en la historia del Cristianismo, y todo aquel que lee detenidamente sus páginas hallará un resumen básico y seguro de la verdad cristiana para la vida cristiana.

Sus primeras páginas se regocijan en la maravilla de la revelación de Dios en el mundo y en la Palabra. Párrafos enteros descansan sobre la plenitud y claridad de las Escrituras, y muestran una marcada consideración a la autoridad suprema e irrevocabilidad a los sesenta y seis libros de la Biblia. Con devoción y alegría, la Confesión pasa a considerar al Dios que se revela así mismo en y a través de todas sus perfecciones. Con reverencia y temor los teólogos de Westminster se esfuerzan por decir lo que se puede decir del Dios que es Uno y Dios que es tres. La gloria del Dios eterno ocupa algunas líneas, el “más amoroso, gracioso y misericordioso” carácter de Dios ocupa otras.

Los capítulos siguientes nos recuerdan que Dios ha planeado “todo lo que sucede”. Este plan del eterno Dios fue establecido desde “la eternidad”. Y desde el principio el plan de Dios o consejo por el cual ordenó todas las cosas es el “más sabio y santo”. ¿Qué más podría ser? Este plan es hecho en la creación del mundo y para el cuidado del mismo. Tres breves oraciones abren paso a la maravilla de la creación. El resto de la Confesión muestra como “Dios el gran Creador” providencialmente “conserva” “todas las cosas” o como la carta a los Hebreos dice que, “él sostiene todas las cosas por la palabra de su poder” (Heb. 1:3). Como era de esperar de un Dios que ha decretado y creado todas las cosas, la preservación de Dios no es una preservación desnuda. De ningún modo. El “dirige, dispone y gobierna” su creación- “todas las criaturas, todas sus acciones, y todas las partes de la creación que no pueden actuar. Esto no sorprende a aquellos que están familiarizados con casi cualquier parte de la Biblia pero, como es usual, los pie de página de la Confesión señalan porciones específicas de las Escrituras para hacer su punto. ¿No es esta la providencia que todo lo abarca retratada tan vívidamente en el sueño dado al rey Nabucodonosor y explicado al profeta Daniel? ¿No es la providencia de Dios la maravilla por la que el salmista alaba al Señor, el Señor que “hace todo cuanto quiere, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos”. (Salmo 135:6)? Reflexionar en las líneas de la Confesión a menudo conduce al estudio de las palabras de las Escrituras. Pocos ejercicios pueden proveer de resultados tan ricos en la inversión de tiempo que se hizo.

¿Qué aplicaciones para hoy tenemos?

Y es así como la Confesión capítulo tras capítulo traza con pinceladas firmes la gran historia de nuestra redención. La triste realidad de la caída, los pactos de gracia de Dios con el hombre, el sorprendente anuncio de salvación y nuestra esperanza segura de la vida eterna- todo esto es esbozado aquí en negrita, pero en trazos considerables. ¿Quién puede leer este texto y no ser advertido que los que ignoran las Santas Escrituras están condenados a tropezar en el mundo en oscuridad? Y ¿quién puede leer esta confesión y no ver que aquellos que abrazan al Dios verdadero, creen lo que promete y caminan en sus preceptos nunca dejarán de tener una guía o una luz para sus vidas? Es debido a la claridad de este mensaje evangélico en todas sus partes que la Confesión de fe de Westminster se encuentra en la primera fila de los grandes credos Cristianos. Tal vez es el más sabio de todos los credos en su enseñanza y el más fino en su expresión doctrinal. Ciertamente es una guía fiable de las Escrituras, las mismas que son la única guía de Dios. Es mi esperanza de que todos los que sigan sus direcciones hallarán su camino a la casa del Padre, a través de la gracia y la misericordia del Hijo y por el poder del Espíritu.

Conclusión.[1]

Aquellos que afirman, “La biblia es nuestra única Confesión de Fe”, no han entendido ni a Biblia, ni la utilidad de una Confesión de Fe. “Sola Scriptura” significa que la Biblia es nuestra suprema autoridad, mas no nuestra única autoridad. Sin embargo, todas las demás autoridades, sean personas o documentos están bajo la autoridad Suprema de las Escrituras. Aquellos que ponen la Confesión de Fe como norma de Ortodoxia, haciéndola así su autoridad suprema, han negado también el principio de “Sola Scriptura”. Aquellos que hacen de la subscripción a una Confesión la marca de piedad han negado el espíritu mismo de la Confesión que dicen afirmar.

No hay duda de que la Confesión de Fe de Westminster es quizá uno de los documentos mas hermosos que la Iglesia ha producido. Y ya sea que uno este de acuerdo con la misma o no, todo cristiano serio en las Escrituras debe estudiarla.

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Acerca del autor:

vd2Dr. Chad Van Dixhoorn (PhD, Universidad de Cambridge; MDiv, ThM, Westminster Theological Seminary). Actualmente enseña teología en ‘Reformed Theological Seminary’ (US), y es profesor visitante en la Universidad de East Anglia (Inglaterra). Es reconocido mundialmente por su investigacion sobre la historia y teologia de la Asamblea de Westminster y Puritanismo Ingles. En el 2013 fue elegido miembro de la ‘Royal Historical Society’ (Sociedad Real de Historiadores) en reconocimiento  a sus cinco volumenes publicados en la Asamblea de Westminster por Oxford University Press. Es casado, y tiene cinco hijos, ha servido como pastor en Cambridge y Viena. Entre sus libros se encuentran; “Confesando la Fe: Una guia de lectura a la Confesion de Fe de Westminster”, “Las actas y ensayos de la Asamblea de Westminster 1643-1653. 5 Volumenes”, entre otros.

Publicado originalmente en: ‘Reformation 21’ como “The Westminster Confession of Faith Today” en Enero del 2008. Traducido por Esteban Palacios. Usado con permiso escrito de los editores.

[1] Conclusión añadida por los editores de “Teología para Vivir”.