Los primeros once capítulos de Génesis, se centra en las vidas y hechos de toda la humanidad; pero como respuesta a Babel, Dios toma la iniciativa una vez más y se dirige a un grupo y luego a un hombre, Abraham. Él y sus descendientes son el asunto principal en el resto de Génesis.

  1. Dios trata con Abraham.

Al final de Génesis 11, el relato bíblico se reduce a los descendientes de Sem, y luego a la familia de Taré en Ur. Dios llama a Abraham a dejar su país, su gente y la casa de su padre para ir a la tierra que Él le mostraría (Gn 12:1–3). Dios acompaña este llamado con una asombrosa promesa. ¿Qué es lo que Dios planea al centrar su atención en Abraham?, ¿ha renunciado Dios a los otros pueblos? La respuesta bíblica es no. Los primeros tres versículos de Génesis 12 explican detalladamente que por medio de Abraham la bendición de Dios se extenderá al mundo entero.

  1. Dios promete a Abraham:
  • Hacer de su familia una gran nación
  • Bendecirlo
  • Hacer grande su nombre
  • Hacerlo bendición
  • Bendecir a aquellos que lo bendigan y juzgar a aquellos que lo juzguen
  • Bendecir a todos los pueblos de la tierra por medio de él.
  1. Dios inicia Su plan de redención a través de Abraham.

El relato comienza a revelar como Dios restauraría su creación; pues a través de Abraham, Él conformará una nación, Israel, para ser Su pueblo entre los otros pueblos del mundo. Y a través de Israel, Dios traerá bendición a la tierra (Gn 18:18–19). Lejos de darse por vencido con el mundo y su gente, Dios deposita su promesa en un hombre y en un territorio específico. Aunque mucho del contenido del relato bíblico desde aquí en adelante se centra en Abraham y sus descendientes, Dios no olvida que a través de éste, muchos pueblos y naciones conocerían la bendición de Dios. Una mirada más cercana nos revela la estrategia de Dios.

  1. Bendición versus maldición.

La palabra «bendecir» es repetida cinco veces en los dos versículos que contienen la bendición de Dios a Abraham y esta aparece en oposición a la quinta mención de la palabra «maldecir» en los capítulos del 1 al 11. La maldición o el juicio de Dios sobre la humanidad le ha traído la pérdida de su libertad (Gn 3:14–16), la alienación de su territorio (Gn 3:17–19), el alejamiento de unos con otros (Gn 4:11) y su contaminación moral y espiritual (Gn 9:25). La repetición de la palabra «bendecir» en 12:2–3 declara que por medio de Abraham, Dios está obrando para revertir el efecto de la maldición sobre la creación; aunque el pecado ha traído la maldición de Dios a la creación, Dios la revertirá con una bendición. A través de Abraham «serán benditos todos los pueblos de la tierra». Esta norma apunta al resultado final de la elección de Dios; sí, Dios se centra en la redención de Abraham e Israel, pero el propósito final se amplía con una bendición redentora hacia toda la creación.

  1. El pacto con Abraham.

La relación de Dios con Abraham es descrita en Génesis 15 y 17 como un pacto. En el capítulo 15, Dios promete a Abraham una descendencia numerosa y la tierra de Canaán. Mas cuando Abraham cuestiona la promesa de Dios, él inicia una ceremonia de pacto, y hace mitades de tres animales, los coloca de tal manera que hay una separación entre ellas. Dios pasa en medio de los animales en forma de un horno humeante. En esta misteriosa ceremonia de pacto, Dios da a entender, que si Él no cumple su promesa, será desgarrado pieza por pieza como estos animales (cp. Jer 34:18–20). Esta es la promesa y garantía del pacto entre ellos.

  1. La circuncisión como confirmación del pacto.

Dios aparece a Abraham, a la edad de noventa y nueve años y está aún sin hijo. Abraham se humilla delante de Dios y le confirma el pacto, prometiéndole a Abraham numerosos descendientes (Gn 17:4–6) y una tierra y un hogar para su pueblo (Gn 17:8). Además, Dios será el gran Rey de la nación que descenderá de Abraham (Gn 17:7). En Génesis 17:10, Dios introduce la circuncisión para todos los varones que pertenezcan al linaje de Abraham, y se convierte en un señal cortado en su carne, del pacto entre Dios y Abraham y sus descendientes. El pacto de Dios con Abraham contiene tres elementos: una relación personal con Dios, el crecimiento de su familia hasta llegar a ser una nación, y la tierra para ser el hogar de esta nación.

  1. Una historia de llena de gracia y misericordia.

El resto de la historia describe el cumplimiento parcial de estas promesas y la formación del pueblo de Dios. Dios también le dice a Abraham que no verá a sus descendientes heredar la tierra prometida (Gn 15:15). Él tiene que aprender a confiar en Dios contra todo suceso (Gn 15:6). Este texto demuestra que la fe en las promesas de Dios es la clave de la obra de Dios en nuestras vidas y en el mundo.

Los relatos de Abraham y Sara revelan cuán difícil es mantener la confianza cuando los años pasan. En un determinado momento, Abraham se aleja de la promesa, y tiene un hijo de su sierva Agar; sin embargo, Dios bendice a Sara con el hijo de la promesa, cuando Abraham tenía cien años de edad (Gn 21:5). Pero la prueba de fe de Abraham en la promesa de Dios no ha terminado. En Génesis 22, Dios pide en sacrificio a Isaac. Luego de tantos años de espera, Abraham está a punto de matar a Isaac. La fe de Abraham es tan grande que se prepara para obedecer y en el último momento, un ángel detiene su mano, que está con un cuchillo para matar a Isaac. Dios provee un carnero para que muera en lugar de Isaac y Abraham realiza el sacrificio. Con esta prueba, Dios reafirma la promesa del pacto.

«Puesto que me has obedecido, todas las naciones del mundo serán bendecidas por medio de tu descendencia» (Gn 22:18).

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Acerca del autor:

dr-craig-bartholomewCraig G. Bartholomew (1961-) (PhD, Universidad de Bristol; MA Antiguo Testamento, Universidad de Potchefstroom; MA Universidad de Oxford). Actualmente radica en Canada, donde es profesor de Filosofía, Religión y Teología en la Universidad Redeemer. Ministro ordenado en la Iglesia de Inglaterra, es filosofo y teologo Biblico. Ha escrito numerosos comentarios y libros, entre los que se tienen: “Cristo y Consumismo: Un análisis critico del espíritu de nuestro tiempo”; “Leyendo Eclesiastés: Teoría de Exegesis y Hermenéutica del Antiguo Testamento”, “Una Introducción a la Hermenéutica Biblica: Una guía comprensiva para escuchar a Dios en la Escritura”, “El drama de la Escritura: Encontrando nuestro lugar en la Historia Biblica”, entre muchos otros.

Adaptado de: Craig G. Bartholomew y Michael W. Goheen, The Drama of Scripture: Finding Our Place in the Biblical Story, Second Edition. (Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2014), 52-59.