Algunas personas arrogantes y jactanciosas objetarán: “Usted dice que Dios ama a su pueblo y por lo tanto serán salvos; entonces ¿De qué sirve la predicación?” Cuando digo que Dios ama a una multitud que ningún hombre puede contar, como huestes incontables de la raza humana, usted me pregunta ¿De qué sirve la predicación?

  • ¿De qué sirve predicar? Para sacar los diamantes del Señor fuera del estercolero; para sacar de las profundidades las perlas de Dios, como el buscador de perlas lo hace.
  • ¿De que sirve predicar? Para cortar el maíz bueno y recogerlo en el alfolí.
  • ¿De qué sirve predicar? Para sacar a los elegidos de Dios de las ruinas de la caída, y ponerlos firmes sobre la roca que es Cristo Jesús.

He ahí ustedes que preguntan, ¿De qué sirve predicar? Porque Dios ha ordenado a algunos a la salvación. Les preguntamos a ustedes si no sería algo muy necio decir, “Si habrá una cosecha entonces, ¿De qué sirve sembrar? Si habrá una cosecha, ¿De qué sirve cosechar?” La razón misma por la cual sembramos y cosechamos es debido a que nos sentimos seguros de que habrá una cosecha.

Y si efectivamente yo creyera que no existiera un número definido de personas que tienen que ser salvas, ya no podría volver a subir al púlpito. Si lograran convencerme una sola vez de que nadie está destinado a ser salvo, ya no tendría deseo de predicar. Pero ahora, yo sé que hay una multitud incontable que tiene que ser salva; estoy confiado de que Cristo “Verá linaje, vivirá por largos días.” (Isa. 53:10) Yo sé que hay mucho para descorazonarme en el ministerio, y si veo muy pocos resultados; no obstante, Cristo guardará a todos aquellos que le fueron dados por el Padre, y esto es lo que me hace predicar.

Esta noche vengo a esta capilla con la seguridad de que Dios tiene algún hijo suyo en este lugar, que todavía no ha sido llamado. Me siento confiado de que El llamará a alguien por medio del ministerio, entonces ¿porqué no ha de usarme a mí? Sé que no son pocas las almas que Dios me ha dado por medio de mi ministerio, no solo cientos sino miles. He visto a cientos de aquellos que profesan haber sido llevados a Dios a través de mi predicación en Park Street, y en otros lugares. Con esta confianza tengo que ir adelante. Yo sé que Jesús ha de tener un “linaje” (Is. 53:10). Su pueblo tiene que incrementarse y es el mismo propósito del ministerio buscarlos y traerlos al redil de Dios. Nuestro Salvador nos dice que el ministerio es para que “crean en mí por la palabra de ellos” (Juan 17:20). Ahora, ¿Cree en Cristo el pueblo de Dios por medio de la palabra del ministerio? (“Han de creer en mí por la palabra de ellos.” Jn. 17:20) Sabemos que nuestra fe no descansa en la palabra del hombre, sino en la Palabra de Dios. No descansamos en ningún hombre; sin embargo, es a través de “la palabra de ellos”; es decir, a través de la palabra de los apóstoles y a través de la palabra de cada ministro fiel.

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Acerca del autor:

spurgeon_chairC.H. Spurgeon (1834-1892), fue un predicador bautista ingles, conocido como “El Príncipe de los Predicadores”. Sin duda el predicador ingles mas conocido en el siglo XIX, el cual aun después de muerto sigue hablando a través de sus escritos. Sus escritos y sermones tienen una única mezcla de ser ricos teológicamente, cristo céntricos, evangelisticos y al mismo tiempo prácticos. Spurgeon nunca sigue estudios teológicos formales, comenzó su primer pastorado a tiempo completo en congregación mas importante en ese tiempo ‘New Park Street Chapel’ a los 19 años. Sin embargo su pasión por la lectura era iniguable. Entre los libros mas importantes tenemos, “La chequera del banco de la fe”, “El ganador de almas”, “Discurso a mis estudiantes”, “El Tesoro de David”, entre muchos otros.

Adaptado de: Publicaciones Faro de Gracia, La Fe Bíblica E Histórica: de los Bautistas sobre las Doctrinas de la Gracia (Graham, NC: Publicaciones Faro de Gracia, 2003), 44–45.